Cesacionismo, Continuismo, Dones Espirituales, Historia de la Iglesia, Patrística, Pneumatología

Voces de la Iglesia Antigua | Los dones del Espíritu permanecerán hasta que Cristo vuelva

Por Fernando E. Alvarado*

¿Cesaron los dones espirituales tras la muerte de los apóstoles? Agustín de Hipona, quien vivió entre el 354 y el 430 d.C., (s. IV-V) dijo acerca de los dones espirituales:

“Hay dones de Dios que Él da a unos, y otros que Él da a otros, según el Apóstol, que dice que a cadauno se le da la manifestación particular del Espíritu para utilidad común: A uno, por ejemplo, mediante el Espíritu se le dan palabras acertadas; a otro, palabras sabias, conforme al mismo Espíritu; a un tercero, fe, por obra del mismo Espíritu; a otro, por obra del único Espíritu, dones para curar; a otro, realizar milagros; a otro, el don de profecía; a otro, discernir espíritus; a aquél, hablar diversas lenguas; a otro, interpretarlas. Yero todo esto lo activa el mismo y único Espíritu, que lo reparte todo, dando a cada uno en particular lo que a Él le parece (1Co 12,7-11). De entre todos estos dones espirituales, que el Apóstol ha recordado, el que haya recibido el discernimiento de espíritus, ése es el que sabe estas cosas, de que hablamos, como es necesario saberlas.” (𝘈𝘨𝘶𝘴𝘵𝘪𝘯 𝘥𝘦 𝘏𝘪𝘱𝘰𝘯𝘢, 𝘓𝘢 𝘱𝘪𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘪𝘧𝘶𝘯𝘵𝘰𝘴, 𝘢𝘭 𝘰𝘣𝘪𝘴𝘱𝘰 𝘱𝘢𝘶𝘭𝘪𝘯𝘰. 𝘟𝘝𝘐. 20. 𝘉𝘈𝘊).

Juan, el último de los Doce en morir, falleció alrededor del año 99 d.C., es decir, a finales del siglo I. Si tomamos en cuenta que Agustín vivió entre los siglos IV y V, es evidente que tres y cuatro siglos después de la muerte de Juan de Patmos, los dones del Espíritu seguían vigentes.

El intento cesacionista por convencernos de que los dones sobrenaturales del Espíritu cesaron al finalizar la edad apostólica, y que desde entonces no hubo ni habrá manifestación alguna de tales dones extraordinarios (como la profecía, lenguas, milagros, etc.), es un pobre y a la vez deshonesto intento por falsificar la verdad. En todas las épocas de la historia eclesiástica, desde Pentecostés hasta nuestros días, los dones y manifestaciones del Espiritu no han cesado. Y aunque afirmar que los primeros cristianos y líderes de la iglesia eran pentecostales sería un anacronismo, lo cierto es que ellos estarían muy de acuerdo con nosotros en cuanto a nuestra comprensión de los dones espirituales y su vigencia.

En el siglo III, Novaciano (Frigia, 210- 258 d.C.), quien fuera un líder eclesiástico, teólogo y primer escritor de la iglesia occidental en utilizar el latín, escribió acerca de los dones y manifestaciones del Espíritu:

«Él es quien coloca a los profetas en la Iglesia, instruye a los maestros, dirige el hablar en lenguas, da poderes y sanidades, hace obras maravillosas, ofrece el deicernimiento de espíritus, da poderes de gobierno, ofrece consejos, y ordena y arregla lo relativo a los dones espirituales; y así va perfeccionando y completando la Iglesia del Señor por todas partes.» (𝘕𝘰𝘷𝘢𝘤𝘪𝘢𝘯𝘰; 𝘋𝘦 𝘵𝘳𝘪𝘯𝘪𝘵𝘢𝘵𝘦, 𝘱𝘢́𝘨. 302, 𝘌𝘥𝘪𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢𝘭 𝘊𝘪𝘶𝘥𝘢𝘥 𝘕𝘶𝘦𝘷𝘢; 𝘔𝘢𝘥𝘳𝘪𝘥, 1996).

A diferencia de los cesacionistas obstinados de nuestra época, incluso, Celso, un pagano, de finales del segundo siglo escribió que los cristianos de sus días profetizaban y hablaban en lenguas:

«Esos predicadores de Fenicia y de Palestina son de diversas categorías. Muchos oscuros y sin nombre, sea a propósito de los que fuera, se ponen a gesticular como poseídos del ardor profético; otros [profetas] ambulantes, recorren las ciudades y los campos, ofreciendo el mismo espectáculo… A estas [profecías], mezclan palabras… confusas y absolutamente incomprensibles…» (𝘊𝘦𝘭𝘴𝘰; «𝘌𝘭 𝘥𝘪𝘴𝘤𝘶𝘳𝘴𝘰 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥𝘦𝘳𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘤𝘳𝘪𝘴𝘵𝘪𝘢𝘯𝘰𝘴» 𝘱𝘢́𝘨. 98 𝘈𝘭𝘪𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘌𝘥𝘪𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢𝘭; 𝘔𝘢𝘥𝘳𝘪𝘥 1988).

Que la vigencia de los dones extraordinarios del Espíritu continuó más allá de la edad apostólica fue también confirmado por muchos otros. Asterio Urbano (mencionado por Eusebio en su 𝘏𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘌𝘤𝘭𝘦𝘴𝘪𝘢́𝘴𝘵𝘪𝘤𝘢, 𝘝.16-17), quien viviera alrededor del año 232, indicó que los cristianos de su día creían que los dones espirituales, y particularmente los dones proféticos (la profecía, el hablar en lenguas, la interpretación de lenguas), permanecerían permanentemente en la iglesia «Porque el apóstol [Pablo] pensaba que los dones de la profecía habían de permanecer en toda la iglesia hasta el tiempo del último advenimiento.»

Y al igual que Pablo, nosotros también creemos que los dones del Espíritu (todos ellos, aún los extraordinarios), permanecerán con nosotros «hasta que venga lo perfecto» (1 Corintios 13:0) y lo «perfecto» que Pablo esperaba no es el cierre del canon bíblico, ni mucho menos la muerte de los doce apóstoles originales de Jesucristo. Lo perfecto vendrá «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.» (Efesios 4:13) y esta «buena obra» de transformarnos «a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo», el Padre «la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Mientras el día de su segundo advenimiento no llegue, sus dones seguirán vigentes sobre la tierra para empoderar a su iglesia, la cual es su Cuerpo ¿Dejaría Cristo a su Cuerpo sin poder de lo alto? No, antes bien:

«Y estas señales acompañarán a los que han creído: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán en nuevas lenguas; tomarán serpientes en las manos, y aunque beban algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y se pondrán bien. Entonces, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue recibido en el cielo y se sentó a la diestra de Dios. Y ellos salieron y predicaron por todas partes, colaborando el Señor con ellos, y confirmando la palabra por medio de las señales que la seguían. Ellas comunicaron inmediatamente a Pedro y a sus compañeros todas estas instrucciones. Y después de esto, Jesús mismo envió por medio de ellos, desde el oriente hasta el occidente, el mensaje sacrosanto e incorruptible de la salvación eterna.» (Marcos 16:17-20, LBLA).

ACERCA DEL AUTOR:

Fernando E. Alvarado es escritor, pastor y maestro. Nacido el 19 de Abril de 1980 en la Ciudad de Sonsonate, El Salvador. Licenciada en Ciencias de la Educación, especialidad en Ciencias Sociales de la Universidad de Sonsonate. Graduado en Teología del Instituto Bíblico Betel de las Asambleas de Dios, Anexo Chalatenango Norte y especializado en Misiones en el Centro de Capacitación Misionera (CCM) de la Ciudad de Guatemala. También cuenta con diplomados en Fonética, Misiones Transculturales y Comunicación Transcultural otorgados por el Centro de Formación Misionera de las Asambleas de Dios de El Salvador (CAMAD). El pastor Alvarado también cuenta con formación en teología islámica y diplomados en Ley Sharia otorgados por la Asociación Cultural Islámica Chiita de El Salvador y la Comunidad Islámica Salvadoreña (Sunni). También es especialista en teología mormona, habiéndose graduado del Instituto de Religión SUD en la Ciudad de San Salvador.
El pastor Alvarado es miembro de la Society of Evangelical Arminians (SEA).
Está casado con Cesia Abigail Cruz de Alvarado, también pastora y ministra licenciada de las Asambleas de Dios. Es el pastor principal del Templo Cristiano Maranatha (Asambleas de Dios), una congregación local ubicada en la ciudad de Tejutla, Chalatenango.

Deja un comentario