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Bautizados «en Cristo» y bautizados «en el Espíritu Santo» ¿Son la misma cosa?

Por Fernando E. Alvarado

Para un no pentecostal es punto de honor equiparar la regeneración con el bautismo con el Espíritu Santo. Esto les permite llegar a dos conclusiones que han decidido aceptar a toda costa, incluso a pesar de la Biblia:

  • “No necesitamos esa experiencia. Ya tenemos todo lo que necesitamos”. Si reconocieran que el bautismo con el Espíritu Santo y la regeneración son dos cosas distintas tendrían, por necesidad, que reconocer que algo les falta en su experiencia cristiana y que, el Evangelio que predican y su misma vida cristiana, están incompletos sin ella. Es algo que no se pueden permitir.
  • “Los pentecostales están errados. Son meros emocionalistas ignorantes que ponen la experiencia por encima de las Escrituras. ¿Cómo podrían tener la razón en este punto?” Sin duda el orgullo detrás de esta afirmación es evidente. Ya sea que lo admitan o no, es la forma en que a menudo perciben a los pentecostales. ¿Cómo darles la razón? ¿cómo podría estar equivocado el magisterio protestante? ¿Cómo no pudieron grandes teólogos del pasado como Calvino y otros llegar a esa conclusión? ¿Acaso un grupo de “locos emocionalistas” saben más que siglos de desarrollo en la teología protestante? El problema de aquellos que niegan que el bautismo con el Espíritu Santo y la regeneración sean dos sucesos diferentes reside, no en la biblia, sino en el orgullo: No quieren admitir su error a pesar de la evidencia bíblica en su contra. ¡Cualquier cosa antes de darle la razón a esos molestos pentecostales!

Pero ¿qué dice la biblia al respecto? A fin de cuentas, es lo único que importa. La Biblia es clara al señalar que el bautismo con el Espíritu Santo es una obra separada y distinta de su obra regeneradora del Espíritu. Ser regenerado por el Espíritu Santo es una cosa; ser bautizado con el Espíritu Santo es algo diferente, algo más allá. Esto es evidente cuando Jesús dijo: “Seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días” (Hechos 1:5).

Entonces, aún no habían sido bautizados en el Espíritu Santo. Pero ya estaban regenerados. Jesús mismo ya los había pronunciado así. A los mismos hombres les había dicho: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.” (Juan 15:3). Comparemos eso con otras Escrituras acerca de la regeneración.

“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Santiago 1:18)

“Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:22-23)

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5)

En Juan 13:10, Jesús dijo:

“El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.”

Aquí se estaba refiriendo al único hombre no regenerado en la compañía apostólica, Judas Iscariote, y lo excluyó de la declaración: “vosotros limpios estáis” (Juan 13:2). Los apóstoles, excepto Judas Iscariote, eran entonces ya hombres regenerados -habiendo recibido nueva vida- pero aún no habían sido bautizados con el Espíritu Santo. De esto, resulta evidente que la regeneración es una cosa, y que el bautismo con el Espíritu Santo es algo diferente, algo más. Alguien puede ser regenerado y aún no haber sido bautizado con el Espíritu Santo.

Lo mismo es evidente en Hechos 8:12-16. Aquí encontramos una compañía de creyentes que habían sido bautizados. Seguramente este grupo de creyentes bautizados eran personas regeneradas (a excepción quizá de Simón). Pero el registro nos informa que Pedro y Juan fueron a orar por ellos, después de su conversión/regeneración, para que recibieran el bautismo en el Espíritu Santo:

“Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito.  Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.” (Hechos 8:12-16)

Está claro entonces que uno puede ser creyente – puede ser una persona regenerada – y sin embargo no tener el bautismo con el Espíritu Santo. En otras palabras, el bautismo con el Espíritu Santo es algo distinto y más allá de su obra regeneradora. No todo regenerado tiene el bautismo con el Espíritu Santo; todo regenerado, sin embargo, puede tener este bautismo. Si una persona ha experimentado la obra regeneradora del Espíritu Santo, es una persona salva, pero no está equipada para el servicio de la misma forma en que lo estuvieron los apóstoles, hasta que haya recibido el bautismo con el Espíritu Santo como ocurrió el día de Pentecostés.

¿Cómo entendemos entonces, pasajes como 1 Corintios 12:13? Dicho pasaje nos dice:

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”

Resulta evidente que Pablo aquí se refiere a la incorporación del creyente al cuerpo de Cristo, es decir, a su regeneración, y aquí Pablo le llama ser bautizados “por un solo Espíritu.” Esto, sin embargo, no se refiere al bautismo “con” el Espíritu Santo ni afirma que ambas cosas sean la misma ¿Cómo lo sabemos?

El contexto de este pasaje muestra que el Espíritu Santo es el instrumento o medio por el cual se lleva a cabo el bautismo, mas no la “sustancia” en la que somos bautizados o sumergidos. Diversas traducciones de la Biblia concuerdan en esto:

“Pues POR UN mismo Espíritu todos fuimos bautizados EN UN SOLO CUERPO, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.”

La Biblia de las Américas

“Pero todos fuimos bautizados EN UN solo cuerpo POR UN mismo Espíritu, y todos compartimos el mismo Espíritu.”

Nueva Traducción Viviente

“Todos fuimos bautizados POR UN solo Espíritu PARA CONSTITUIR UN SOLO CUERPO —ya seamos judíos o gentiles, esclavos o libres—, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.”

Nueva Versión Internacional

“Pero todos fuimos bautizados POR EL MISMO ESPÍRITU SANTO, para formar una sola iglesia y UN SOLO CUERPO. A cada uno de nosotros Dios nos dio el mismo Espíritu Santo.”

Traducción en Lenguaje Actual

Lo que Pablo intenta decirnos es evidente: en la conversión, el Espíritu Santo es el agente que bautiza al creyente en Cristo, mientras que el cuerpo de Cristo es la sustancia o elemento en el cual el creyente es bautizado. Así como en el bautismo en agua el creyente es sumergido o inmerso en el agua por un agente humano, en la conversión, el Espíritu (como agente de la Trinidad) sumerge, incorpora o injerta al nuevo creyente en el cuerpo de Cristo, convirtiéndole en hijo de Dios y parte del cuerpo de Cristo

reflection on water

En los versículos 3 y 9 del mismo capítulo, Pablo usa la misma preposición dos veces en el mismo versículo para indicar una actividad del Espíritu Santo:

“Por tanto, os hago saber que nadie que hable POR el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino POR el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3)

“A otro, fe POR el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades POR el mismo Espíritu.” (1 Corintios 12:9)

Esto nos lleva a concluir que, en 1 Corintios 12:13, “bautizados en un cuerpo” habla de la obra del Espíritu Santo de incorporar un pecador arrepentido al cuerpo de Cristo y que, de hecho, es lo mismo que Pablo llama ser “bautizados en Cristo”.

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?” (Romanos 6:3)

“Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” (Gálatas 3:27)

Es este el “un bautismo” de Efesios 4:5 (“un Señor, una fe, un bautismo”); y es el bautismo indispensable que resulta en el “un cuerpo” del versículo 4 (“un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación”). Así pues, en la conversión, el Espíritu Santo nos bautiza en Cristo; en una experiencia subsiguiente y diferente, Cristo bautizará en el Espíritu Santo.

“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mateo 3:11-12)

Aquí, Cristo es el agente bautizador, el Espíritu Santo se convierte en la “sustancia o elemento” con el cual se bautiza o en el cual se sumerge al creyente. Obviamente el ser “bautizados en Cristo” (regeneración) y el ser “bautizados en Espíritu Santo y fuego” (la experiencia pentecostal) no son la misma cosa. Ambas son reales pero distintas. Todos los salvos hemos sido bautizados en Cristo, pero no todos los salvos han sido bautizados con el Espíritu Santo.

¿Por qué no admitir, entonces, lo evidente? Porque hacerlo es darle la razón a los pentecostales y eso es algo que muchos no están dispuestos a hacer. Les es preferible elaborar todo tipo de explicaciones y malabares exegéticos antes que admitir lo que el texto bíblico dice clara y llanamente.

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