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Cesacionismo, un homenaje a la muerte y a la distancia de Dios.

Por Fernando E. Alvarado*

En numerosas ocasiones he escuchado y leído a los defensores del cesacionismo fascinarse ante las asombrosas manifestaciones del Espíritu Santo en el pasado. El mismísimo John MacArthur, férreo defensor del cesacionismo afirmó:

«𝑀𝑢𝑐𝘩𝑜𝑠 𝑚𝑖𝑙𝑎𝑔𝑟𝑜𝑠 𝑏𝑖𝑏𝑙𝑖𝑐𝑜𝑠 𝑜𝑐𝑢𝑟𝑟𝑖𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑟𝑒𝑙𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑟𝑡𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝘩𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑏í𝑏𝑙𝑖𝑐𝑎: 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑑í𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑀𝑜𝑖𝑠𝑒́𝑠 𝑦 𝐽𝑜𝑠𝑢𝑒́, 𝑑𝑢𝑟𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑖𝑛𝑖𝑠𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝐸𝑙𝑖𝑎𝑠 𝑦 𝐸𝑙𝑖𝑠𝑒𝑜, 𝑦 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑣𝑖𝑑𝑎 𝑑𝑒 𝐶𝑟𝑖𝑠𝑡𝑜 𝑦 𝑙𝑜𝑠 𝑎𝑝𝑜́𝑠𝑡𝑜𝑙𝑒𝑠. 𝑁𝑖𝑛𝑔𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑟𝑖𝑜𝑑𝑜𝑠 𝑑𝑢𝑟𝑜́ 𝑚𝑎́𝑠 𝑑𝑒 𝑐𝑖𝑒𝑛 𝑎𝑛̃𝑜𝑠. 𝐶𝑎𝑑𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑓𝑢𝑒 𝑡𝑒𝑠𝑡𝑖𝑔𝑜 𝑑𝑒 𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑟𝑜𝑙𝑖𝑓𝑒𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑚𝑖𝑙𝑎𝑔𝑟𝑜𝑠 𝑠𝑖𝑛 𝑝𝑟𝑒𝑐𝑒𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑒𝑛 𝑜𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑟𝑎𝑠. 𝐴𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑜𝑠 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑟𝑣𝑎𝑙𝑜𝑠, 𝑙𝑜𝑠 𝑢́𝑛𝑖𝑐𝑜𝑠 𝑒𝑣𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒𝑛𝑎𝑡𝑢𝑟𝑎𝑙𝑒𝑠 𝑟𝑒𝑐𝑜𝑔𝑖𝑑𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑎𝑠 𝐸𝑠𝑐𝑟𝑖𝑡𝑢𝑟𝑎𝑠 𝑓𝑢𝑒𝑟𝑜𝑛 𝑖𝑛𝑐𝑖𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑎𝑖𝑠𝑙𝑎𝑑𝑜𝑠.» (ᴊᴏʜɴ ғ. ᴍᴀᴄᴀʀᴛʜᴜʀ, ᴄʜᴀʀɪsᴍᴀᴛɪᴄ ᴄʜᴀᴏs (ɢʀᴀɴᴅ ʀᴀᴘɪᴅs: ᴢᴏɴᴅᴇʀᴠᴀɴ,1992), ᴘᴘ. 112.)

¡Pareciera que honrar a los profetas y apóstoles muertos es más fácil que aceptar la posibilidad del mover de Dios a través de sus siervos hoy! Esto no debería sorprendernos. Al igual que los fariseos de antaño, el cesacionista moderno prefiere hacer un barato y ostentioso homenaje a los profetas muertos y a las manifestaciones distantes del Espíritu antes que reconocer aquellas que pasan frente a sus narices.

“¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres!” (Lucas 11:47)

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos.” (Mateo 23:29)

Los monumentos de los muertos ilustres y piadosos eran comunes en Jerusalén. Estos memoriales los fariseos tenían en la más oficiosa veneración, reparándolos, ornamentándolos o reconstruyéndolos en caso de deterioro. Actos piadosos, uno podría pensar. ¿Podrían tales hombres devotos otra cosa que hombres temerosos de Dios? No para Jesús.

Este homenaje a la unción de tales hombres del pasado, además de ser un reconocimiento de que Dios había hablado y actuado en el pasado era, sin duda, un homenaje barato y a la vez un reconocimiento del fracaso actual de sus edificadores. Levantar monumentos de piedra, erigir estatuas y construir tumbas gloriosas para los profetas y apóstoles del pasado es a menudo síntoma de una época degenerada, en la que la nación ha pasado su cenit, ha dejado de producir héroes y ahora produce solo sus estatuas, o puede ser, como Jerusalén, un falso homenaje de sus perseguidores y asesinos.

Erigir tumbas y elogiar a los grandes hombres de Dios del pasado es fácil. La tumba de un profeta muerto solo requiere la entrega barata de un pequeño esfuerzo. Esto es lo que ocurre con el cesacionista de hoy: Tras una falsa racionalidad, una aparente erudición bíblica y teológica, empuñando el eslogan de la sana doctrina y en nombre del orden y la decencia en el culto (más no en el nombre de Jesús), erige tumbas a los profetas y apóstoles muertos, mientras que rechaza, critica, ridiculiza y se burla de aquellos a quienes Dios ha investido con sus dones extraordinarios en esta época.

“Creemos que Dios actuó en el pasado” – nos dicen. Pero ¿Qué pasaría si uno de estos profetas de antaño se levantara y actuara como Juan el Bautista “vestido de pelo de camello… un cinto de cuero a la cintura, y [comiendo] langostas y miel silvestre.” (Marcos 1:6) ¿Dirían que está endemoniado? (Lucas 7:33). ¿O cómo reaccionarían ante un Isaías que anduviera “descalzo y medio desnudo durante tres años” (Isaías 20:3) para ilustrar su mensaje? “¡Qué indecencia! ¡Esos desórdenes no son de Dios!” – nos dirían.

Y es que a veces Dios elige contrariar nuestro sentido de lo decente, lo ordenado y lo “apropiado” para probarnos que “la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres” (1 Corintios 1:25, LBLA) y que “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.” (1 Corintios 1:27-29). ¿No crees que Dios sea capaz de ver con agrado lo que para otros, en apariencia, luzca inapropiado litúrgicamente y hasta desordenado? ¡Pues pregúntale a Saúl o a David! (1 Samuel 19:24; 2 Samuel 6:14-23)

¿Cómo tildarían los fríos cesacionistas modernos [enemigos también de una liturgia jubilosa y espontánea] a un rey David danzando con frenesí en sus iglesias – si es acaso estilo de adoración y la liturgia de tales iglesias le provocaría hacerlo?, ¿Cómo tratarían a un Jesús que buscara instaurar un culto de milagros en medio de su cerrada y fría liturgia? (Mateo 4:23; Marcos 1:23-27) ¿sería acaso su reacción como la de los fariseos y se molestarían? (Lucas 13:10-17).

El linaje espiritual de los fariseos y saduceos sigue vivo, pero ahora en la iglesia de Cristo. Estos que elogian el pasado, que reconocen que Dios actuó milagrosamente en otros tiempos, que dicen creer que Dios hablaba pero insisten en que ya no lo hace… estos son herederos espirituales de los fariseos incrédulos y obstinados de antaño. Les es más fácil tildar a un hermano pentecostal o carismñetico de ser “un alborotador empedernido” y un “farsante”, antes que creer que Dios sigue vivo; pues aunque teóricamente afirmen que Dios vive, en la práctica le matado o cortado sus manos con su incredulidad. ¿Y así le llaman soberano? Así la muerte o la distancia prestan encanto a la vista.

¿ignora acaso el cesacionista que el monumento más noble que podemos erigir a un profeta o apóstol del pasado es recoger sus enseñanzas y hacerlas parte de nuestra experiencia diaria y reproducir su carácter en nuestra vida? Ningún tributo a hombres como Pablo, Pedro, Elías o Moisés podría igualar jamás el que vivamos en la práctica la realidad de sus enseñanzas y ministerio. ¿Cuál fue el ejemplo de su enseñanza y ministerio?

“Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2:4-5)

“La gente llevaba los pañuelos o la ropa que Pablo había tocado, y los ponía sobre los enfermos, y ellos se sanaban. También ponía pañuelos sobre los que tenían espíritus malos, y los espíritus salían de esas personas.” (Hechos 19:12; TLA)

“Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.” (Hechos 5:14-16)

¿Es todo esto para nosotros o solo fue para ellos? Pedro mismo afirmó: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hechos 2:39)

Así está escrito: “Y estas señales acompañarán a los que hayan creído: expulsarán demonios en mi nombre y hablarán en otros idiomas sin haberlos aprendido. También tomarán serpientes en las manos y si llegan a tomar veneno, no les hará daño. Además podrán sanar a los enfermos tocándolos con las manos.” (Marcos 16:17-18; PDT)

Y al igual que como ocurrió con ellos ocurrirá con nosotros, pues nuestro Señor es el mismo, el Espíritu que opera en nosotros es el mismo y somos parte de la misma iglesia fundada en Cristo y sobre Cristo.

“Después de decir esto, el Señor Jesús fue llevado a los cielos y se sentó a la derecha de Dios. Los seguidores salieron a anunciar el mensaje de salvación por todas partes. El Señor los ayudaba y confirmaba el mensaje con los milagros que lo acompañaban.” (Marcos 16:19-20; PDT)

Sí hermano ¡Cristo reina a la derecha de Dios! ¡El establecimiento final del reino de los cielos es aún futuro, pero también es presente, un “Ya, pero todavía no” en la tierra a través de la iglesia! Somos sus agentes en esta tierra llamados a proclamar su reino a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Y el mensaje es claro: “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.” (Mateo 10:7-8)

“Cristo en su generosidad nos dio un don a cada uno. Por eso dice: «Cuando subió a los cielos, se llevó a los prisioneros y entregó dones a la gente»” (Efesios 4:7-8, PDT)

¡No dejes que la incredulidad disfrazada de piedad – esa destructiva “incredulidad santificada” que hoy llamen cesacionismo – te haga dudar de la vigencia actual de los dones del Espíritu! ¡Qué nada robe tu primogenitura espiritual! Sus dones siguen con nosotros hoy de forma tan real como lo estuvieron en la edad apostólica. Ellos son la marca de la verdadera iglesia de Cristo.

No solo afirmemos creer lo que dejaron escrito ¡vivamos la experiencia pentecostal que ellos vivieron! Dios no ha dejado de ser Dios, su iglesia no está sola, desamparada y sin poder. Sus siervos verdaderos aún siguen sobre la tierra. Y no solo llenos de teoría y doctrina, sino de poder de lo alto.

En vez de erigir monumentos a los apóstoles y profetas de antaño ¿Qué tal si mejor no buscas la misma unción y llenura del Espíritu que ellos poseyeron?

ACERCA DEL AUTOR:

Fernando E. Alvarado es escritor, pastor y maestro. Nacido el 19 de Abril de 1980 en la Ciudad de Sonsonate, El Salvador. Licenciada en Ciencias de la Educación, especialidad en Ciencias Sociales de la Universidad de Sonsonate. Graduado en Teología del Instituto Bíblico Betel de las Asambleas de Dios, Anexo Chalatenango Norte y especializado en Misiones en el Centro de Capacitación Misionera (CCM) de la Ciudad de Guatemala. También cuenta con diplomados en Fonética, Misiones Transculturales y Comunicación Transcultural otorgados por el Centro de Formación Misionera de las Asambleas de Dios de El Salvador (CAMAD). El pastor Alvarado también cuenta con formación en teología islámica y diplomados en Ley Sharia otorgados por la Asociación Cultural Islámica Chiita de El Salvador y la Comunidad Islámica Salvadoreña (Sunni). También es especialista en teología mormona, habiéndose graduado del Instituto de Religión SUD en la Ciudad de San Salvador.
El pastor Alvarado es miembro de la Society of Evangelical Arminians (SEA).
Está casado con Cesia Abigail Cruz de Alvarado, también pastora y ministra licenciada de las Asambleas de Dios. Es el pastor principal del Templo Cristiano Maranatha (Asambleas de Dios), una congregación local ubicada en la ciudad de Tejutla, Chalatenango.

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