Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Sin categoría

Jesucristo en el Catecismo de Heidelberg y la teología arminiana (IV)

𝙋𝙤𝙧 𝙁𝙚𝙧𝙣𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙀. 𝘼𝙡𝙫𝙖𝙧𝙖𝙙𝙤

La mayoría de religiones principales enseñan que Jesús fue un profeta, o un buen maestro, o un hombre devoto. La Biblia, sin embargo, nos dice que Jesús fue infinitamente más que un profeta, un buen maestro, o un hombre devoto. La Biblia nos presenta a Jesucristo como Dios en la carne, nuestro Maestro y Ejemplo Perfecto, nuestro Intercesor, Mediador ante el Padre, Sumo Sacerdote, Rey venidero y futuro Juez Universal. La cristología arminiana considera a Jesucristo como la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, la Palabra o Verbo del Padre, quien se encarnó por obra del Espíritu Santo y se hizo hombre. Esta es también la doctrina formulada en el Catecismo de Heidelberg.

A través de esta serie de artículos te invito a estudiar el Catecismo de Heidelberg, una de las Tres Formas de Unidad de las Iglesias Reformadas y a la cual también nos adherimos los arminianos clásicos. En ellos analizaremos cada una de las 52 secciones del Catecismo a la luz de la Palabra y la cosmovisión arminiana. Al hacerlo podremos determinar porqué Jacobo Arminio (teólogo y fundador del arminianismo) afirmó su adherencia al Catecismo de Heidelberg.

𝗖𝗔𝗧𝗘𝗖𝗜𝗦𝗠𝗢 𝗗𝗘 𝗛𝗘𝗜𝗗𝗘𝗟𝗕𝗘𝗥𝗚 — 𝗖𝗨𝗔𝗥𝗧𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗧𝗘 (𝗝𝗘𝗦𝗨𝗖𝗥𝗜𝗦𝗧𝗢, 𝗡𝗨𝗘𝗦𝗧𝗥𝗢 𝗦𝗔𝗟𝗩𝗔𝗗𝗢𝗥)

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟮𝟵

¿Por qué el Hijo de Dios es llamado “Jesús”, que significa “salvador”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque nos salva de nuestros pecados (Mt. 1:21; Heb. 7:25), y porque la salvación no debe buscarse ni puede encontrarse en ninguna otra persona (Isa. 43:11; Juan 15:5; Hch. 4:11-12; 1 Tim. 2:5).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟬

¿Creen realmente en el único salvador Jesús quienes buscan su salvación en los santos, en sí mismos o en cualquier otra parte?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

No. Aunque se jactan de pertenecerle, por sus acciones niegan al único salvador Jesús (1 Cor. 1:12-13; Gal. 5:4). O Jesús no es un Salvador perfecto o aquellos que con fe verdadera lo aceptan como Salvador poseen en él todo lo que necesitan para su salvación (2 Col. 1:19-20; 2:10; 1 Juan 1:7).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟭

¿Por qué se le llama “Cristo” que significa “ungido”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque ha sido ordenado por Dios Padre y ha sido ungido con el Espíritu Santo (Lc. 3:21-22; 4:14-19, Isa. 61:1; Heb. 1:9, Sal. 45:7) para ser nuestro supremo profeta y maestro (Hch. 3:22, Dt. 18:15), quien nos revela plenamente el secreto consejo y voluntad de Dios acerca de nuestra liberación (Juan 1:18; 15:15); nuestro único sumo sacerdote (Heb. 7:17, Sal. 110:4) que nos liberó por el sacrificio único de su cuerpo (Heb. 9:12; 10:11-14), y que continuamente intercede por nosotros delante del Padre (Rom. 8:34; Heb. 9:24); y nuestro rey eterno (Mat. 21:5, Zac. 9:9) que nos gobierna con su Palabra y Espíritu, y que nos guarda y nos mantiene en la libertad que ganó para nosotros (Mt. 28:18-20; Juan 10:28; Apoc. 12:10-11).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟮

¿Por qué te llaman cristiano?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque por la fe soy un miembro de Cristo (1 Cor. 12:12-27) y así comparto en su unción (Hch. 2:17 (Joel 2:28); 1 Juan 2:27). He sido ungido para que confiese su nombre (Mt. 10:32; Rom. 10:9-10; Heb. 13:15) para que me presente ante él como sacrificio vivo de acción de gracias (Rom. 12:1; 1 Pedro 2:5, 9), para que luche con limpia consciencia contra del pecado y el diablo en esta vida (Gal. 5:16-17; Ef 6:11; 1 Tim. 1:18-19), y para que después reine con Cristo sobre toda la creación por la eternidad (Mt. 25:34; 2 Tim. 2:12).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟯

¿Por qué es llamado “el Hijo único” de Dios cuando nosotros también somos hijos de Dios?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque Cristo es el único Hijo eterno y natural de Dios (Juan 1:1-3, 14, 18; Heb. 1). En cambio, nosotros somos hijos de Dios por adopción –fuimos adoptados por gracia a través de Cristo (Juan 1:12; Rom. 8:14-17; Ef. 1:5-6).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟰

¿Por qué lo llamas “nuestro Señor”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque—no con oro o plata, sino con su preciosa sangre (1 Pedro. 1:18-19)—nos liberó del pecado y la tiranía del diablo (Col. 1:13-14; Heb. 2:14-15), y nos compró, cuerpo y alma, para ser suyos (1 Cor. 6:20; 1 Tim. 2:5-6).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟱

¿Qué significa “fue concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Significa que el Hijo eterno de Dios, quien es y permanece verdadero y eterno Dios (Juan 1:1; 10:30-36; Hch. 13:33, Sal. 2:7; Col. 1:15-17; 1 Juan 5:20), tomó para sí, mediante la obra del Espíritu Santo (Lc. 1:35), de la carne y sangre de la virgen María (Mt. 1:18-23; Juan 1:14; Gal. 4:4; Heb. 2:14), una naturaleza verdaderamente humana para así llegar a ser un verdadero descendiente de David (2 Sam. 7:12-16; Sal. 132:11; Mt. 1:1; Rom. 1:3), como sus hermanos y hermanas en todo sentido (Fil. 2:7; Heb. 2:17) a excepción del pecado (Heb. 4:15; 7:26-27).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟲

¿Cómo te beneficia la santa concepción y el nacimiento de Cristo?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Él es nuestro mediador (1 Tim. 2:5-6; Heb. 9:13-15) y, a los ojos de Dios, cubre con su inocencia y perfecta santidad mi pecaminosidad en la cual fui concebido (Rom. 8:3-4; 2 Cor. 5:21; Gal. 4:4-5; 1 Pedro 1:18-19).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟳

¿Qué entiendes cuando se dice que “sufrió”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Que, durante toda su vida en la tierra, pero especialmente al final, Cristo soportó en cuerpo y alma la ira de Dios en contra del pecado de toda la raza humana (Isa. 53; 1 Pedro 2:24; 3:18). Lo hizo a fin de que mediante su sufrimiento como único sacrificio expiatorio (Rom. 3:25; Heb. 10:14; 1 Juan 2:2; 4:10), pudiera librarnos, en cuerpo y alma, de la condenación eterna (Rom. 8:1-4; Gal. 3:13), y ganar para nosotros la gracia, la justicia y la vida eterna de Dios (Juan 3:16; Rom. 3:24-26).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟴

¿Por qué sufrió “bajo el poder de Poncio Pilato” que actuó como juez?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Para que, aunque inocente, pudiera ser condenado por un juez terrenal (Lc. 23:13-24; Juan 19:4, 12-16), y así librarnos del severo juicio de Dios que vendría sobre todos nosotros (Isa. 53:4-5; 2 Cor. 5:21; Gal. 3:13).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟯𝟵

¿Es significativo que fuera “crucificado” en lugar de morir de otro modo?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Sí. Esto me convence de que cargó con la maldición que yacía sobre mí, puesto que la muerte por crucifixión era maldición divina (Gal. 3:10-13; Dt. 21:23; Gal. 3:10-13; Dt. 21:23).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟬

¿Por qué fue necesario que Cristo sufriera la muerte?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque la justicia y la verdad de Dios lo requerían (Gen. 2:17): ninguna otra cosa podría pagar nuestros pecados que no sea la muerte del Hijo de Dios (Rom. 8:3-4; Fil. 2:8; Heb. 2:9).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟭

¿Por qué fue “sepultado”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Su sepultura testifica que realmente murió (Isa. 53:9; Juan 19:38-42; Hch. 13:29; 1 Cor. 15:3-4).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟮

Puesto que Cristo murió por nosotros, ¿por qué todavía tenemos que morir?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Nuestra muerte no paga la deuda por nuestros pecados (Sal. 49:7). Más bien pone término a nuestro pecar y es la entrada a la vida eterna (Juan 5:24; Fil. 1:21-23; 1 Tes. 5:9-10).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟯

 ¿Qué otro beneficio recibimos del sacrificio y muerte de Cristo en la cruz?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Por el poder de Cristo nuestra antigua forma de ser fue crucificada, muerta y sepultada con él (Rom. 6:5-11; Col. 2:11-12), para que los deseos malvados de la carne ya no nos controlen (Rom. 6:12-14), sino que nos ofrezcamos a él como sacrificio de acción de gracias (Rom. 12:1; Ef. 5:1-2).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟰

¿Por qué añade el credo “descendió al infierno”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Para asegurarme, durante los ataques de terror y tentación más terribles, que Cristo mi Señor, por medio de haber sufrido angustia, dolor y terror en su alma, sobre la cruz pero también antes de eso, me ha librado de la angustia y tormento infernal (Isa. 53; Mt. 26:36-46; 27:45-46; Lc. 22:44; Heb. 5:7-10).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟱

¿Cómo nos beneficia la resurrección de Cristo?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Primero, por su resurrección venció la muerte, para hacernos partícipes de la justicia que obtuvo en favor nuestro por su muerte (Rom. 4:25; 1 Cor. 15:16-20; 1 Pedro 1:3-5). Segundo, por su poder también nosotros ya hemos sido resucitados a una nueva vida (Rom. 6:5-11; Ef. 2:4-6; Col. 3:1-4). Tercero, la resurrección de Cristo es garantía segura de nuestra bendita resurrección (Rom. 8:11; 1 Cor. 15:12-23; Fil. 3:20-21).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟲

¿Qué entiendes por “subió al cielo”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Entiendo que Cristo, a la vista de sus discípulos, fue elevado de la tierra al cielo (Lc. 24:50-51; Hch. 1:9-11) y que permanece allí para nuestro bien (Rom. 8:34; Ef. 4:8-10; Heb. 7:23-25; 9:24) hasta que vuelva otra vez a juzgar a los vivos y a los muertos (Hch 1:11).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟳

¿Pero acaso no está Cristo con nosotros hasta el fin del mundo como lo prometió? (Mt. 28:20)

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Cristo es verdadero ser humano y verdadero Dios. En su naturaleza humana Cristo no está ahora en la tierra (Hch. 1:9-11; 3:19-21); pero en su divinidad, majestad, gracia y Espíritu jamás está ausente de nosotros (Mt. 28:18-20; Juan 14:16-19).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟴

Si su humanidad no está presente donde sea que esté su divinidad, ¿no significa esto que las dos naturalezas de Cristo están separadas una de la otra?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

De ninguna manera. Puesto que la divinidad de Cristo no tiene límites y está presente en todo lugar (Jer. 23:23-24; Hch. 7:48-49; Isa. 66:1), es evidente que su divinidad ciertamente está más allá de los límites de la humanidad que tomó, pero al mismo tiempo su divinidad está y permanece personalmente unida a su humanidad (Juan 1:14; 3:13; Col. 2:9).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟰𝟵  

¿Cómo nos beneficia la ascensión de Cristo al cielo?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Primero, él es nuestro abogado en el cielo en la presencia de su Padre (Rom. 8:34; 1 Juan 2:1). Segundo, tenemos nuestra propia carne en el cielo como garantía segura de que Cristo, nuestra cabeza, nos llevará a nosotros sus miembros para estar con él (Juan 14:2; 17:24; Ef. 2:4-6). Tercero, nos envía su Espíritu a la tierra como garantía correspondiente (Juan 14:16; 2 Cor. 1:21-22; 5:5). Por el poder del Espíritu ya no buscamos las cosas terrenales, sino las cosas de arriba, donde Cristo está, sentado a la diestra de Dios (Col. 3:1-4).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟱𝟬

¿Por qué se añade que “está sentado a la diestra de Dios”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Porque Cristo ascendió al cielo para mostrar allí que él es la cabeza de su iglesia (Ef. 1:20-23; Col. 1:18), a través de quien el Padre gobierna todas las cosas (Mt. 28:18; Juan 5:22-23).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟱𝟭

¿Cómo nos beneficia la gloria de Cristo, nuestra cabeza?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

Primero, mediante su Espíritu él derrama dones desde el cielo sobre nosotros sus miembros (Hch. 2:33; Ef. 4:7-12). Segundo, por su poder nos defiende y mantiene seguros de todos los enemigos (Sal. 110:1-2; Juan 10:27-30; Apoc. 19:11-16).

𝗣𝗥𝗘𝗚𝗨𝗡𝗧𝗔 𝟱𝟮

¿Qué consuelo encuentras en el regreso de Cristo para “juzgar a los vivos y a los muertos”?

𝗥𝗘𝗦𝗣𝗨𝗘𝗦𝗧𝗔

En todas las aflicciones y persecuciones, con mi cabeza erguida espero confiado al mismo juez que en mi lugar ya se ofreció a sí mismo a la condenación de Dios y apartó de mí toda maldición (Lc. 21:28; Rom. 8:22-25; Fil. 3:20-21; Tit. 2:13-14). Cristo echará a todos los enemigos suyos y míos a la condenación eterna, pero me tomará a mí y a todos los elegidos consigo mismo para llevarnos al gozo y gloria del cielo (Mt. 25:31-46; 2 Tes. 1:6-10).

𝗟𝗔 𝗣𝗘𝗥𝗦𝗣𝗘𝗖𝗧𝗜𝗩𝗔 𝗔𝗥𝗠𝗜𝗡𝗜𝗔𝗡𝗔

Más allá de nuestras diferencias en materia soteriológica, arminianos y calvinistas nos aferramos por igual a las verdades fundamentales de la fe cristiana. Y esto incluye nuestra cristología. Calvinistas y arminianos creemos, por el testimonio de las Escrituras, que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Como Dios y hombre, Cristo es nuestro Mediador ante el Padre. Como mediador entre Dios y el hombre, Jesucristo cumple y unifica tres oficios: profeta, mediante el cual se nos da el conocimiento necesario; sacerdote, por el cual somos perdonados y justificados resultando en reconciliación; rey, por lo cual es eliminada nuestra enemistad y somos sometidos al gobierno de gracia de Cristo. En plena comunión con el Credo Niceno-Constantinopolitano y el Catecismo de Heidelberg, los arminianos declaramos:

“Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre; por quien todas las cosas fueron hechas; que por nosotros los hombres, y por nuestra salvación descendió del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.”

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