Amileniarismo, Premilenarismo Histórico

Objeciones al Amilenialismo

𝙋𝙤𝙧 𝙁𝙚𝙧𝙣𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙀. 𝘼𝙡𝙫𝙖𝙧𝙖𝙙𝙤

El amilenialismo afirma que el milenio de Apocalipsis 20 se está cumpliendo espiritualmente ahora entre las dos venidas de Jesucristo. Esto contrasta con la perspectiva premilenial de que el reino milenial de Jesús es futuro y terrenal. Para el amilenialista Cristo está reinando en su reino milenial ahora. No obstante, existen variaciones respecto a donde y como sucede este reino:

  • Algunos han sostenido que la iglesia es el reino sobre la tierra.
  • Otros amilenialistas han afirmado que el milenio es el reino de Jesús y los santos en el cielo durante esta época.

Esta última perspectiva elimina al reino milenial de Jesús de tener una influencia terrenal. Además, de acuerdo con el amilenialismo, Satanás está actualmente restringido de su capacidad para engañar a las naciones, pero él está aún activo. Para el amilenialista, si bien el reino de Cristo está en operación, este mundo continuará deteriorándose hasta que Jesús regrese de nuevo. El milenio terminará con la segunda venida de Jesús. Luego habrá una resurrección y juicio general únicos para los creyentes e incrédulos y posteriormente comenzará el Estado Eterno.

¿QUÉ CREE EL PREMILENARISMO HISTÓRICO?

El premilenarismo histórico (a veces denominado clásico o apostólico) se opone esencialmente a los postulados básicos del amilenialismo. De acuerdo el premilenarismo histórico, la era de la iglesia actual continuará hasta que, al acercarse el fin, un tiempo de gran tribulación y sufrimiento sobrevenga sobre la tierra. Tras ese tiempo de tribulación al final de la era de la iglesia, Cristo regresará a la tierra para establecer un reino milenario. Cuando él vuelva, los creyentes que hayan muerto se levantarán de sus tumbas, sus cuerpos se reunirán con sus espíritus, y reinarán con Cristo sobre la tierra durante mil años. Durante este tiempo, Cristo estará físicamente presente sobre la tierra en su cuerpo resucitado, y gobernará como Rey sobre la tierra entera. Los creyentes que se hayan levantado de los muertos, y aquellos que estén en la tierra al regreso de Cristo, recibirán cuerpos de resurrección glorificados que nunca morirán, y en estos cuerpos resucitados vivirán sobre la tierra y reinarán con Cristo.

De los incrédulos que permanecen sobre la tierra, muchos (pero no todos) se volverán a Cristo y se salvarán. Jesús reinará en perfecta justicia y habrá paz en toda la tierra. Al comienzo de este tiempo Satanás será encadenado y lanzado al abismo de manera que no tendrá influencia sobre la tierra durante el milenio (Ap 20: 1-3). Al final de los mil años Satanás será liberado del abismo y aunará fuerzas con muchos incrédulos que se han sometido formalmente al reinado de Cristo pero que internamente han estado enfurecidos en rebelión contra él. Satanás reunirá esta gente rebelde para luchar contra Cristo, pero ellos serán decisivamente derrotados. Entonces Cristo levantará de los muertos a todos los creyentes que han muerto a través de la historia, y estos se presentarán ante él para el juicio final. Después que haya ocurrido el juicio final, los creyentes entrarán en el estado de eternidad.

INCONSISTENCIAS EN EL SISTEMA DE INTERPRETACIÓN AMILENIALISTA

Los premilenialistas históricos creemos en un milenio literal sobre esta Tierra. Al estudiar las Escrituras encontramos que varios pasajes del Antiguo Testamento no parecen ajustarse ni a la era presente ni al estado de eternidad. Estos pasajes indican alguna etapa futura en la historia de la redención que es muy superior a la presente era de la iglesia pero que aún no ve la remoción de todo pecado, rebelión y muerte de la faz de la tierra. Hablando de Jerusalén en algún futuro momento, Isaías dice:

“Nunca más habrá en ella niños que vivan pocos días, ni ancianos que no completen sus años. El que muera a los cien años será considerado joven; pero el que no llegue a esa edad será considerado maldito.” (Is 65: 20)

El amilenialista asumirá que este pasaje describe el estado eterno, más no un reino milenial literal. Sin embargo, dicha interpretación parece ignorar ciertos detalles del texto. De acuerdo con Isaías, en este futuro estado no habrá más infantes que mueran en la niñez, ni hombres viejos que mueran prematuramente, algo muy diferente a esta era presente y que bien podrían interpretarse como una descripción de la Eternidad, no del Milenio. Sin embargo, el profeta es claro en señalar que la muerte y el pecado estarán todavía presentes en la Tierra, porque el niño que tiene cien años debe morir, y el pecador que tiene cien años «será considerado maldito». Estos detalles particulares (los infantes y ancianos que viven mucho, el niño que muere a los cien años, y el pecador que será maldito) nos indican un tiempo específico en el futuro diferente a la edad presente, pero en el cual la perfección plena del estado futuro tampoco ha sido lograda. Esto encaja perfectamente con el concepto premilenarista clásico sobre el Milenio, a la vez que contradice la postura amilenial.

Pero Isaías 65:20 no es el único pasaje que contradice la postura amilenialista. Isaías parece predecir un reino milenario en otro lugar cuando dice:

“El lobo vivirá con el cordero, el leopardo se echará con el cabrito, y juntos andarán el ternero y el cachorro de león, y un niño pequeño los guiará. La vaca pastará con la osa, sus crías se echarán juntas, y el león comerá paja como el buey. Jugará el niño de pecho junto a la cueva de la cobra, y el recién destetado meterá la mano en el nido de la víbora. No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas.” (Is 11: 6-9)

El amilenialista buscará espiritualizar (o alegorizar) este pasaje, a fin de hacerlo encajar con su interpretación; no obstante, en su sentido natural, este pasaje habla claramente de una momentánea renovación de la naturaleza que nos lleva mucho más allá de la era presente, un tiempo cuando «rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas» (v. 9). Pero en el verso inmediatamente siguiente Isaías dice:

“En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte de los pueblos; hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose. En aquel día el Señor volverá a extender su mano para recuperar al remanente de su pueblo, a los que hayan quedado en Asiria, en Egipto, Patros y Cus; en Elam, Sinar y Jamat, y en las regiones más remotas.” (Is 11: 10-11)

De acuerdo con la descripción de Isaías, en este idílico período aún venidero, algunos todavía buscarán al Mesías y se acercarán aparentemente a la salvación, y también aquí el Señor todavía congrega el remanente de su pueblo desde varias naciones de la tierra. Por lo tanto, no parece que el estado de eternidad ha comenzado, pero los percances de la naturaleza exceden con mucho todo lo que ocurrirá en esta era presente. ¿No indica esto un futuro reino milenario? Sí. Y esa es nuestra creencia como premilenaristas clásicos.

Isaías no fue el único que previó el futuro reino milenial de Cristo. El autor del Salmo 72 parece ir más allá de una descripción del reinado de Salomón para predecir las glorias del reino del Mesías:

“Que domine el rey de mar a mar, desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra. Que se postren ante él las tribus del desierto; ¡que muerdan el polvo sus enemigos! Que le paguen tributo los reyes de Tarsis y de las costas remotas; que los reyes de Sabá y de Seba le traigan presentes. Que ante él se inclinen todos los reyes; ¡que le sirvan todas las naciones! Él librará al indigente que pide auxilio, y al pobre que no tiene quien lo ayude. Se compadecerá del desvalido y del necesitado, y a los menesterosos les salvará la vida. Los librará de la opresión y la violencia, porque considera valiosa su vida.” (Sal 72: 8-14)

El estudiante sincero de la Palabra reconocerá que este pasaje ciertamente habla de un gobierno mesiánico mucho más amplio que el experimentado por David y Salomón, porque este reino mesiánico «hasta los confines de la tierra» y lo servirán «todas las naciones» (vv. 8, 11; note que el salmo también dice en el v. 5: «Que viva el rey por mil generaciones, lo mismo que el sol y la luna»). Este será un reino justiciero, de justicia sí, pero ciertamente no será el estado de eternidad. Tampoco puede decirse que represente un reinado simbólico actual como afirma el amilenialismo. La interpretación literal propuesta por el premilenarismo clásico es la única opción que no traiciona el texto ni le roba su sentido original.

¿Cómo sabemos que el Salmo 72 no es una alegoría de la eternidad? Porque de acuerdo con el autor de dicho salmo todavía existirá «el indigente que pide auxilio» y «el pobre que no tiene quien lo ayude» (vv. 12-14). Todavía habrá enemigos «que muerdan el polvo» bajo el gobierno de este Rey justiciero (v. 9). Todo esto habla de una era muy diferente de la era presente pero menos que el estado de eternidad en el que no hay más pecado ni sufrimiento. Sólo un milenio literal sobre esta tierra encaja con lo afirmado en el salmo 72.

Zacarías también profetiza que viene una era en la que hay una gran transformación en la tierra, en la que el Señor es Rey sobre toda la tierra, y en la que todavía hay rebelión y pecado, y muerte:

“Ustedes huirán por el valle de mi monte, porque se extenderá hasta Asal. Huirán como huyeron del terremoto en los días de Uzías, rey de Judá. Entonces vendrá el Señor mi Dios, acompañado de todos sus fieles. En aquel día no habrá luz, ni hará frío. Será un día excepcional, que solo el Señor conoce: no tendrá día ni noche, pues, cuando llegue la noche, seguirá alumbrando la luz. En aquel día fluirá agua viva desde Jerusalén, tanto en verano como en invierno. Y una mitad correrá hacia el Mar Muerto, y la otra hacia el mar Mediterráneo. El Señor reinará sobre toda la tierra. En aquel día el Señor será el único Dios, y su nombre será el único nombre. Desde Gueba hasta Rimón, al sur de Jerusalén, todo el país se volverá un desierto. Pero Jerusalén se levantará y permanecerá en su lugar, desde la puerta de Benjamín hasta el sitio de la puerta Primera, hasta la puerta del Ángulo, y desde la torre de Jananel hasta los lagares del rey. Jerusalén volverá a ser habitada, tendrá tranquilidad, y nunca más será destruida. Esta es la plaga con la que el Señor herirá a todos los pueblos que pelearon contra Jerusalén: Se les pudrirá la carne en vida, se les pudrirán los ojos en las cuencas, y se les pudrirá la lengua en la boca. En aquel día el Señor los llenará de pánico. Cada uno levantará la mano contra el otro, y se atacarán entre sí. También Judá peleará en Jerusalén, y se recogerán las riquezas de todas las naciones vecinas, y grandes cantidades de oro y plata y de ropa. Una plaga semejante herirá también a caballos y mulos, camellos y asnos, y a todo animal que esté en aquellos campamentos. Entonces los sobrevivientes de todas las naciones que atacaron a Jerusalén subirán año tras año para adorar al Rey, al Señor Todopoderoso, y para celebrar la fiesta de las Enramadas. Si alguno de los pueblos de la tierra no sube a Jerusalén para adorar al Rey, al Señor Todopoderoso, tampoco recibirá lluvia.” (Zac 14: 5-17)

Una vez más, la descripción aquí presentada por el escritor sagrado no se ajusta a la era presente, pues el Señor es Rey sobre toda la tierra en esta situación. Pero esto tampoco se ajusta al estado de eternidad, porque la desobediencia y la rebelión contra el Señor están claramente presentes. El profeta nos describe una rebelión específica contra el Señor que es Rey sobre toda la tierra, una rebelión que se castiga con estas plagas y la falta de lluvia. Esto sólo encaja con la postura premilenarista. No con el amilenialismo.

¿ES CORRECTO RECHAZAR LA LITERALIDAD DE APOCALIPSIS 20?

Habiendo examinado numerosos pasajes de trasfondo que apuntan o claramente enseñan la realidad de un tiempo futuro mucho más grandioso que la era presente pero menos que el estado de eternidad resulta entonces apropiado examinar Apocalipsis 20 una vez más. Apocalipsis 20 nos hace varias afirmaciones que se entienden mejor como referidas a un futuro reinado terrenal de Cristo anterior al juicio futuro. Por ejemplo:

  1. La atadura y encierro de Satanás en el abismo (v. 2-3) implican una restricción mucho mayor de su actividad que lo que conocemos en esta era presente. El amilenarismo es inconsistente en este punto, y falla al explicar el predominio del mal, el dolor, la muerte y el sufrimiento en el mundo actual ¿O es que acaso Satanás no está atado ya? ¿O dirán que el brazo del Señor se ha debilitado para contener el poder del maligno? ¿Acaso escapó Satanás de la prisión y puso en entredicho la soberanía de Dios?
  2. La declaración de que aquellos que fueron fieles «vivieron» (v. 4) se interpreta mejor como referida a una resurrección corporal, pues el siguiente versículo dice: «Ésta es la primera resurrección». El verbo ezesan, «volver a vivir», es el mismo verbo y la misma forma verbal que se utiliza en Apocalipsis 2: 8, donde Jesús se identifica a sí mismo como «el que murió y ve) volvió a vivir», una obvia referencia a su resurrección. Si la resurrección de los fieles, la primera resurrección, ocurre al inicio del Milenio, y si de acuerdo con el amilenialismo ya estamos en el Milenio ¿Es que acaso ya ocurrió la resurrección? ¿O es que no hay resurrección literal sino simbólica? Si ese fuera el caso, Cristo tampoco resucitó literalmente, pues la misma palabra se usa en ambos casos. Negar la literalidad del Milenio es también una negación de la literalidad de la resurrección de Cristo y de los creyentes y, tal como lo dijo Pablo: “Y, si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes. Aún más, resultaríamos falsos testigos de Dios por haber testificado que Dios resucitó a Cristo, lo cual no habría sucedido si en verdad los muertos no resucitan. Porque, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y, si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados. En este caso, también están perdidos los que murieron en Cristo” (1 Corintios 15:14-18). Esto, claramente, tiene implicaciones serias en nuestra teología. Implicaciones que, al parecer, los amilenialistas prefieren ignorar.
  3. En la interpretación premilenarista clásica, el reinado de Cristo (en Ap 20:4) es algo todavía futuro, no algo que ocurre ahora (como aducen los amilenaristas). Esto es consistente con el resto del Nuevo Testamento, donde se nos dice a menudo que los creyentes reinarán con Cristo y se les dará autoridad juntamente con Cristo para reinar sobre la tierra (Lc 19: 17, 19; 1ª Co 6: 3; Ap 2: 26-27; 3: 21). Así pues, el amilenialismo le roba a las Escrituras su sentido original. Más aún, las contradice frontalmente.

Y hay algo más que merece ser destacado aquí, y es que en ningún lugar de la Escritura se dice que los creyentes en el estado intermedio (entre su muerte y el regreso de Cristo) están reinando con Cristo o compartiendo su gobierno con él. De hecho, Apocalipsis describe primero a los santos en el cielo antes que Cristo regrese esperando bajo el altar y clamando a gran voz al Señor que comience a juzgar a los impíos sobre la tierra (Ap 6:9-10). En ningún lugar se dice que los cristianos ya reinan con Cristo.

Pero vayamos un poco más allá. En temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial. Su alegorismo excesivo y su doble y defectuosa hermenéutica obligan a los amilenialistas a plantearse una diversidad de ideas contradictorias entre sí. Con respecto al período que las Escrituras llaman la Gran Tribulación, algunos amilenialistas consideran que esta es ya un suceso pasado, pues interpretan Mateo 24 y la profecía de las 70 semanas contenida en Daniel 9, como profecía cumplida en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Otros, por el contrario, creen que la “Gran Tribulación” es sólo una representación alegórica de las persecuciones y sufrimientos que la iglesia experimentaría a lo largo de su historia terrenal y no esperan tribulación alguna en el futuro. Otros amilenialistas, aunque aceptan en alguna medida los postulados anteriores, creen también que la Segunda Venida de Cristo será precedida por un período de persecución y angustia excepcional, como nunca antes la hubo en la historia.

Cualquiera que sea la postura que aborden en este tema, los amilenialistas parecen olvidar que aquellos que vuelven a vivir y reinan con Cristo en Apocalipsis 20 incluyen a gente «que no habían adorado a la bestia ni a su imagen y que no recibieron la marca en sus frentes» (Ap 20: 4). Esta es una clara referencia a aquellos que no se rindieron ante las persecuciones de la bestia de que se habla en Apocalipsis 13: 1-18. Pero si la severidad de la persecución descrita en Apocalipsis 13 nos lleva a concluir que la bestia no ha aparecido aun sobre el escenario mundial, sino que esto es algo futuro, entonces la persecución de esta bestia es también futura, y si esta persecución es aún futura, entonces la escena de Apocalipsis 20 donde aquellos «que no habían adorado la bestia y no recibieron la marca en sus frentes» (Ap 20: 4) también es futura. Esto significa que Apocalipsis 20: 1-6 no describe la presente era de la iglesia como afirman los amilenialistas, sino se entiende mejor como referida a un futuro reino milenario de Cristo. Todas estas consideraciones se combinan a favor del premilenarismo.

EL MILENIO ES MÁS QUE APOCALIPSIS 20

A menudo los amilenialistas afirman que, más allá de Apocalipsis 20, la Biblia no dice nada acerca del Milenio y que, por lo tanto, el premilenarismo carece de fundamento bíblico sólido. Pero ¿Es esto cierto? Absolutamente no. Ya que hay otros pasajes del Nuevo Testamento, aparte de Apocalipsis 20, que sugieren un futuro milenio. Cuando el Señor Jesús resucitado habla a la iglesia de Tiatira, dice:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi Padre” (Ap 2; 26-27).

La simbología que se usa (reinar con una vara de hierro; quebrar vasos de alfarero) implica un gobierno fuerte sobre los rebeldes. La pregunta para el amilenialista sería: ¿En qué momento participarán en este gobierno los creyentes que triunfen sobre el mal? La idea se ajusta bien a un futuro reino milenario cuando los santos glorificados reinen con Cristo sobre la tierra, pero no se ajusta bien a ningún momento de la era presente (una época en la cual los impíos gobiernan y los reinos de este mundo están bajo el poder del maligno, según Lucas 4:6 y 1 Juan 5:19) o del estado de eternidad, en donde ya no habrá rebeldes sobre los cuales gobernar pues todo será perfecto. El amilenialismo simplemente es débil en sus posturas al ser confrontado con el sentido natural del texto sagrado. La única manera de que estos versículos encajen con la postura amilenialista es alegorizar, forzar el texto y traicionar el sentido natural de la Escritura. Esto, sin embargo, es algo que un creyente que ame y respete la Palabra de Dios no puede ni debe hacer.  La idea de gobernar las naciones «con vara de hierro» no es exclusiva de Ap. 2:26-27; también se encuentra en Apocalipsis 12: 5-6 y 19: 15. ¿Cómo poder negarlos sin caer en deshonestidad intelectual?

Muchos amilenialistas quizá se sorprenderían ante nuestra afirmación de que Pablo, el apóstol de la gracia, enseñó también acerca de un futuro reino literal de Cristo sobre la Tierra. Sin embargo, esto es lo que pasa. Cuando Pablo habla de la resurrección, dice que cada persona recibirá un cuerpo resucitado, cada uno en su debido orden:

“Cristo, las primicias; después (eita) cuando él venga, los que les pertenecen. Entonces (epeita) vendrá el fin, cuando el entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1ª Co. 15: 23-25).

Un estudio de las palabras usadas en el texto griego puede resultar esclarecedor en este punto. Las dos palabras traducidas «entonces» en este pasaje (epeita y eita) tienen el sentido de «después de», no el sentido de «al mismo tiempo». Por consiguiente, el pasaje apoya la idea que, de la misma forma en que hay un intervalo de tiempo entre la resurrección de Cristo y su segunda venida cuando nosotros recibamos un cuerpo resucitado (v. 23), así también habrá un intervalo de tiempo entre la segunda venida de Cristo y «el fin» (v. 24), que será cuando Cristo entregue el reino al Padre tras haber reinado durante un tiempo y puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Este período intermedio entre la Segunda Venida y el momento en que Cristo entregue el reino a su Padre es lo que los premilenaristas clásicos llamamos Milenio. Y eso mismo es lo que el amilenialista se rehúsa a creer, no por falta de evidencia bíblica, sino por mero apego a interpretaciones posteriores a la edad apostólica. Interpretaciones que, por cierto, niegan el claro mensaje de las Escrituras.

En próximos artículos abordaremos las objeciones más comunes que los amilenialistas hacen en contra del premilenialismo.

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