Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Dort, el Sínodo de la vergüenza

Por Fernando E. Alvarado

¿Concilio eclesiástico o reunión de asesinos? El Sínodo de Dort fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda entre 1618-1619, por la Iglesia Reformada Holandesa, con el objetivo de regular una seria controversia en las Iglesias Holandesas iniciada por el ascenso del Arminianismo. Los cánones surgidos de este sínodo son, junto con la Confesión Belga y el Catecismo de Heidelberg, la base teológica de las iglesias reformadas en gran parte del mundo, y aunque este sínodo es visto por los calvinistas como emblemático y representativo de su fe, es también un testimonio claro de la otra cara del calvinismo: Su intolerancia hacia otras confesiones, su arrogancia religiosa y su omnipresente desprecio hacia aquellos que piensan diferente; características todas ellas, que los llevaron incluso a cometer el supremo pecado contra otro ser humano: El asesinato. Y aunque hoy preferirían negar esta parte de la historia la fe calvinista, expresada en su famoso TULIP, está manchada por el derramamiento de la sangre inocente de muchos arminianos.

¿Qué es lo que los calvinistas nos quisieran ocultar de su historia? Tras el infame y nada imparcial sínodo de Dort, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados por mantener un punto de vista diferente al calvinismo, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. Además del absurdo de la pena de muerte defendida y llevada a las últimas consecuencias por los calvinistas de Dort, otras acciones detestables se cometieron:

Los remonstrantes (nombre dado a los teólogos y predicadores arminianos) estaban en una sala anexa a la principal donde ocurrían las reuniones. Sólo podían asistir si eran llamados por el presidente sinodal.

Al presentar sus argumentos, los remonstrantes eran retirados y las decisiones se tomaban sin réplicas.

Los remonstrantes no eligieron a sus representantes, por el contrario, fueron los calvinistas quienes lo hicieron. Tampoco se permitió igualdad de representes. A Dort asistieron 128 calvinistas y tan solo 13 arminianos.

Los remonstrantes fueron intimados a comparecer como reos y fueron impedidos de expresar sus tesis delante de todos, por varias veces.

Los remonstrantes fueron obligados a responder a las indagaciones en latín y, para colmo, los calvinistas les cancelaron, ilegal y de manera infame, el derecho de voto a los teólogos arminianos.

Tales absurdos denotan cuánto fue parcial e intolerante el Sínodo, que estaba más próximo a parecer una iglesia de malhechores que un respetable Sínodo, como pretenden hacernos creer los calvinistas. Así pues, el Sínodo de Dort fue más bien un teatro montado, no tanto para examinar las doctrinas de los arminianos con el objetivo de analizar si ellos eran dignos de tolerancia e indulgencia, sino para aparentar cierto aire de solemnidad y justicia. Contando con la presencia de ministros extranjeros y autoridades respetables, los calvinistas buscaban nada más legitimar una sentencia ya elaborada y acordada anteriormente entre aquellos que estuvieron al frente de los trámites para la instalación del Sínodo.
En muchos sentidos, el Sínodo de Dort fue muy semejante al Concilio de Trento (1545-1563) que decidió la causa protestante antes de examinarla. De la misma forma que en Trento los católicos calificaron de herejía al protestantismo y planearon su erradicación, así los calvinistas (impulsados quizá por el mismo espíritu que lideró el Concilio de Trento) condenó a muerte y destierro a los arminianos. No es exageración afirmar que el Sínodo de Dort fue una masacre previamente diseñada.
Desde los días de tan infame Sínodo, y en el peor ejemplo de espíritu sectario, los calvinistas han tachado de “herejes” a los arminianos, caricaturizando su fe y acusándolos injustamente de hacer resurgir el pelagianismo y el semipelagianismo. Las injusticias cometidas en Dort y el desenlace doctrinal de dicho Sínodo (las mal llamadas “Doctrinas de la Gracia” o TULIP) dejaron tan asqueado al Rey James de Inglaterra que, con enorme indignación, afirmó:

“Esta doctrina es tan horrible, que estoy persuadido que si hubiese un concilio de espíritus inmundos reunidos en el infierno, y su príncipe el diablo fuera a plantear la cuestión a todos ellos en general, o a cada uno en particular, para conocer su opinión sobre el medio más probable de incitar el odio de los hombres contra Dios su Creador; nada podría ser inventado por ellos que sería más eficaz para este propósito, o que podría poner una afrenta mayor sobre el amor de Dios por la humanidad, que ese infame decreto del reciente Sínodo, y la decisión de esta detestable fórmula, por la cual la inmensa mayoría de la raza humana es condenada al infierno por ninguna otra razón sino la mera voluntad de Dios, sin cualquier consideración por el pecado; la necesidad de pecar, así como la de ser condenado, están fijado sobre ellos por ese gran clavo del decreto previamente mencionado.” [1].

Pero Dort, con toda su infamia y espíritu diabólico no fue capaz de detener el avance del arminianismo. Cuatro provincias de Holanda, ante el apoyo popular al arminianismo, rechazaron suscribir el Sínodo. En Holanda, la evolución del arminianismo, después de Dort, fue posible debido a los esfuerzos de H. Uyttenbogaert, Episcopio, y Hugo Grocio, entre otros. Inglaterra, representada en el Sínodo, tampoco suscribió el Sínodo.

El arminianismo también triunfó en Brandemburgo, Bremen y Ginebra. La Remonstrancia fue publicada en Leiden en 1629, Frankfurt en 1631 y 1635 y fue ampliamente divulgada. Los menonitas se adhirieron al arminianismo. Las Iglesias Bautistas Generales de John Smyth y Thomas Helwys, en 1612, fueron influenciadas por el arminianismo a través de los menonitas en Ámsterdam. Movimientos restauradores como las Iglesias de Cristo, siglo XIX, también adoptaron la teología arminiana. En fin, el arminianismo echó raíces en Holanda y extrapoló fronteras. Otro hecho curioso que vale la pena destacar es que, aún en medio de la farsa que fue el Sínodo de Dort, se produjo la “conversión” de algunos calvinistas al arminianismo. John Hales (1584-1656), teólogo inglés; Thomas Goad (1576-1638) clérigo inglés y Daniel Tilenus (1563-1633), profesor y ex calvinista rígido negaron el calvinismo y se adhirieron al arminianismo.

Los arminianos tenemos fuertes razones para rechazar los cánones de Dort y considerarlos la peor expresión del calvinismo. ¿Qué opinión final nos merece? Concordamos con las palabras del Rey James de Inglaterra y resumimos nuestro opinión en las palabras de Richard Watson, teólogo arminiano del siglo XIX, acerca del Sínodo de Dort:

“El sínodo de Dort, un nudo; toda la asamblea, enferma; la conferencia, el viento; la sesión, paja. Amén.”

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS:

[1] Citado en “The Other Side of Calvinism”, escrito por Laurence M. Vance, 1999, p. 312

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