ESCATOLOGÍA, Milenio, Segunda Venida de Cristo, Teología

Teorías sobre la Segunda Venida

En la teología evangélica, se denomina “arrebatamiento de la iglesia” al evento en el cual Dios “quita” o “arrebata” a los creyentes de la tierra para dar paso a Su justo juicio que será derramado sobre la tierra durante el período de la tribulación. La doctrina del arrebatamiento (a veces llamado “rapto de la iglesia”) no fue enseñada en el Antiguo Testamento, por lo que Pablo la llama un "misterio" ahora revelado: "He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados" (1 Corintios 15:51-52). Pablo consideraba al arrebatamiento la “esperanza bienaventurada” del creyente (Tito 2:13), el glorioso evento que todos debemos anhelar. A través del arrebatamiento seremos totalmente libres de pecado, y estaremos para siempre en la presencia de Dios. En el arrebatamiento, Dios resucitará a todos los creyentes que han muerto, dándoles cuerpos glorificados, y después partiendo de la tierra con aquellos creyentes que estén aún vivos, a quienes también les serán dados cuerpos glorificados (1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:50-54).

ESCATOLOGÍA, Estudio Teológico, Teología

Una mirada bíblica al Premilenialismo

El Premilenialismo (o Premilenarismo, conocido históricamente como Quiliasmo y más propiamente como Milenarismo), es una enseñanza escatológica que dice que la Segunda Venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reinado Milenial, y que el Reino Milenial es literalmente de un período de 1,000 años donde Cristo va a reinar sobre la tierra. Este modelo de interpretación se puede dividir en dos corrientes principales: el Premilenialismo Histórico y el Premilenialismo Dispensacional. Esta postura teológica se desprende primordialmente de Apocalipsis 20, pero está vinculada concomitantemente a las promesas de reino futuro tanto en el Antiguo Testamento como en las palabras de Jesús (Hechos 1:6-7)