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El amor de Dios: ¿Forzado o libre? (un análisis crítico dela gracia irresistible)

Por Fernando E. Alvarado.

En el ámbito de la teología reformada, la doctrina de la gracia irresistible ocupa un lugar central dentro del esquema soteriológico del calvinismo. Esta doctrina postula que la gracia salvadora de Dios, otorgada a los elegidos, es irresistible, lo que significa que aquellos a quienes Dios ha elegido para la salvación no pueden resistir su gracia, sino que responderán de manera inevitable y efectiva al llamado divino. Sin embargo, a lo largo de la historia del pensamiento cristiano, ha habido voces que han cuestionado la validez bíblica y lógica de esta enseñanza.

Tales cuestionamientos no son gratuitos. A nivel bíblico, hay múltiples pasajes que muestran que los seres humanos pueden resistir la obra de Dios. Por ejemplo, en Hechos 7:51, Esteban acusa a los líderes judíos de resistir al Espíritu Santo, lo que indica que las personas pueden oponerse a la gracia divina. Otro ejemplo es Mateo 23:37, donde Jesús lamenta que Jerusalén no haya querido responder a su llamado, sugiriendo que la gracia de Dios no es siempre aceptada automáticamente.

Desde un punto de vista lógico, cuestionar la gracia irresistible se basa en la idea del libre albedrío humano. Si el amor de Dios es genuino, algunos argumentan que debe incluir la libertad de elección. Obligar a alguien a aceptar la gracia eliminaría esa libertad, convirtiendo la relación entre Dios y el ser humano en una obligación, más que en una respuesta de amor voluntario. Además, algunos ven la gracia irresistible como incompatible con la justicia de Dios. Si Dios tiene el poder de otorgar gracia irresistible, pero no lo hace con todos, esto plantea preguntas sobre por qué algunas personas son excluidas de esta salvación automática. Este tema es, sin duda, uno que merece consideración profunda.

¿EN QUÉ CONSISTE LA SUPUESTA GRACIA IRRESISTIBLE?

La gracia irresistible se refiere a la creencia de que, cuando Dios decide otorgar su gracia a una persona, esa gracia es tan poderosa que no puede ser rechazada. En el esquema calvinista, esta doctrina se basa en la idea de la total depravación humana: el hombre está tan corrompido por el pecado que no tiene capacidad de buscar a Dios o responder a su gracia sin una intervención divina que lo transforme completamente.[1] Según esta visión, Dios otorga esta gracia a quienes ha predestinado, y su poder es tal que inevitablemente conduce al elegido a la salvación, independientemente de su resistencia inicial.

Sin embargo, para algunos de nosotros que nos acercamos al texto bíblico sin el lente distorsionado del calvinismo, esta definición genera una serie de interrogantes teológicas y bíblicas. ¿Realmente enseña la Escritura que la gracia de Dios es irresistible para los seres humanos?

RAZONES BÍBLICAS PARA CUESTIONAR LA GRACIA IRRESISTIBLE

Uno de los principales desafíos a la gracia irresistible surge de la amplia evidencia en las Escrituras de que los seres humanos tienen la capacidad de resistir la gracia de Dios. En Hechos 7:51, por ejemplo, Esteban acusa a los líderes judíos de «resistir siempre al Espíritu Santo» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Este texto muestra que es posible oponerse activamente a la obra del Espíritu, lo que parece contradecir la idea de que la gracia divina es irresistible. Si bien Dios es todopoderoso, su relación con la humanidad parece incluir una dimensión de invitación, no de coerción.

Además, en Mateo 23:37, Jesús expresa su profundo lamento sobre Jerusalén, diciendo: «¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Esta declaración no solo muestra la resistencia del pueblo de Jerusalén a la invitación de Dios, sino que también refleja el dolor de un Dios que desea, pero no fuerza, la obediencia de su pueblo. Si la gracia fuera irresistible, este tipo de resistencia parecería incoherente en el contexto del plan divino. Pero estas referencias a la resistibilidad de la gracia están lejos de ser las únicas.

LA RESISTIBILIDAD DE LA GRACIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Cuando nos adentramos en el Antiguo Testamento, encontramos múltiples ejemplos de cómo los seres humanos pueden resistir la gracia de Dios. Lejos de una relación de sumisión mecánica o automática, el pueblo de Israel y otros personajes bíblicos exhiben una notable capacidad para rechazar los llamados y la obra divina. Esto nos lleva a cuestionar si la gracia de Dios, como se revela en las Escrituras, es realmente irresistible, o si la relación que Él propone incluye una respuesta voluntaria y, a menudo, desafiante por parte de los seres humanos.

La desobediencia de Israel en el desierto

Un ejemplo claro de la resistibilidad de la gracia divina lo encontramos en la desobediencia de Israel durante su travesía por el desierto. A pesar de haber experimentado milagros extraordinarios, como la apertura del Mar Rojo y el maná del cielo, el pueblo de Israel continuamente resistió los mandatos y la dirección de Dios. En Números 14:22-23, Dios mismo dice: «Todos los que vieron mi gloria, y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra que juré dar a sus padres» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Aquí vemos cómo, a pesar de recibir la gracia y la guía directa de Dios, los israelitas optaron por resistir y desobedecer, demostrando que la gracia puede ser rechazada.

Este pasaje muestra que la gracia de Dios no obliga a la obediencia automática. Aunque Dios mostró su poder y misericordia de manera tangible, el pueblo aún ejerció su voluntad para resistirle. Así, el Antiguo Testamento revela una tensión constante entre el ofrecimiento de la gracia divina y la respuesta humana, lo que parece contradecir la idea de una gracia irresistible.[2]

El lamento de los profetas

Otra evidencia significativa de la resistibilidad de la gracia en el Antiguo Testamento proviene de los profetas. Estos mensajeros de Dios a menudo lamentaban la dureza de corazón de Israel, su resistencia al arrepentimiento y su desobediencia a la voz de Dios. En Isaías 65:2, Dios dice: «Extendí mis manos todo el día a un pueblo rebelde, que anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos» (Biblia, Reina-Valera, 1960). La imagen aquí es la de un Dios que ofrece su gracia, esperando que su pueblo responda, pero que, en cambio, encuentra resistencia.

Este constante llamado de Dios a su pueblo, a menudo ignorado o rechazado, nos presenta una clara muestra de que la gracia divina, lejos de ser irresistible, puede ser resistida con terquedad y desobediencia. Dios no obliga a su pueblo a obedecerle; más bien, lamenta que no respondan a su llamado. La capacidad de resistir la gracia está, entonces, profundamente enraizada en la narrativa profética del Antiguo Testamento.[3]

El libre albedrío en la caída de Adán y Eva

El relato de la caída de Adán y Eva en el jardín del Edén también nos proporciona un ejemplo paradigmático de cómo los seres humanos pueden resistir el plan y la voluntad de Dios. En Génesis 2:16-17, Dios da una orden clara a Adán: no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, en Génesis 3, Adán y Eva eligen desobedecer. A pesar de haber sido creados en un entorno perfecto y de estar en comunión directa con Dios, eligieron seguir su propio camino en lugar de someterse a la dirección divina.

Este episodio muestra que incluso en el estado original de humanidad, los seres humanos tenían la capacidad de resistir la voluntad de Dios. Dios les había otorgado libertad de elección, lo que incluía la posibilidad de resistir su mandato, algo incompatible con la idea de una gracia irresistible.[4]

Así pues, el Antiguo Testamento nos ofrece abundante evidencia de que la gracia de Dios, aunque poderosa y generosa, no es irresistible. La resistibilidad de la gracia, por lo tanto, parece estar en el corazón de la narrativa bíblica del Antiguo Testamento, lo que plantea serias preguntas sobre la doctrina de la gracia irresistible.

LA RESISTIBILIDAD DE LA GRACIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Cuando examinamos el Nuevo Testamento, encontramos múltiples pasajes que sugieren que la gracia de Dios puede ser resistida, lo que pone en tela de juicio la idea de una gracia irresistible. Tanto en los Evangelios, como en el libro de los Hechos, las epístolas y el Apocalipsis, hay evidencia de que los seres humanos, aun estando expuestos a la oferta de salvación y gracia, pueden elegir rechazarla.

Los Evangelios: El Rechazo al Ministerio de Jesús

En los Evangelios, Jesús a menudo enfrenta la resistencia del pueblo, de los líderes religiosos y, en algunos casos, incluso de sus propios discípulos. Un ejemplo claro lo encontramos en Juan 5:40, donde Jesús lamenta: «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida» (Biblia, Reina-Valera, 1960). A pesar de ofrecerles la vida eterna, muchos se negaban a aceptar su mensaje. Esta resistencia es un testimonio claro de que la gracia no obliga a la obediencia o a la aceptación; es una oferta que puede ser rechazada, a pesar de su potencia salvadora.

Además, en Lucas 13:34, Jesús expresa su dolor por la resistencia de Jerusalén: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos bajo sus alas, y no quisiste!» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Aquí, el deseo de Dios de proteger y salvar a su pueblo es claro, pero también lo es la capacidad del ser humano para resistir esa gracia. Jesús no fuerza a la gente a aceptarlo; respeta su libre albedrío.[5]

El libro de los Hechos: Resistencia al Espíritu Santo

El libro de los Hechos ofrece múltiples ejemplos de personas que resistieron activamente la obra del Espíritu Santo. En Hechos 7:51, Esteban, mientras es juzgado por el Sanedrín, acusa a los líderes religiosos de resistir al Espíritu: «Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos, ¡vosotros resistís siempre al Espíritu Santo!» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Este texto es revelador, ya que muestra que incluso la poderosa obra del Espíritu Santo, que opera en la vida de las personas para guiarlas y transformarlas, puede ser resistida.

Este rechazo al Espíritu no es una anomalía, sino un patrón recurrente a lo largo del ministerio apostólico. A pesar de las señales, milagros y predicación que acompañaron la obra de los primeros apóstoles, muchos optaron por no creer, resistiendo la gracia ofrecida.[6]

Las epístolas paulinas: Advertencias y exhortaciones

En las epístolas de Pablo, también encontramos advertencias claras sobre la posibilidad de resistir o rechazar la gracia de Dios. En Gálatas 5:4, Pablo advierte a los creyentes: «De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Este versículo muestra que es posible haber recibido la gracia de Dios y, sin embargo, apartarse de ella, lo que indica que la gracia no es irresistible ni garantiza una perseverancia automática en la fe.

Asimismo, en 2 Corintios 6:1, Pablo exhorta a los corintios: «Os rogamos también que no recibáis en vano la gracia de Dios» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Aquí Pablo reconoce que es posible recibir la gracia de Dios sin que ésta cumpla su propósito, debido a la resistencia humana. De nuevo, vemos que la gracia, aunque ofrecida con generosidad, puede ser resistida por aquellos que no responden con fe y obediencia.[7]

El resto de las epístolas: Exhortaciones a la obediencia

En las epístolas generales, esta idea también está presente. En Hebreos 12:15, leemos: «Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Aquí, el autor advierte a los creyentes sobre la posibilidad de no alcanzar la gracia, lo que implica que, aunque la gracia de Dios está disponible para todos, algunos pueden resistirla o no vivir de acuerdo con ella.

Además, en Santiago 4:6, se nos dice que «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Esta declaración implica una interacción dinámica entre la disposición del corazón humano y la recepción de la gracia. Dios ofrece su gracia, pero aquellos que se aferran al orgullo pueden resistirla, mientras que los humildes la reciben plenamente.[8]

El Apocalipsis: El llamado a la conversión

Finalmente, en el Apocalipsis encontramos múltiples llamados al arrepentimiento, lo que sugiere que la respuesta humana a la gracia de Dios no es automática. En Apocalipsis 3:20, Jesús dice: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él» (Biblia, Reina-Valera, 1960). Esta imagen de Jesús tocando a la puerta del corazón humano sugiere que la aceptación de la gracia depende de la disposición del individuo para abrir esa puerta. Jesús no entra a la fuerza; espera una respuesta voluntaria.

Además, en Apocalipsis 9:20-21, después de desastrosos juicios, se nos dice que «los demás hombres […] no se arrepintieron de las obras de sus manos» (Biblia, Reina-Valera, 1960). A pesar de los claros llamados al arrepentimiento, muchas personas continúan resistiendo la gracia divina, lo que confirma que la gracia puede ser rechazada incluso ante señales evidentes.[9]

La doctrina calvinista de la gracia irresistible no haya cabida en las Sagradas Escrituras, particularmente en el Nuevo Testamento. A lo largo del Nuevo Testamento, desde los Evangelios hasta el Apocalipsis, encontramos numerosas evidencias de que la gracia de Dios puede ser resistida. A pesar de la generosa oferta de salvación y el obrar del Espíritu Santo, los seres humanos pueden optar por rechazar esa gracia, como lo demuestran los múltiples ejemplos de resistencia a la obra de Dios. Aunque la gracia es poderosa, también depende de nuestra respuesta para que se cumpla su propósito en nuestras vidas.

RAZONES LÓGICAS PARA CUESTIONAR LA GRACIA IRRESISTIBLE

Más allá de los textos bíblicos, hay razones lógicas para cuestionar la gracia irresistible. Si aceptamos que el amor de Dios es genuino, entonces la libertad del ser humano para aceptar o rechazar ese amor es esencial. Forzar una respuesta positiva a la gracia divina socavaría la libertad auténtica que caracteriza a una relación amorosa. ¿Por qué? Porque el amor, por su propia naturaleza, no puede ser forzado ni predeterminado. El verdadero amor requiere la posibilidad de elección.[10] Si la gracia es irresistible, entonces la respuesta del ser humano no sería realmente una elección libre, sino una reacción automática a un impulso irresistible, lo que haría que la relación con Dios sea más mecánica que personal.

Asimismo, si la gracia es irresistible solo para los elegidos, esto plantea serias preguntas sobre la justicia de Dios. Si Dios tiene el poder de otorgar gracia irresistible, ¿por qué no lo hace con todos? La enseñanza de que Dios selecciona a algunos para recibir esta gracia irresistible y pasa por alto a otros parece entrar en conflicto con el testimonio bíblico de que Dios «quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Timoteo 2:4, Biblia, Reina-Valera, 1960). La gracia irresistible, entonces, presenta una imagen de Dios que parece arbitraria y contradictoria con su naturaleza amorosa y justa.

LA RESISTIBILIDAD DE LA GRACIA EN LOS TEXTOS PATRÍSTICOS

Cuando exploramos la enseñanza de los Padres de la Iglesia, encontramos que ellos abordaron la relación entre la gracia de Dios y el libre albedrío humano, sugiriendo que la gracia, aunque generosa y poderosa, puede ser resistida. Los escritos patrísticos nos ofrecen una rica fuente de reflexión sobre la naturaleza de la cooperación entre la voluntad divina y la libertad humana.

Justino Mártir: La gracia y el libre albedrío

Justino Mártir, uno de los primeros apologistas cristianos, defendió claramente la idea del libre albedrío y la responsabilidad humana en su respuesta a la gracia divina. En su obra Diálogo con Trifón, Justino sostiene que Dios ofrece su gracia a todos los seres humanos, pero que cada persona tiene la libertad de aceptar o rechazar esa oferta. Afirma que «cada uno es capaz de elegir el bien o el mal».[11] En este pasaje, Justino destaca la responsabilidad del ser humano en su respuesta a Dios, lo que implica que la gracia puede ser resistida si alguien opta por seguir el mal en lugar de acoger la bondad divina.

Para Justino, la libertad humana es esencial para una relación genuina con Dios. Si la gracia fuera irresistible, no habría espacio para una respuesta libre y auténtica por parte del ser humano. Justino enfatiza que el hombre tiene la capacidad de elegir resistir la gracia de Dios, lo que refuerza la idea de que Dios no fuerza a nadie a aceptar su voluntad.[12]

Ireneo de Lyon: La cooperación del hombre con Dios

Ireneo de Lyon, en su obra Contra las Herejías, también aborda el tema de la gracia y el libre albedrío, destacando la importancia de la cooperación humana en el proceso de salvación. Para Ireneo, aunque la salvación es obra de Dios, los seres humanos deben colaborar activamente con esa gracia. Dice: «Dios siempre da el bien, pero aquellos que lo reciben lo hacen de acuerdo con su propia elección».[13] Esto implica que la gracia no se impone de manera irresistible, sino que depende de la disposición del corazón humano para recibirla.

Ireneo sostiene que Dios respeta la libertad humana porque desea una relación basada en el amor, no en la coerción. Si bien Dios extiende su gracia, cada individuo tiene la opción de resistirla o acogerla, lo que sugiere que la gracia puede ser rechazada cuando la persona no elige seguir los caminos de Dios.[14]

Clemente de Alejandría: La lucha entre el bien y el mal

Clemente de Alejandría, en su obra Stromateis, también explora la interacción entre la gracia y el libre albedrío, destacando la lucha interna del ser humano entre el bien y el mal. Clemente enseña que, aunque la gracia de Dios es necesaria para la salvación, esta no anula la libertad humana: «Nosotros, que hemos sido llamados, somos capaces de resistir o de aceptar la llamada de Dios».[15] De este modo, Clemente destaca que la gracia, lejos de ser irresistible, requiere la cooperación activa del ser humano para que produzca fruto.

Para Clemente, la vida cristiana es una lucha en la que cada individuo debe decidir si se somete a la gracia de Dios o si la resiste. Aunque Dios da todas las herramientas necesarias para la salvación, el hombre conserva el poder de rechazar su gracia si no desea recibirla.[16]

Orígenes: La gracia y la libertad humana

Orígenes, uno de los más grandes teólogos de la antigüedad cristiana, también afirmó la resistibilidad de la gracia. En su obra De Principiis, Orígenes sostiene que el libre albedrío es un don esencial dado por Dios, lo que permite al ser humano tomar decisiones morales libres. Aunque la gracia de Dios es necesaria para la salvación, Orígenes deja claro que los seres humanos pueden resistirla si eligen hacer el mal en lugar del bien. Afirma: «El alma tiene la capacidad de resistir o cooperar con la gracia, según su propio juicio».[17]

Para Orígenes, la salvación es un proceso dinámico en el que la gracia de Dios y el libre albedrío humano interactúan de manera constante. Aunque la gracia es un regalo de Dios, el ser humano debe cooperar con ella y tiene el poder de resistirla. Orígenes rechaza la idea de una gracia irresistible, argumentando que sería incompatible con la libertad esencial que Dios ha otorgado a los seres humanos.[18]

Agustín de Hipona: La tensión entre gracia y libre albedrío

Aunque Agustín es a menudo conocido por su énfasis en la gracia, en sus primeras obras también defendió la idea de que el ser humano tiene la capacidad de resistir la gracia. En su obra De Libero Arbitrio, Agustín argumenta que Dios no coacciona a nadie para que haga el bien: «Dios te creó sin ti, pero no te salvará sin ti».[19] Este pensamiento inicial de Agustín subraya la importancia del libre albedrío en la respuesta del ser humano a la gracia divina.

Si bien Agustín más tarde desarrollaría su famosa doctrina de la gracia irresistible en respuesta a la herejía pelagiana, su obra temprana reconoce que los seres humanos pueden, de hecho, resistir la obra de Dios en sus vidas, lo que refleja una visión más equilibrada entre la gracia y el libre albedrío.[20]

No, los Padres de la Iglesia no creían en la gracia irresistible

Los escritos de los Padres de la Iglesia nos ofrecen una rica comprensión de la dinámica entre la gracia de Dios y el libre albedrío humano. Justino Mártir, Ireneo, Clemente, Orígenes y, en su fase inicial, Agustín, todos sostienen que la gracia divina, aunque necesaria para la salvación, puede ser resistida por aquellos que eligen no cooperar con ella. Esta visión patrística nos recuerda que la relación entre Dios y el ser humano no es una de imposición, sino una de invitación y respuesta libre. Así, los Padres de la Iglesia nos invitan a reconocer la importancia de nuestra libertad en nuestra relación con Dios y en la recepción de su gracia. La patrística es, y siempre será, enemiga del calvinismo y sus doctrinas.

GRACIA IRRESISTIBLE, UNA GRACIA QUE NO ES GRACIA

Al reflexionar sobre la doctrina de la gracia irresistible, nos encontramos ante una enseñanza que, si bien tiene coherencia dentro del sistema calvinista, presenta serios desafíos desde una lectura integral de las Escrituras y desde un enfoque lógico y ético. Tanto la resistencia humana al Espíritu documentada en la Biblia como la necesidad de una relación amorosa basada en la libertad nos llevan a concluir que la gracia irresistible es una doctrina que debe ser reconsiderada.

En última instancia, creemos que Dios nos llama a una relación basada en el amor y la libertad, y que su gracia, aunque poderosa y transformadora, puede ser resistida. Si Dios es amor (1 Juan 4:8), entonces su invitación debe ser aceptada libremente para que esa relación sea auténtica. De lo contrario, la libertad de elección y la capacidad de responder voluntariamente a su llamado se verían comprometidas. Por esta razón, estamos convencidos de que la doctrina de la gracia irresistible debe ser rechazada.

Bíblicamente, la verdadera esencia de la gracia se encuentra no en su irresistibilidad, sino en su carácter como un don libre que puede ser aceptado o rechazado. Si la gracia fuera irresistible, entonces no habría lugar para el amor auténtico o la relación voluntaria con Dios, ya que la respuesta humana sería coaccionada. La resistibilidad de la gracia, por lo tanto, es lo que permite una respuesta genuina y amorosa a la oferta de salvación, y no implica que la gracia deje de ser un regalo divino. La gracia irresistible simplemente no es gracia.

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS


    [1] Sproul, R. C. (2005). Chosen by God. Tyndale House, p. 162.

    [2] Wright, C. J. H. (2004). The Mission of God: Unlocking the Bible’s Grand Narrative. IVP Academic, p. 58.

    [3] Brueggemann, W. (2014). An Introduction to the Old Testament: The Canon and Christian Imagination. Westminster John Knox Press, p. 145.

    [4] Hamilton, V. P. (1990). The Book of Genesis: Chapters 1-17. Wm. B. Eerdmans Publishing Co., p. 70.

    [5] Morris, L. (1995). The Gospel According to John: The New International Commentary on the New Testament. Eerdmans, p. 223.

    [6] Marshall, I. H. (1980). The Acts of the Apostles: An Introduction and Commentary. Tyndale, p. 125.

    [7] Barrett, C. K. (1973). A Commentary on the Second Epistle to the Corinthians. Harper & Row, p. 218.

    [8] Davids, P. H. (1982). The Epistle of James: A Commentary on the Greek Text. Eerdmans, p. 175.

    [9] Mounce, R. H. (1997). The Book of Revelation: The New International Commentary on the New Testament. Eerdmans, p. 192.

    [10] Pinnock, C. H. (1992). The Openness of God: A Biblical Challenge to the Traditional Understanding of God. InterVarsity Press, p. 135.

    [11] Justino Mártir. (1997). Diálogo con Trifón. Ediciones Akal, p. 88.

    [12] Barnard, L. W. (1967). Justin Martyr: His Life and Thought. Cambridge University Press, p. 94.

    [13] Ireneo de Lyon. (1994). Contra las Herejías. Ediciones Paulinas, IV.37.1.

    [14] Grant, R. M. (1997). Irenaeus of Lyons. Routledge, p. 203.

    [15] Clemente de Alejandría. (1980). Stromateis. In J. Ferguson (Ed.), The Fathers of the Church. CUA Press, VI.12.

    [16] Osborn, E. F. (2005). Clement of Alexandria. Cambridge University Press, p. 188.

    [17] Orígenes, De Principiis, III.1.6

    [18] Crouzel, H. (1989). Origen: The Life and Thought of the First Great Theologian. Harper & Row, p. 176.

    [19] Agustín, De Libero Arbitrio, III.18.

    [20] Brown, P. (2000). Augustine of Hippo: A Biography. University of California Press, p. 89.

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