Por Fernando E. Alvarado.
El avivamiento que sacudió Noruega y Suecia entre 1907 y 1910 fue un fenómeno espiritual profundo y transformador que dejó una huella indeleble en la historia del cristianismo en Escandinavia. Este movimiento, caracterizado por un fervor pentecostal y una búsqueda apasionada de la presencia de Dios, no solo renovó la fe de miles de creyentes, sino que también sentó las bases para el crecimiento del pentecostalismo en Europa.
A principios del siglo XX, Europa vivía una época de cambios sociales, políticos y culturales. La industrialización, el surgimiento de ideologías secularistas y las tensiones previas a la Primera Guerra Mundial creaban un clima de incertidumbre. En este contexto, Noruega y Suecia, naciones con una fuerte herencia luterana, experimentaban un declive en la vitalidad espiritual de sus iglesias establecidas (Anderson, 2004). Sin embargo, en medio de esta aparente sequía, el Espíritu Santo comenzó a moverse de manera poderosa.

EL PENTECOSTÉS NORUEGO
Uno de los personajes centrales del avivamiento en Noruega fue el pastor metodista Thomas Ball Barratt. En 1906, Barratt viajó a los Estados Unidos con el objetivo de recaudar fondos para su iglesia en Oslo. Sin embargo, su encuentro con el movimiento pentecostal en Nueva York cambió el curso de su vida y ministerio. Durante su estancia, asistió a reuniones donde se hablaba del avivamiento de Azusa Street y del bautismo en el Espíritu Santo acompañado de hablar en lenguas. Barratt, inicialmente escéptico, comenzó a buscar esta experiencia con intensidad. En una carta fechada el 15 de octubre de 1906, escribió: «He estado orando por días, anhelando una manifestación más profunda del Espíritu Santo en mi vida» (Barratt, 1927, p. 45). Finalmente, el 7 de noviembre de 1906, Barratt recibió el bautismo en el Espíritu Santo y habló en lenguas, una experiencia que describió como «una inundación de gozo y poder divino» (Barratt, 1927, p. 52).
Barratt regresó a Oslo en diciembre de 1906, lleno de un fervor renovado. Comenzó a predicar sobre la necesidad de una experiencia personal con el Espíritu Santo, enfatizando el bautismo en el Espíritu y los dones espirituales. Sus reuniones, celebradas en la Misión Cristiana de Oslo, se caracterizaron por una atmósfera de intensa oración, alabanza vibrante y manifestaciones espirituales. Según relata el historiador Bjørn Knutsson, «las reuniones de Barratt atraían a multitudes, y muchos experimentaron sanidades, liberaciones y una profunda convicción de pecado» (Knutsson, 1974, p. 78). Una de las primeras personas en recibir el bautismo en el Espíritu Santo bajo el ministerio de Barratt fue una joven llamada Agnes Thelle, quien más tarde se convirtió en una líder influyente en el movimiento pentecostal noruego (Gjerlaug, 2005).
Uno de los momentos más memorables del ministerio de Barratt ocurrió durante una reunión en Bergen en 1907. Según relata el pastor y escritor Ludvig Olsen, «una mujer que había estado postrada en cama durante años fue sanada instantáneamente después de que Barratt oró por ella. La noticia de su sanidad se extendió rápidamente, y cientos de personas acudieron a las reuniones para experimentar el poder de Dios» (Olsen, 1952, p. 112). Este tipo de testimonios no solo avivó la fe de los creyentes, sino que también atrajo a muchos escépticos que buscaban respuestas a sus necesidades físicas y espirituales.
Otro testimonio notable es el de Karl L. Andersen, un joven que asistió a las reuniones de Barratt en Stavanger. En sus memorias, Andersen escribió: «Nunca olvidaré la noche en que recibí el bautismo en el Espíritu Santo. Fue como si el cielo se abriera y el poder de Dios me envolviera. Desde ese momento, mi vida cambió por completo» (Andersen, 1930, p. 89). Estos relatos personales ilustran el impacto profundo que el ministerio de Barratt tuvo en la vida de las personas.
Barratt no se limitó a Oslo; viajó extensamente por Noruega, llevando el mensaje pentecostal a ciudades como Bergen, Stavanger y Trondheim. Sus reuniones eran conocidas por su intensidad espiritual y su enfoque en la experiencia personal con Dios. Según el historiador David Bundy, «Barratt tenía un don único para conectar con la gente, y su predicación sencilla pero poderosa resonaba en el corazón de los noruegos» (Bundy, 2009, p. 145). Además, Barratt fundó la revista Korsets Seier (La Victoria de la Cruz), que se convirtió en un medio clave para difundir el mensaje pentecostal en Noruega y otros países escandinavos (Gjerlaug, 2005).
El ministerio de Barratt no solo impactó a Noruega, sino que también influyó en el movimiento pentecostal a nivel internacional. En 1907, invitó a Lewi Pethrus, un joven pastor sueco, a visitar Oslo. Pethrus, quien más tarde se convertiría en uno de los líderes más influyentes del pentecostalismo en Suecia, describió su encuentro con Barratt como «un momento decisivo en mi vida espiritual» (Pethrus, 1953, p. 67). Además, Barratt mantuvo correspondencia con líderes pentecostales de todo el mundo, incluyendo a William J. Seymour de Azusa Street, lo que ayudó a establecer una red global de creyentes pentecostales (Anderson, 2004). Su experiencia personal con el Espíritu Santo, su predicación apasionada y su compromiso con la obra de Dios dejaron un legado duradero. Como escribió el teólogo Donald Dayton, «Barratt fue un pionero que abrió camino para que el pentecostalismo se convirtiera en una fuerza global en el siglo XX» (Dayton, 1987, p. 123).

EL AVIVAMIENTO LLEGA A SUECIA
En Suecia, el avivamiento encontró un terreno fértil gracias a la labor de Lewi Pethrus (1884-1974), un joven pastor bautista que abrazó el mensaje pentecostal (Pethrus, 1953). Lewi Pethrus nació en 1884 en Vargön, Suecia, en el seno de una familia luterana. Desde joven, mostró un interés profundo por la fe cristiana y se unió a la iglesia bautista, donde comenzó su ministerio pastoral. Sin embargo, fue su encuentro con el movimiento pentecostal lo que marcó un punto de inflexión en su vida. En 1907, Pethrus viajó a Oslo para conocer a Thomas Ball Barratt, quien ya era una figura prominente en el avivamiento pentecostal noruego. Según relata Pethrus en sus memorias, «fue en Oslo donde experimenté el bautismo en el Espíritu Santo y hablé en lenguas por primera vez. Fue como si el cielo se abriera y el poder de Dios me envolviera» (Pethrus, 1953, p. 67). Esta experiencia transformó su ministerio y lo llevó a abrazar plenamente el mensaje pentecostal.
En 1911, Pethrus se trasladó a Estocolmo, donde asumió el pastorado de una pequeña congregación bautista. Bajo su liderazgo, la iglesia experimentó un crecimiento extraordinario y se convirtió en la iglesia Filadelfia, un centro neurálgico del avivamiento pentecostal en Suecia. Pethrus enfatizó la importancia de la predicación centrada en la cruz, la resurrección y el poder del Espíritu Santo. Según el historiador Bengt Gustafsson, «la simplicidad del mensaje de Pethrus, combinada con su pasión por la obra del Espíritu, resonó profundamente en el corazón de los suecos» (Gustafsson, 2000, p. 89).
Uno de los momentos más memorables del ministerio de Pethrus ocurrió durante una reunión en Gotemburgo en 1913. Según relata el pastor y escritor Sven Lidman, «una mujer que había estado sorda durante años recuperó la audición después de que Pethrus oró por ella. La noticia de su sanidad se extendió rápidamente, y cientos de personas acudieron a las reuniones para experimentar el poder de Dios» (Lidman, 1945, p. 112). Este tipo de testimonios no solo avivó la fe de los creyentes, sino que también atrajo a muchos escépticos que buscaban respuestas a sus necesidades físicas y espirituales.
Otro testimonio notable es el de Anna Larsson, una joven que asistió a las reuniones de Pethrus en Malmö. En sus memorias, Larsson escribió: «Nunca olvidaré la noche en que recibí el bautismo en el Espíritu Santo. Fue como si el cielo se abriera y el poder de Dios me envolviera. Desde ese momento, mi vida cambió por completo» (Larsson, 1932, p. 45).
Bajo el liderazgo de Pethrus, el avivamiento pentecostal se extendió rápidamente por Suecia. Las reuniones en la iglesia Filadelfia atraían a multitudes, y muchas personas experimentaron sanidades, liberaciones y una profunda convicción de pecado. Pethrus también fundó la revista Evangelii Härold (El Heraldo del Evangelio), que se convirtió en un medio clave para difundir el mensaje pentecostal en Suecia y otros países escandinavos (Gustafsson, 2000). Además, Pethrus estableció una red de iglesias pentecostales que se extendió por todo el país, sentando las bases para el crecimiento del movimiento en el siglo XX. En 1939, fundó la Misión Pentecostal Sueca, una organización misionera que envió a cientos de misioneros a África, Asia y América Latina (Anderson, 2004).

CARACTERÍSTICAS TEOLÓGICAS Y ESPIRITUALES DEL AVIVAMIENTO ESCANDINAVO
El avivamiento en Noruega y Suecia fue, ante todo, un movimiento del Espíritu Santo. Su teología se centraba en la experiencia personal con Dios, el bautismo en el Espíritu Santo como una segunda bendición y la manifestación de los dones espirituales, especialmente el hablar en lenguas (Dayton, 1987). Estos elementos, aunque controversiales para algunos, eran vistos como un cumplimiento de las promesas bíblicas, particularmente de Hechos 2.
Además, el avivamiento destacó por su énfasis en la santidad y la vida consagrada. Los creyentes no solo buscaban experiencias emocionales, sino una transformación integral que afectara su carácter y su relación con los demás (Hollenweger, 1997). La oración, el ayuno y el estudio de la Biblia se convirtieron en prácticas centrales de la vida cristiana. Este enfoque equilibrado entre lo experiencial y lo doctrinal permitió que el movimiento reciera de manera sólida y duradera.
Otro aspecto notable fue la participación activa de mujeres en el avivamiento. Mujeres como Dagmar Gregersen en Noruega y Anna Larsson en Suecia fueron instrumentos clave en la difusión del mensaje pentecostal, predicando, orando por los enfermos y liderando reuniones (McGee, 2010). Este papel protagónico de las mujeres reflejó el carácter inclusivo del movimiento y su apertura a la guianza del Espíritu, independientemente del género.

DINAMARCA Y FINDLANDIA EXPERIMENTAN SU PROPIO PENTECOSTÉS
El avivamiento en Noruega y Suecia no solo transformó vidas individuales, sino que también tuvo un impacto social y eclesial significativo. Miles de personas encontraron esperanza y propósito en medio de un mundo en crisis (Anderson, 2004). Teológicamente, el avivamiento contribuyó a la consolidación del pentecostalismo como una corriente distintiva dentro del cristianismo. Su énfasis en la experiencia del Espíritu Santo y la práctica de los dones espirituales enriqueció la comprensión de la obra de Dios en el mundo (Synan, 1997). Además, el movimiento escandinavo influyó en otros países europeos, como Finlandia y Dinamarca, y sentó las bases para la expansión global del pentecostalismo en el siglo XX (Burgess, 2002).
Finlandia, que en ese momento era un Gran Ducado autónomo del Imperio Ruso, experimentó un avivamiento pentecostal significativo a partir de 1907. Este movimiento fue impulsado en gran medida por la influencia de Thomas Ball Barratt, quien visitó Helsinki en 1907 y celebró una serie de reuniones que atrajeron a multitudes. Según el historiador Nils-Erik Forsgård, «las reuniones de Barratt en Helsinki fueron un punto de inflexión para el cristianismo en Finlandia, ya que muchas personas experimentaron el bautismo en el Espíritu Santo y hablaron en lenguas por primera vez» (Forsgård, 1998, p. 45).
Uno de los líderes clave del avivamiento en Finlandia fue Juho Pyörre, un pastor luterano que abrazó el mensaje pentecostal después de asistir a las reuniones de Barratt. Pyörre describió su experiencia en una carta fechada en 1908: «Fue como si el cielo se abriera y el poder de Dios me envolviera. Desde ese momento, mi ministerio tomó un nuevo rumbo, centrado en la obra del Espíritu Santo» (Pyörre, 1908, citado en Kärkkäinen, 2002, p. 78). Pyörre fundó la primera congregación pentecostal en Helsinki, que se convirtió en un centro de avivamiento y misiones.
Uno de los testimonios más impactantes del avivamiento en Finlandia es el de Maria Åkerblom, una joven que asistió a las reuniones de Pyörre en 1909. En sus memorias, Åkerblom escribió: «Estaba enferma y desesperada, pero cuando oraron por mí, sentí cómo el poder de Dios me sanaba. Desde ese día, mi vida cambió por completo, y me convertí en una testigo apasionada de su amor» (Åkerblom, 1935, p. 56). Este tipo de testimonios no solo avivó la fe de los creyentes, sino que también atrajo a muchos escépticos que buscaban respuestas a sus necesidades físicas y espirituales.
En Dinamarca, el avivamiento pentecostal comenzó a tomar fuerza alrededor de 1908, gracias en gran parte a la influencia de Lewi Pethrus y otros líderes escandinavos. Uno de los pioneros del movimiento en Dinamarca fue Anna Larsson, una misionera sueca que viajó a Copenhague en 1909 y organizó una serie de reuniones pentecostales. Según el historiador Peter Lodberg, «las reuniones de Larsson en Copenhague fueron un catalizador para el avivamiento en Dinamarca, ya que muchas personas experimentaron el bautismo en el Espíritu Santo y hablaron en lenguas» (Lodberg, 2001, p. 89).
Otro líder clave en Dinamarca fue Thomas B. Thomsen, un pastor bautista que abrazó el mensaje pentecostal después de visitar la iglesia Filadelfia en Estocolmo. Thomsen fundó la primera congregación pentecostal en Copenhague en 1910, que se convirtió en un centro de avivamiento y misiones. Según Thomsen, «el mensaje pentecostal no era solo una doctrina, sino una experiencia viva que transformaba vidas y comunidades» (Thomsen, 1912, citado en Burgess, 2002, p. 145).
Uno de los testimonios más notables del avivamiento en Dinamarca es el de Karen Jensen, una joven que asistió a las reuniones de Thomsen en 1911. En sus memorias, Jensen escribió: «Estaba llena de dudas y temores, pero cuando recibí el bautismo en el Espíritu Santo, sentí una paz y un gozo indescriptibles. Desde ese día, mi vida cambió por completo, y me convertí en una testigo apasionada de su amor» (Jensen, 1920, p. 67).

SI EL FUEGO DE DIOS SE ENCENDIÓ, AÚN EN LAS GÉLIDAS TIERRAS DEL NORTE DE EUROPA ¿POR QUÉ NO PODRÁ ENCENDER NUEVAMENTE ENTRE NOSOTROS HOY?
El avivamiento en Noruega y Suecia (1907-1910), que luego contagió a Finlandia y Dinamarca, fue un recordatorio poderoso de que Dios sigue obrando en la historia, incluso en tiempos de oscuridad. Los numerosos testimonios que aquellos que experimentaron dicho avivamiento, nos invitan a buscar una relación auténtica con el Espíritu Santo y a vivir una fe que transforme no solo nuestras vidas, sino también nuestro mundo. Como creyentes del siglo XXI, podemos aprender de este movimiento la importancia de la oración, la santidad y la apertura a la guianza divina. Que su legado inspire a nuevas generaciones a buscar el rostro de Dios y a ser instrumentos de su avivamiento en nuestros días.

BIBLIOGRAFÍA:
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