Por Fernando E. Alvarado.
El libro de los Hechos muestra un patrón consistente de la recepción del bautismo en el Espíritu Santo acompañada por el fenómeno de hablar en lenguas. El hablar en lenguas es común en tres episodios claves:
- Hechos 2:4: Los discípulos, en el Día de Pentecostés, fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas. Este evento marca el inicio de la iglesia y el cumplimiento de la promesa de Jesús sobre la venida del Espíritu Santo (Lucas 24:49; Hechos 1:8).[1]
- Hechos 10:44-46: Cuando Pedro predicó a Cornelio y su familia, el Espíritu Santo descendió sobre los gentiles, y comenzaron a hablar en lenguas y a glorificar a Dios. Este evento mostró que el don del Espíritu no estaba limitado a los judíos, sino que también era para los gentiles.[2]
- Hechos 19:6: Pablo, al encontrar a los discípulos de Éfeso, oró por ellos, y al recibir el Espíritu Santo, comenzaron a hablar en lenguas y profetizar. Aquí vemos cómo el bautismo en el Espíritu Santo siguió siendo una experiencia tangible posterior a la conversión.[3]
El hecho de que el hablar en lenguas esté registrado en estos tres momentos indica que este fenómeno se percibía como una señal visible de que alguien había sido bautizado en el Espíritu. Las lenguas no eran simplemente un don ocasional, sino una manifestación que confirmaba la experiencia espiritual, como lo indica Hechos 10:46, en donde los acompañantes de Pedro supieron que los gentiles habían recibido el Espíritu Santo “porque los oían hablar en lenguas y glorificar a Dios”. Las lenguas fueron la evidencia clara de esta experiencia.[4]

Este patrón repetido sugiere que el hablar en lenguas no era solo una manifestación para esas situaciones específicas, sino una indicación general de lo que sucedía cuando alguien recibía el bautismo en el Espíritu Santo.[5] Esto es corroborado por las palabras de Jesús en Marcos 16:17, donde menciona que los que crean hablarán en nuevas lenguas como una de las señales que seguirán a los creyentes.[6]
El apóstol Pablo, en 1 Corintios 14:5, expresa su deseo de que “todos hablen en lenguas”. Aunque no obliga a que todos reciban este don para otras funciones dentro de la iglesia (cf. 1 Corintios 12:30), la frecuencia con que el don aparece en el contexto del bautismo en el Espíritu en Hechos refuerza que hablar en lenguas es una evidencia normativa.[7] Las lenguas son, en este sentido, una manifestación visible del Espíritu, aunque no el único don.
Desde la razón, podemos argumentar que el hablar en lenguas sirve como una evidencia objetiva y verificable de la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo. Como una manifestación sobrenatural, las lenguas actúan como una confirmación externa de lo que ha ocurrido en el interior de la persona, evitando que se quede como una experiencia meramente subjetiva.[8]
Además, la repetición del fenómeno en diferentes contextos (judíos, gentiles y discípulos en diferentes lugares) sugiere que este patrón no estaba limitado a los primeros creyentes, sino que establece un principio general para todos los que reciban el Espíritu Santo a lo largo del tiempo.[9]

PABLO ¿EXCEPCIÓN A LA REGLA?
¡En ninguna manera! En el caso de Pablo, cuando se menciona que Ananías impuso sus manos sobre él para que recibiera el Espíritu Santo (Hechos 9:17), aunque el texto no diga explícitamente que Pablo habló en lenguas en ese momento, hay fuertes indicios que nos llevan a inferir que esto ocurrió. Al combinar lo que Hechos nos relata con las propias palabras de Pablo en sus cartas, podemos entender mejor la experiencia de Pablo con el Espíritu Santo y el hablar en lenguas.
En Hechos 9:17, Ananías le dice a Pablo: “el Señor Jesús… me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno del Espíritu Santo”. En este pasaje, vemos que Ananías impuso sus manos sobre Pablo, y aunque el texto no describe una manifestación inmediata del hablar en lenguas, sí establece que Pablo fue lleno del Espíritu en ese momento. ¿por qué el caso de Pablo tendría que ser diferente? No lo fue. Y es fácil deducir que la experiencia de Pablo concuerda perfectamente con otros relatos en los Hechos, donde la llenura del Espíritu Santo a menudo iba acompañada del hablar en lenguas (Hechos 2:4, 10:44-46, 19:6). ¿En qué nos basamos para argumentar tal cosa? ¡Pues en las palabras del mismo Pablo!
En 1 Corintios 14:18, Pablo declara: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros”. Esta afirmación es clave para entender que Pablo no solo tenía el don de hablar en lenguas, sino que lo practicaba frecuentemente. Dado que Pablo se refiere a su experiencia con las lenguas en tiempo presente y como algo continuo en su vida espiritual, es razonable suponer que este don no apareció de manera tardía en su vida, sino como una consecuencia directa de su encuentro con el Espíritu Santo desde el inicio de su ministerio.
Cuando observamos otros momentos en el libro de Hechos, vemos que el hablar en lenguas es una manifestación común de la recepción del Espíritu Santo. Por ejemplo, en Hechos 10:44-46 y 19:6, los creyentes hablaron en lenguas inmediatamente al recibir el Espíritu Santo. Dado que Pablo también recibió el Espíritu mediante la imposición de manos de Ananías, siguiendo el mismo patrón que encontramos en otros pasajes, podemos inferir con razón que Pablo también habló en lenguas en ese momento, aunque el texto no lo mencione explícitamente.[10]

¿Y QUÉ HAY DEL PENTECOSTÉS SAMARITANO?
El relato del Pentecostés samaritano, que encontramos en Hechos 8:14-17, es otro evento clave donde se describe la recepción del Espíritu Santo. Aunque en este caso no se menciona explícitamente que los samaritanos hablaron en lenguas al recibir el Espíritu, podemos inferir que esta manifestación tuvo lugar basándonos en varios elementos del texto y en el patrón que vemos en otros relatos de Hechos.[11]
En este pasaje, Felipe predica el evangelio en Samaria, y muchos samaritanos creen en Jesús y son bautizados en agua. Sin embargo, no reciben el bautismo en el Espíritu Santo hasta que Pedro y Juan llegan a Samaria, oran por ellos e imponen sus manos sobre ellos. En ese momento, los samaritanos reciben el bautismo en el Espíritu Santo (Hechos 8:17).
Este es un momento significativo porque marca la expansión del evangelio fuera del contexto judío, hacia un grupo étnico considerado separado de los judíos por diferencias históricas y religiosas. Es una experiencia similar a la de los judíos en el Día de Pentecostés en Hechos 2 y a la de los gentiles en Hechos 10.
Aunque el texto no menciona directamente el hablar en lenguas, lo que es notable es que Simón el mago, que estaba observando estos eventos, vio algo lo suficientemente poderoso y visible como para ofrecer dinero a los apóstoles a cambio de la capacidad de impartir el Espíritu Santo por la imposición de manos (Hechos 8:18-19). Esto sugiere que lo que ocurrió no fue simplemente un evento espiritual invisible o interno, sino que había una manifestación externa del Espíritu que podía ser percibida.
La pregunta clave es: ¿qué fue lo que Simón vio que lo impresionó tanto? Dado el patrón en otros relatos de Hechos, donde el hablar en lenguas era una manifestación común y visible del bautismo en el Espíritu (Hechos 2:4, 10:44-46, 19:6), es razonable inferir que la manifestación que Simón presenció también incluyó el hablar en lenguas.
Es importante recordar que Simón el mago, siendo un practicante de las artes ocultas, estaba acostumbrado a ver fenómenos extraordinarios. Si lo que vio en la recepción del Espíritu Santo fue suficiente para que intentara comprar esa habilidad, es lógico suponer que la manifestación fue algo tangible y sobrenatural, como el hablar en lenguas, algo que él mismo no podía replicar.
La razón de la ausencia explícita del hablar en lenguas en este pasaje podría ser simplemente una cuestión de énfasis narrativo, ya que el punto principal de Hechos 8 es la expansión del evangelio a los samaritanos y la confirmación de su inclusión en el pueblo de Dios a través de la imposición de manos de los apóstoles. Sin embargo, la manifestación visible del Espíritu, que impresionó a Simón, es un indicio fuerte de que las lenguas estuvieron presentes.
Desde una perspectiva teológica, el hablar en lenguas en estos eventos tenía un propósito específico: era una señal externa de la obra del Espíritu y servía para validar la inclusión de diferentes grupos en la nueva comunidad de fe. En el Día de Pentecostés, los judíos comenzaron a hablar en lenguas como señal de la llegada del Espíritu Santo. En el caso de los gentiles en Hechos 10, Pedro y los demás judíos supieron que habían recibido el Espíritu Santo porque los oyeron hablar en lenguas. De la misma manera, el hablar en lenguas habría sido una señal visible que confirmó que los samaritanos también habían sido incluidos en la obra redentora del Espíritu.

EL PATRÓN DEL LIBRO DE HECHOS
Como hemos visto en el libro de los Hechos, el hablar en lenguas se asocia repetidamente con la recepción del Espíritu Santo en varios contextos. En el Pentecostés judío en Hechos 2:4, el Pentecostés de los gentiles en Hechos 10:44-46, y el caso de los discípulos de Éfeso en Hechos 19:6, todos comenzaron a hablar en lenguas al recibir el Espíritu.
La continuidad del patrón sugiere que el hablar en lenguas fue una señal común y visible de la llenura del Espíritu, aun cuando no se mencione explícitamente en el texto (como es el caso de Pablo y los samaritanos).[12]
Basándonos en la Biblia y la razón, los tres pasajes clave de Hechos indican que el hablar en lenguas al recibir el bautismo en el Espíritu Santo no fue un fenómeno aislado, sino una señal visible y repetida de esa experiencia espiritual (Hechos 2:4, 10:44-46, 19:6). El patrón en Hechos, junto con las afirmaciones de Jesús en los Evangelios y de Pablo en las Epístolas, sugieren que este fenómeno es normativo y paradigmático para todas las épocas, sirviendo como un testimonio tangible de la obra del Espíritu en la vida de los creyentes. El caso particular de Pablo y el fenómeno ocurrido en Samaria, lejos de ser una excepción o debilitar la postura pentecostal, refuerzan de manera indirecta la doctrina pentecostal de la evidencia inicial.
BIBLIOGRAFIA Y REFRENCIAS
[1] Arrington, F. L. (2010). The Acts of the Apostles: An Exegetical and Theological Commentary. Hendrickson Publishers, p. 104.
[2] Menzies, W. W., & Menzies, R. P. (2000). Spirit and Power: Foundations of Pentecostal Experience. Zondervan, p. 87.
[3] Arrington, F. L. (2010), p. 156.
[4] Hollenweger, W. J. (1997). Pentecostalism: Origins and Developments Worldwide. Hendrickson Publishers, p. 201.
[5] Menzies & Menzies, 2000, p. 100.
[6] Turner, M. (1996). The Holy Spirit and Spiritual Gifts in the New Testament Church and Today. Baker Academic, p. 168.
[7] Fee, G. D. (1994). God’s Empowering Presence: The Holy Spirit in the Letters of Paul. Baker Academic, p. 141.
[8] Arrington, 2010, p. 122.
[9] Hollenweger, 1997, p. 213.
[10] Arrington, 2010, p. 160.
[11] Menzies & Menzies, 2000, p. 105.
[12] Hollenweger, 1997, p. 229.