Ministerio Femenino

¿Es bíblico el pastorado femenino?

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

¿Es correcto que las mujeres sean pastoras, maestras, evangelistas o misioneras? ¿Deberían las iglesias evangélicas romper toda barrera ministerial con base en el género? Definitivamente sí. Nuestra sociedad enfrenta muchos problemas, muchos de ellos están relacionados con roles sexuales y distinciones. Estos problemas también son problemas en la iglesia. Los extremos en nuestra sociedad crean temor sobre la deterioración de las estructuras familiares u otros cambios que puedan ocurrir. El estímulo de las mujeres en el ministerio no viene de estos extremos y no debería contribuir a estos temores. Tener a mujeres en el ministerio no solamente liberará las energías de la Iglesia para la proclamación del evangelio, sino también tener a mujeres en papeles del ministerio ayudará a la iglesia tratar de una manera más honesta y completa que antes el significado de ser un hombre y el significado ser una mujer.

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El ministerio de la iglesia es una tarea enorme y muchas veces difícil. Los dones y las habilidades de las mujeres se necesitan tanto como las de los hombres. Las mujeres se toparán con los mismos problemas que los hombres, pero la Iglesia no puede darse el lujo de levantar obstáculos adicionales que inhibirían su ministerio. Es tiempo de dejar que el Espíritu de Dios trabaje por medio de todo el pueblo de Dios, incluyendo a las mujeres. Disfrutar la libertad del Espíritu no solamente significará que las mujeres pueden ministrar, pero que el pueblo de Dios también permitirá que se les ministre por parte de todos aquellos que son llamados por Dios y son dotados por Dios.

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I.- MUJERES PASTORAS EN LA BIBLIA:

La Biblia y el Señor mismo autorizan el ministerio pastoral de la mujer. El Nuevo Testamento no nos dice específicamente qué pastores existieron, pero si sabemos que existieron hombres y mujeres que proporcionaron la dirección espiritual para las iglesias que se formaban en sus hogares:

 

MARÍA: En la iglesia primitiva, casi todas las reuniones cristianas fueron celebradas en hogares privados. Entre estas casas-iglesia una de las posibles líderes pastorales eran María, la madre de Juan Marcos, el que acompañaría a Pablo y Bernabé en sus viajes apostólicos. Estaba en su casa la Iglesia a la cual Pedro iría luego de la visitación angelical señalado en Hechos 12:12.

CLOÉ: Otra líder de una casa-iglesia era Cloé según 1 Corintios 1:11. Pablo se había enterado “por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas”, en relación a la iglesia de Corinto. Creyentes que estaban vinculados con ella en razón de la iglesia en su casa. Pudieron haber sido parientes o criados de la casa, o pudieron haber sido cristianos que viven en el área y que se juntaban en su hogar para la adoración. Estos creyentes vivían bajo la dirección espiritual, el cuidado y protección de Cloé. Pero la influencia de Cloé se extendió más allá de su propia casa. Evidentemente, ella había enviado una delegación de su iglesia a la casa de Pablo, que la conocía o sabía de ella, para informarle la necesidad de corrección para la iglesia de Corinto. Ella era una líder y una fuente confiable de información para el apóstol Pablo.

LIDIA: Hechos 16:14–15, 40 nos habla sobre Lidia, la primera europea convertida al evangelio por medio de Pablo, que ofreció la hospitalidad a Pablo en su hogar. La Biblia cuenta su experiencia de conversión y la de su familia, su casa entera fue bautizada, con ello su hogar se convirtió en el lugar de la primera reunión para los cristianos europeos. Lidia era una mujer de negocios, vendedora de púrpura. El hecho de que la Escritura no mencione a ningún marido o padre indica la prominencia de esta mujer. Las mujeres griegas y romanas del primero siglo estaban casi siempre bajo tutela legal de un marido o de un padre, Lidia pudo haber sido una viuda o solamente una hija rica que heredó el estado de sus padres. Así, ella se transformó en la cabeza de su propia casa. Ella manejó el negocio familiar o desarrolló el negocio que eran o de su padre o de su marido, sea heredado del padre o por su viudez. El libro de Hechos dice que la casa entera de Lidia fue bautizada por su conversión a Cristo. Esto sigue el costumbre de familias romanas antiguas. Siendo paganos creían que los dioses protegían el hogar y los negocios de la familia. Así, era el deber de los miembros de estos hogares que, determinado por la cabeza de la casa, la fe fuera adoptada por los parientes y esclavos. Las casas romanas eran a menudo grandes puestos de trabajo en donde se desarrollaban todas las actividades económicas de la familia. Los que trabajaron para Lidia en su negocio y que se convirtieron, posiblemente otros que se vinculaban al comercio, integraban el gremio de los fabricantes de tintura o teñido. En virtud de su posición como cabeza de familia, Lidia tenía la oportunidad y la responsabilidad de conducir a todos sus miembros a Cristo y entonces de establecerlos y de conducirlos en la fe. Esto la puso en una posición similar al pastor de hoy en día. Para satisfacer parte de esta responsabilidad, Pablo es invitado por Lidia a venir y predicar en su hogar. Éste hogar pudo haber sido la primera iglesia plantada en suelo europeo, y su pastor era una mujer.

NINFAS: Otra mujer del Nuevo Testamento que dirigió una iglesia en casa era Ninfas (Colosenses 4:15). Pablo envió saludos ella y a la iglesia en su casa. Algunos eruditos modernos intentan justificar este saludo en que ella no era el Pastor de esa iglesia sino que solamente la anfitriona. Si fuera así, me pregunto: ¿Quién sería el pastor de iglesia en su casa, y porqué Pablo fue tan descortés de no saludar al pastor como lo hizo con la anfitriona?

PRISCILA: Otra pastora de una iglesia en casa fue Prisca, o Priscila, como Pablo la llama a menudo cariñosamente. Romanos 16:3–5 expresa su gratitud a ella y a su marido, Aquila. Ambos desarrollaron el ministerio pastoral en equipo y trabajaron con Pablo en sembrar el evangelio en Roma, Corinto y Éfeso. En su carta a los de Roma, Pablo envía saludos a la iglesia que pastorean juntos. A menudo los eruditos griegos han precisado que la práctica de Pablo de mencionar el nombre de Priscila antes que de su marido acentúa que ella era el líder más prominente. Puesto que se acostumbraba antiguamente a señalar el el nombre del marido antes que el de la esposa, Priscila debe haber sido una ministra excepcional para que Pablo tenga la costumbre de mencionar el orden invertido, honrándola de esta manera.

ELECTA: El Libro de 2 Juan es una carta dirigida a una iglesia y a su pastor, una mujer con quien el apóstol Juan tenía evidentemente lazos de afecto. Juan inicia la carta: “El anciano a la señora elegida y a sus hijos a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad”. La expresión “hijos” era un término que frecuentemente Juan utilizaba para los creyentes. (1 Juan 2:1, 12, 18, 28). La “verdad” era un término de uso frecuente que empleaba Juan para referirse a la revelación de Jesús (véase, por ejemplo, Juan 1:14, 17; 8:32; 16:13; 1 Juan 1:6 – 8; 2:4, 21; 3:19; 2 Juan 4; 3 Juan 3-4.). La palabra “elegida” dice relación con los elegidos para salvación pero puede también ser utilizado para referirse al liderazgo. Muchos eruditos, reconociendo que es una carta dirigida a una iglesia, señalan que ”a la señora elegida” es una mera metáfora para referirse a la iglesia. Así visto se estaría entonces infringiendo la práctica griega universal de nombrar a los destinatarios de una carta al principio. Sin un destinatario o una localización, no se puede explicar a quién o cómo la carta fue entregada, incluso haría perder el sentido llano del texto. Además, su lógica es contraria porque si la expresion: “señora” y los “Hijos” están destinadas para referirse a la iglesia entonces Juan cometió una redundancia: “a la iglesia y a la iglesia”. Si es así ¿A cuál iglesia él escribe? Nadie escribe una carta a un símbolo, sí a una persona o a un grupo real. En el segundo siglo, Clemente de Alejandría identificó “a la señora elegida” como un individuo específico. Él señaló que 2 Juan “… Fue escrito a las vírgenes. Fue escrito a una mujer babilónica que tenía por nombre Electa.” (Clemente de Alexandría, fragmentos de Cassiodorus IV, 1-2 tr. por Guillermo Wilson, padres del segundo siglo, A. Cleveland Coxe, ed., Nueva York: El Christian Literature Publishing Company, 1885, vol. 2, P. 576.) Aunque él no desarrolla esto, se desprende de esta declaración que Clemente había oído hablar de esta mujer y sabía que ella era el líder espiritual de estas vírgenes. El misterio surge al preguntarse porqué es “una mujer babilónica” si Babilonia como nación había desaparecido. Quizás ella era descendiente de Babilonios o era de la Roma pagana, que los cristianos a menudo y despectivamente llamaron “Babilonia.” Electa pudo haber sido el líder de una especie de comunidad de vírgenes cristianas. Clemente puede haber asumido que sus seguidoras eran vírgenes debido al énfasis cada vez mayor al Ascetismo que había en su época,medio siglo después de que la carta fuera escrita. Durante los períodos primitivos y medievales de la historia de la iglesia, era muy común para que las mujeres devotas dediquen sus hogares para la adoración cristiana y motiven a otras personas diferentes de su familia a compartir y vivir la fe en Cristo. Generalmente, los convertidos que vinieron bajo cuidado pastoral de tales mujeres eran miembros de la casa o colegas de las mujeres. En el caso de Electa, si fuera correcto lo dicho por Clemente, eran las vírgenes cristianas dedicadas, así como lo eran los Eunucos de antaño, o los que vivían el celibato. Posteriormente el catolicismo romano desarrollaría esto con la fundación de órdenes religiosas, excluyéndolas del liderazgo regular. La epístola termina con otra mujer: “Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan. Amén”, y con ello se denota un rol pastoral en ella en atención a las expresiones “hijos” y la “elegida” como al principio se señaló. Por el historiador Eusebio tenemos datos para señalar el ministerio pastoral de al menos 2 mujeres más. El apóstol Felipe y dos de sus cuatro hijas que eran profetisas vivieron en Hierápolis en Asia. Una tercera hija vivió en Efeso, la ciudad donde Juan predicó. A diferencia de los otros apóstoles que fueron mártires en décadas anteriores, el apóstol Juan vivió posiblemente hasta casi los 100 años. Existieron lazos muy estrechos entre Juan, la iglesia en Éfeso, y Felipe y sus hijas. Es posible que después de la muerte de Felipe, Juan escribió su segunda epístola a una de las hijas que aún sobrevivía en Hierápolis (“señora elegida” o a la “señora Electa”) y estos saludos fueran transmitidos a la iglesia de Éfeso por medio de su otra hermana. De ser así, tenemos la evidencia de Juan que estas hijas de Felipe establecieron y condujeron comunidades cristianas. El historiador de la iglesia, Eusebio, del cuarto siglo, menciona una carta escrita por Polícrates, obispo de Éfeso, a Víctor, obispo de Roma entre el año 189-198. “… Porque en Asia, también, las lumbreras poderosas se han dormido, pero se levantarán otra vez como en el pasado, a la semejanza de nuestro Señor, cuando él venga con gloria del cielo, y recogerá otra vez a todos los santos. Felipe, uno de los doce apóstoles duerme en Hierápolis, envejeció junto a sus 2 hijas vírgenes. Una de sus hijas, quien vivió en el Espíritu Santo, descansa en Éfeso. Por otra parte, Juan, que descansó sobre el pecho de Nuestro Señor, pastor, mártir y maestro, también yace en Éfeso.” Absolutamente es posiblemente que “la señora elegida” y “tu hermana, la elegida” señalada en el v. 13 de 2 Juan sean estas “lumbreras poderosas” quienes “vivieron en el Espíritu Santo” conmemoradas por Polícrates y Eusebio. De modo que, Dios, la historia y la Biblia, autorizan y enseñan el ministerio pastoral de la mujer.

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II.- MUJERES EN OTROS MINISTERIOS:

La Biblia menciona también otros ministerios asignados a la mujer:

EL DIACONADO:

Romanos 16:1 se refiere a Febe con la misma palabra que Pablo utiliza en 1 Timoteo 3:12. En la iglesia primitiva, Los diáconos mujeres cuidaban de los creyentes enfermos, los pobres, los extranjeros, y los que estaban en prisión. Ellas enseñaban a las mujeres y a los niños (Tito 2:3-5). Pablo la estimaba lo suficiente como para confiarle la tremenda responsabilidad de llevar su epístola a la iglesia en Roma (Romanos 16:1-2). Evidentemente, él no la veía como inferior o menos capaz, sino como un valioso miembro de confianza del cuerpo de Cristo.

EL APOSTOLADO:

Romanos 16:7 menciona a Junia, Junias o Julia (una mujer) como apóstol. Se señala al testimonio de Juan Crisóstomo como evidencia crucial de que Junia era un Apóstol de la misma manera que los Doce, con la implicación de que era pastora, y con la implicación consiguiente de que las mujeres pueden ser pastoras en el día de hoy. El testimonio es el siguiente: “¡Oh! ¡Cuán grande es la devoción de esta mujer, que sea considerada merecedora incluso de la apelación de apóstol!” (Hom. Rom. 31 en v. 7).

PROFETISAS: En el Nuevo Testamento se mencionan: 1) Ana (Lucas 2:36), quien estaba continuamente en el Templo. Después de ver al bebé Jesús “hablaba del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”. No se nos dice lo largas que eran sus profecías ni el lugar que ocupaba en el Templo, ni si ella profetizaba a personas individuales o a grupos. Las mujeres podían entrar en el atrio de las mujeres, pero no podían pasar más adentro del Templo, donde sólo entraban los varones israelitas purificados mediante ritos. 2) Las hijas de Felipe (Hechos 21:9), quienes profetizaron en los primeros días de la Iglesia. Aparecen sin nombre. No sabemos el número, ni lo que profetizaban, ni dónde, ni cuándo, ni a quién.

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III.- MUJERES DEL ANTIGUO TESTAMENTO QUE ROMPIERON ESQUEMAS:

En el período veterotestamentario, el núcleo de la sociedad hebrea era la familia patriarcal, en la cual el padre era la autoridad máxima. La mujer debía sujetarse a la autoridad paterna hasta que contraía matrimonio, momento en que pasaba a ser propiedad del esposo. No obstante, a pesar de que en los tiempos bíblicos la sociedad hebrea era patriarcal, y por consiguiente la mujer tenía una posición subordinada al hombre, el Antiguo Testamento (prefigurando la futura libertad de la mujer en Cristo) incluye en sus páginas varios ejemplos de mujeres que desempeñaron cargos de liderazgo y autoridad, tanto política como religiosa, dentro de la sociedad hebrea del antiguo Testamento. Entre ellas podemos mencionar:

 

MARÍA: María, hermana mayor de Moisés, fue una mujer extraordinaria usada por Dios incluso desde su niñez para salvar la vida de su hermano menor y futuro profeta (Éxodo 2:3-7). Ella poseía un precioso don profético y musical que la convirtió en una valiosa líder de alabanzas y profetisa (Éxodo 15:20-21). Otras mujeres del Antiguo Testamento seguirían posteriormente el ejemplo de María, aportando sus talentos en el ministerio de la música y la adoración a Dios (1 Crónicas 25:5-6). María es también mencionada en conjunción con Moisés y Aarón como dirigente de la nación hebrea. Esto ilustra el papel de liderato autoritativo y de gran influencia que ella ejercía (Miqueas 6:4). En el Israel primitivo no existía la discriminación de género en relación con el ministerio, o el uso de los dones y el llamamiento profético.

DÉBORA: Débora, una mujer casada, ocupaba dos posiciones u oficios: Uno como Profetisa (mujer profeta), y otro como líder o juez (Jueces 4:4-5). Bajo el liderato de Débora, los hijos de Israel fueron librados de la opresión y ocupación de su tierra por parte de un ejército extranjero. Ciertamente, ella cumplió el propósito antiguo de Dios para el hombre y la mujer: Tener dominio en conjunto, ambos por igual (Génesis 1:27-28). Dicha autoridad no fue dada al hombre solamente, sino al hombre y la mujer como iguales en honor y autoridad a la vista de Dios. La diferenciación entre ambos (que relega a la mujer a una posición inferior en muchas sociedades) vino como resultado directo de la caída, no como parte del plan original diseñado por Dios para el varón y la mujer (Génesis 3:16). Esta diferenciación (o mejor dicho discriminación) ha sido eliminada en Cristo, quien restituyó a la mujer a su posición elevada del principio (Gálatas 3:26-29). ¿Por qué, entonces, cuando el precedente bíblico existe para que las mujeres cumplan un papel importante en el plan de Dios, los hombres en posiciones de liderazgo crean normas que impiden que las mujeres ministren?

LA MUJER SABIA DE ABEL BETMACÁ: Esta mujer claramente era una persona de influencia, líder de la ciudad blindada de Abel Betmacá en Israel. Como una líder civil en Israel, esta mujer, al igual que Débora, muy seguramente habrá tenido un grado de autoridad espiritual. Por medio de su uso sabio de autoridad y persuasión, ella rescató a su pueblo de ser destruido por Joab, el comandante del ejército del rey David (2 Samuel 20:15-22). Nótese que ni Joab ni David tenían problema alguno en oír el buen consejo brindado por mujeres. Es más, Joab sabía que David escuchaba sin discriminación a las mujeres, así que cuando no pudo persuadir a David acerca de una decisión, él le pidió a una mujer sabia de Tecoa para que le ayudase (2 Samuel 14:1-22).

HULDA: Durante el reino del Rey Josías, el libro de la ley fue descubierto en el Templo. Cuando los sacerdotes comenzaron a leerlo, entendieron que la nación se había apartado muy lejos de los caminos de Dios. Supieron que la nación estaba en peligro de ser destruida bajo el juicio divino. A fin de descubrir lo que deberían hacer, fueron a esta sobresaliente profetisa, quien les expuso los detalles específicos del juicio por venir que ya había sido determinado según el consejo divino (2 Reyes 22:14). Hulda inspiró al Rey Josías, al sumo Sacerdote y a los demás líderes de Israel, para que implementaran reformas morales y espirituales jamás registradas. Un profundo despertar religioso, o avivamiento, vino como resultado. Ningún ministerio profético registrado, produjo tal despertar y transformación en la nación de Israel en tan corto tiempo (2 Reyes 22 y 2 Crónicas 34).

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Además de los casos específicos citados anteriormente, el Antiguo Testamento también muestra ejemplos de esposas que ejercieron el liderazgo en el gobierno de su familia:

 

SARA: En el libro de Génesis, por ejemplo, vemos nada menos que a Dios ordenándole a Abraham que, en contra de lo que era su opinión, hiciera caso de lo que Sara le decía en cuanto a su hijo Ismael  (Génesis 21:9-12).

LA MADRE DE SANSÓN: Otro ejemplo lo tenemos en el caso de los padres de Sansón. Cuando el Ángel del Señor se aparece para anunciar el nacimiento de un niño que liberará al pueblo de Israel, no lo hace al padre, sino a la madre (Jueces 13:2-14). ¿Por qué Dios no transmitió un mensaje tan importante al que se suponía que era el líder espiritual de la familia? A lo largo del diálogo se aprecia que, en dicha pareja de esposos, Manoa era el menos preparado tanto a nivel de conocimiento como de madurez espiritual, y es por eso que Dios se dirige a ella, pues estaba mejor preparada para asumir dicho mensaje.

ABIGAIL: Encontramos también el caso de una mujer que se negó a aceptar la decisión de su marido y tomó otra opuesta a la de él, con la bendición de Dios. Se trata de Abigail. En el relato no se presenta como algo reprobable la actuación de Abigail, contraviniendo las órdenes de su marido. Por el contrario, David vio en ello la mano de Dios (1 Samuel 25:14-28).

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EN CONCLUSIÓN:

Las Escrituras nos impulsan a afirmar que: “… para Dios no hay favoritismos…”  (Hechos 10:34, Nueva Versión Internacional), seamos hombres o mujeres. Por lo tanto, quienes afirman, con base en el Antiguo Testamento, que Dios considera inferior a la mujer, la excluye del liderazgo, o que la biblia es machista y misógina, yerran por ignorancia o por malicia descarada. En las Escrituras no encontramos la desaprobación de Dios, ni su condena hacia la mujer, o incluso a la actuación de mujeres que ejercieron posiciones de liderazgo, ya fuera en la familia, en la vida civil o en la esfera religiosa. Además, en el nuevo convenio: “… Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús…”  (Gálatas 3:28, Nueva Versión Internacional). La voluntad del Señor siempre fue, ha sido y será que sus hijos, hombres o mujeres, se consideraran y trataran como iguales. Las leyes (en apariencia discriminativas hacia la mujer) dadas por conducto de Moisés en el Antiguo Testamento, deben ser entendidas dentro de su contexto histórico y cultural. El Señor toleró hasta cierto punto los tiempos de ignorancia de su pueblo pero también, en medio de dicha ignorancia, dejó leyes sabias que prefiguraban la intención final de Dios para su pueblo escogido: la igualdad. Jesucristo dijo: “… Esa ley la escribió Moisés para ustedes por lo obstinados que son — aclaró Jesús—. Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Así que ya no son dos, sino uno solo…“  (Marcos 10:5-8, Nueva Versión Internacional).

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