Ordenar mujeres al presbiterio (pastorado, episcopado, obispado, o como quieras llamarle) no es una novedad cultural, sino la recuperación de una práctica neotestamentaria que quedó oscurecida por siglos de influencias patriarcales. Las ancianas (presbýtidas), llamadas a ser “maestras del bien”, no forman un grupo paralelo ni secundario. Junto con los ancianos varones integran el presbýterion, el consejo de líderes maduros que Dios ha dado a su iglesia para pastorear, enseñar y guiar a toda la comunidad. Las iglesias del Nuevo Testamento —reunidas en casas en Corinto, Roma y Éfeso— eran lideradas por hombres y mujeres maduros en la fe que, juntos, ejercían el ministerio pastoral. Restaurar esta imagen bíblica completa no es doblegarse a la cultura, sino obedecer al texto con mayor fidelidad. Solo así la imagen de Dios —varón y mujer— brillará en toda su plenitud en el liderazgo de su pueblo.