Por Fernando E. Alvarado.
La historia de la humanidad ha estado marcada por la búsqueda de sistemas políticos y económicos que aseguren justicia, equidad y prosperidad. Sin embargo, desde una perspectiva bíblica, y particularmente de nuestra comprensión pentecostal del Reino de Dios, entendemos que ningún sistema terrenal, ya sea de izquierda o de derecha, representa el Reino de Dios ni puede equipararse a su perfección y propósito. La búsqueda de similitudes entre los sistemas de este mundo y el Reino de Dios no solo es errónea, sino que desvía al cristiano de la verdadera esencia de su fe y misión en la tierra.

Jesús dejó en claro que Su Reino no era de este mundo cuando respondió a Pilato: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36, NVI). Este principio fundamental señala que cualquier intento de comparar el Reino de Dios con estructuras humanas es limitado y, en última instancia, fallido. Las Escrituras nos recuerdan que Satanás es llamado el príncipe de este mundo (Juan 14:30), y que en su tentación a Jesús, afirmó: “Te daré toda esta autoridad y la gloria de estos reinos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy” (Lucas 4:6, NVI). Esto subraya que los sistemas políticos y económicos de este mundo están marcados por el pecado y la imperfección (Wright, 2012, p. 88).
¿Representan las ideologías de derecha la expresión más pura del reino de Dios?
No, no lo hacen. La ideología política de derecha ha sido vista por algunos como una opción que refleja ciertos principios bíblicos. Por ejemplo, el énfasis en la responsabilidad individual y la importancia de la libertad personal pueden resonar con la enseñanza bíblica de que cada persona dará cuenta a Dios por sus acciones (Romanos 14:12). Además, la defensa de la familia como núcleo de la sociedad es un valor compartido con la doctrina bíblica (Génesis 2:24; Efesios 5:25-33).
Sin embargo, la derecha política a menudo promueve un sistema capitalista que, aunque impulsa la prosperidad económica, también puede derivar en desigualdad y opresión de los más vulnerables, algo que contraviene las enseñanzas de justicia y compasión de la Biblia. Santiago 5:1-6 advierte sobre los peligros de la riqueza acumulada sin equidad: “El salario que no pagasteis a los obreros que segaron vuestros campos está clamando contra vosotros” (NVI). El cristiano debe recordar que la justicia divina no se limita a la prosperidad individual, sino que busca el bienestar de toda la comunidad (Blomberg, 2019, p. 221).

¿Hay acuerdos entre las ideologías de izquierda y la Biblia?
Sí en algunos aspectos, pero no en la mayoría. Las ideologías de izquierda se han destacado por su preocupación por la justicia social y la igualdad. Estos aspectos pueden encontrar eco en las enseñanzas bíblicas sobre la necesidad de cuidar a los pobres y marginados. Jesús, en su ministerio, mostró una atención particular por los desfavorecidos (Lucas 4:18). Los primeros cristianos practicaban un estilo de vida comunitario donde compartían sus bienes para que ninguno tuviera necesidad (Hechos 4:32-35), un modelo que se asemeja a las políticas redistributivas de ciertas propuestas de izquierda (Keener, 2012, p. 720).
No obstante, las ideologías de izquierda a menudo abrazan posturas que pueden entrar en conflicto con los valores cristianos, como visiones laicas que excluyen a Dios del ámbito público y fomentan un relativismo moral contrario a la ética bíblica (Romanos 1:28-32). Además, en algunos casos, el enfoque en la redistribución económica puede derivar en la limitación de las libertades individuales, lo que puede llevar a un control estatal excesivo, contradictorio con la libertad que la Biblia reconoce como un derecho otorgado por Dios (Gálatas 5:1; Fee, 2007, p. 312).
El peligro de equiparar ideologías con el Reino de Dios
Cuando un cristiano se enamora de los sistemas políticos, económicos o ideológicos de este mundo y los equipara con el Reino de Dios, olvida una verdad fundamental: “El mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17, NVI). Este mundo, con sus sistemas y estructuras, es temporal y está bajo el influjo del mal. Santiago advierte que “la amistad con el mundo es enemistad con Dios” (Santiago 4:4, NVI), recordándonos que la iglesia debe mantenerse alerta y discernir entre lo eterno y lo pasajero (Hollenweger, 1997, p. 412).
El Reino de Dios es un reino de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Romanos 14:17). No se limita a los marcos ideológicos humanos, sino que trasciende cualquier estructura terrenal. Intentar forzar al Reino de Dios dentro de un sistema político es negar la soberanía divina y la complejidad de Su plan redentor (Carson, 2018, p. 153).

El llamado al cristianismo pentecostal
Desde nuestra perspectiva pentecostal enfatizamos la continua obra del Espíritu Santo en el mundo. Los pentecostales creemos que Dios opera en y a través de Su pueblo para manifestar Su Reino aquí y ahora, pero saben que este Reino no es político ni económico; es espiritual y eterno. Jesús dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33, NVI). Esto es un llamado a buscar la justicia divina, que va más allá de las categorías políticas (Wright, 2012, p. 105).
La iglesia pentecostal está llamada a ser una voz profética que no se alinee ciegamente con ninguna ideología humana, sino que mantenga su mirada en el Reino de Dios. La obra del Espíritu nos empuja a ser agentes de transformación en el mundo, pero sin confundir los sistemas terrenales con el Reino que Jesús prometió (Fee, 1994, p. 342).
Ningún sistema político o económico, por más alineado que pueda parecer con algunos valores cristianos, representa el Reino de Dios. La derecha y la izquierda tienen puntos que pueden resonar con las enseñanzas bíblicas, pero también aspectos que las contradicen profundamente. El cristiano debe recordar que el Reino de Dios es eterno, no de este mundo, y que buscar su cumplimiento en las estructuras humanas es un error. La misión de la iglesia pentecostal es ser una luz en medio de las tinieblas, reflejando la justicia, el amor y la verdad de Dios mientras espera la plena manifestación del Reino en la venida de Cristo.

REFERENCIAS:
- Blomberg, C. L. (2019). James. Zondervan.
- Carson, D. A. (2018). The Gospel According to John. Eerdmans.
- Fee, G. D. (1994). God’s Empowering Presence: The Holy Spirit in the Letters of Paul. Hendrickson Publishers.
- Fee, G. D. (2007). Paul’s Letter to the Galatians: Exegetical Commentary Series. Deo Publishing.
- Hollenweger, W. J. (1997). Pentecostalism: Origins and Developments Worldwide. Hendrickson Publishers.
- Keener, C. S. (2012). Acts: An Exegetical Commentary: Volume 1. Baker Academic.
- Wright, N. T. (2012). How God Became King: The Forgotten Story of the Gospels. HarperOne.