Por Fernando E. Alvarado*
El chiste se cuenta solo:
R. C. Sproul, el teólogo más sobrevalorado de nuestros días dijo que «La posición arminiana tiene gente que aún no ha nacido de nuevo, viendo y eligiendo al Rey del reino de Dios».

Lo leí y me dije: ¿Es en serio? Al parecer Sproul o no entendió nunca o era plenamente analfabeto en lo que a teología arminiana se refiere. De sus palabras podemos deducir que Sproul nunca comprendió lo que es la gracia previniente, lo cual es un tanto extraño si se considera que la noción de «gracia preveniente» (en latín: Gratia praeveniens) fue desarrollada por Agustín de Hipona, junto con las nociones de «gracia operativa» y la «gracia cooperativa».[1]
Por otro lado, si Sproul podía abusar de la sofistería de esa forma contra el arminianismo, el sofisma se vuelve en su contra ¿Por qué? Bueno, démosle vuelta a la tortilla. He aquí mi versión de la frase de Sproul:
«La posición calvinista tiene gente que aún no ha nacido de nuevo (y nunca lo hará), viendo y eligiendo al Rey del reino de Dios (y creyéndose salvas), cuando en realidad se han engañado a sí mismas y nunca podrán saber con certeza si son parte de los elegidos o simplemente réprobos engañados por la gracia evanescente de su dios caprichoso.”
La cuestión es simple: En el calvinismo, en última instancia, no hay seguridad de que usted sea uno de los elegidos, y por lo tanto no hay seguridad de que esté bien con Dios. Como ya lo dijo el pirómano de Ginebra:
“La experiencia muestra que los reprobados son a veces afectados de una manera tan similar a los elegidos, que incluso en su propio juicio no hay diferencia entre ellos. Por eso no es de extrañar que el Apóstol les atribuya un gusto por los dones celestiales y por Cristo mismo una fe temporal. No es que perciban verdaderamente el poder de la gracia espiritual y la luz segura de la fe; pero el Señor, cuanto mejor los convenza y los deje sin excusa, les inculca un sentido de su bondad tal como se puede sentir sin el Espíritu de adopción… los reprobados creen que Dios les es propicio, en la medida en que aceptan el don de la reconciliación… Ni siquiera niego que Dios ilumine sus mentes hasta este punto, que reconozcan su gracia; pero esa convicción la distingue del testimonio peculiar que da a sus elegidos a este respecto, de que los reprobados nunca alcanzan el resultado completo o la realización. Cuando se muestra propicio a ellos, no es como si los hubiera rescatado verdaderamente de la muerte y los hubiera tomado bajo su protección. Sólo les da una manifestación de su actual misericordia. Sólo en los elegidos implanta la raíz viva de la fe, para que perseveren hasta el final. Así nos deshacemos de la objeción de que, si Dios muestra su gracia, ésta debe perdurar para siempre. No hay nada incompatible con el hecho de que él ilumine a algunos con un sentido presente de gracia, que después se demuestra evanescente.”[2]

La aparente “mejor posición” del calvinismo frente al arminianismo es una falacia, una farsa elaborada para engañar a quienes no están acostumbrados a pensar críticamente ni conocen las Escrituras. ¿Por qué? Porque si lo razones bien, y analizas todas las implicaciones de su doctrina, en el calvinismo la seguridad no se basa en las promesas de Dios (su promesa de salvar a todos los que se arrepientan y crean sobre la base de la vida perfecta de Jesús, la muerte sustitutiva y su resurrección – Juan 1:12, 3:16, 3:36, etc.), sino más bien en el «decreto secreto» de Dios de elegir «a quien Él quiera». Así pues, el calvinismo hace que Dios sea fundamentalmente poco fiable (¡Cómo confías en alguien que te engaña con su gracia evanescente y hace todo para su propia gloria!). El punto de vista calvinista es que Dios siempre hará lo que le traiga la mayor gloria, ya sea que eso signifique decretar el perdón o la condenación en el tormento eterno de quien sea.
Aunque le moleste a Sproul y a su séquito de “calvilovers” en Ligonier, lo cierto es que, aunque la humanidad pecadora está ciega a la verdad del evangelio (2 Corintios 4:4), Jesús vino al mundo perdido como la luz verdadera, que ilumina a todos (Juan 1:9; 12:36) para que todos puedan creer a través de él (Juan 1: 7). Dios manda a todos los hombres que se arrepientan y crean en el Hijo. Nótese que Jesús instó a los incrédulos, sí, a esos que Sproul dice que “no han nacido de nuevo”:
“Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo —les dijo Jesús—. Caminen mientras tengan la luz, antes de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en las tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tengan la luz, crean en ella, para que sean hijos de la luz.» (Juan 12:35-36, NVI).
Jesús mandó a los incrédulos arrepentirse y venir a Él. Sin embargo, esto no sería más que una broma cruel si no pudieran hacerlo. Si Dios le manda al hombre arrepentirse, le dará también la habilidad para hacerlo. No lo dejará solo en esta importante tarea. Dios, en su infinita misericordia, “ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2 Corintios 4:6, NVI). Él hace posible, por el poder del Espíritu Santo, que aquellos que escuchan el mensaje, sean liberados por la gracia previa, para poder creer y ser salvos.
La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo ha venido para convencer “al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio» (Juan 16:8, NVI). A pesar de que los incrédulos tienen «oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios.» (Efesios 4:18, NVI), el Señor abre los corazones de las personas para que puedan responder positivamente al evangelio. El mensaje (Hechos 16:14) y la gracia impartida a través de él por el Espíritu Santo, llevan a los que tienen corazones duros e impenitentes hacia el arrepentimiento (Romanos 2:4-5). En su soberanía, Dios incluso “hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren” (Hechos 17:27; NVI).
En otras palabras, Dios llama a todas las personas en todas partes a arrepentirse y creer en el evangelio. El crea las condiciones necesarias y prepara el terreno y las circunstancias específicas para que, los que hayan de ser salvos, puedan tener un encuentro personal con Él y, a través de la obra salvífica del Espíritu Santo, se rindan voluntariamente al toque de la gracia de Dios. Todo esto es lo que se conoce en el lenguaje teológico tradicional como la gracia preveniente de Dios. El término «preveniente» simplemente significa «precedente». Por lo tanto, «gracia preveniente» se refiere a la gracia de Dios que precede a la salvación, incluida la parte de la salvación conocida como regeneración, que es el comienzo de la vida espiritual eterna otorgada a todos los que confían en Cristo (Juan 1:12-13).
Lo anterior no debería sonar extraño para ningún calvinista informado, ya que Agustín afirmó que la gracia preveniente es necesaria para preparar la voluntad humana para la conversión.[3] Incluso citó a Ambrosio de Milán para indicar la necesidad de la gracia preveniente.[4] Esto es así porque Agustín consideraba que el libre albedrío, desprovisto de la ayuda de la gracia preveniente, era un «libre albedrío cautivo» (en latín: liberum arbitrium captivatum).[5] Creía también que, por la acción de la gracia, éste se convierte en una «voluntad liberada» o, literalmente, en un «libre albedrío liberado» (en latín: liberum arbitrium liberatum).[6]
Esto suena, de hecho, como el arminianismo que tanto le molestaba a Sproul y eso, mi hermano, ¡Es lo que la Biblia enseña! El calvinista iluso podría envalentonarse por las palabras de Sproul, creyendo que ha arrojado una bomba atómica sobre el arminianismo, pero es todo lo contrario.
La seguridad y la certeza de la salvación en el arminianismo se basa en las promesas de Dios; esas preciosas promesas de salvar a todos los que se arrepientan y crean sobre la base de la vida perfecta de Jesús, la muerte sustitutiva y su resurrección y no en un sospechosos y antibíblico «decreto secreto» de Dios de elegir «a quien Él quiera». ¿Quién no puede estar seguro de su salvación? ¿El calvinista o el arminiano?
El teólogo calvinista Michael Patton,[7] en una racha de honestidad poco inusual en un calvinista, afirmó:
«Tú me preguntas: Michael, ¿sabes que estás salvado? Mi respuesta: sí. Me preguntas: Michael, ¿estás seguro? Mi respuesta: sí. Tú me preguntas: Michael, ¿por qué crees que estás salvado? Mi respuesta: porque hoy sigo creyendo. Podría tener una fe falsa, pero no creo que la tenga. Este noventa por ciento de seguridad tendrá que ser suficiente. El testimonio del Espíritu que tengo hoy es suficiente para hoy».[8]
Para nosotros, sin embargo, la realidad es otra:
“El fundamento de la certeza de la salvación depende de este decreto: Los que crean serán salvados. Yo creo, por lo tanto, seré salvado.”
(Jacobo Arminio, Works)
“El Señor… es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
(2 Pedro 3:9)
“Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”
(Romanos 10:11-13)

FUENTES:
[1] McGrath, Alister E. (2001). Christian Theology: An Introduction (en inglés). Cambridge: Blackwell Publishers.
[2] Juan Calvino, Institutos de Religión Cristiana, 3.2.11.
[3] McGrath, Alister E. (2001). Christian Theology: An Introduction (en inglés). Cambridge: Blackwell Publishers.
[4] Fitzgerald, Allan D, ed. (1999). «Aratia Christi et de peccato originali, De». Augustine Through the Ages: An Encyclopedia (en inglés). Wm B Eerdmans.
[5] McGrath, Alister E. (2005). Iustitia Dei : a history of the Christian doctrine of justification (en inglés). Cambridge: Cambridge University Press.
[6] Ibid.
[7] Michael Patton es el presidente de Credo House Ministries. Michael recibió una maestría en teología en estudios del Nuevo Testamento del Seminario Teológico de Dallas en 2001. Escribe en su blog Parchment and Pen y también es orador en el podcast Theology Unplugged y colaborador de The Gospel Coalition.
[8] C. Michael Patton, citado en On Assurance of Salvation and Calvin’s “Evanescent Grace”, SEA, 2017. http://evangelicalarminians.org/on-assurance-of-salvation-and-calvins-evanescent-grace-determinism-faith/ consultado el 28/08/2023.
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