Devocional, Navidad, Tradiciones

Tres cosas que no debes olvidar esta Navidad

Por Fernando E. Alvarado

En estas fechas es fácil olvidar lo que se celebra. El hedonismo y el consumismo pueden nublar nuestra mente de aquello que realmente importa. En esta Navidad te invito a recordar tres cosas sumamente importantes:

CELEBRA COMO CRISTIANO

En esta Navidad ¡Celebra como creyente! Ante tantos componentes emocionales que producen estos días, es natural que la tentación a deshonrar a nuestro Dios aumente. ¡Cuidado! Antes de ser “alguien” que celebra la navidad, eres un cristiano que celebra la navidad. Compórtate como tal. El apóstol Pablo nos insta: “Yo, pues, prisionero del Señor, les ruego que ustedes vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados” (Efesios 4:1). En vez de caer en el juego del mundo ¡Invita a otros a venir a Cristo! Al reunirte con familiares y amigos, invítalos a venir en arrepentimiento y fe a la cruz donde el pecador encuentra la verdadera luz de esperanza eterna y vida solo por medio del sacrificio perfecto del Salvador eterno. Y recuerda: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.» (1 Corintios 10:31).

ACUÉRDATE DE TU PRÓJIMO EN NECESIDAD

Además del mensaje de salvación para el más allá, Dios se preocupa de la situación social o de sufrimiento en la que se encuentran sus hijos aquí y ahora. Tanto el Adviento como el nacimiento de Jesús implican un mensaje de solidaridad con los más débiles. El nacer en un lugar pobre, humilde y de exclusión social, estaba marcando ya las líneas de lo que había de ser el ministerio de Jesús en relación con los hombres. Esto se ve claramente en Lucas 4:18-19: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”. A tal ministerio le corresponde tal elección de su lugar de nacimiento en pobreza y solidaridad con los que sufren, dando ejemplo de vida y prioridades ya desde su nacimiento. En esta Navidad nos haría bien recordar que tanto el pesebre como la cruz fueron lugares de un total compromiso con el hombre que sufre, para salvarle para la eternidad, pero también para liberarle, en su aquí y su ahora, de toda exclusión, marginación y sufrimiento por causa de la insolidaridad humana. Celebremos el Adviento, celebremos la Navidad, pero que sepamos que aún hoy, en estas noches prenavideñas, seguirán naciendo niños en “pesebres infectos”, con frío, sin medicinas, sin lugar para ellos en el mesón. En esta Navidad, mientras entonamos el canto «Noche de Paz», tengamos en mente que no hay paz, no hay noche de paz para muchos de los pobres de la tierra. Acordémonos de ellos y seamos solidarios. Eso es también parte de todas estas celebraciones. En esta Navidad recuerda: «A Jehová presta el que da al pobre, y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar.» (Proverbios 19:17).

NO PIERDAS DE VISTA EL PROPÓSITO DE LA NAVIDAD

Seguramente tu decoración navideña es hermosa: El árbol, las luces, los nacimientos, la flores, guirnaldas, etc. La alegría de la navidad es.completada por la comunión familiar, villancicos, música, postres y comida de temporada. Muchos en Latinoamérica incluso esperan ansiosos el día para colocar la imagen del niño Jesús en el pesebre que adorna sus nacinientos. La imagen de Jesús acostado en un humilde pesebre es verdaderamente dulce, pero si lo piensas bien, un pesebre es un comedero, no exactamente una cama para presumir a un rey. Jesús merece el lugar prioritario en nuestras vidas. Se merece la mejor habitación que tenemos disponible. Esta Navidad, ¿Le has dado a Jesús habitación en tu corazón, o solo está como decoración en un pesebre? Lo que realmente importa esta Navidad es anunciar y celebrar que Dios se hizo Hombre para salvar al mundo. Importa anunciar y celebrar que Dios envió a su Hijo al mundo, para que todo aquél que en Él crea tenga vida eterna. Importa proclamar que nos ha nacido, en la Ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. ¡Aleluya! ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz y buena voluntad para con los hombres!

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