Dispensacionalismo, ESCATOLOGÍA, Milenio, Premilenarismo Histórico, Teología

Por qué no soy amilenialista

Por Fernando E. Alvarado

Un enorme Lucifer hecho de cera flota ante la mirada de los vitrales de santos que observan cómo el ángel caído se enreda y se retuerce de dolor entre una maraña de cables de telégrafo. Tiene el cuerpo negro y unas enormes alas mustias y percudidas. La macabra escena puede presenciarse en la iglesia de la Santísima Trinidad en el barrio de Marylebone en Westminster, una región del Gran Londres. El templo, construido en 1828 para celebrar la derrota de Napoleón, dejó de ser un lugar de culto y actualmente es utilizado, entre otras cosas, para el almacenamiento de libros y como sede de una organización de misioneros. Allí, justo bajo su cúpula, en el centro de la iglesia, el artista inglés Paul Fryer halló el lugar perfecto para exhibir su macabra instalación del demonio atado, una obra que lleva por título Lucifer (Morningstar).

Más allá de lo macabro de dicha imagen, ella evoca uno de los acontecimientos escatológicos más anhelados por el pueblo de Dios: El día en que Satanás sea atado. Para otros Satanás ya fue atado, y esto ocurrió en la cruz del Calvario y durante el ministerio terrenal de Jesús. Esta postura es defendida por los amilenialistas, generalmente asociados al catolicismo y a las iglesias reformadas, las cuales niegan la realidad de un futuro milenio literal. Para otros, la atadura de Satanás es un suceso aún futuro, y el reino de mil años de Cristo sobre esta tierra será un suceso literal y real. A este grupo pertenecemos todos aquellos que nos identificamos como premilenaristas.

Tal divergencia en el pensamiento protestante nos lleva a preguntarnos ¿Esta Satanás atado actualmente? ¿Estamos viviendo ya los sucesos mencionados en Apocalipsis 20? Como premilenarista histórico respondería con un no rotundo. Los amilenialista, por otro lado, dirían que sí a esto, pues para ellos ya estamos viviendo los días del “milenio” profetizado en Apocalipsis 20. Pero ¿Es así realmente? ¿Enseña eso la Biblia?

¿QUÉ ES EL AMILENIALISMO?

El amilenialismo es el punto de vista, concerniente a las últimas cosas, de que no habrá Milenio antes del fin del mundo. Hasta el final habrá un desarrollo paralelo del bien y del mal, del reino de Dios y del de Satanás. Después de la segunda venida de Cristo, al final del mundo, habrá una resurrección y un juicio generales de todas las personas. No obstante, para ser justo con los amilenialistas, ellos no creen que no haya milenio en absoluto. Ellos simplemente no creen en un milenio literal – un reino literal de Cristo de mil años en la tierra.

Entre los amilenialistas conservadores existen dos puntos de vista acerca del Milenio. Uno considera que el cumplimiento de los pasajes mileniales se efectúa en la presente edad por medio de la iglesia en la tierra. El otro, que es ahora en el cielo por medio de los santos. Ambos concuerdan en que no habrá ningún reino terrenal futuro. En cambio, ellos creen que Cristo está sentado ahora sobre el trono de David y que esta era de la Iglesia es el reino sobre el cual Cristo reina.

Además, los amilenialistas consideran que la iglesia cumple las promesas de Dios hechas a Israel en una manera anti-típica y espiritual, lo cual ha dado lugar a la Teología del Reemplazo. Para el amilenialismo la iglesia es un reino celestial, espiritual; mientras que el Milenio del premilenialista es un reino carnal, terrenal. La iglesia cumple las promesas, y el nuevo cielo y la nueva tierra que siguen inmediatamente a la edad de la iglesia consuman la historia. Para llegar a tal interpretación los amilenialistas espiritualizan todas las referencias relativas al reinado de Cristo y las aplican a su gobierno espiritual sobre los corazones de los creyentes. Para el amilenialismo las profecías del Antiguo Testamento respecto al gobierno de Cristo en el trono de David se aplican igualmente a la iglesia. Todas las promesas a Israel son cumplidas por bendiciones sobre la iglesia, en tanto que la iglesia sea la Israel espiritual. Según la teoría Amilenial, una Israel nacional no tiene un destino futuro que difiera de aquel de las otras naciones.

PERPETUANDO ERRORES

El Premilenialismo, no el amilenialismo, fue la perspectiva predominante en los primeros doscientos años de historia de la iglesia. El énfasis en el empleo de la hermenéutica literal hizo que los padres de la iglesia fuesen premilenialistas. Los padres sentían que estaban en los últimos días y esperaban que la inminente segunda venida de Cristo traería el reino. Sin embargo, la iglesia primitiva evidenció pistas de lo que más tarde se convertiría en el amilenialismo. Por ejemplo, Orígenes (185-254 d.C.), usando un método de interpretación alegórico, espiritualizó el reino futuro y lo entendió como si fuera la edad de la iglesia presente desde Adán en adelante. Fue él quien popularizó el enfoque alegórico de interpretar las Escrituras, y al hacerlo, estableció una base hermenéutica para el amilenialismo y su punto de vista de que el reino prometido de Cristo era espiritual y no terrenal en naturaleza.

Eusebio (270-340), un asociado del emperador Constantino el Grande (272-337), viendo el reinado de Constantino como el banquete mesiánico, afirmó los puntos de vista anti-premileniales. Ticonio, un donatista africano del siglo cuarto, fue uno de los primeros teólogos en desafiar el premilenialismo. El rechazó una perspectiva futurista de Apocalipsis 20. El también vio la primera resurrección de Apocalipsis 20:4 como una resurrección espiritual la cual era el nuevo nacimiento. Agustín de Hipona (354-430), quien a menudo es mencionado como el “Padre del Amilenialismo,” popularizó los puntos de vida de Ticonio. Agustín abandonó el premilenialismo en parte debido a lo que el consideró “los excesos y las carnalidades de esta perspectiva.” Agustín identificó a la iglesia en su forma visible con el reino de Dios. Para él, el reino milenial de Cristo se estaba llevando a cabo en y a través de la iglesia. Su libro, la Ciudad de Dios, fue importante para la promoción y la aceptación del amilenialismo. El amilenialismo de Agustín rápidamente se volvió el punto de vista aceptado de la iglesia. El amilenialismo pronto vino a ser la doctrina prevaleciente de la Iglesia Católica Romana y aun es afirmada por muchos hoy.

Esta escatología amilenial fue perpetuada por los reformadores, ya que los grandes líderes de la Reforma se conformaron con seguir a Agustín en vez de ahondar en la patrística y redescubrir la fe de la iglesia primitiva. Así las cosas, el naciente protestantismo quedó infectado con este sistema de interpretación escatológica. Esto pone en evidencia que los primeros reformadores entendieron poco y se preocuparon aún menos por el estudio de la escatología en la iglesia primitiva, lo cual los llevó a desarrollar ideas ajenas a la fe original. Lutero, por ejemplo, creía que se hallaba en medio de esa tribulación y que el papa de su época era el anticristo. Como muchos, Lutero también dividió la historia en seis edades de mil años cada una, seguidas por la séptima edad del descanso eterno del sábado. El enseñó que la sexta edad era la edad de los papas, que comenzó en 1076 pero que no duraría los mil años completos. De modo que él creyó que estaba viviendo en el tiempo que precedía inmediatamente al Segundo Advenimiento. Calvino enseñó que Israel y la iglesia significaban lo mismo, y aguardaban a la Segunda Venida para la introducción de una resurrección y un juicio general y el estado eterno. El sí criticaba el quiliasmo [creencia en un reinado terrenal de mil años], describiendo sus enseñanzas como “ficción”, “insulto,” “sueño”, e “intolerable blasfemia”. Se oponía enérgicamente a una limitación de mil años a la bendición eterna de los santos (un mal entendimiento por parte de Calvino de lo que enseñaba el premilenialismo). Por lo general, los credos reformados dicen poco tocante a la cuestión milenial, centrándose más bien en la resurrección general y la eternidad.

AMANDO A LOS REFORMADORES, LOS CREDOS Y LAS CONFESIONES MÁS QUE A LA BIBLIA

El amilenialismo contemporáneo es un clásico ejemplo de cómo hay quienes están más dispuestos a honrar una postura denominacional que a interiorizarse en lo que enseñan las Escrituras sobre una determinada cuestión. ¿En qué me baso para hacer semejante aseveración? pues sencillamente en que uno de los argumentos más fuertes que se suelen escuchar es que el amilenialismo era la escatología de los Reformadores y, consecuentemente con eso, si se pretender ser reformado, también debe aceptarse el amilenialismo. ¡Tal afirmación es ridícula! Y lo primero que salta a consideración ante tal razonamiento es que de lo que se trata no es de ser “reformado” sino de ser bíblico, y aunque la Reforma fue un acontecimiento histórico en donde la luz de la revelación bíblica resplandeció en medio de las tinieblas, aun así, adonde debemos regresar una y otra vez no es a la Reforma sino a las Sagradas Escrituras en las que se fundamentaron los reformadores. Que los reformadores hayan replicado los errores que heredaron de Agustín de Hipona (principal promotor del amilenialismo) no significa que nosotros debamos repetirlos también. Ni Agustín, ni Lutero, ni Calvino, fueron infalibles. Los credos y confesiones de fe tampoco son Palabra infalible de Dios, y ciertamente sería necio aferrarnos a ellas por pura tradición aun cuando estas enseñen algo que contradiga lo que la Biblia enseña. Aferrarnos a confesiones de fe que contradicen la Biblia no sólo sería necio, sino también peligroso.

Tampoco es correcto juzgar con extrema dureza a nuestros hermanos reformados. Ciertamente el amilenialismo busca resaltar el poder del Señorío de Jesucristo, de su gloriosa obra en la cruz y de su victoria ante Satanás. Esto es positivo, correcto y jamás estará en discusión. Sin duda alguna, debemos siempre decir que Cristo venció la muerte y a aquel que tenía el impero de la muerte, esto es, al diablo (Hebreos 2:14). Sin embargo, es justo preguntarnos ¿Afirman las Escrituras categóricamente que Satanás ya está atado y que no puede influir a las naciones en la actualidad? ¿Podemos con estos pasajes decir fehacientemente que ya estamos viviendo el reinado justo del Mesías descrito en detalle por las Sagradas Escrituras? ¿Podemos observar a las naciones comportándose de tal manera, que confirmamos que Satanás ya está atado? ¿O tal realidad indiscutible y objetiva de un mundo que “se cae a pedazos”, contradice la postura amilenialista? ¿No es que habrá en la interpretación “amilenarista” algunas inconsistencias que deben ser revisadas nuevamente? O ¿permanecerán los amilenialistas fieles hasta la muerte en su error, con aquella frase “así me enseñaron, y así voy a morir” aferrados a una confesión dictada en algún sínodo? Preguntas como esta deberíamos hacernos frecuentemente, buscando la respuesta en la biblia con una hermenéutica literal y no alegórica. Craso error es aferrarse a un catecismo o confesión para concebirlo como algo irrevocable.

PUNTOS DE ACUERDO Y DIFERENCIAS ENTRE EL PREMILENIALISMO Y EL AMILENIALISMO

Los que defienden la interpretación amilenial están convencidos de que el Nuevo Testamento lo exige. Sin embargo, quienes rechazamos la interpretación amilenial afirmamos que el amilenialismo es inconsistente y contradice las Escrituras, abusando del alegorismo y violando el sentido natural de las mismas. Y contrario a lo que los amilenialistas piensan de nosotros, los premilenialistas no ponemos en duda que Cristo esté sentado sobre un trono ahora, pero esto no significa que esto sea lo que la Biblia describe como el trono de David. No hay duda alguna que Cristo reine ahora, porque Él es Dios. Sin embargo, esto no quiere decir que Él esté reinando sobre el reino milenario.

Los premilenialistas creemos que Jesús ató parcialmente a Satanás; esto en parte mediante la expulsión de demonios durante el ejercicio de su ministerio terrenal, y de modo más completo en su muerte y resurrección (Juan 12:31), y así quebrantó el poder del dominio de Satanás y restauró el poder del reino de Dios. Por medio de Cristo, Dios entró al mundo para hacer valer su gloria, poder y sus derechos contra el dominio de Satanás y el rumbo actual de este mundo, instaurando con su venida el Reino de Dios. Sin embargo, dicho reino tiene un aspecto presente y otro futuro. Es una realidad presente en el mundo actual (Marcos 1:15, Lucas 18:16-17, Colosenses 1:13, Hebreos 12:28), pero el gobierno y el poder de Dios no se han efectuado completamente.

La obra e influencia de Satanás y los malvados continuarán hasta el fin del mundo (1 Timoteo 4:1, 2 Timoteo 3:1-5, Apocalipsis 19:19-20:10). La manifestación futura de la gloria, el poder y el reino de Dios ocurrirá cuando vuelva Jesucristo para juzgar al mundo (Mateo 24:30, Lucas 21:27, Apocalipsis 19:11-20, 20:1-6) y reino sobre las naciones durante el Milenio (Apocalipsis 20). El cumplimiento definitivo del reino llegará cuando Cristo triunfe finalmente sobre toda la maldad y oposición y entregue el reino a Dios su Padre (1 Corintios 15:24-28, Apocalipsis 20:7-21:8, Marcos 1:15)

INCONSISTENCIAS EN LA TEOLOGÍA AMILENIALISTA

Los premilenialistas encontramos muchas inconsistencias en la teología amilenial. Por ejemplo, para que Dios cumpla Sus promesas a Israel y Su pacto con David (2 Samuel 7:8-16; 23:5; Salmo 89:3-4), tiene que haber un reino literal y físico sobre la tierra. Dudar de esto es cuestionar el deseo de Dios y/o Su habilidad de cumplir Sus promesas, y esto abre la puerta a una gran multitud de otros problemas teológicos. Además, si Dios no cumpliera Sus promesas a Israel después de proclamar que esas promesas son “eternas”, ¿cómo podríamos nosotros estar seguros de cualquier cosa que Él nos prometiera, incluyendo las promesas de la salvación para creyentes en el Señor Jesús? La única solución es tomar por seguro que Su Palabra sea cierta y entender que Sus promesas se cumplirán literalmente.

Las indicaciones bíblicas de que el reino será un reino literal y terrenal son:

1) Los pies de Cristo tocarán literalmente el Monte de los Olivos antes del establecimiento de Su reino (Zacarías 14:4,9);

2) Durante el reino, el Mesías ejecutará justicia y juicio sobre la tierra (Jeremías 23:5-8);

3) El reino es descrito como estando bajo el cielo (Daniel 7:13-14, 27);

4) Los profetas predijeron cambios dramáticos en la tierra durante el reino (Hechos 3:21; Isaías 35:1-2; 11:6-9; 29:18; 65:20-22; Ezequiel 47:1-12; Amos 9:11-15); y

5) El orden cronológico de los eventos de Apocalipsis indica la existencia de un reino terrenal antes de la conclusión de la historia del mundo (Apocalipsis 20).

Otra inconsistencia obvia en el punto de vista amilenial puede hallarse en el hecho de que el amilenialismo usa un método de interpretación para profecías no cumplidas y otro método para las Escrituras no proféticas y para profecías cumplidas. Las Escrituras no proféticas y las profecías cumplidas son interpretadas literal o normalmente. Pero según el amilenialista, la profecía no cumplida debe ser interpretada espiritualmente, o no literalmente. Los que aceptan el amilenialismo creen que una lectura “espiritual” de la profecía no cumplida es la lectura normal de estos textos. Esto se llama el uso de una hermenéutica doble. (La hermenéutica es el estudio de los principios de la interpretación). El amilenialista supone que la mayor parte, o toda, la profecía no cumplida está escrita en lenguaje simbólico, figurativo, y espiritual. Por lo tanto, el amilenialista asignará significados diferentes a aquellas partes de la Escritura en lugar de los significados normales y contextuales de esas palabras. Hacer tal cosa, sin embargo, simplemente no tiene sentido.

El problema con una interpretación alegórica o espiritualizada de la profecía no cumplida es que esto da lugar a una amplia gama de significados. A menos que interpretemos la Escritura en el sentido normal, no habrá un solo significado. No obstante, Dios, el Autor final de toda la Escritura, tuvo un solo significado en mente cuando Él inspiró a los autores humanos a escribirla. Aunque puede haber muchas aplicaciones de vida en un pasaje de la Escritura, hay un solo significado, y ese significado es lo que Dios quiso que significara. Además, el hecho de que la profecía cumplida fue cumplida literalmente, es la mejor razón de todas para deducir que la profecía no cumplida también será cumplida literalmente. Todas las profecías concernientes a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo también deben ser esperadas para ser cumplidas literalmente. Por estas razones, una interpretación alegórica de la profecía no cumplida debe ser rechazada y una interpretación literal o normal de la profecía no cumplida debe ser adoptada. El amilenialismo fracasa en el sentido de que utiliza hermenéutica inconsistente, es decir, interpretar la profecía incumplida de manera diferente a la profecía cumplida.

EL AMILENIALISMO Y SUS ATADURAS INCAPACES DE DETENER AL DIABLO

Según los amilenaristas y muchos postmilenialistas, la atadura de Satanás es una realidad presente porque este fue atado por Cristo durante su ministerio en el siglo primero en la tierra. De acuerdo con este punto de vista, el cual sustentan en varios pasajes del Nuevo Testamento que aparentemente conectan la atadura de Satanás con el ministerio de Cristo en el primer siglo (Mateo 12:29, Lucas 10:17-18, Juan 12:31, 16:11, Colosenses 2:15) los amilenialistas creen que la atadura de Apocalipsis 20 tuvo lugar en ese momento. En otras palabras, para los amilenialistas, Satanás está atado ahora mismo.

Irónicamente, los que afirman la atadura de Satanás en Apocalipsis 20 como una realidad presente no creen que esta atadura eliminó las actividades de Satanás en la tierra, sino que simplemente las limita en cierta medida. Esto generalmente se describe como la limitación, la reducción, el freno, la supresión, la paralización parcial, la contención o la restricción del poder e influencia de Satanás en el mundo, pero de nuevo, no la eliminación de este. Para los amilenialistas Satanás, aunque atado, todavía anda como león rugiente buscando a quien devorar. La cadena con la que está atado es larga, lo que le permite una gran libertad de movimiento. Los amilenialistas afirman además que cuando se dice en Apocalipsis 20 que el diablo ha sido atado esto se refiere nada más a un aspecto y un sentido único: “para que no engañase más a las naciones” (Apocalipsis 20:3). Para ellos la atadura de Satanás no es ni literal ni total. Significa solamente que Satanás es incapaz de prevenir la propagación del evangelio a las naciones del mundo. En otras palabras, puesto que Satanás está atado, él es incapaz de destruir a la iglesia como una institución misionera y por lo tanto incapaz de evitar la extensión de la iglesia en todo el mundo. Así pues, en la era del Antiguo Testamento, las naciones estaban en tinieblas, pero la obra redentora de Cristo y la atadura de Satanás allanó el camino para la proclamación exitosa del evangelio en todo el mundo. Aunque tal interpretación pueda sonar atractiva, no es, sin embargo, la forma en que la Biblia describe el milenio y la atadura de Satanás durante dicho período.

Contraria a la postura amilenialista, la Biblia nos dice que cuando Cristo regrese a la tierra, Él mismo se establecerá como Rey en Jerusalén, sentándose en el trono de David (Lucas 1:32-33). Los pactos incondicionales demandan un retorno físico y literal de Cristo para establecer Su reino. El pacto Abrahámico prometió una tierra para Israel, una posteridad, un gobernante, y una bendición espiritual (Génesis 12:1-3) El pacto Palestino prometió a Israel una restauración de la tierra y su ocupación (Deuteronomio 30:1-10). El pacto Davídico prometió a Israel el medio por el cual perdonaría a la nación y podría ser bendecida (Jeremías 31:31-34). La interpretación amilenialista no solo tuerce las Escrituras. Las contradice de forma directa anulando el cumplimiento de los pactos en su empeño por disfrazar de “espiritualidad” su escepticismo ante las promesas de Dios de un reino literal y físico. La Biblia, y eso es lo único que importa, enseña que, en la Segunda Venida, estos pactos serán cumplidos mientras se reúne a Israel de entre las naciones (Mateo 24:31), se convierte (Zacarías 12:10-14), y se restaura a su tierra bajo el gobierno del Mesías, Jesucristo.

Por otro lado, la Biblia no enseña que Apocalipsis 20 se refiere únicamente a que Satanás será atado “para que no engañase más a las naciones” (Apocalipsis 20:3), o para que el Evangelio pueda ser predicado libremente. El resto de los libros de la Biblia complementan, extienden y definen aún más la visión de Juan con respecto al Milenio. La Biblia habla sobre las condiciones durante el Milenio, como un ambiente perfecto tanto físico como espiritual. Será un tiempo de paz (Miqueas 5:2-4; Isaías 32:17-18); gozo (Isaías 61:7,10); confort (Isaías 40:1-2); sin pobreza (Amos 9:13-15), ni enfermedad (Joel 2:28-29). La Biblia también nos dice que solo los creyentes entrarán en el Reino Milenial. Por esto, habrá un tiempo de completa justicia (Mateo 25:37; Salmo 24:3-4); obediencia (Jeremías 31:33); santidad (Isaías 35:8); verdad (Isaías 65:16); y llenura del Espíritu Santo (Joel 2:28-29). Cristo regirá como Rey (Isaías 9:3-7; 11:1-10), con un nuevo David como gobernante (Jeremías 33:15,17,21; Amos 9:11). Nobles príncipes también gobernarán (Isaías 32:1; Mateo 19:28) y Jerusalén será el centro “político” del mundo (Zacarías 8:3). ¿Está pasando esto actualmente? ¿Se han cumplido estas profecías? No. Por lo tanto, ni Satanás ha sido atado ni estamos aún en el tan anhelado reino milenial de Cristo.

La postura amilenialista, en su intento por exaltar el señorío de Cristo y su reinado actual sobre las naciones, debilita sin querer el principio de la soberanía divina y su capacidad para cumplir sus promesas. ¿Por qué? Porque si en realidad, como los amilenialistas afirman, Satanás está atado actualmente y vivimos en el presente la era milenial, tenemos solamente dos opciones para explicar el continuo actuar del diablo en el mundo a pesar de que ha sido atado. Hay dos opciones: O lo ataron con una cadena muy larga que de todas maneras le permite actuar a su antojo (lo cual es totalmente ridículo), o el diablo se escapa sutilmente a escondidas del Señor (lo cual pondría en tela de juicio la soberanía y omnipotencia divina), siendo el poder de Cristo incapaz de refrenarlo en verdad. Tales suposiciones suenan ridículas ¿Verdad? ¡Por supuesto que sí! ¡Igual que la doctrina que afirma que ya estamos en el milenio y que Satanás está atado actualmente!

En próximos artículos continuaremos analizando las contradicciones y desaciertos del sistema escatológico amilenial.

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