GRACIA DIVINA, Salvación

Just Thinking | Gente rota e imperfecta

Por Fernando E. Alvarado

Si alguien conociese todo lo que hay dentro de nosotros, no solo nos sentiríamos descubiertos sino que escaparíamos llenos de vergüenza. Lo curioso de todo esto es que sí hay alguien que sabe todo lo que hay dentro de nosotros, que conoce nuestros más íntimos y sucios secretos. Dios conoce hasta lo más profundo de nuestro corazón, sabe todos nuestros pensamientos y puede ver lo más oscuro y negro de cada uno de nosotros. Y, a pesar de ello, Dios es quien más nos ama.

Si lo piensas bien, en muchos sentidos tu y yo éramos los menos elegibles de entre mundo: no éramos los más inteligentes, ni los más atractivos, tampoco los mejores deportistas o los más talentosos. ¡Mucho menos los más fieles o santos que Dios pudo encontrar! Al parecer a Dios le gustan las personas rotas y menospreciadoas por otros. Él siente un placer excepcional en restaurarlas. Presta atención a lo que Moisés dijo, guiado por Dios, al pueblo de Israel al final del éxodo:

“El Señor no puso Su amor en ustedes ni los escogió por ser ustedes más numerosos que otro pueblo, pues eran el más pequeño de todos los pueblos; mas porque el Señor los amó y guardó el juramento que hizo a sus padres, el Señor los sacó con mano fuerte y los redimió de casa de servidumbre, de la mano de Faraón, rey de Egipto” (Deuteronomio 7:7-8).

¿Leíste bien? Dios escogió a esta nación por pura gracia. En otras palabras —y esto puede sonarnos muy extraño—, el Señor les dice: “Yo no los amo a ustedes porque ustedes sean más grandes o mejores que otros. Yo los amo a ustedes porque yo los amo”. Se trata de un amor tan soberano que nuestras mentes finitas y humanas jamás podrán terminar de comprenderlo. Nuestro Dios es la clase de Dios excelso, todopoderoso, e indomable que ama y escoge a pecadores desde la eternidad totalmente por gracia, sin que ellos deban cumplir una condición para ser amados por Él de esta manera tan íntima y especial. Como Él había dicho a Moisés:

“Tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión” (Éxodo 33:19).

Así de grandioso es el Señor. Nos escoge por gracia para que busquemos vivir para su gloria en gratitud y adoración.

Que Dios te halla elegido quizá te suene absurdo. Y en cierta forma lo es para la lógica humana. A fin de cuentas, nadie wue desee una empresa exitosa y productiva contrata obreros enfermos. A nadie que desee ganar un torneo se le ocurre incorporar a su equipo a personas aparentemente inútiles, ¡A nadie! ¿O sí? ¡Hay una excepción! ¡Dios sí lo hace! Para él no hay deportistas lesionados, personas enfermas o gente inútil. Para Dios la expresión «sin valor» jamás se puede colocar al lado de una persona. En el corazón del Creador hay un lugar para todos, no importa quiénes seamos o lo que haya ocurrido en nuestra vida. Dios nos acepta incondicionalmente, seamos quienes seamos. Su amor es tan grande que dio a su propio Hijo por cada uno de nosotros. Nadie sobra en esta vida, nadie puede considerarse tan inútil como para creer que su vida no tiene valor. Dios tiene un propósito para cada uno. Dios escogió tus circunstancias, tus padres, el lugar de tu nacimiento. Dios te hizo tal como eres y tiene un propósito para ti. Solo tienes que aceptar la dádiva de Su gracia y dejarte amar.

Cuando vivimos en el amor de Dios no existe ninguna crisis que pueda vencernos. «Más que vivir, prefiero que me ames» (Salmo 63:3 TLA) cantó una vez el salmista, y esa es la razón de nuestra existencia. «Tu amor es mejor que la vida», dice en la Nueva Versión Internacional. Ciertamente, cuando aprendemos a disfrutar del amor de Dios, nos damos cuenta de que tiene más valor que la vida misma. Al igual que la nación de Israel miles de años atrás, Dios nos escoge por gracia para que busquemos vivir para su gloria en gratitud y adoración. Y hoy conocemos mucho más del amor de Dios que la nación de Israel en los tiempos del Antiguo Testamento.

Conocemos mejor que en Dios hay perdón para todos nuestros pecados y salvación porque “Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Además, por medio de Cristo, formamos parte del Nuevo Pacto en el que Dios promete obrar en nosotros para que nunca nos apartemos de Él como los israelitas incrédulos se apartaron (Jeremías 31:31-34; Lucas 22:20).

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