Biblia, Biblia y Ciencia, Bibliología, Historia de la Biblia, INERRANCIA BÍBLICA

Un poco más sobre la inerrancia bíblica

Por Fernando E. Alvarado

La palabra inerrancia significa sin error; aplicada a la Biblia, y siguiendo las pautas marcadas por el fundamentalismo evangélico, significa que la Biblia no contiene error alguno, palabra a palabra, desde el inicio del Génesis hasta el último capítulo del Apocalipsis, por lo que es preciso aceptar literalmente todo su contenido. Una afirmación que, tal vez por no reparar en su alcance, suena muy bien en amplios sectores de ciertos movimientos evangélicos. Esto hace necesario recordar que una cosa es la inerrancia de los textos bíblicos en su literalidad y otra muy diferente aceptar la inerrancia de Dios, que no está en cuestión y que no siempre es coincidente con la percepción que de Dios tienen sus intérpretes. ¿Cómo debería entenderse entonces la inerrancia de las Escrituras?

«Al afirmar la inerrancia de las Escrituras, nos remitimos a los autógrafos (a los manuscritos originales tal como nos llegaron de los autor[es]). La inerrancia absoluta se afirma sólo con respecto a los escritos originales. Esos escritos originales, por supuesto, ya no existen.»
— 𝐷𝑒𝑐𝑙𝑎𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑂𝑓𝑖𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝐴𝑠𝑎𝑚𝑏𝑙𝑒𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝐷𝑖𝑜𝑠 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛, 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑒𝑟𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑦 𝑙𝑎 𝐴𝑢𝑡𝑜𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝐸𝑠𝑐𝑟𝑖𝑡𝑢𝑟𝑎𝑠 (𝐴𝐷𝑂𝑃𝑇𝐴𝐷𝐴 𝑃𝑂𝑅 𝐸𝐿 𝑃𝑅𝐸𝑆𝐵𝐼𝑇𝐸𝑅𝐼𝑂 𝐺𝐸𝑁𝐸𝑅𝐴𝐿 𝐸𝑁 𝑆𝐸𝑆𝐼𝑂́𝑁 𝐸𝐿 1-3 𝐷𝐸 𝐴𝐺𝑂𝑆𝑇𝑂 𝐷𝐸 2015)
«A la luz de estos hechos tenemos que considerar la inerrancia de la Biblia con todo el respecto que se merece, pero siempre a la luz de un concepto adecuado de la naturaleza de la Biblia, de lo que fenomenológicamente es, sin dejarnos atrapar por razonamientos lógico-deductivos que se mueven en el cielo de lo abstracto y no de realidad. La Biblia es el testimonio de esa preciosa historia de salvación que se inicia desde el primer momento que Adán cae en pecado y Dios sale en búsqueda con la pregunta: “Adán, ¿dónde estás?”, y que pasando por Noé, Abraham, Moisés y David llega hasta nosotros por medio de Cristo. En este sentido, la inerrancia del mensaje bíblico es total. “Estas cosas han sido escritas para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre” (Jn 20:31)… [el concepto de inerrancia sostenido por muchos fundamentalistas evangélicos] representa la “nostalgia por el pasado”, inclinada a atacar o a ignorar la crítica histórica y literaria de la Escritura, cuyo objetivo es regresar a un estadio precrítico; preparada siempre a censurar y denunciar antes que a escuchar y aprender… [ Así pues] se puede afirmar la inerrancia de las Escrituras si significa la conformidad de lo que está escrito con los dictados del Espíritu con respecto a la voluntad y el propósito de Dios. Pero no se puede sostener si se entiende que significa la conformidad de todo lo que está escrito en las Escrituras respecto a hechos históricos y científicos”
— 𝐴𝑙𝑓𝑜𝑛𝑠𝑜 𝑅𝑜𝑝𝑒𝑟𝑜, 𝐸𝑙 𝑑𝑒𝑏𝑎𝑡𝑒 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑒𝑟𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝐵𝑖́𝑏𝑙𝑖𝑐𝑎, 𝐿𝑢𝑝𝑎 𝑃𝑟𝑜𝑡𝑒𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 (𝐴𝑟𝑡𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑜 𝑝𝑢𝑏𝑙𝑖𝑐𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑙 10 𝑑𝑒 𝑚𝑎𝑦𝑜 𝑑𝑒 2021)
«Es importante notar que las afirmaciones de inerrancia conciernen a lo que declara y afirma la Escritura más que a la información que sólo se comunica con precisión. Es cierto que la Biblia documenta correctamente falsas declaraciones hechas por personas impías (por ejemplo, los consoladores de Job) e incluso las palabras de Satanás (por ejemplo, Génesis 3:1–5). En otras ocasiones, los escritores bíblicos citan documentos no canónicos y no inspirados, lo cual demuestra la veracidad de esa cita pero no confiere autoridad a la fuente (por ejemplo, Judas utiliza la Asunción de Moisés y el Libro de Enoc). Asimismo, no debe entenderse que cada hecho registrado en la Escritura está de acuerdo con el orden divino de Dios… La inerrancia de las Escrituras debe también considerarse a la luz de su contexto histórico y cultural. La Biblia llega a nosotros desde el Antiguo Cercano Oriente, una cultura y una época muy distantes del presente. Por ende, la exactitud científica en torno a los números y las citas que se espera de la escritura técnica contemporánea no se aplica a los textos bíblicos… Los autores bíblicos usaron el lenguaje de la apariencia para describir su mundo, así como suelen hacerlo los autores modernos. Es decir, escribieron desde su perspectiva y no en términos técnicos. Así, por ejemplo, podían hablar (como lo siguen haciendo los autores modernos) del sol «saliendo» o «poniéndose», con absoluta veracidad. Con respecto a los milagros, los escritores nos narran lo que vieron y experimentaron sin tratar de explicar el misterio en términos científicos. Por tanto, el milagro del cruce del Mar Rojo, por ejemplo, se anuncia de manera casual: «El Señor envió sobre el mar un recio viento del este que lo hizo retroceder» (Éxodo 14:21-31). Otros milagros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento se comunicaron de manera similar, tal como se habían observado. Los escritores informan los hechos poderosos de Dios que experimentaron, y los atribuyen a su intervención misericordiosa. El objetivo final de los escritores es llamar a sus lectores a tener la misma fe en su Dios poderoso que mostraron ellos… La inerrancia de las Escrituras no queda invalidada por el uso de las numerosas figuras de dicción y los diversos géneros literarios. A través de la Biblia, encontramos parábolas, analogías, símiles, metáforas, hipérboles, símbolos, etc. Entre otros géneros literarios, los escritores emplearon el género narrativo, poético, apocalíptico, profético, didáctico y epistolario para trasmitir la verdad de Dios. Una interpretación precisa de los textos bíblicos requiere prestar suma atención a sus formas literarias… En lo que concierne al Espíritu Santo usando a seres humanos en el proceso de producción de las Escrituras, debe comprenderse que los autores usaron sus habilidades gramaticales particulares. Por lo tanto, encontrar lo que la gente moderna consideraría construcciones gramaticales incorrectas de ninguna manera resta valor a la inerrancia bíblica… Encontrar en la Biblia detalles que no pueden entenderse en el presente, o que pueden parecer erróneos o contradictorios, no significa que la Biblia esté errada…»
— 𝐷𝑒𝑐𝑙𝑎𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑂𝑓𝑖𝑐𝑖𝑎𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝐴𝑠𝑎𝑚𝑏𝑙𝑒𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝐷𝑖𝑜𝑠 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛, 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑒𝑟𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑦 𝑙𝑎 𝐴𝑢𝑡𝑜𝑟𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝑙𝑎𝑠 𝐸𝑠𝑐𝑟𝑖𝑡𝑢𝑟𝑎𝑠 (𝐴𝐷𝑂𝑃𝑇𝐴𝐷𝐴 𝑃𝑂𝑅 𝐸𝐿 𝑃𝑅𝐸𝑆𝐵𝐼𝑇𝐸𝑅𝐼𝑂 𝐺𝐸𝑁𝐸𝑅𝐴𝐿 𝐸𝑁 𝑆𝐸𝑆𝐼𝑂́𝑁 𝐸𝐿 1-3 𝐷𝐸 𝐴𝐺𝑂𝑆𝑇𝑂 𝐷𝐸 2015)

UN TEMA SENSIBLE

A lo largo de la historia del cristianismo, teólogos y exegetas cristianos y judíos interpretaron la Biblia con presupuestos de autoridad, veracidad en su texto y mensaje. No obstante, jamás implicaron historicidad, cientificidad y literalismo de manera uniforme a todos los textos bíblicos como prueba de ortodoxia.[1]

El tema de la inerrancia bíblica surgió en los Estados Unidos en la década de 1970, reimprimiendo polémicas del siglo XIX (inspiración bíblica) y de la década de 1920 (infalibilidad bíblica). Los inerrantistas estadounidenses comenzaron a aplicar el criterio de «todo o nada» a esta doctrina, temerosos de un «efecto dominó», que la no aceptación de la inerrancia en cada detalle, por ejemplo, cronológico o científico, conduciría a la apostasía. Por tanto, la validez doctrinal o el reconocimiento de la legitimidad de teólogos o grupos cristianos llegó a estar condicionado, en estos círculos inerrantistas, a la suscripción a las proposiciones de este concepto teológico moderno.[2]

¿DEBERÍAMOS CONTINUAR SOSTENIENDO LA INERRANCIA BÍBLICA?

Sin duda. Dios no puede engañarse ni engañarnos. No obstante, nuestra definición de inerrancia bíblica no debería estar atada irremediablemente al concepto de inerrancia propuesto por el evangelicalismo estadounidense. Como bien lo señala el Dr. Alfonso Ropero:

Si pretendemos obtener de la Biblia un conocimiento científicamente verdadero de todo lo que dice, los que caemos en el error somos nosotros por hacer de la Biblia un tipo de libro, o colección de libros, que no es.”
— 𝐴𝑙𝑓𝑜𝑛𝑠𝑜 𝑅𝑜𝑝𝑒𝑟𝑜, 𝐸𝑙 𝑑𝑒𝑏𝑎𝑡𝑒 𝑠𝑜𝑏𝑟𝑒 𝑙𝑎 𝐼𝑛𝑒𝑟𝑟𝑎𝑛𝑐𝑖𝑎 𝐵𝑖́𝑏𝑙𝑖𝑐𝑎, 𝐿𝑢𝑝𝑎 𝑃𝑟𝑜𝑡𝑒𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 (𝐴𝑟𝑡𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑜 𝑝𝑢𝑏𝑙𝑖𝑐𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑙 10 𝑑𝑒 𝑚𝑎𝑦𝑜 𝑑𝑒 2021)

Cuando se afirma la inerrancia bíblica, se está proclamando que la doctrina religiosa de las Sagradas Escrituras, que deben ser interpretadas en su conjunto, no contiene errores en materia de fe y práctica, aunque el escritor bíblico como hombre de su tiempo hubiera suscrito modelos cosmológicos que, a partir del avance de la ciencia, se han visto superados.

REFERENCIAS:


[1] Jack Rogers & Donald K. McKim. The authority and interpretation of the Bible: An historical approach. Wipf and Stock Publishers, 1999.

[2] Hans W. Frei, The Literal Reading of Biblical Narrative in the Christian Tradition: Does it Stretch or Will It Break? In: McCONNELL, Frank (Ed.). The Bible and the Narrative Tradition. New York: Oxford University Press, 1986. p. 39

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