Credobautismo, Paidobautismo

Por qué los pentecostales rechazamos el bautismo de infantes | Parte I — El Testimonio de la Historia

Por Fernando E. Alvarado

Durante muchos años el bautismo ha sido un tema de debate dentro de los círculos cristianos. Por inmensa mayoría, los pentecostales practicamos el bautismo sólo de creyentes, a la vez que rechazamos el bautismo de párvulos. El bautismo del creyente también se llama “credobautismo”, un término que proviene de la palabra latina traducida “credo”, indicando que el bautismo es un símbolo de una persona que ha adoptado cierta doctrina o credo. Así pues, podemos decir con propiedad que los pentecostales, salvo raras excepciones, somos credobautistas.

¿Por qué los pentecostales creemos en el bautismo sólo de creyentes? En primer lugar, el bautismo del creyente es el acto por el cual una persona que ha creído en Jesucristo elige ser bautizada para dar testimonio de su fe. Esto, obviamente, sólo puede ser efectuado por alguien con pleno entendimiento de su realidad pecaminosa, de su necesidad de un salvador y de las doctrinas básicas de la fe cristiana. La ordenanza del bautismo del creyente es además una maravillosa imagen de la unión vital del cristiano, y la identificación con Jesucristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Esto simplemente algo que un párvulo no puede hacer debido a su estado de inocencia.

El bautismo del creyente claramente es enseñado en Hechos 2. En este capítulo, el Día de Pentecostés Pedro está predicando en Jerusalén el mensaje del evangelio. En el poder del Espíritu Santo, Pedro valientemente proclama la muerte y resurrección de Jesucristo, y manda que la multitud se arrepienta y crea en Cristo (Hechos 2:36,38).

La respuesta a la presentación que Pedro hizo del evangelio está registrada en el versículo 41: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. Hay que tener en cuenta el orden de los eventos – primero aceptaron el mensaje (el evangelio de Cristo), y luego fueron bautizados. Sólo aquellos que creyeron, fueron bautizados.

Vemos el mismo orden en Hechos 16, cuando el carcelero de Filipos y su familia fueron salvos. Ellos creyeron y después fueron bautizados (Hechos 16:29-34). La práctica de los apóstoles era bautizar a los creyentes y no a los incrédulos, incapaces o inhabilitados para creer. Con el bautismo infantil (o padiobautismo), se pretende que un bebé que no tiene entendimiento del evangelio, ni puede ser un “creyente” en Cristo, llegue, contra su voluntad o a pesar de ella, a formar parte del pueblo del pacto. Esto, sin embargo, constituye una violación de lo que enseña la Biblia y la historia eclesiástica.

Como pentecostales, rechazamos el bautismo de infantes porque en tal práctica el niño no elige ser bautizado, sino que quien elige es una persona diferente. La biblia afirma que “el alma que peque, esa morirá” y que “el hijo no cargará con la iniquidad del padre, ni el padre cargará con la iniquidad del hijo”. También nos enseña que “la justicia del justo será sobre él y la maldad del impío será sobre él” (Ezequiel 18:20). Nuestro sustituto ante Dios es Cristo, no nuestros padres. Ellos no pueden decidir por nosotros si seremos o no parte del pueblo del pacto.

Algunos de los defensores del bautismo de bebés a menudo se basan en la falsa premisa de que el bautismo en agua es el medio por el cual se imparte el Espíritu Santo a una persona. Esta idea se basa principalmente en las palabras de Pedro en Hechos 2:38: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

Otros enseñan que el bautismo en agua es un requisito para la salvación, igual que el arrepentimiento y el confesar a Jesús como Señor (Romanos 10:8-9). Para ellos, el acto de bautizar a un bebé hace que sea apartado y tenga su salvación asegurada en caso de fallecer antes de llegar a la edad de responsabilidad. Pero ¿Es realmente así?

Para empezar, mientras que los ejemplos bíblicos muestran que el bautismo generalmente seguía a la conversión de manera inmediata, en ninguna parte Jesús enseñó que el bautismo podría salvar a alguien. En la última cena, dijo: “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28). Todo lo que se necesita para hacer que los pecadores culpables sean justos delante de Dios, es la fe en el poder de Su sangre derramada. Romanos 5:8-9 dice, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira”.

Además, en ninguna parte de las Escrituras se insinúa la práctica del bautismo infantil. Algunos apuntan a las pocas referencias de los apóstoles bautizando “familias” (Hechos 11:14; 16:15, 33), con la suposición de que había infantes incluidos, sin embargo, esto va más allá de lo que dice el texto. Así pues, no hay ningún indicio en el Nuevo Testamento del bautismo infantil. Todos los intentos por deducirlo de los pasajes mencionados, o de otros tales como 1 Corintios 1:16, deben abandonarse como arbitrarios. No hay duda de que pasajes como 1 Corintios 7:14 hacen nulas todas las deducciones semejantes, porque si Pablo hubiera enseñado el paidobautismo, hubiera ligado el bautismo con la salvación de los niños y no con la fe de los padres.

EL ERROR SE PERPETÚA EN EL PROTESTANTISMO

Aunque en Latinoamérica el bautismo infantil suele asociarse casi exclusivamente con el catolicismo romano, dicha práctica errónea no es exclusiva de ellos. Hay diferentes denominaciones paidobautistas (que practican el bautismo de infantes). Ejemplos son las iglesias reformadas, las iglesias presbiterianas, las iglesias anglicanas (low church), las iglesias metodistas, la morava, la Iglesia Unida de Cristo, la Iglesia del Nazareno, etc.

¿Por qué lo hacen? Aunque sus argumentos tienden a ser similares, no todas las denominaciones paidobautistas suelen concordar en las razones teológicas para tal práctica. Lutero, por ejemplo, pese a su ruptura con Roma, mantuvo el bautismo infantil. Lutero creía que el bautismo efectúa perdón de los pecados, redime de la muerte y del mal, da la salvación eterna y la gracia divina. Él dijo «Enseñamos también que se deben bautizar los niños y que por este Bautismo son ofrecidos a Dios y reciben la gracia de Dios».[1]

La Iglesia Metodista enseña también el paidobautismo. En el capítulo tercero de la Legislación General de la Disciplina de la Iglesia Metodista de México se trata el asunto del Bautismo Infantil. El artículo 104 dice:

“Todos los niños y niñas, en virtud de los beneficios incondicionales de la expiación hecha por Cristo Jesús, son miembros del Reino de Dios, por la gracia divina. Por consiguiente, tienen derecho a recibir el Sacramento del Bautismo, no como testimonio de arrepentimiento, confesión y perdón de pecados, sino como señal del pacto que Dios ha hecho con su pueblo redimido.”

“El Pastor deberá exhortar a los padres o tutores, miembros de su cargo Pastoral, a que tan pronto como sea posible consagren sus hijos o hijas a Dios por medio del bautismo.  Antes de administrar el bautismo a los niños o niñas, el Pastor deberá instruir a los padres acerca del significado de las solemnes promesas que tendrán que hacer; deberá amonestarlos y aconsejarlos a fin de que cumplan con el sagrado deber de conducirlos a Cristo Jesús y guiarlos en el crecimiento de la vida cristiana; y deberá cerciorarse de que hayan cumplido con la ley del registro civil.”

Una vez que llegan a la edad de doce años y están en capacidad de tomar decisiones responsables y además muestren evidencia de tener fe viva en Cristo Jesús y de haber sido debidamente instruidos, el pastor los presentará ante la congregación para que hagan una pública profesión de Fe Cristiana, y ratifiquen su consagración personal a Jesucristo y sean recibidos como miembros en Plena Comunión. El artículo 109 de la Instrucción indica:

“Será deber de los padres o tutores, con el apoyo del Pastor y las demás personas encargadas de Desarrollo Cristiano del Cargo Pastoral, instruir a los niños y niñas en el significado de la fe cristiana, criarlos en la disciplina y amonestación del Señor y guiarlos a que se consagren en amor y confianza a Cristo Jesús como su Señor y Salvador. Además, investigarán el estado de su experiencia religiosa y los conducirán en la práctica devota y frecuente de los medios de gracia, tales como la oración, el culto divino en la Iglesia y en la familia, el estudio reverente de las Sagradas Escrituras y la participación en la Santa Comunión.”

Sobre su relación con la iglesia el Artículo 108 dice lo siguiente:

“Todos los niños o niñas bautizados quedan en relación de pacto visible con Dios en virtud del significado espiritual del bautismo. Por consiguiente, la Iglesia… reconoce que tales niños y niñas han entrado en una relación formal con la Iglesia, y los cuenta como Miembros a Prueba, colocándolos bajo su cuidado.”[2]

La Iglesia Presbiteriana es también paidobautista. El Artículo 96 del Manual de Disciplina y Ley Reglamentaria de la Iglesia Presbiteriana de México también afirma: “…El Sacramento del Santo Bautismo será administrado a los adultos por su fe en Cristo; así mismo a los hijos de los creyentes. Basta que uno de los padres sea creyente en Cristo y miembro en plena comunión de la Iglesia para que sus hijos sean bautizados.  El Sacramento del Santo Bautismo será administrado por aspersión o rociamiento, y por efusión o derramamiento y según la fórmula trinitaria de Mateo 28:19…”[3]

Asimismo, el Libro de Orden de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos, Capítulo II, W-2.3008, establece que “…Tanto los creyentes, como sus hijos, están incluidos en el pacto del amén de Dios. Los hijos de los creyentes han de ser bautizados, sin demasiada tardanza, y sin demasiada prisa. El Bautismo, sea practicado sobre quienes han profesado su fe, o sobre quienes son presentados al Bautismo como niños, es uno y el mismo Sacramento. Niños El Bautismo de los niños es testigo a la verdad de que el amor de Dios llama a la gente antes de que la gente sea capaz de dar respuesta en fidelidad…”[4]

¿Por qué estas iglesias protestantes aprueban el bautismo de infantes? Principalmente por su interpretación particular de la teología del pacto. De acuerdo con los paidobautistas pactuales, Génesis 17 señala explícitamente que Dios ordenó que la señal externa de Su pacto (la circuncisión) fuera aplicada en los hijos infantes al octavo día de vida. Ellos afirman a su vez que el pacto abrahámico es sustancialmente el mismo que el nuevo pacto y que la teología de la circuncisión refleja la teología del bautismo para validar que los hijos de los creyentes reciben la señal pactual bajo el nuevo pacto como obviamente ocurría bajo el pacto abrahámico (este es un error que explicaremos con más detalle en el próximo artículo).

Así pues, las bases para el paidobautismo en el protestantismo están puestas en el principio ‘pactante’ de Dios con su pueblo. Israel en el Antiguo Pacto y la Iglesia en el Nuevo Pacto. Por lo tanto, los niños son considerados parte de la iglesia (congregación / pueblo) visible de Dios, y por eso pueden recibir el bautismo juntamente con (o después de) sus padres creyentes.

EL TESTIMONIO DE LA HISTORIA

Antes de entrar a la refutación bíblica del bautismo de infantes, considero esencial considerar el aspecto histórico, ya que puede ser iluminador en relación con este polémico tema del bautismo de infantes. Como todo historiador honesto reconocerá, es un hecho comprobado que, durante los primeros 300 años de la iglesia, el requisito común para el bautismo era una profesión de fe después de una conversión al cristianismo.[5]

Esto era así porque el bautismo infantil no fue establecido ni por Cristo ni por los apóstoles. De hecho, la información biográfica contenida en los textos patrísticos establece que la tradición apostólica era que los niños se convirtieran en catecúmenos y bautizados sólo después de haber sido entrenados y discipulados en los fundamentos de la doctrina cristiana.

Los ejemplos incluyen las vidas de Juan Crisóstomo, Albahaca de Cesarea, Gregorio Nacianceno, Ambrosio, Jerónimo, etc. Incluso Orígenes y Agustín de Hipona, así como muchos otros padres de la iglesia, fueron bautizados cada uno en la edad adulta (a veces 30 años o más), a pesar de que tenían una madre cristiana. Esto resultaría extraño si el paidobautismo hubiese sido la norma en la iglesia primitiva o hubiese sido enseñada por los apóstoles. Además, escritos patrísticos anteriores como la Didaché y los escritos de Tertuliano[6] prescribían a los candidatos al bautismo un período de ayuno, oración y confesiones antes de que se les permita bautizarse. Tertuliano (quien además era hijo de un presbítero cristiano) escribe: “Los cristianos se hacen, no nacen”.[7]

Además, varias historias eclesiásticas parecen omitir cualquier discusión sobre el bautismo infantil. Eusebio de Cesarea (c. 260–340 d. C.) da una amplia discusión sobre el bautismo y su administración, pero no hace referencia al bautismo de infantes.[8] Asimismo, la historia de la iglesia de Sócrates Scholasticus (305–438 DC) menciona un puñado de ejemplos de bautismos, ninguno de los cuales describe el bautismo de infantes.[9] De manera similar, la historia de la iglesia escrita por Evagrius Scholasticus (431-594 DC) también proporciona descripciones de bautismos, ninguno de los cuales comunica el bautismo de infantes.

La Didaché, el documento más importante de la era post-apóstolica, probablemente escrito entre el 100-110, enseña que “Antes del bautismo, el que bautiza y el que ha de ser bautizado, ayunen, y asimismo otros que puedan hacerlo. Mandas ayunar al bautizando uno o dos días antes”.[10]

Esto evidentemente descarta a los infantes. Y si bien es históricamente innegable que el bautismo de infantes se convirtió en la norma generalizada de la Iglesia de siglos posteriores, el que es posiblemente el documento más antiguo y de más peso histórico para la fe cristiana— aparte de la Biblia misma, por supuesto— descarta tal práctica. De aquí podemos concluir que la práctica de los apóstoles y sus discípulos era el bautismo de creyentes, aunque entre el Siglo II y el Siglo IV la iglesia se desviara.

LA IGLESIA PRIMITIVA NO BAUTIZABA INFANTES

En todos los lugares donde encontramos evidenciada la necesidad del bautismo, tanto desde el punto de vista dogmático como histórico, es evidente que era solamente para aquellos que estaban capacitados de comprender la palabra que les era predicada, y de convertirse a Cristo por un acto de su propia voluntad. Un testimonio casi seguro de su no existencia en los tiempos apostólicos puede inferirse de 1 Corintios 7:14, porque Pablo ciertamente hubiera hecho referencia al bautismo de los niños para su santidad. Pero esa no es la única evidencia bíblica en contra del paidobautismo. De ello hablaremos en el siguiente artículo.

BIBLIOGRAFÍA


[1] Catecismo Menor de Martín Lutero, 1527

[2] Disciplina de la Iglesia Metodista de México, disponible en: http://www.immarcase.org/doctos/Disciplina_IMMAR.pdf

[3] Manual de Disciplina de la Iglesia Presbiteriana Independiente de México, disponible en: http://ipi-elmesias.org/credos/manual_de_disciplina.pdf

[4] Libro de Orden, Iglesia Presbiteriana (EUA). Disponible en: https://www.pcusa.org/site_media/media/uploads/curriculum/pdf/boo-spanish.pdf

[5] “¿Cuáles son los orígenes históricos del bautismo infantil? | Bible.org”. bible.org. Recuperado 2019-03-25.

[6] Tertualliano, “18-20”, Sobre el bautismo.

[7] Tertuliano, Disculpa, pag. xviii.

[8] Padres, Nuevo advenimiento. Disponible en: https://www.newadvent.org/fathers/2501.htm

[9] Íbid.

[10] Leticia Calçada, ed., Diccionario Bíblico Ilustrado, (Nashville: B&H Publishing Group, 2008), “Padres Apostólicos”.

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