Biblia, Política y Economía, Cristianismo, Dispensacionalismo, Evangelicalismo, Fanatismo Religioso, Filosemitismo, Gobiernos Humanos, Islam, Oración

A propósito de Palestina

Por Fernando E. Alvarado

¿Sabías que la iglesia más misionera del mundo está en Palestina? En proporción al tamaño de la población cristiana, el pequeño país es el que más misioneros está enviando fuera de sus fronteras. De acuerdo con el Centro Mundial para el Estudio del Cristianismo, y luego de comparar el número de misioneros enviados por cada millón de miembros de la iglesia, se comprobó que la iglesia de Palestina es la más misionera del mundo, con 3.401 misioneros enviados, seguido por Irlanda, Malta y Samoa. Curiosamente Corea del Sur (considerada una potencia misionera) ocupa el quinto puesto, con 1.014 misioneros enviados por cada millón de miembros de la Iglesia. Medido de esta manera Estados Unidos ocupa el puesto 9 del ranking con 614 misioneros enviados por cada millón. ¿Sorprendido? Probablemente, ya que nadie esperaría esto de una nación tan pequeña como Palestina (una nación que, por cierto, no es del agrado de muchos cristianos pro-Israel).

Esto es aún más sorprendente si se considera que la situación de los cristianos en Palestina (los cuales a menudo son despreciados por sus pares musulmanes) es la misma que la del resto de palestinos: las colonias, la ocupación militar y la violación de derechos humanos sistemáticamente cometida por parte del Estado de Israel afecta por igual a todos los palestinos con independencia de la religión que profesen.

Este inmenso logro de los cristianos palestinos me lleva a preguntarme: ¿Por qué entonces tantos cristianos sueñan con la destrucción de Palestina y la expulsión de su pueblo del “territorio de Israel”? Quizá por ignorancia histórica o fanatismo religioso, o por un defectuoso, cuestionable y anti bíblico sionismo cristiano. Doy gracias a Dios por la fundación del Estado de Israel y bendigo a la nación judía, sin embargo, hay ciertas cosas que no van con lo que se esperaría del pueblo de la Torah.

Demográficamente, los cristianos en Palestina fueron una comunidad vibrante y que iba creciendo en porcentaje hasta la creación del Estado de Israel. Alrededor del 60% de los palestinos cristianos se convirtieron en refugiados. Israel no distinguió entre musulmanes o cristianos a la hora de expulsar. De hecho, la oposición hacia el cristianismo en Israel es mayor que hacia el Islam. Todos los grupos cristianos palestinos tienen limitaciones de viaje y de otro tipo impuestas por las autoridades israelíes. Además, algunos líderes cristianos se enfrentan a hostilidad por parte de judíos radicales.

Comunidades completas como Safad, Beisan, Al Bassa, Kufr Bir’im, Iqrith, Suhmata, Al Birwa, Ma’alul o Ein Karem fueron completamente desplazadas. En Jerusalén, los barrios predominantemente cristianos de Qatamon, Baqaa y Talbiya (lugar natal del renombrado intelectual Edward Said) fueron limpiados étnicamente para ser entregados a los judíos sionistas.

La situación puede ser peor todavía. El proyecto israelí de convertir a Jerusalén en una ciudad completamente judía no solo ha separado a esta ciudad de Belén por primera vez en dos mil años de cristianismo en Palestina (ciudades ubicadas a tan solo 10 kilómetros de distancia), sino que también ha provocado el descenso de cristianos en la ciudad de 33.000 en 1948 a menos de 10.000 en el día de hoy.

Todo esto contrasta con la realidad de una opinón acrítica hacia Israel, a la que a menudo se idealiza. Influye que las librerías cristianas están llenas de publicaciones sobre Israel, especialmente sobre temas que van desde la rica historia de la nación en torno a la profecía bíblica a los tiempos finales, con diferentes opiniones e incluso controversias. Pero rara vez se lee o escucha acerca de Israel como nación hostil hacia los seguidores de Cristo que viven allí.

Tan vergonzosa ceguera ha llevado a que organizaciones cristianas como La Voz de los Mártires (The Voice Of Martyrs, VOM), una ONG cristiana que saca a la luz la persecución a los cristianos en todo el mundo, se vean obligadas a denunciar las hostilidades a las que se enfrentan los cristianos en suelo israelí. ¿Cuál fue el resultado de tal denuncia? Los cristianos, haciendo caso omiso de la persecución de sus hermanos cristianos en Israel, rechazaron todo intento de señalar a Israel como una nación hostil, calificándola como una postura desagradable y ofensiva. Pero eso no es nada nuevo. A pesar de la oposición al trabajo de evangelización cristiana por parte de algunos israelíes, el país desde hace mucho tiempo disfruta de un claro trato de favor por parte de muchos grupos evangélicos y de líderes prominentes, que silencian la faceta negativa de presencia de intolerancia e incluso persecución religiosa en Israel

El sufrimiento de los cristianos de Palestina debería ser suficiente para hacer reflexionar a aquellos sectores cristianos que, por una cuestión de racismo, islamofobia o simple ignorancia, siguen defendiendo lo indefendible. Lastimosamente no es así. Pareciera que los evangélicos hemos olvidado que los palestinos valen lo mismo a la vista de Dios que los judíos y merecen igual amor, compasión, misericordia y oración de parte de la Iglesia. No solo orando por Israel agradas a Dios, “porque con Dios no hay favoritismos” (Romanos 2:11). Tampoco eres mejor cristiano porque desees la desaparición de Palestina, pues “Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

La Iglesia, el actual y verdadero Pueblo de Dios bajo el Nuevo Pacto, jamás debería olvidar que “ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.” (Gálatas 3:28), Judíos y palestinos son recibidos con los brazos abiertos en la iglesia, y al venir a Cristo (y en esto los palestinos aventajan a los judíos) ninguno de ellos es más pueblo de Dios que el otro.

Dios nunca excusó los pecados de Israel, tampoco deberíamos hacerlo nosotros en nombre de la religión o de nuestra escuela de interpretación (sobre todo en el dispensacionalismo). Apocalipsis, un texto que para muchos judíos es considerado antisemita, no vacila en llamarles “sinagoga de Satanás” por su oposición al Evangelio, y en denunciar el pecado de aquellos que, basados en una supuesta superioridad étnica, “se dicen ser judíos y no lo son, si no que mienten” (Apocalipsis 3:9). Apocalipsis, el libro de las revelaciones, incluso llama a Jerusalén (la ciudad por la cual combaten judíos y palestinos) “la gran ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma y Egipto, donde también su Señor fue crucificado” (Apocalipsis 11:8). Si Dios mismo, a pesar de su amor por el Israel étnico, no vacila en denunciar su pecado ¿Por qué deberíamos hacerlo nosotros?

A su tiempo Dios restaurará al Israel étnico y cumplirá el Pacto que hizo con sus Padres. Por ahora, la Palabra de Dios nos recuerda que “ha acontecido a Israel endurecimiento en parte… Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.” (Romanos 11:25-29)

Mientras ese día llega, jamás permitamos que nuestro amor por Israel nos ciegue, volviéndonos idólatras hacia todo lo que huela a judío, o peor aún, haciéndonos mirar hacia otro lado ante las cosas terribles e incorrectas que Israel haga como Estado.

Sí, es cierto, los palestinos hacen cosas malas y provocan continuamente a Israel, pero ¿Qué haríamos nosotros en su lugar bajo las mismas circunstancias? El pueblo judío debió aprender algo con el Holocausto y el maltrato que sufrió bajo la Alemania nazi. Lastimosamente aprendió la lección incorrecta. La iglesia tampoco parece haberlo entendido.

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