ESCATOLOGÍA, Pentecostalismo

¿Soy un hereje si no creo en el rapto?

Por Fernando E. Alvarado

“En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad.”

(Agustín de Hipona)

INTRODUCCIÓN

Tal vez ningún evento en la historia del mundo ha sido más anticipado que la Segunda Venida. Cada generación de creyentes, incluyendo los creyentes en el Nuevo Testamento, ha creído firmemente que Jesús regresará durante sus vidas. Incluso Pablo creía que él estaría vivo a la Venida del Señor:

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4:17)

Esta expectativa llevó a algunos creyentes de la iglesia primitiva a cometer grandes errores como vender sus propiedades creyendo que el Señor vendría pronto y no necesitarían de sus bienes (Hechos 2:45; 4:32-36); otros se desconectaron del mundo real, desatendiendo sus obligaciones familiares e incluso negándose a trabajar (2 Tesalonicenses 3:6-15). La situación llegó a ser tan preocupante que Pablo tuvo que escribirles a los creyentes de Tesalónica para exhortarles a ser equilibrados y no entrar en pánico. En 2 Tesalonicenses 2:1-2 Pablo nos dice:

“Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.”

Lamentablemente las cosas no han cambiado mucho entre los creyentes de nuestros días. Los malentendidos acerca de la forma y el tiempo en que ocurrirá la Segunda Venida del Señor continúan siendo un problema para la iglesia.

REPITIENDO LOS ERRORES DEL PASADO

Muchos cristianos viven atemorizados ante la posibilidad de quedarse en un futuro “rapto secreto” de la iglesia, de modo que la “esperanza bienaventurada” (Tito 2:13) se ha convertido para ellos en motivo de turbación, miedo y angustia, temiendo no estar preparados para ese día (que podría ocurrir en cualquier momento) y sufrir el abandono del Señor. Tal expectativa los lleva a vivir no solo una vida de intranquilidad y desasosiego, sino a ignorar la gracia y sus implicaciones, así como a vivir un legalismo autoimpuesto a fin de ser hallados “santos y preparados” para ese día.

Otros erróneamente (al igual que los primeros cristianos) renuncian a sus metas personales y a proseguir con sus vidas ante la inminencia de la Venida de Cristo (¿Por qué casarme? ¿Por qué seguir estudiando? Si de todos modos el fin se acerca…). Muchos falsos maestros han sabido utilizar esta devoción enfermiza por lo escatológico en el pueblo evangélico. Algunos maestros de la Biblia han hecho predicciones acerca de cuándo ocurrirá “el Rapto” y la Segunda Venida. Todos se han equivocado. La Biblia declara:

“Pero el día y la hora nadie sabe, ni aún los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre.” (Mateo 24:36).

En el otro extremo de la balanza encontramos a los cristianos alegoristas y descuidados espiritualmente. Estos, creyendo que el arrebatamiento y la segunda venida de Cristo son una mera alegoría, viven como si dicho suceso jamás fuera a ocurrir. Muy probablemente se digan a sí mismos:

“¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:4, LBLA)
“¿Y qué valor hubo en luchar… si no habrá resurrección de los muertos? Y si no hay resurrección [ni segunda venida], «¡comamos y bebamos, que mañana moriremos!».” (1 Corintios 15:32, NTV)

¿Por qué tanta confusión en este tema? ¿Acaso no deberíamos creer lo mismo todos los cristianos? Quizá sí, pero no lo hacemos. Por lo menos no en todo. El cristianismo está lleno de interpretaciones y escuelas de pensamiento teológico, las cuales a veces entran en conflicto o tienen serios desacuerdos sobre aspectos secundarios de la fe. Déjame explicarte el asunto un poco más a profundidad.

DIVERSIDAD DE OPINIONES EN EL CRISTIANISMO

La mayoría de pentecostales solemos asumir que todos los demás evangélicos creen lo mismo que nosotros. Damos por sentado que, si pertenecen a una iglesia cristiana de sana doctrina, pensarán igual que nosotros en todo y que nuestra interpretación es la única que existe (o cuando menos la única válida y verdadera). Pensar diferente es exponerse a ser tildado de hereje o sectario. Sin embargo, eso está lejos de ser la verdad, sobre todo en el área escatológica (teología del fin de los tiempos). De hecho, el movimiento pentecostal es tan heterogéneo y complejo que ¡ni siquiera todos los pentecostales creemos lo mismo acerca de los eventos futuros! Y esto es particularmente cierto en relación con la Segunda Venida de Cristo.

Charisma News, una revista cristiana de orientación pentecostal, reporta lo siguiente:

“La teología de los últimos tiempos no está clara en la iglesia cristiana y una gran cantidad de pastores protestantes creen que no habrá lo que suele llamarse ´el rapto de la iglesia´… Un nuevo estudio realizado por LifeWay Research revela que… aunque las Escrituras declaran que Jesús regresará… [de los pastores] encuestados, solo un tercio (36 por ciento) creía en un rapto antes de la tribulación donde los cristianos desaparecen al comienzo del apocalipsis, mientras que los que se quedan sufren la gran tribulación. (Charisma News)[1]

La diversidad de perspectivas escatológicas es tal que la mayoría de los pastores y teólogos (64%) no cree en el llamado “rapto secreto de la iglesia”, muchos incluso se reúsan a emplear dicho término ya que no aparece ni una tan sola vez en la Biblia. Algunos piensan que el arrebatamiento no debe ser entendido de forma literal, mientras que otros afirman que ocurrirá al final de la Gran Tribulación y antes del milenio. Solo una cosa es clara en materia escatológica: No todos los cristianos creemos lo mismo.

Si eres pentecostal como yo, quizá te estés preguntando: “Pero, ¿qué está ocurriendo con los pastores y teólogos? ¿por qué están dejando de creer (si es que alguna vez lo hicieron) en el rapto de la iglesia? ¿es esta una señal de la apostasía predicha en la biblia?” No, no lo es. Rechazar la creencia en un “rapto secreto de la iglesia” no es lo mismo que negar la Segunda Venida. ¡Cómo! ¿Acaso no son dos partes inseparables de una misma cosa? Tranquilo. Sé que a los pentecostales se nos ha enseñado a pensar así, y que jamás cuestionamos nuestra teología ni se nos enseña a compararla con otros sistemas teológicos. ¡Muchos ni siquiera saben que existen otros sistemas de interpretación bíblica! Los pastores tenemos culpa en esto. Pero es tiempo de corregir el error y enseñarle a nuestra gente a ser menos dogmática y más apegada a la Biblia que a los dogmas humanos y tradiciones religiosas. De forma particular, debemos enseñar a los creyentes en nuestras congregaciones a ser más tolerantes ante las opiniones teológicas de otros creyentes (quizá de otra denominación cristiana, o incluso dentro de la nuestra) que piensen de manera diferente a nosotros.

INTERPRETACIONES QUE SE VUELVEN DOGMAS

Latinoamérica es en su mayoría pentecostal. Pocas veces, si acaso, los pentecostales latinoamericanos habíamos tenido contacto con otros cristianos provenientes de otras denominaciones protestantes más antiguas que las nuestras. Creíamos, erróneamente, que nuestras creencias eran la única y fiel expresión de la fe cristiana histórica. Pecamos de ingenuos al creer que nuestras doctrinas y prácticas eran necesariamente las mismas (en todo sentido) que aquellas que creía la iglesia primitiva, cuando lo cierto es que, en muchos sentidos, algunos aspectos de nuestra fe son relativamente nuevos. Nuestra escatología, y particularmente nuestra creencia en el rapto de la iglesia, es prueba de ello.

Muchos, con más fanatismo que conocimiento de historia y teología cristiana, quizá se apresuren a apedrearme por esto, pero lo cierto es que la creencia en un rapto secreto pretribulacional es una novedad en materia teológica. Dicha doctrina surgió apenas en 1812 con la publicación del libro “Venida del Mesías en gloria y majestad”, escrito por el sacerdote jesuita Manuel Lacunza y publicado póstumamente en Cádiz bajo el pseudónimo judío de Juan Josafat Ben-Ezra.[2] Sin embargo, el crédito por introducir dicha enseñanza en el protestantismo le pertenece a John Nelson Darby, un evangelista anglo irlandés y figura de gran influencia entre los primeros Hermanos de Plymouth, un movimiento congregacionista protestante surgido en Irlanda hacia 1826 como respuesta a la creciente ritualización del anglicanismo.[3] Las ideas de Darby (considerado el padre del dispensacionalismo moderno y del futurismo) serían luego popularizadas e introducidas dentro de las iglesias bautistas y del naciente pentecostalismo gracias a Cyrus Scofield,[4] un ministro religioso y escritor cristiano estadounidense, conocido por ser el autor de la Biblia de Referencia Scofield, una biblia con anotaciones explicativas sujetas a la comprensión del sistema de interpretación dispensacionalista de este autor.[5]

Como ya es evidente, nadie antes de Lacunza, Darby y Scofield, creyó en la enseñanza de un rapto secreto pretribulacional. Durante los primeros 1800 años de historia de la iglesia, la idea de un rapto secreto fue totalmente desconocida dentro del cristianismo. La primera resurrección, el arrebatamiento y la segunda venida eran consideradas simultáneas, por lo que creer o no en “el rapto de la iglesia” no es un punto de honor en la fe cristiana. La segunda venida del Señor, por otro lado, ha sido considerada por milenios como la esperanza bienaventurada de la Iglesia. Es una doctrina fundamental de la fe cristiana y todo cristiano verdadero debería creer en ella. La Didajé, una de las primeras producciones literarias cristianas (65-80 d.C.), tenida en alta estima por los primeros padres de la iglesia y considerada una declaración de fe de la iglesia primitiva, afirma sobre los últimos días:

“Velen por su vida. No se apaguen sus lámparas, y no dejen de estar ceñidos sus lomos, sino estén preparados, pues no saben la hora en que vendrá nuestro Señor. Reúnanse con frecuencia, buscando el bien de sus almas, pues de nada servirá todo el tiempo en que han creído, si no consuman su perfección en el último día. En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en odio. En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre sí, y se perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el seductor del mundo, como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos. Entonces, la humanidad será sometida a prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en su fe serán salvados por el mismo que fue maldecido. Entonces aparecerán las señales auténticas: en primer lugar, el signo de la abertura del cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer lugar, la resurrección de los muertos, no de todos los hombres, sino, como está dicho: «Vendrá el Señor y todos los santos con él». Entonces el mundo verá al Señor viniendo sobre las nubes del cielo.”[6]

Nótese que, aunque la segunda venida y la resurrección de los justos es anunciada, jamás se hace alusión a ningún rapto secreto previo a la tribulación. La resurrección de los justos, el arrebatamiento de los fieles y la segunda venida del Señor eran vistas por los primeros cristianos como eventos simultáneos. El “rapto de la iglesia”, por lo tanto, nunca ha sido una doctrina de aceptación universal ni obligatoria en el cristianismo bíblico e histórico, la segunda venida de Cristo sí lo es.

LA DOCTRINA DEL RAPTO COMO DESVIACIÓN DEL PREMILENARISMO HISTÓRICO

La expectación pentecostal por la segunda venida (junto con sus variadas interpretaciones) se fundamenta en una doctrina del cristianismo histórico conocida como premilenarismo. El premilenarismo, conocido históricamente como quiliasmo y más propiamente como milenarismo, es una enseñanza escatológica que dice que la Segunda Venida de Cristo ocurrirá antes de su Reino Milenial. Dicho reinado es, literalmente, un período de 1,000 años durante los cuales Cristo va a reinar sobre la tierra.[7] Esta postura teológica se desprende primordialmente de Apocalipsis 20, pero está vinculada concomitantemente a las promesas de reino futuro tanto en el Antiguo Testamento como en las palabras de Jesús (Hechos 1:6-7).

Distinguidos eruditos de los primeros siglos del cristianismo como Bernabé, Papías, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano, Metodio y Lactancio confirman, a través de sus escritos, que el quiliasmo era la doctrina aceptada por la iglesia primitiva.[8] Fue en siglos posteriores que autores y teólogos como Cayo, Orígenes, Dionisio Magno, Eusebio (y más adelante Jerónimo y Agustín) se opusieron al milenarismo, abandonando la fe de la iglesia antigua.[9]

El quiliasmo puede trazar sus orígenes incluso con anterioridad al período neotestamentario. Existe literatura judía temprana que alude a un reino mesiánico temporal previo al estado eterno, como IV Esdras 12:34, II Baruc 24:1-4; 30:1-5; 39:3-8; 40:1-4; Jubileos 1:4-29 y 23:14-31. La creencia judía en una era mesiánica terrenal transitoria continuó expandiéndose durante y más allá del tiempo de la redacción del libro del Apocalipsis.[10]

Entre los denominados Padres de la Iglesia Primitiva, Justino Mártir, en el siglo II, fue uno de los primeros escritores cristianos que declaró concordar con la creencia judía de un reino mesiánico temporal previo al estado eterno. En sus ideas escatológicas, Justino comparte los puntos de vista de los quiliastas respecto al milenio. Justino afirmó que habrá dos resurrecciones, una de los creyentes antes del reino de Cristo y luego una resurrección general más adelante. Justino escribió en el capítulo LXXX de su obra Diálogo con Trifo:

“Yo y otros cristianos en nuestros justos juicios estamos convencidos de que habrá una resurrección de muertos, y un bloque de mil años en Jerusalén que luego será erigido… porque Isaías habló en esos términos respecto a este período de mil años.”[11]

Ireneo (130-202 d.C.), obispo de Lyon, fue un premilenarista declarado. Es mejor conocido por sus tomos voluminosos escritos contra la amenaza gnóstica del segundo siglo, comúnmente conocido como Contra Las Herejías. Ireneo afirmó que un futuro reino terrenal era necesario por causa de la promesa de Dios a Abraham. En otra porción Ireneo también explica que la bendición a Jacob “pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino cuando los justos llevarán espada luego de levantarse de entre los muertos.”[12]

Muchos de estos teólogos y otros de la iglesia primitiva expresaron su creencia en el Premilenialismo por medio a su aceptación de la tradición sexta-septimilenial. Esta postura aduce que la historia humana continuará por 6,000 años y luego disfrutará de un milenio sabático de 1000 años (el reino milenial), de ese modo toda la historia humana consistirá de un total de 7.000 años previo a la nueva creación.

Ahora bien, a pesar de que el premilenarismo es bíblico y de larga data en la historia del cristianismo, la doctrina de un rapto secreto pretribulacional no lo es. La teología del rapto surge más bien como una desviación o desarrollo teológico dentro del premilenarismo.

VERTIENTES DEL PREMILENARISMO

Actualmente, el premilenarismo se divide en dos corrientes principales: el Premilenialismo Histórico y el Premilenialismo Dispensacional.

PREMILENARISMO HISTÓRICO

El premilenarismo histórico o clásico es distintivamente no dispensacional. Esto significa, entre otras cosas, que no ve distinción teológica radical entre Israel y la Iglesia. A menudo se perfila como post-tribulacional, lo cual significa que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá luego de un período de tribulación. El Premilenarismo Histórico se adhiere al Quiliasmo por causa de su enfoque de que la Iglesia será arrebatada para recibir a Jesús en el aire y de inmediato escoltarlo a la tierra, a fin de establecer su gobierno de mil años literales.[13] Entre los proponentes de esta postura se encuentran Charles H. Spurgeon, George Eldon Ladd, Francis Schaeffer y Albert Mohler. A grandes rasgos, el Premilenialismo Histórico, o clásico, enseña que:

(1. La Iglesia de la era del Nuevo Testamento es la fase inicial del reino de Cristo como fuese profetizado por los profetas del Antiguo Testamento.
(2. La Iglesia al final no tendrá éxito en su misión de discipular a todas las naciones a medida que la maldad crezca mundialmente hacia el final de la era eclesiástica.
(3. La Iglesia atravesará la Gran Tribulación, un tiempo de prueba mundial sin precedentes que marcará el cierre de la historia contemporánea.
(4. Cristo retornará al final de la Tribulación a arrebatar a la Iglesia, a resucitar a los santos fallecidos y al juicio de los justos en “un abrir y cerrar de ojos”.
(5. Cristo luego descenderá a la tierra con Sus santos glorificados, peleará la batalla del Armagedón, atará a Satanás y establecerá un reino político mundial que será personalmente administrado por Él por 1,000 años desde Jerusalén.
(6. Al final del milenio (Ap. 20:3-8), Satanás será suelto y se materializará una rebelión masiva contra Cristo, contra Su reino y contra Sus santos.
(7. Dios interviene con álgido juicio para librar a Cristo y a Sus santos. La resurrección y juicio de los malvados se lleva a cabo e inicia el estado eterno.

PREMILENARISMO DISPENSACIONAL

El premilenarismo dispensacional es una escuela de interpretación reciente dentro del premilenarismo. Surge como tal alrededor del 1830, fecha en que fue planteada por John Nelson Darby. Simplificando un poco esta postura, podríamos decir que el premilenarismo dispensacional entiende que la nación de Israel será salvada y restaurada a un lugar de preeminencia durante el Milenio. Además, y de manera general, los que se suscriben a esta enseñanza creen en un rapto pre-tribulacional. Es decir, que los escogidos no han de pasar por toda o la mayor parte de la Gran Tribulación.[14] Esta postura es sostenida por eruditos modernos como Donald Barnhouse, Norman Geisler y Evis L. Carballosa. Entre los principales postulados del premilenarismo dispensacional podemos mencionar:

(1. La era eclesiástica es una era totalmente distinta y no anticipada en el plan de Dios. En toda su amplitud, era desconocida e inesperada por los profetas del AT. Es entendida como un “paréntesis”.
(2. Dios tiene un programa separado y un plan distinto para el Israel étnico que se distingue del de la Iglesia.
(3. Cristo volverá secretamente desde los cielos para arrebatar a los santos que aún viven (1.ª fase de su Segunda Venida) y resucitar los cuerpos de los santos ya fallecidos (1.ª Resurrección). Estos serán sacados del mundo antes de la Gran Tribulación. El juicio de los santos se efectuará en los cielos durante el período de los 7 años de Tribulación antes del retorno corporal de Cristo a la tierra.
(4. Al cierre de los 7 años de la Gran Tribulación, Cristo descenderá visiblemente con Sus santos a la tierra (2.ª fase de su Segunda Venida), a fin de establecer y administrar personalmente un reino político judío con sede en Jerusalén por 1,000 años. Durante este tiempo, Satanás será atado y el templo y sistema de sacrificios será restablecido en Jerusalén como memorial. Es en este tiempo cuando Dios cumple las promesas que hizo a los judíos.
(5. Hacia el final del Reino Milenial, Satanás será desatado para nuevamente salir a engañar a las naciones.
(6. Cristo hará descender fuego del cielo para destruir a Sus enemigos. Ocurre entonces la resurrección (Muerte Segunda) dando paso al juicio del Gran Trono Blanco para los impíos, iniciando el estado eterno.
(7. Los dispensacionalistas entienden que los judíos y la iglesia pertenecen a dos distintos pueblos de Dios.

La mayoría de los dispensacionalistas creen en un rapto secreto antes de la Gran Tribulación. A esto se lo conoce como pretribulacionismo.

Otros creen que el arrebatamiento sucederá 3 años y medio luego del inicio de la Gran Tribulación, a lo que se le llama midtribulacionismo. Aun otros creen en el postribulacionismo presentado en el Premilenialismo histórico.

¿ES MALO PENSAR DIFERENTE?

La diversidad de pensamiento y múltiples interpretaciones en relación con la Segunda Venida, no debería ser un muro de separación entre los cristianos de diversas denominaciones. Una de las marcas de la Iglesia que muchos olvidamos o pasamos por alto es la diversidad. Y no, no estoy hablando de permitir herejías o abrazar como hermanos a aquellos que niegan los fundamentos bíblicos e históricos de nuestra fe. Hablo de una diversidad que permite y concede libertad y respeto a aquellos miembros del cuerpo de Cristo que piensan diferente a nosotros. Hablo de una diversidad que conceda unidad en lo fundamental, pero libertad en los aspectos dudosos y secundarios de la fe. Esta diversidad de la Iglesia es lo que nos permite disentir de otros en aspectos de menor importancia doctrinal, mientras que al mismo tiempo podemos sentarnos con ellos a la mesa de confraternidad, sabiendo que compartimos una fe común en las verdades fundamentales del cristianismo histórico: La inspiración divina de la Biblia, la Trinidad, la Encarnación, el nacimiento virginal de Cristo, su muerte vicaria, su resurrección corporal, su ascensión al Cielo y su Segunda Venida, el nuevo nacimiento mediante la regeneración del Espíritu Santo, la resurrección de los santos para vida eterna y la de los impíos para juicio final y castigo eterno en el infierno.

Cristo no nos convierte en personas superficialmente uniformes ni nos exige adhesión a tal o cual sistema doctrinal. La unidad cristiana va más allá de eso, es una unidad basada en una fe común en Su Nombre. En un sentido, los cristianos sí debemos ser clones de la misma persona, pero esa persona es Jesús, no un teólogo particular. A Jesús no le interesa conformarnos a una escuela de pensamiento teológico. A Cristo le interesa conformarnos a una imagen, Su imagen (Romanos 8:29). En realidad, seguir a Cristo y ser cómo Cristo tienen poco que ver con apegarnos o no a cierta escuela de interpretación.

Mi amado hermano, ya sea que creas en un rapto secreto pretribulacional, o que pienses que el arrebatamiento de la iglesia ocurrirá después de la Gran Tribulación, tú y yo seguimos siendo hermanos en la fe. La doctrina del rapto es nueva en la historia del cristianismo y no tendría por qué dividirnos, ya que no es una doctrina fundamental del cristianismo (aunque a muchos les parezca que si). Es solo una interpretación más. No eres un hereje por creerla, pero tampoco por rechazarla. En lo que sí estamos de acuerdo todos los cristianos verdaderos es en que Jesús vendrá nuevamente. Esa, la segunda venida del Señor, es la única doctrina escatológica que verdaderamente importa para el cristiano.

En el próximo artículo de esta serie analizaremos las distintas teorías en relación con el arrebatamiento y la Segunda Venida que circulan dentro del premilenarismo, analizando sus fortalezas y puntos débiles.

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS:


[1] Disponible en: https://www.charismanews.com/culture/56825-large-number-of-pastors-don-t-believe-in-the-rapture

[2] Daneri, Juan J. (2005). «Escatología y política jesuitas. La profecía del fin de los tiempos según Manuel Lacunza». Mapocho (Santiago: Biblioteca Nacional de Chile) (58): 181-201.

[3] McDowell, Ian (octubre de 1983). «The Influence of the Plymouth Brethren on Victorian Society and Religiοn». Evangelical Quaterly. P. 212.

[4] John Gerstner, Wrongly Dividing the Word of Truth, (Brentwood, Tennessee: Wolgemuth & Hyatt, 1991).

[5] Ernest R. Sandeen, The Roots of Fundamentalism, British and American Millenarianism, 1800-1930 (Chicago: University of Chicago Press, 1970).

[6] Didajé, XVI, 1-7.

[7] Ladd, George Eldon. Las últimas cosas . Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

[8] Alcañiz S.J., Florentino; Castellani, Leonardo (1962). La Iglesia patrística y la parusía. Buenos Aires: Ediciones Paulinas.

[9] Phillip Schaff, Historia de la Iglesia Cristiana. Tomo I, Hendrickson Publishers, Inc. (2006).

[10] Duby, Georges (1988). El año mil: Una nueva y diferente visión de un momento crucial de la historia. Editorial Gedisa.

[11] Jústino Mártir, Diálogo con Trifo, Cap. LXXX.

[12] Ireneo de Lyon, Contra las Herejías, Libro V.

[13] Peters, F.N. B., El Reino Teocrático. 3 Vols. Grand Rapids: Kregel, 1952.

[14] Osbourne, Grant R., Apocalipsis. Comentario Exegético Baker del Nuevo Testamento (Baker: Grand Rapids: 2002).

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