Filosemitismo, LEGALISMO Y TENDENCIAS JUDAIZANTES, Sionismo, Sionismo Cristiano

¿Es bíblico el sionismo cristiano?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El sionismo es considerado por muchos como un sistema político basado en la exclusividad étnica judía, dándoles derechos políticos preferenciales en el actual Estado de Israel. El sionismo actual promueve el retorno del pueblo judío a su tierra natal y la reanudación de la soberanía judía en la Tierra de Israel, persiguiendo objetivos tanto tangibles como espirituales. El término “sionismo” fue acuñado en 1890 por Nathan Birnbaum y fue ampliamente promovido en el seno de la comunidad judía mundial.

Sin embargo, no todos los judíos apoyaron el sionismo, principalmente por razones religiosas. Esto de debió a que, en su mayoría, los fundadores del sionismo no eran creyentes en el judaísmo. Algunos hasta eran ferozmente antirreligiosos y consideraban a los rabinos como representantes de una forma de retraso mental. Los judíos más conservadores eran anti-sionistas, pues creían que Palestina no debía convertirse en territorio judío sino hasta la llegada del Mesías. Sólo él tenía derecho a restaurar a Israel a su gloria pasada e instaurar un Reino universal con capital en Jerusalén. De hecho, gran parte de las más severas críticas contra el movimiento sionista político procedió de los judíos anti-sionistas, siendo el más notable Alfred M. Lilienthal.[1]

Durante largo tiempo, los ortodoxos religiosos fueron hostiles hacia el sionismo. Todavía hoy, corrientes religiosas como los Neturei Karta[2] o los Satmer[3] condenan el sionismo como hereje, ya que el sionismo laico sostiene la idea de que el Mesías es el Estado de Israel. Pero el sionismo no iba a darse por vencido. A partir de 1967 la corriente nacionalista-religiosa retoma las teorías del rabino Kook, incorporándolas al sionismo. Esta corriente representa hoy cerca de un cuarto de la sociedad israelí. En los sectores más extremos del sionismo religioso, incluso se ha construido la idea de que las persecuciones nazis cumplían la profecía de Isaías 53, y que los judíos sufrieron por los pecados del mundo. Ahora, luego de cumplidas las profecías referentes al sufrimiento del pueblo judío, corresponde a este cumplir las profecías sobre su destino glorioso y de convertirse en una luz para las naciones.[4]

Aunque en sus orígenes fue un movimiento exclusivamente judío, el sionismo logró impactar la teología cristiana, dando vida a lo que se conoce popularmente como “Sionismo Cristiano”.

¿QUÉ ES EL SIONISMO CRISTIANO?

La verdadera teología del Sionismo Cristiano, también conocido como Sionismo Bíblico, apoya el derecho del pueblo judío de retornar a su tierra original, basándose en las Escrituras. El fundamento bíblico para el sionismo cristiano se encuentra en el pacto de Dios con Abraham. Fue en este pacto que Dios escogió a Abraham para dar origen a una nación a través de la cual Él redimiría al mundo, y para ello les legó una tierra en la cual existir como nación escogida. Si el sionismo es la creencia en el derecho del pueblo judío a retornar a su patria, entonces un sionista cristiano debería ser definido simplemente como un cristiano que apoya el derecho del pueblo judío de regresar a su tierra natal y ejercer soberanía sobre la Tierra de Israel.[5]

El Sionismo Cristiano difiere de la Teología de la Sustitución o del Reemplazo,[6] la cual enseña que la relación especial que Israel tenía con su Dios en términos de su destino y su hogar nacionales (su tierra) se ha perdido por su rechazo a Jesús como Mesías, y que por lo tanto la iglesia se ha convertido en el nuevo Israel. Enseña que, de esta manera, la iglesia ha heredado todas las bendiciones que se le prometieron a Israel, pero que los juicios y maldiciones, convenientemente se quedan con el pueblo judío.[7] En vez de ello, el Sionismo Cristiano enseña basado en las Escrituras que el Pacto de Dios con Abraham aún es válido el día de hoy. Aún hay un destino nacional que se cumplirá en el pueblo judío, y su hogar natal es su posesión eterna en cumplimiento de los planes y propósitos de Dios para Israel. Para los sionistas cristianos, el Nuevo Testamento no solo afirma el pacto Abrahámico, sino que confirma la misión histórica de Israel y que los dones y el llamado de Israel son irrevocables.

Por tanto, el Sionismo Cristiano no se basa en profecías ni en eventos de los últimos tiempos. La mayoría de los cristianos sionistas estaría de acuerdo, sin embargo, en que el resurgimiento de Israel en la escena mundial, en cumplimiento de las promesas de Dios para ella, indican que otros eventos predichos por la Biblia sucederán a continuación.[8]

Cuatro temas generalmente están presentes en la mayoría de los pensamientos sionistas cristianos:[9]

  1. El fin de la historia. La fundación del estado-nación actual de Israel en 1948 marcó el principio del fin de la era humana.
  2. El plan de Dios. El caos en el Medio Oriente que rodea a Israel es parte del plan de desarrollo de Dios. Habrá una gran guerra final que culminará con la segunda venida de Cristo.
  3. Las promesas de Dios. El pacto de Dios con Israel es eterno e incondicional. Por lo tanto, las promesas de tierra dadas a Abraham en Génesis nunca se anularán, y la iglesia no ha reemplazado a Israel.
  4. Bendiciendo a Israel. La iglesia está obligada a interpretar Génesis 12:3 de una manera específica con respecto al estado-nación actual de Israel: “Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan.” No apoyar el dominio político del estado de Israel hoy incurrirá el juicio divino.

Algunos cristianos sionistas han desarrollado un enfoque diferente en sus pensamientos. En lugar de nombrar el cumplimiento de la profecía bíblica como la base de su lealtad a Israel, creen que la lealtad a Israel es simplemente un deber moral de los cristianos debido al antisemitismo histórico y actual y al lugar único que se otorga a los judíos en las escrituras.[10] Algunos también creen que la lealtad a Israel ayudará a expiar los horrores del Holocausto, en el que murieron 6 millones de judíos y un número indeterminado de otros fueron brutalmente maltratados y perdieron sus medios de vida y sus posesiones.[11] De hecho, es apropiado y necesario que reconozcamos estos horrores, que honremos y recordemos a quienes sufrieron esta catástrofe, y que los responsables devuelvan o paguen por los hogares y bienes judíos que fueron incautados durante la era nazi. Al mismo tiempo, es una lógica falsa concluir, como hacen algunos cristianos sionistas, que apoderarse y colonizar (a través de los asentamientos) la tierra de las familias palestinas; destruyendo sus hogares, negocios y escuelas; e imponer una ocupación militar que niegue los derechos fundamentales es una forma efectiva de honrar a las víctimas del Holocausto.

El sionismo cristiano tiene numerosos críticos y ha despertado mucha controversia. Muchos teólogos se preguntan si el sionismo cristiano reduce la importancia del nuevo pacto de Cristo. Muchos eruditos del Antiguo Testamento están preocupados por los cristianos sionistas que ignoran las demandas éticas de los profetas en relación con el trato a los palestinos. Muchos estudiosos del Nuevo Testamento sostienen que las promesas de tierras del Antiguo Testamento se han reinterpretado. La promesa del evangelio no es tribal o local, sino universal y global. E incluso los judíos deben entrar en esta nueva realidad mesiánica. Además, estos eruditos rechazan la idea de que el Israel moderno es el Israel de los tiempos bíblicos, o que el pueblo judío tiene derecho exclusivo a la tierra. Ellos creen que Jerusalén debe ser compartida por todas las personas (La interpretación de Romanos 9–11 es central en estos debates).

Los éticos, tanto judíos como cristianos, también han criticado la tendencia del sionismo cristiano a ver un propósito divino en la polémica y agresiva política del gobierno israelí. Esto, argumentan, ha llevado el excepcionalismo político de Israel y ha silenciado la capacidad de la iglesia para promover la justicia y la pacificación en el Medio Oriente (El excepcionalismo es la creencia de que un grupo en particular posee, de manera inherente e inalienable, ciertos privilegios y un estatus especial que no están disponibles para ningún otro grupo).

En la cosmovisión cristiana sionista, los palestinos son considerados como residentes extranjeros en el estado de Israel de hoy. Muchos cristianos sionistas incluso se resisten a reconocer a los palestinos como un pueblo distinto. Afirman incorrectamente que los palestinos se mudaron al estado de Israel desde las naciones árabes circundantes después de que Israel prosperó. Algunas de estas ideas provienen del miedo y un odio profundo al islam, ya que la mayoría de los palestinos son musulmanes. Sin embargo, muchos palestinos son cristianos, un hecho que muchos cristianos sionistas ignoran, a pesar de que los árabes cristianos han adorado a Cristo desde los primeros días de la iglesia (Hechos 2:11).

Sin lugar a duda, el sionismo cristiano seguirá siendo un tema muy debatido en las iglesias evangélicas, no solo por sus interpretaciones particulares de la Biblia sino también por las circunstancias de nuestra era política moderna.

ORÍGENES DEL SIONISMO CRISTIANO.[12]

En las décadas de 1820 y 1830, un grupo de clérigos de las islas británicas, entre ellos Edward Irving, Lewis Way, Joseph Wolff, y Henry Drummond, celebraron en la localidad de Albury una serie de conferencias bíblicas. Dichas conferencias promovieron la idea de que los judíos deberían mudarse a Palestina. Otras organizaciones durante este tiempo, como la Sociedad de Judíos de Londres y el Fondo de Exploración de Palestina, compartieron ese objetivo. Décadas más tarde, el escritor judío austriaco Theodor Herzl difundió ideas sionistas con su libro de 1896 Der Judenstaat y en el Primer Congreso Sionista en Suiza en 1897.

En esa época, Palestina estaba gobernada por los turcos otomanos, y era un destino popular para los europeos y los estadounidenses. Debido a que muchas personas de naciones cristianas estaban visitando la Palestina otomana, el interés cristiano en ella creció. En la década de 1880, muchos de estos viajeros eran predicadores influyentes. Uno de ellos fue el reverendo DeWitt Talmage, pastor del Tabernáculo de Brooklyn en Nueva York. A su regreso de una peregrinación a Palestina, publicó sus Veinticinco Sermones de Tierra Santa. Este libro pintó una imagen romántica de un renacimiento judío en la Tierra Santa y retrató “los dedos de la providencia” señalando el crecimiento de la vida judía allí. En 1891, George Adam Smith escribió su popular libro La Geografía Histórica de Tierra Santa, en el que retrató una tierra bíblica vacía en espera de la llegada del judaísmo.

Los líderes cristianos en Gran Bretaña animaron al gobierno británico a apoyar la migración judía a Palestina. Estos líderes incluyeron a John Nelson Darby, Charles Simeon, y Charles Spurgeon. Darby enseñó que el hecho de que Dios le diera la tierra a Abraham significaba que Palestina (antiguo territorio ocupado por Judea, Samaria y Galilea) pertenecía al pueblo judío. Por encima de todo, proclamó que la creación del Israel de hoy traería el Fin de los Tiempos.

Darby hizo ocho viajes misioneros a los Estados Unidos, pero la mayoría de los estadounidenses lo ignoraron. Sin embargo, cuando los principales evangelistas estadounidenses, como Dwight Moody, Billy Sunday, y Harry Ironside, vieron cómo sus ideas influyeron en el público, los puntos de vista de Darby cobraron nuevo ímpetu. En 1881, por ejemplo, Horatio y Anna Spafford y 16 amigos abrieron una colonia estadounidense en la Ciudad Vieja de Jerusalén para observar, como ellos decían, que “la profecía se está cumpliendo”.

En Gran Bretaña, políticos como Lord Shaftesbury, Lord Palmerston, David Lloyd George, y Lord Balfour vieron el valor de un estado judío en Palestina. El movimiento sionista cristiano también creció, en gran parte debido a líderes cristianos británicos como William Hechler. El sionismo finalmente ganó reconocimiento internacional a través de la Declaración Balfour, que en 1917 (durante la Primera Guerra Mundial) garantizó una patria judía en Palestina.

William Blackstone, un evangelista de Chicago y alumno de Dwight Moody, publicó Jesus Is Coming en 1878. Dicho libro convenció a muchos estadounidenses de la idea de Darby de que Dios le dio a los judíos la tierra de Palestina. En 1890, Blackstone visitó asentamientos judíos en Tierra Santa y organizó conferencias en Chicago para trasladar judíos a Palestina. También presionó al entonces presidente Harrison para crear un estado judío en Palestina. Debido a su asociación con judíos sionistas, la Conferencia Sionista de Filadelfia en 1918 lo llamó “padre del sionismo.” En 1956, Israel nombró un bosque en su honor.

En la primera mitad de la década de 1900, los maestros sionistas cristianos organizaron conferencias para promover las ideas sionistas cristianas. Después de varios eventos mundiales devastadores—la Primera Guerra Mundial, la epidemia de gripe española de 1918, la Gran Depresión, y la Segunda Guerra Mundial—algunos evangélicos quisieron ver un plan divino de redención para la miseria humana.

En 1948, cuando se fundó el moderno estado-nación de Israel, muchos cristianos sionistas se convencieron de que la creación del Estado de Israel estaba divinamente ordenada, y el movimiento sionista cristiano creció significativamente. Cuando se levantó la bandera israelí el 14 de mayo, estaban eufóricos. Se sentían seguros de que la pieza clave ahora estaba en su lugar para cumplir aún más sus interpretaciones de la profecía. La veloz victoria militar de Israel en 1967, aclamada por muchos como un milagro divino, provocó aún más celo, ya que Israel había conquistado toda la Tierra Santa.

Cristianos sionistas como John Walvoord y Charles Ryrie vieron la historia moderna a través de este lente bíblico para una nueva generación. En 1970, Hal Lindsey publicó el muy popular The Late Great Planet Earth, que describía los eventos políticos en el Israel de hoy como predichos bíblicamente. Más recientemente, Tim LaHaye y Jerry Jenkins han vendido más de 50 millones de copias de sus populares libros Left Behind/Dejados Atrás sobre los últimos tiempos y el papel de Israel en estos, los últimos días.

Muchos defensores del sionismo cristiano han abandonado la idea de los primeros sionistas cristianos de que la historia humana está dividida en distintas épocas por decreto divino (dispensacionalismo). Pero han conservado la idea sionista cristiana del Fin de los Tiempos, y consideran la lealtad al Estado de Israel como una cuestión de fidelidad bíblica. John Hagee, un portavoz ampliamente reconocido con su organización Christians United for Israel/Cristianos Unidos por Israel (CUFI), presiona agresivamente al Congreso de Estados Unidos para moldear la política exterior estadounidense en el Medio Oriente.

Aunque el sionismo cristiano cuenta con reductos de poder en otros lugares —en Holanda y Escandinavia, por ejemplo, así como entre muchos sionistas de los países del Tercer Mundo—, su centro real lo constituye sin duda Estados Unidos, a donde fue llevado desde Inglaterra a mediados del siglo XIX.

¿ES EL SIONISMO JUDÍO Y CRISTIANO APOYADO POR LA BIBLIA?

En el libro de Génesis, Dios hace promesas a Abraham (el padre del judaísmo). Él promete ricas bendiciones sobre Abraham y sus descendientes (Génesis 12: 1–3) y hace un pacto con Abraham, prometiendo que sus descendientes heredarán la tierra de Israel (Gen 15:18). La promesa se repite en Gen 17: 7–9 y Gen 26: 2–4. A Abraham se le dicen tres cosas: Él tendrá muchos descendientes, ellos poseerán un territorio particular (la Tierra Santa de hoy), y serán una bendición para todas las naciones. En Génesis 17:7, esta promesa se llama un “pacto eterno.” Todo esto sucedió hace más de 4,000 años.

Hoy, el sionismo (tanto judío como cristiano) argumenta que los judíos heredan esta promesa. Por lo tanto, afirman, el estado moderno de Israel (que se identifica a sí mismo como un estado judío) puede hacer una afirmación divina de que toda la Tierra Santa pertenece a Israel. Este no es un argumento político o histórico. Es un argumento teológico que dice así: “Dios les dio la Tierra Santa a los judíos en la Biblia, y eso debería resolver los debates políticos modernos. Aquellos que creen en la Biblia deben apoyar nuestros reclamos”.

Esta actitud no es nueva. En los días de Jesús, muchos judíos recomendaron a sus vecinos ser políticamente activos para ayudar al antiguo Israel. Lo describieron como un deber divino. Para tal fin, algunos colaboraron con los romanos (los fariseos, los herodianos), mientras que otros utilizaron la violencia cruda (los zelotes). Pero en cada caso, el objetivo era el mismo. Apoyar a Israel era considerado un deber religioso.

Como cristianos, aunque reconocemos que Dios le otorgó a Israel el dominio sobre la Tierra de Canaán (hoy denominada Palestina) y que consideramos justo, correcto y bíblico pedir por la paz de Jerusalén (Salmos 122:6-9), también reconocemos que esto no significa apoyar incondicionalmente todas las decisiones políticas, incluso aquellas notoriamente injustas, del Estado de Israel. Y esto por varias razones:

  • El Estado de Israel actual no es el Reino de Dios sobre la tierra al cual los cristianos le debemos lealtad absoluta. Ningún gobierno humano lo es (Juan 18:36). El Reino político de Dios es una realidad futura, aún no presente (Daniel 2:44). Puesto que los cristianos somos ante todo ciudadanos del Reino de los cielos (Filipenses 3:20-21), no podemos jurar lealtad absoluta y ciega a ningún gobierno humano el cual, en algún momento, tomará decisiones contrarias a la voluntad de Dios (Hechos 5:29-31), pues debemos reconocer que el mundo entero y sus gobernantes están, en mayor o menor grado, bajo el poder del maligno (Lucas 4:5-6; Juan 12:31: 1 Juan 5:19; 2 Corintios 4:4).
  • Aunque las promesas particulares de Dios para la nación hebrea aún siguen vigentes y esperan su final cumplimiento en la era milenial, en ésta, la dispensación de la gracia, los judíos no gozan de ningún privilegio especial sobre los gentiles a la vista de Dios. Todos hemos sido hechos un solo pueblo (Efesios 2:14). Tanto judíos como palestinos, o cualquier otro grupo étnico o nación sobre la tierra, somos seres caídos y necesitados de gracia, perdón y salvación, pues todos hemos pecado por igual y estamos destituidos de la gloria de Dios. Ninguno de nosotros puede ser declarado justo o bueno en términos divinos (Romanos 3). Desde esta perspectiva, los judíos necesitan de Jesús tanto como nosotros pues “No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Pablo amó a su gente y oró por ellos. “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Romanos 10:1-4). Pablo los amó y seriamente quiso que fueran salvos. Nosotros deberíamos tener la misma actitud amante, pero no idólatra hacia Israel. Jesús nos dijo que vayamos al mundo y prediquemos el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo. Ellos, como un pueblo, ciertamente caen en esta amplia categoría. Los cristianos deberían buscar darles el evangelio a los judíos tanto como a cualquier otro pueblo, pero no considerarles superior a cualquier otro grupo étnico o creyendo ciegamente que el Estado de Israel es perfecto y carente de errores en sus decisiones. No debemos olvidar que la nación de Israel actual está formada por seres humanos caídos como nosotros y no son superiores a ningún otro pueblo sobre la tierra (Gálatas 3:28; Romanos 2:17-29). Es más, Pablo afirmó que los judíos “en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.” (Romanos 11:28) y que “ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11:25), por lo tanto, la posición actual de Israel no es tan diferente de cualquier otra nación sobre la tierra en esta dispensación.
  • Jesús mismo no estaría de acuerdo con todos los postulados del sionismo judío y cristiano. No solo Jesús encontraría peculiar al sionismo moderno, sino que en su día rechazó lo más cercano a este: el movimiento de los zelotes. Hay dos referencias bíblicas al calificativo “zelote”. La primera está en Lucas 6:15 y la segunda en Hechos 1:13, aunque también lo hallamos como “cananista” (Mateo 10:4; Marcos 3:18). En la primera referencia, Lucas está narrando el episodio en que Jesús escogió a sus doce discípulos cercanos, entre ellos a “Simón, al que llamaban el Zelote”. En la segunda, se nombra al mismo discípulo en la historia del aposento alto. La palabra viene del griego zelotai que significa “celoso”. Para Flavio Josefo, el gran historiador judío, el uso del nombre zelote describe a una secta o partido judío formado antes del año 66 a. C, en el periodo intertestamentario. En este periodo surgieron muchos grupos religiosos y políticos movidos por el deseo de generar oposición contra el dominio extranjero. Entre los más recientes estaban los zelotes, quienes se sentían herederos de los macabeos (un movimiento judío de liberación que luchó contra el poder seléucida sobre Palestina). Los zelotes eran un grupo ultranacionalista que usaba la fuerza y la violencia para mover sus ideales. Buscaban terminar con el dominio romano en Palestina a fin de lograr la independencia política. Lucharon durante varias décadas hasta (según algunos historiadores) más o menos el 70 d. C., año de la caída de Jerusalén. Según otros historiadores, los zelotes fueron seguidores de Judas de Galilea, quien fundó en el año 6 d. C. lo que Josefo llama la “cuarta filosofía” de los judíos.[13] Esta filosofía insistía en repudiar a cualquier rey excepto Dios, y algunos libros modernos representan a este grupo como teniendo fuertes esperanzas mesiánicas. Si bien sus ideales religiosos se parecían a los de los fariseos, los zelotes tomaron el camino de la violencia a través de eventos guerrilleros contra los invasores. Así pues, el movimiento de los zelotes correspondería al de un mesianismo político tendiente a instaurar un reino judío en un Israel libre de gentiles e idólatras.[14] Para los zelotes, Dios era, en definitiva, el único y verdadero soberano de Israel, cualquier invasión era entendida como un atentado contra Dios mismo, para ellos Dios deseaba el heroísmo de su pueblo para hacer llegar su Reino y expulsar a los romanos y a sus colaboradores. Los zelotes esperaban un Mesías con las características de un poderoso Rey – Militar salido de entre sus jefes, e incluso algunos de ellos llegaron a ser proclamados mesías, como fue el caso de un tal Simón bar Kojba, el hijo de la estrella, reconocido mesías por el rabino Aquiba en el año 132 d.C. Fue el líder judío que dirigió en el año 132 la que es conocida como Rebelión de Bar Kojba contra el Imperio romano, estableciendo un estado judío independiente que dirigió durante tres años como príncipe, hasta ser derrotado por los romanos en el año 135 d.C. Reprimida la rebelión, Bar Kojba resultó muerto en el asalto final a la fortaleza de Betar. En este sentido, el sionismo judío moderno no es muy diferente del movimiento zelote ya que, al igual que aquel, es un movimiento político-religioso que promueve a cualquier costo los objetivos del estado moderno de Israel. El sionismo cristiano comparte estos mismos puntos de vista políticos, pero incluye ideas teológicas, ya que usa la Biblia para decir que la fidelidad a Dios debe expresarse a través de la fidelidad al moderno Estado de Israel, algo que la Biblia nunca dice. Lo que sí dice la Biblia es que ante Dios no hay favoritismos por cuestión de nacionalidad o cualquier otra causa (Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9); que la violencia y el odio jamás será solución a los conflictos humanos (Mateo 5:9; 5:38-48; Romanos 12:20; Proverbios 25:21-22); que el pueblo de Dios está llamado a ser ejemplo en el trato a personas de otras nacionalidades o grupos étnicos (Deuteronomio 10:19; Levítico 19:34; 25:35; Deuteronomio 14:29; 26:11, etc.) y que intentar llevar a cabo la voluntad de Dios por medios políticos o militares raras veces termina bien y no se ajusta necesariamente a su voluntad (Mateo 26:52; Juan 6:15; 18:36).

CONCLUSIÓN.

¿Cuál debe ser entonces nuestra postura hacia el sionismo, sea este judío o cristiano? Una de equilibrio y moderación. Debemos rechazar todo extremo peligroso: tanto el antisemitismo propuesto por los enemigos de Israel, como la veneración enfermiza de algunos creyentes evangélicos por todo lo judío. Somos llamados a amar a Israel y orar por ellos, no a venerarlos ni volvernos ciegos a la realidad.

En círculos evangélicos predomina actualmente una opinión acrítica hacia Israel, a quien a menudo se idealiza. Influye que las librerías cristianas están llenas de publicaciones sobre Israel, especialmente sobre temas que van desde la rica historia de la nación hebrea hasta las profecías bíblicas relacionadas con los tiempos finales y el papel de Israel en las mismas. Pero rara vez se lee o escucha acerca de Israel como nación hostil hacia los seguidores de Cristo que viven allí, o de la discriminación que experimentan a veces los ciudadanos palestinos a manos de autoridades israelíes.

Aunque creemos que Israel está en el corazón de nuestra fe cristiana, y admitimos que el país tiene un papel importante en los acontecimientos futuros, reconocemos que, sobre todo, nuestra principal misión como seguidores de Cristo hoy, es ser testigos de Cristo a todas las naciones, no tomar partido a favor de una por encima de las demás. Nuestra devoción excesiva y acrítica hacia Israel puede llegar a entorpecer, más que a beneficiar, nuestra misión como iglesia.

REFENCIAS:

[1] Alfred M. Lilienthal, The Zionist Connection (New York: Dodd, Mead, & Co., 1978).

[2] Neturei Karta (en arameo, Guardianes de la Ciudad) es un grupo minoritario de judíos ultraortodoxos que rechazan cualquier forma de sionismo y se oponen activamente al Estado de Israel.

[3] Satmer (o Jasidim de Satmer) es un movimiento que adhiere al judaísmo jasídico originario del pueblo de Szatmárnémeti (ahora llamado Satu Mare, Rumania), ubicado en su momento en el Reino de Hungría

[4] Culla, Joan B. (2005). La tierra más disputada: el sionismo, Israel y el conflicto de Palestina. Alianza Editorial. ISBN 84-206-4728-4.

[5] Regina Sharif, Non-Jewish Zionism, Its Roots in Western History, Zed, 1983, p. 10

[6] La teología de reemplazo es la idea de que los cristianos han reemplazado a los judíos como el pueblo elegido de Dios. Los seguidores de la teología de reemplazo creen que ya que los judíos rechazaron y crucificaron a Jesús y se negaron a seguirlo, Dios los rechazó e hizo un nuevo pacto con la iglesia. Este pacto cancela el pacto especial de Dios con el pueblo judío. La teología del reemplazo surgió en parte debido al conflicto entre las sinagogas y las iglesias cristianas en los primeros siglos. Este conflicto aparece en Juan 9, donde el hombre nacido ciego es expulsado de la sinagoga porque dijo que Jesús lo sanó. Más tarde, cuando la iglesia se convirtió en la principal fuerza religiosa en el Imperio Romano, la hostilidad contra el judaísmo influyó a algunos teólogos eclesiásticos en condenar e incluso demonizar al pueblo judío. Así comenzó la propagación del antisemitismo en gran parte de la Europa cristiana.

[7] R. Kendall Soulen, The God of Israel and Christian Theology, Minneapolis: Fortress, 1996.

[8] J. Pentecost, D (1984). Eventos del Porvenir: Eventos de escatologia biblica. Editorial Vida

[9] Boyer, Paul S., When Time Shall Be No More: Prophecy Belief in Modern American Culture, Cambridge, MA: Harvard University Press, 1992.

[10] Wesley Haddon Brown , Christian Perspectives on the Israeli-Palestinian Conflict, p. 131.

[11] Peter F. Penner, Western Restorationism and Christian Zionism: Germany as a Case Study, 2008, p. 11.

[12] Ronald Sanders, The High Walls of Jerusalem: A History of the Balfour Declaration and the Birth of the British Mandate for Palestine (New York: Holt, Rinehart, & Winston, 1984).

[13] Kirsopp, L. (1917), Simon Zelotes, The Harvard Theological Review, Volume 10.

[14] Brandon, S.G.F. The Fall of Jerusalem and the Christian Church. Londres, 1957.

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