ESCATOLOGÍA, Herejías, Teología

¿Regresará Jesús nuevamente?

Por Fernando E. Alvarado

“Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

(Lucas 18:8)

“Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen, así como desde el principio de la creación.”

(2 Pedro 3:3-4)

INTRODUCCIÓN

La parousía o Segunda Venida de Cristo es una enseñanza bíblica incuestionable. Todos los verdaderos cristianos, a lo largo de la historia de la Iglesia, han creído y esperado anhelosamente el regreso de su Señor. Jesús mismo prometió que volvería:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra. Y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (Mateo 24:30).

Apocalipsis 19:11-12 proclama esto acerca de la Segunda Venida:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas. Y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino Él mismo.”

Aquellos que presenciaron la ascensión de Cristo al cielo después de su muerte y resurrección, escucharon a los ángeles declarar en Hechos 1:11:

“Varones galileos… ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.”

La Segunda Venida será el regreso literal de Jesucristo a la tierra como Rey, en poder y gloria, para reinar por mil años (Apocalipsis 20:1-6). El hecho de que Jesús regresará a la tierra es claro en las Escrituras. Los evangélicos en general aceptamos Hechos 1:11 como certeza de su retorno personal y visible. Sin embargo, en el ala liberal del protestantismo han surgido varias teorías que tratan de descartar la parousía o segunda venida de Cristo.

RETORNO EN PENTECOSTÉS

Algunos protestantes afirman que Cristo no regresará de nuevo a la tierra de forma física y literal. Creen, sin embargo, que la segunda venida de Cristo ya ocurrió en el pasado de forma espiritual o alegórica. Afirman que Jesús ya vino de nuevo en la persona del Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Basan tal suposición en el siguiente pasaje:

“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne [día de Pentecostés], y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová [Segunda Venida]. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado.” (Joel 2:28-32)

Quienes sustentan dicha interpretación ven en Joel una correlación entre la venida del Espíritu Santo y la Segunda Venida de Cristo, por lo que asumen que se refiere al mismo suceso. Esta interpretación, sin embargo, entra en conflicto con la enseñanza general de la Biblia sobre el tema. Por ejemplo:

(1) Pedro afirmó que el Cristo exaltado estaba a la diestra de Dios Padre durante el Pentecostés, y que desde el cielo fue él quien derramó el Espíritu Santo en esa ocasión:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.” (Hechos 2:32-33).

(2) Dicha interpretación contradice las palabras de los ángeles durante la ascensión, los cuales afirmaron que Jesús volvería, no de forma alegórica o disfrazado como el Espíritu Santo, sino de la misma forma en que partió de esta tierra; es decir, de forma real, literal y física.

“—Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.” (Hechos 1:11, NVI)

(3) Dicha interpretación contradice también las palabras del mismo Jesús, quien afirmó que su segunda venida sería visible para todos:

“Pero en aquellos días, después de esa tribulación, se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos. Verán entonces al Hijo del hombre venir en las nubes con gran poder y gloria.” (Marcos 13:24-26, NVI)
“Porque, así como el relámpago que sale del oriente se ve hasta en el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.” (Mateo 24:27, NVI)
“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol y no brillará más la luna; las estrellas caerán del cielo y los cuerpos celestes serán sacudidos, la señal del Hijo del hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y al sonido de la gran trompeta mandará a sus ángeles, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, de un extremo al otro del cielo.” (Mateo 24:29-31, NVI)

(4) El mismo libro de Hechos, el cual registra la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, registra también que los primeros creyentes (aún después de dicho evento) esperaban el regreso del Señor. Para ellos la segunda venida del Señor nunca dejó de ser un evento aún futuro:

“Por tanto, para que sean borrados sus pecados, arrepiéntanse y vuélvanse a Dios, a fin de que vengan tiempos de descanso de parte del Señor, enviándoles el Mesías que ya había sido preparado para ustedes, el cual es Jesús. Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas. (Hechos 3:19-21, NVI).

(5) Pablo y los demás apóstoles entendieron que la venida del Señor era aún futura (1 Corintios 15:52-55; 2 Tesalonicenses 2:1-16; Tito 2:13; 2 Timoteo 4:8; 2 Pedro 3:10-13; Apocalipsis 22:17). Puesto que tanto las epístolas paulinas como las de los demás apóstoles fueron escritas en una época posterior al Pentecostés, la interpretación de que la venida del Espíritu Santo en dicha ocasión equivale a la segunda venida de Cristo es totalmente absurda. La teoría del Pentecostés se descarta a sí misma.

RETORNO EN LA CONVERSIÓN

Muchos protestantes alegoristas dicen que la Segunda Venida de Cristo no se refiere a un evento real en el futuro, sino que es más bien un símbolo de una realidad interior del creyente. Para ellos, la segunda venida de Cristo ocurre miles de veces de forma individual y personal en cada creyente cuando este recibe a Jesús como su Salvador y el Señor entra en su corazón al momento de la conversión. Con frecuencia citan Apocalipsis 3:20 en defensa de dicha interpretación:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Sin embargo, esta teoría choca con los mismos inconvenientes que la interpretación anterior: Jesús y sus apóstoles enseñaron una segunda venida literal y visible en el futuro. Además, las Escrituras son claras al enseñar que aquellos que reconocieron a Jesús como su Salvador por la predicación de los primeros apóstoles, todavía estaban esperando su segunda venida. Ellos jamás entendieron que la segunda venida de Cristo ocurría de forma figurada al momento de la conversión:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo.” (Filipenses 3:20)
“Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.” (1 Tesalonicenses 1:9-10).

RETORNO A LA MUERTE

Otros alegoristas dicen que el retorno de Cristo se cumple cuando él viene por el creyente cuando este muere. Es más, esta interpretación llegó a ser en el pasado casi la única expectación de la Iglesia Católica Romana. Dicha interpretación halla sustento en pasajes como 2 Corintios 5:1-10.

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu. Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor. Por tanto, procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2 Corintios 5:1-10)

Sin embargo, la Biblia no afirma que la muerte y nuestro encuentro con el Señor al dejar este mundo, sean lo mismo que la segunda venida. Cristo jamás afirmó que la segunda venida sería una experiencia individual o subjetiva. Por el contrario, Él afirmó que, a su venida, todo ojo le vería:

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén. Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Apocalipsis 1:7-8)

Pablo enseñó que la segunda venida del Señor sería un suceso del cual participarían tanto los muertos como los vivos. Todos seremos «arrebatados» cuando él aparezca (1 Tesalonicenses 4:17), por lo que el traslado del creyente al paraíso al momento de la muerte no es lo mismo que la segunda venida de Cristo.

REGRESO EN EL AÑO 70 DESPUÉS DE CRISTO

En base a pasajes tales como Mateo 10:23; 16:28; 24:34; Marcos 9:1; 13:30 y 14:62, algunos conectan el retorno de Jesús con la destrucción de Jerusalén y su templo por parte de los romanos en el año 70 d.C., trayendo así a su fin el sistema sacrificial del Antiguo Testamento. Dicen que Cristo estaba invisiblemente presente trayendo ese juicio, tal vez como un paso en una serie de juicios en el que la presencia de Cristo (gr. parusía) trae victorias continuas.

Los que sostienen esta opinión basan parte de su argumento en la presuposición de que el libro de Apocalipsis con su noción de un futuro regreso fue escrito antes del año 70 d.C. Sin embargo, la gran mayoría de eruditos bíblicos antiguos y modernos fechan Apocalipsis durante el reinado de Domiciano, alrededor del 95 d.C. (Es también obvio que las glorias del reino futuro y el reino personal de Cristo en la tierra no siguieron a los eventos del año 70 d.C.).

Lucas 21:20-24 no se refiere específicamente a la caída de Jerusalén. Los siguientes versículos indican que después que se cumplan los tiempos de los gentiles, señales en el sol, la luna y las estrellas causarán angustia y perplejidad en las naciones de la tierra. «Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con poder y gran gloria» (Lucas 21:27). Marcos 13:14-26 suplementa esto.

También debe tenerse en cuenta que la destrucción de Jerusalén y el templo se relacionan al retorno de Cristo, no debido a que ambos eventos ocurren al mismo tiempo, sino debido a que los eventos del año 70 d.C. fueron parte de una larga serie de castigos de Dios que preparan el venidero fin de la edad. Jesús no reveló el lapso entre la destrucción de la ciudad y su retorno, tal como los profetas del Antiguo Testamento no revelaron el lapso de tiempo entre la primera y Segunda Venida de Cristo. Jesús estaba más preocupado por declarar el poder y la gloria de su retorno. Esta interpretación, por lo tanto, falla en puntos clave.

CONCLUSIÓN

Todos estas interpretaciones se toman grandes libertades para espiritualizar declaraciones bíblicas sencillas y se olvidan de que no tenemos nuestra esperanza bienaventurada todavía cumplida, sino que «con paciencia lo aguardamos» (Romanos 8:25, RVR). El retorno personal de Jesucristo a la tierra es la única manera en que recibiremos la plenitud de la esperanza que tanto anhelamos. Debemos estar esperando un retorno visible de Cristo (Mateo 24:27, 30,44; Marcos 13:26; Lucas 21:27; Hechos 1:11; Filipenses 2:10-11) quien a su venida nos transformará y nos hará partícipes de su gloria (Romanos 8:18-23; 1 Corintios 15:51-52; Colosenses 3:4).

“Si alguno no ama al Señor, quede bajo maldición. ¡Maranata!”

(1 Corintios 16:22, NVI)

NOTAS:

¡Marana-ta! Expresión aramea que significa: «Ven, Señor»; otra posible lectura es Maran-ata, que significa: «El Señor viene»

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