Apologética, Bibliología

¿Contiene la Biblia errores y contradicciones?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En su intento por desacreditar la Biblia y sostener sus propios puntos de vista heréticos, ciertos grupos religiosos como los mormones, los musulmanes y muchas otras sectas, suelen argumentar que la Biblia posee numerosos errores y contradicciones en su texto. De esta manera, pretenden desacreditar el texto bíblico, restarle credibilidad, poner en duda su infalibilidad y desviar la atención hacia sus propias y supuestas revelaciones, presentándolas como la pura y perfecta palabra de Dios. Los mormones, por ejemplo, en su octavo Artículo de Fe, argumentan:
“Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.” [1]


José Smith, profeta fundador del mormonismo, afirmó:

“Creo en la Biblia tal como se hallaba cuando salió de la pluma de sus escritores originales. Los traductores ignorantes, los escribientes descuidados y los sacerdotes intrigantes y corruptos han cometido muchos errores.” [2]

Mark E. Petersen, apóstol mormón, en relación con el texto bíblico dijo:

“Fueron hechos muchos agregados, algunos torcidos con fines egoístas, mientras que en otros lugares fueron perpetradas falsificaciones y mentiras deliberadas.” [3]

El apóstol mormón Orson Pratt escribió también:
“Si se admite que los apóstoles y los evangelistas escribieron los libros del Nuevo Testamento, eso no prueba en sí que fueron inspirados divinamente en el tiempo cuando se escribieron . . . Agréguese toda esta imperfección a la incertidumbre de la traducción, y ¿quién, en su juicio cabal, podría por un momento suponer que la Biblia en su forma actual fuera una guía perfecta? ¿Quién sabe si había solamente un texto de la Biblia que se haya escapado de la corrupción, que comunique el mismo sentido que comunicó en el original?” [4]


Sin embargo, los mormones no son los únicos en negar la infalibilidad de la Biblia, los musulmanes no se quedan atrás en sus intentos por desacreditar la Palabra de Dios. En el Corán, supuesta revelación de Dios a Mahoma, leemos:

“…¡Oh, Gente del Libro! (La Biblia) Os ha llegado Nuestro Mensajero para aclararos los preceptos más importantes que habíais ocultado del Libro (La Biblia) y obviar otros. Os ha llegado de Allah una luz y un Libro claro [el Corán], con el cual Allah guía a quienes buscan Su complacencia hacia los caminos de la salvación, los extrae con Su voluntad de las tinieblas hacia la luz, y los dirige por el sendero recto. Son incrédulos quienes dicen: Allah es el Mesías hijo de María. Di: ¿Quién podría impedir que Allah, si así lo quisiese, hiciera desaparecer al Mesías hijo de María, a su madre y a cuanto hay en la Tierra de una sola vez? De Allah es el reino de los cielos y la Tierra, y de todo lo que existe entre ellos. Allah crea lo que le place, y Él tiene poder sobre todas las cosas. Los judíos y los cristianos dicen: Somos los hijos de Allah y Sus amados. Di: ¿Por qué, entonces, os castiga por vuestros pecados? No sois sino como el resto de la humanidad que Él ha creado. Perdona a quien Él quiere y castiga a quien Él quiere. De Allah es el reino de los cielos y la Tierra , y todo lo que existe entre ellos, y ante Él compareceremos. ¡Oh, Gente del Libro! Os ha llegado Nuestro Mensajero para adoctrinaros, luego de transcurrir un tiempo en el que no os fue enviado ningún Mensajero para que no digáis: No se nos ha presentado ningún albriciador ni amonestador. Ahora, sí os ha llegado un albriciador y amonestador, y Allah tiene poder sobre todas las cosas…” (Sura 5, Al-Maeda, La Mesa Servida, Aleyas 15-19). [5]


Como resulta evidente, el Corán pretende desvirtuar la Biblia para sostener su propia autoridad, lo cual no es de extrañar, ya que todos los grupos heréticos ven como su enemiga la Palabra de Dios, pues ésta expone sus artimañas y errores. Los escépticos se unen a las sectas y religiones falsas en sus ataques a la Biblia, pero ¿Realmente se contradice la Biblia? Si así fuera, la Biblia no merecería ser considerada como Palabra de Dios; no obstante, la Biblia jamás se contradice.

¡ACEPTO EL DESAFÍO!

Iniciando este día, buscaré dar respuesta bíblica, histórica y lógica a las supuestas contradicciones en el texto bíblico, mostrando cómo la palabra de Dios es perfecta y sin defecto o contradicción alguna como sugieren escépticos, mormones, musulmanes y otros grupos sectarios. ¿Qué tal si analizamos juntos algunas de las supuestas contradicciones y errores del texto bíblico? Después de todo, la misma Palabra de Dios nos manda: “Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.” (Judas 1:3). Así que ¡Comencemos!

PASAJE PROBLEMÁTICO #1:

¿ES EL RELATO DEL CENSO REALIZADO POR DAVID EN 2 SAMUEL 24 Y 1 CRÓNICAS 21, UN EJEMPLO CLARO DE CONTRADICCIÓN EN LA BIBLIA?

I.- ¿QUIÉN INCITÓ A DAVID A CONTAR LOS HOMBRES APTOS PARA LA GUERRA DE ISRAEL? ¿DIOS O SATANÁS?

“…Volvió a encenderse la ira de Jehová contra los israelitas, e incitó a David contra ellos diciéndole: Ve, haz un censo de Israel y de Judá…” (2 Samuel 24:1)
“…Se levantó Satanás contra Israel e incitó a David a que hiciera censo del pueblo…” (1 Crónicas 21:1)


Cuando Dios, el Amo y Señor del universo, se enoja contra Israel, o contra cualquier otra nación a causa de sus pecados, rebeldía, presunción u orgullo, en ocasiones le permite a Satanás ser el instrumento para probarlos, confundirlos, humillarlos o castigarlos. Esto es lo que ocurre en lo concerniente al “censo de Israel y de Judá”. Es decir, Dios permite a Satanás levantarse “contra Israel”, incitando a David a realizar un “censo de Israel”. Siguiendo esta línea de análisis, se concluye que la idea de probar a David la concebiría el propio Jehová Dios, y el instrumento de implementar la prueba sería Satanás.

Ahora bien, “incitar” no es sinónimo de “obligar”. De modo que Jehová no obligó a David a hacer el censo, ni tampoco podía obligarle Satanás. Incitado, o sea, tentado a hacer un censo, el rey David pudiera haber rechazado la idea. De hecho, “Joab, general del ejército” de Israel (2 Samuel 24:2), intentó disuadir a David de la idea, “pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército” (2 Samuel 24:4). “la palabra del rey prevaleció” porque David accedió a la incitación, no obligándole nadie a ceder ante ella.

Surge entonces la pregunta ¿Por qué se empeñó David en efectuar un censo, pese a las fuertes objeciones del general Joab y los capitanes del ejército? La razón parece evidente: reforzar un orgullo, aunque latente, en los grandes números del ejército de Israel, lo cual implicaría confianza en sí mismo y la fuerza de las multitudes que le seguían como rey, y no, explícitamente, en el poder de Jehová para proteger a su pueblo escogido, bien fueran pocos o muchos los hombres israelitas fuertes que pudieran sacar espada en defensa del pueblo. No es de sorprenderse que Jehová expusiera a David a una prueba de carácter y lealtad, fallando desastrosamente aquel rey la prueba a la que fue sometido. No tardó David en reconocer su tremendo error: “…Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente…” (2 Samuel 24:10). El remordimiento y un sincero arrepentimiento embargaron al alma de David al medir las consecuencias de su desastrosa decisión.


Pero alguien podría preguntarse: Si Jehová no estaba a favor del censo de Israel, plantearle a David, a través de Satanás, una idea que Él mismo desaprobaba ¿No se interpretaría acaso como un proceder tramposo, engañoso, deshonesto, inconsecuente? No, ya que se trata sencilla y llanamente de un mecanismo práctico y razonable utilizado para poner al descubierto el verdadero estado de la mente y el espíritu de David en aquella hora de su vida. Lo cierto es que, si David hubiese querido verificar la voluntad de Dios al respecto, pudiera haber consultado “al profeta Gad, vidente de David” (2 Samuel 24:11), pero, obviamente, no lo hizo. David mismo reconoce esto, pues durante todo el drama del “censo del pueblo” y sus consecuencias letales, el rey David nunca culpa a Jehová de haberle tendido una trampa, de haberle engañado, de haber sido deshonesto. Más bien, acepta toda responsabilidad por lo hecho: “Y dijo David a Dios: ¿No soy yo el que hizo contar el pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal” (1 Crónicas 21:17). De la manera que Job no “atribuyó a Dios despropósito alguno” pese a la severa prueba a la que fue sometido (Job 1:22), tampoco culpa David a Jehová de modo alguno. Esto lo haría solo el incrédulo, el hombre natural, que no estudia lo suficiente la Palabra de Dios para alcanzar un entendimiento correcto del carácter del verdadero Dios revelado en la Biblia, como también en la creación material. David desvió su corazón de Dios y puso su confianza en lo numeroso de su ejército, por eso Dios le permite a Satanás incitarlo a un acto de rebeldía mayor, exteriorizando a través del censo el orgullo que se escondía en él. Pero David tenía la última palabra, él podía elegir entre humillarse o vanagloriarse. Lastimosamente, eligió lo segundo y como nos atestigua la Palabra: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen…” (Romanos 1:28-32). Ni la Biblia se contradice, ni Dios es un ser tramposo y engañador. Vemos, pues, que la aparente “contradicción” en los dos textos se vuelve una contradicción irreal, a la que dispara el ateo, o el religioso sectario, pensando con ello haber destruido nuestra creencia en la infalibilidad de la Biblia, pero lo que hace en realidad es descubrir su falta de preparación adecuada, su malicia deshonesta y su desconocimiento de la Biblia y del carácter de Dios.

La historia de David y el censo alberga ciertas similitudes con el relato de Job 1 y 2, en el cual Dios concedió a Satanás traer sobre Job aquellas terribles pruebas; más sin embargo, en Job 42:11, “todo aquel mal” se atribuye a Jehová, sin que haya contradicción alguna. Al permitir Jehová a Satanás herir tan despiadadamente a Job, siendo el propósito único el de probar la fidelidad de Job a Dios, efectivamente, Jehová Dios se hacía primordialmente responsable de lo que pasó. Teóricamente, pudiera haber hecho caso omiso a los planteamientos de Satanás acerca de Job, pero retado osadamente a comprobar la integridad de aquel varón, accedió a que se hiciera la prueba, y no fue defraudado. ¿Fue “culpable” Jehová de algún “pecado contra Job”? ¿Cuál? De la manera que el Creador tenía derecho de probar a los ángeles por él creados, luego a Adán y Eva en el huerto de Edén, también tenía el mismo derecho de probar a Job (y a David). Este sabio, sufriendo la durísima prueba, no “atribuyó a Dios despropósito alguno”, ni perdió en ningún momento su “integridad”. Ejemplo sumamente admirable de “varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa”, testifica Dios mismo acerca de Job al acusador, Satanás (Job 1:3). Vemos, pues, que tanto en el caso de David como en el de Job, Jehová Dios permite a Satanás ser el instrumento de pruebas. Los dos casos tienen desenlaces muy distintos, ya que David no pasa la prueba, sufriendo grandes pérdidas, mientras Job sale airoso, recibiendo el doble de lo que había perdido (Job 42).
Sin embargo, determinar quién incitó a David a realizar el censo, o si fue injusto que Dios usara a Satanás para incitar a David, son apenas dos de las discrepancias aparentes en dicho relato. Analicemos otras discrepancias más en el texto.

II.- DIFERENTES NOMBRES PARA EL JEBUSEO A QUIEN EL REY DAVID COMPRÓ UN TERRENO PARA EDIFICAR UN ALTAR

En 2 Samuel 24:16-18, aquel jebuseo es identificado como “Arauna”, mientras en 1 Crónicas 21:15-21 su nombra se anota como “Ornán”. ¿Contradicción? Ninguna. Muchos personajes de la Biblia tenían más de un nombre. Abram (Génesis 11:17-22) se llama también Abraham (Génesis 17:5). Los dos nombres del apóstol Pedro eran Simón y Pedro. El apóstol Pablo primero se conoce como Saulo, luego como Pablo, el gran apóstol de los gentiles. Y así como estos ejemplos se encuentran muchísimos. El suegro de Moisés, por ejemplo, era conocido en el Antiguo Testamento como Reuel (Éxodo 2:18), Jetro (Éxodo 3:1) y Hobab (Jueces 4:11). No existe contradicción en este caso, pues a veces las personas eran conocidas por más de un nombre (como a veces ocurre en nuestros días en algunos países).

III.- DIFERENTES SUMAS REPORTADAS PARA EL CENSO DEL PUEBLO DE ISRAEL

Según 2 Samuel 24:9, “…Joab dio el censo del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Judá quinientos mil hombres”. Pero, según 1 Crónicas 21:5, “había en todo Israel un millón cien mil que sacaban espada, y de Judá cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada”. Las discrepancias son notables. ¿A qué se deben? Algunos estudiosos atribuyen tal discrepancia a las posibles distintas fuentes de información histórica consultadas por los autores de los dos libros distintos, 2 Samuel y 1 Crónicas. Dichos autores consideran que, de todos modos, Jehová Dios no autorizó aquel censo, hecho que el propio rey David reconoce al comprender que había actuado “muy locamente” (1 Crónicas 21:8), “muy neciamente”, confesando que había “pecado gravemente” (2 Samuel 24:10), y tomando toda responsabilidad por aquel acto osado (1 Crónicas 21:17). También “la orden del rey era abominable a Joab. Asimismo, esto desagradó a Dios, e hirió a Israel.” (1 Crónicas 21:6-7) Pese a que el general Joab y sus capitanes aconsejaran contra el censo, fueron encargados de realizarlo, tomando la ardua tarea “nueve meses y veinte días” (1 Samuel 24:8). Pero, “no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a Joab” (1 Crónicas 21:6). Este dato implicaría cierto desacato de parte del general Joab y sus capitanes respecto a la implementación del censo, y se intuyen elementos de confusión en lo concerniente al conteo: Militares andando, durante “nueve meses y veinte días”, por los territorios que ocupaban los israelitas tratando, sin ánimo, abominando la idea y el proceso, de efectuar un censo del pueblo, y ¡No contando siquiera con computadoras en las que registrar sus hallazgos! ¿Es, pues, de extrañarse que los resultados finales no armonizaran perfectamente? (1 Crónicas 6:4-7). Tal discrepancia no indicaría entonces una contradicción en el relato, sino más bien que no hubo conflagración entre los autores bíblicos; es decir, no estaban buscando que sus datos numéricos encajaran para mostrar coherencia o complicidad, sino narrando un suceso mayor en el cual el número exacto es irrelevante. Sin embargo, tal explicación no parece convencer a algunos.

Afortunadamente, la Biblia se explica a sí misma y no tenemos que buscar una explicación rebuscada para descifrar el asunto, sino más bien acudir al texto bíblico. El número dado en 2 Samuel 24:9 comparado con el que da 1 Crónicas 21:5, muestra una diferencia de 300.000. Esta discrepancia es sólo aparente, y admite una explicación fácil: (1 Crónicas 27), hubo doce divisiones de generales, quienes mandaban mensualmente, y cuyo deber era el de guardar a la persona real, teniendo cada uno un cuerpo de 24.000 soldados y en conjunto formaban un ejército de 288.000 y como un destacamento especial de 12.000 asistía a los doce príncipes de las doce tribus mencionadas en el mismo capítulo, así todos llegan a ser 300,000. A éstos no se mencionó en el libro, porque estaban en el servicio activo del rey como ejército permanente. Pero en 1 Crónicas 21:5 a éstos se les menciona junto con los demás, diciendo: “y hallóse en todo Israel que sacaban espada, once veces cien mil”, o sea un millón y cien mil; mientras que el autor de Samuel que considera sólo los 800.000, no dice “todos los de Israel”, sino simplemente “fueron los de Israel”, etc. Además tiene que notarse que además de las tropas antes mencionadas, había un ejército de observación sobre la frontera de los filisteos, compuesto de 30,000 hombres, como se ve en 2 Samuel 6:1; los cuales según parece fueron incluidos en el número de 500,000 de Judá por el autor de Samuel; pero el autor de Crónicas, quien menciona sólo 470,000, da el número de aquella tribu, excluyendo a los treinta mil hombres, porque no eran todos de la tribu de Judá, y por lo tanto no dice “todos los de Judá”, así como había dicho “todos los de Israel”, sino solamente “y los de Judá”. De esta manera pueden conciliarse los dos relatos.

IV.- ¿“SIETE AÑOS DE HAMBRE” O “TRES AÑOS DE HAMBRE”?

La primera opción de castigo presentada a David, según 2 Samuel 24:13, es la de “siete años de hambre”, mientras que en 1 Crónicas 21:11 el número para la misma opción es “tres años de hambre”. Es de notar que 1 Crónicas 21:11 mantiene una secuencia lógica descendente: tres años, tres meses, tres días; lo que coloca dicho texto como el que nos presenta el dato numérico exacto. Entonces, ¿Por qué 2 Samuel 24:13 menciona siete años? La expresión “siete años” indica una cifra redonda para hablar del tiempo total que duraba una hambruna extrema según Génesis 41:27, pues el siete es representado como sinónimo de perfección o totalidad, indicando con ello que la hambruna sería total, verdaderamente extrema. El siete no indicaría la duración numérica, sino el grado de devastación de una hambruna que duraría, en realidad 3 años. En conclusión, la cantidad de hambruna matemáticamente es 3 años y no siete, ya que el siete en la biblia muchas veces es utilizado para representar la perfección o magnitud extrema de algo.


CONCLUSIÓN

La Biblia es perfecta, la Biblia es infalible. Aunque la respuesta a tus dudas no siempre sea obvia, no hay por qué dudar de la Palabra de Dios. En vez de eso, ¿Por qué mejor no dudas de tus dudas? Pues como bien lo dijera Pablo: “Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado.” (Romanos 3:4)


REFERENCIAS:

[1] Artículo de Fe 8, La Perla de Gran Precio.

[2] Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 404.
[3] Mark E. Petersen, As Translated Correctly, p. 4.

[4] Orson Pratt, Divine Authenticity of the Book of Mormon, pp. 45, 47.

[5] El Sagrado Corán,  Sura 5, Al-Maeda, La Mesa Servida, Aleyas 15-19.