Por Fernando E. Alvarado.
La inerrancia bíblica, entendida como la veracidad absoluta de las Escrituras en todo lo que afirman, ha sido un tema central en la teología cristiana, despertando debates profundos y apasionados entre diversas tradiciones y corrientes teológicas. Este concepto, que refleja la confianza en que la Biblia es completamente confiable por ser inspirada por Dios, no solo define el entendimiento de la autoridad bíblica, sino que también impacta directamente la vida, la práctica y la espiritualidad del creyente.
Desde una perspectiva pentecostal, sostenemos con firmeza que la Palabra de Dios es completamente verdadera y confiable en todo lo que comunica, ya que su origen radica en la obra sobrenatural del Espíritu Santo. Este énfasis en la inspiración divina, unido a una experiencia viva con el Espíritu, otorga un carácter dinámico a nuestra aproximación a las Escrituras. Sin embargo, abordar la inerrancia bíblica requiere reconocer que, a lo largo de la historia, han surgido diversas perspectivas que, aunque diferentes, contribuyen al diálogo teológico. Estas posturas no solo reflejan los contextos históricos y culturales en los que se desarrollaron, sino que también ofrecen puntos de partida valiosos para reflexionar sobre el lugar que ocupa la Escritura en la vida de la Iglesia.
En este sentido, explorar las diferentes perspectivas sobre la inerrancia no solo nos ayuda a comprender el alcance del debate, sino que también nos invita a reafirmar nuestra fe en la Palabra de Dios como una guía infalible para nuestra vida. La autoridad bíblica no es un concepto abstracto, sino una realidad que modela nuestra forma de vivir, nuestra relación con Dios y nuestro testimonio ante el mundo.

LA POSICIÓN CLÁSICA: INERRANCIA PLENARIA VERBAL
La perspectiva clásica de la inerrancia plenaria verbal sostiene que la Biblia es completamente inerrante en todos los aspectos, incluyendo temas de fe, historia y ciencia. Esta convicción está profundamente arraigada en la herencia de la Reforma Protestante, donde teólogos como Juan Calvino defendieron que las Escrituras son la única regla infalible de fe y conducta. Calvino escribió: “La Escritura nos lleva al pleno conocimiento de la verdad” (Calvino, 1559/1960, p. 74). Esta afirmación destaca la convicción de que la Palabra de Dios no contiene errores debido a su origen divino.
La inerrancia, como concepto teológico, también se desarrolló y sistematizó a lo largo de los siglos. En el siglo XX, esta postura fue articulada de manera más precisa por la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica en 1978. Este documento enfatiza que “la Escritura es totalmente veraz en todo lo que afirma” (Sproul, 1979, p. 42). Esta declaración subraya que la inspiración de las Escrituras abarca cada palabra y detalle, lo que se conoce como la inspiración plenaria verbal.
Pasajes bíblicos como 2 Timoteo 3:16 (“toda la Escritura es inspirada por Dios”, NVI) han sido interpretados como un respaldo a esta perspectiva. La palabra griega “theopneustos”, traducida como “inspirada por Dios”, implica que las Escrituras tienen un origen divino. Sin embargo, las interpretaciones de este concepto han variado a lo largo de la historia.
Algunos defensores contemporáneos de la inerrancia, como Norman Geisler, sostienen que “la inerrancia es una consecuencia natural de la inspiración” (Geisler, 2004, p. 125). Este argumento se basa en la idea de que si Dios es perfecto, su Palabra también lo sería. Por otro lado, los críticos de esta posición han argumentado que tal enfoque no considera adecuadamente las complejidades literarias y contextuales de los textos bíblicos.
El salmista también escribe: “La suma de tu palabra es verdad” (Salmo 119:160, NVI), lo que ha sido interpretado por algunos como una afirmación de la coherencia y confiabilidad general de las Escrituras. Sin embargo, este texto también se ha usado en debates sobre el alcance y la aplicación de la inerrancia.
En tiempos contemporáneos, el concepto de inerrancia plenaria verbal sigue siendo tema de discusión entre teólogos y estudiosos. Mientras que algunos ven esta doctrina como fundamental para la fe cristiana, otros sostienen que es más importante centrarse en el mensaje central de las Escrituras que en su precisión literal.

LA INERRANCIA LIMITADA
Otra perspectiva en el estudio de la Biblia es la inerrancia limitada, que sostiene que la Escritura es inerrante solo en asuntos relacionados con la fe y la salvación, mientras que en áreas como la historia o la ciencia podría reflejar limitaciones humanas y culturales. Esta visión emergió en el contexto de los avances de la crítica bíblica y las ciencias naturales, los cuales llevaron a algunos teólogos a reexaminar las afirmaciones bíblicas en temas como la creación o las cronologías históricas.
Autores como Peter Enns argumentan que las Escrituras reflejan las limitaciones culturales de sus escritores humanos. En su obra, Enns (2005) destaca que los géneros literarios y los contextos históricos son claves para interpretar textos como los relatos de la creación en Génesis. Según él, estos pasajes no buscan proporcionar datos científicos precisos, sino transmitir verdades teológicas fundamentales sobre la relación entre Dios y la humanidad (p. 102). Este enfoque permite abordar de manera más flexible aparentes contradicciones en el texto bíblico.
C.S. Lewis también reflexionó sobre el tema, advirtiendo que centrarse exclusivamente en la inerrancia podría desviar a los cristianos del mensaje central de la redención. Para Lewis (1958), la Biblia no está diseñada para satisfacer curiosidades históricas o científicas, sino para comunicar el plan redentor de Dios (p. 64). Esta perspectiva invita a los lectores a considerar cómo el mensaje bíblico trasciende sus limitaciones culturales para impactar vidas.
Un aspecto clave de la inerrancia limitada es su intento por reconciliar la naturaleza divina y humana de las Escrituras. Por un lado, se reconoce la inspiración divina como fundamento de la autoridad bíblica; por otro, se acepta que los escritores bíblicos operaron dentro de las limitaciones de su tiempo. Este equilibrio es subrayado por Enns (2005), quien explica que las inconsistencias percibidas no disminuyen la autoridad de la Biblia, sino que destacan cómo Dios utiliza lo humano para comunicar su verdad eterna (p. 89).
La inerrancia limitada también ha sido defendida por teólogos que buscan contextualizar las Escrituras en el marco de la modernidad. Esta perspectiva sostiene que, si bien los detalles históricos o científicos pueden ser secundarios, el mensaje central sobre la relación entre Dios y la humanidad permanece inmutable. En este sentido, se enfatiza que las aparentes discrepancias en temas no esenciales no afectan la integridad del mensaje de salvación.
Esta postura ha generado debates en los círculos teológicos. Mientras que algunos consideran que ayuda a reconciliar la fe con el conocimiento contemporáneo, otros argumentan que puede socavar la confianza en las Escrituras como un todo. En cualquier caso, la inerrancia limitada invita a una lectura más matizada y reflexiva de la Biblia, valorando tanto su dimensión divina como su contexto humano.

PERSPECTIVAS NEO-ORTODOXAS
La neo-ortodoxia, un movimiento teológico prominente en el siglo XX, busca replantear el entendimiento de la autoridad y naturaleza de las Escrituras. Protagonizada por teólogos como Karl Barth, esta perspectiva sostiene que la Biblia no es intrínsecamente la Palabra de Dios, sino que contiene la Palabra de Dios cuando es leída bajo la iluminación del Espíritu Santo. Barth explica: “La Escritura se convierte en la Palabra de Dios cuando el hombre se encuentra con Cristo a través de ella” (Barth, 1932, p. 124). Este enfoque busca enfatizar la relación personal y transformadora entre Dios y el ser humano, destacando que la revelación divina es un acto continuo y vivo.
Una de las contribuciones más notables de la neo-ortodoxia es su insistencia en que la Biblia apunta más allá de sí misma hacia Cristo, quien es la revelación suprema de Dios. Según Barth, la Escritura debe ser entendida como un testimonio humano imperfecto de la verdad divina, lo que implica que su autoridad final reside en la persona de Cristo y no exclusivamente en las palabras escritas (Barth, 1932, p. 131). Esto presenta una perspectiva dinámica y centrada en Cristo, aunque también ha generado debates sobre las implicaciones de tal enfoque para la interpretación y aplicación de las Escrituras.
Desde este punto de vista, el encuentro personal con Dios a través de la Biblia es fundamental. Los defensores de la neo-ortodoxia enfatizan que la Escritura no tiene sentido pleno fuera de esta experiencia relacional. Como lo expresa Emil Brunner, otro teólogo asociado con este movimiento, “La Palabra de Dios no es una información objetiva, sino una confrontación viva” (Brunner, 1946, p. 45). En este sentido, el objetivo principal de la Escritura es facilitar este encuentro transformador, más que proporcionar un registro preciso de eventos históricos o verdades absolutas.
A pesar de su enfoque innovador, la neo-ortodoxia ha enfrentado críticas significativas. Algunos argumentan que al sugerir que la Biblia solo “contiene” la Palabra de Dios, este enfoque puede debilitar la confianza en su autoridad objetiva. Por ejemplo, Carl F. H. Henry, un crítico prominente de la neo-ortodoxia, sostiene que este modelo pone demasiado peso en la subjetividad del lector y corre el riesgo de relativizar la verdad bíblica (Henry, 1976, p. 83). Otros, sin embargo, aprecian el intento de Barth de reconectar la teología con una relación personal y viva con Dios, alejándola de un racionalismo excesivo.
Una de las contribuciones duraderas de la neo-ortodoxia es su insistencia en que la Biblia debe ser leída con una dependencia total del Espíritu Santo. Este movimiento desafía a los cristianos a evitar una aproximación meramente intelectual y a buscar una comprensión más profunda a través de la fe activa. Aunque las perspectivas sobre la naturaleza de la Escritura pueden variar, la neo-ortodoxia nos recuerda la importancia de una interacción personal con la Palabra de Dios como medio de transformación espiritual.

ENFOQUES NARRATIVOS Y CRÍTICOS
En las últimas décadas, han surgido enfoques teológicos que consideran la Biblia principalmente como un testimonio de la historia redentora de Dios. Entre ellos, el enfoque narrativo se destaca por su énfasis en la Biblia como una narrativa unificada que comunica la misión de Dios en el mundo. N.T. Wright (2005) explica que “la Escritura debe ser entendida como una narrativa divina que dirige al lector hacia la misión de Dios en el mundo” (p. 57). Este enfoque se centra en cómo los relatos bíblicos forman la identidad cristiana y guían la práctica de la fe.
Un ejemplo notable de este enfoque es el tratamiento de las genealogías en Mateo. Wright (2005) argumenta que no deben evaluarse exclusivamente en términos de precisión histórica, sino como un mensaje teológico que presenta a Jesucristo como el Mesías prometido. Esta perspectiva destaca la intención narrativa de los textos bíblicos, enfatizando su capacidad para transmitir verdades espirituales a través de historias significativas (p. 61).
El enfoque narrativo también reconoce la importancia de los contextos culturales y literarios en la interpretación de la Biblia. Richard Bauckham (2008) afirma que “las narrativas bíblicas no son solo registros históricos, sino representaciones teológicas diseñadas para impactar a sus lectores” (p. 42). Este punto de vista invita a los cristianos a considerar cómo la Biblia modela una visión del mundo centrada en Dios, sin exigir que cada detalle sea interpretado en términos estrictamente literales.
Por otro lado, los enfoques críticos, como la crítica histórica y literaria, examinan las Escrituras desde perspectivas académicas que buscan comprender su formación y contexto. Estas metodologías intentan identificar las fuentes y los procesos que dieron lugar al texto bíblico tal como lo conocemos. Brevard Childs (1979) subraya que la crítica canónica, un desarrollo dentro de este campo, se centra en la Biblia como un texto teológico recibido por la comunidad de fe, más que como un simple producto literario (p. 87).
Estos enfoques han enriquecido el entendimiento de las Escrituras al resaltar su profundidad literaria y diversidad. Sin embargo, también han generado debates sobre el equilibrio entre el significado teológico y la precisión histórica. Algunos estudiosos, como Christopher Wright (2006), enfatizan que la Biblia debe ser leída como una narración integrada que apunta hacia la redención de toda la creación, evitando fragmentaciones que puedan surgir de una aplicación excesivamente crítica (p. 124).
El enfoque narrativo invita a los cristianos a participar activamente en la historia de Dios, permitiendo que los relatos bíblicos transformen su visión del mundo y su identidad. Al mismo tiempo, los enfoques críticos animan a una comprensión más matizada y académica de la Biblia, proporcionando herramientas para apreciar su complejidad. Ambos enfoques contribuyen a una lectura más rica de las Escrituras, desafiando a los creyentes a explorar la profundidad de la Palabra de Dios.

LA INERRANCIA Y EL PENTECOSTALISMO
Dentro del pentecostalismo, la inerrancia se entiende no solo como una doctrina abstracta, sino como una realidad viva que impacta nuestras vidas cotidianas. Creemos que el mismo Espíritu que inspiró las Escrituras sigue iluminándolas hoy para transformar corazones y mentes. Nuestra experiencia espiritual confirma que “ninguna palabra de Dios dejará de cumplirse” (Lucas 1:37, NVI). Como señala Arrington (1993), “El pentecostalismo combina la confianza en la autoridad de la Escritura con una dependencia del Espíritu Santo para su interpretación y aplicación” (p. 212). Adicionalmente, Gordon Fee (1994) enfatiza que la inerrancia no es simplemente una doctrina para defender, sino una verdad que debe vivirse en comunidad (p. 87). Esta combinación de experiencia y confianza en la Palabra de Dios distingue al movimiento pentecostal de otras tradiciones cristianas.
Cuando nosotros, como pentecostales, afirmamos que la Biblia es inerrante, nos referimos a los manuscritos originales, los autógrafos, tal como fueron inspirados por Dios a través de sus autores humanos. Aunque esos escritos originales ya no existen, los estudiosos han trabajado incansablemente durante siglos para reconstruir el texto con una precisión sorprendente. Este trabajo, realizado con un rigor académico sin paralelo, nos asegura que la Biblia que tenemos hoy es fiel y digna de confianza. Como pentecostales, creemos que este cuidado providencial es un reflejo de la soberanía y fidelidad de Dios.
También es importante entender que las afirmaciones de inerrancia se aplican a lo que la Escritura declara y afirma, no necesariamente a todos los detalles secundarios. Además, cabe destacar que la inerrancia no implica que los autores bíblicos escribieran con un estilo técnico o científico según los estándares modernos. La diversidad literaria en las Escrituras es otro aspecto que enriquece su mensaje. Encontramos géneros como poesía, narrativas, profecías, epístolas y literatura apocalíptica. Estos estilos reflejan la intención de los autores inspirados por Dios de comunicar verdades profundas de manera que sus lectores pudieran entender y aplicar. Las figuras retóricas, como metáforas y parábolas, no comprometen la inerrancia, sino que amplían nuestra comprensión de la obra de Dios.
Así pues, para el creyente pentecostal, la doctrina de la inerrancia bíblica no es solo una declaración teológica, sino una afirmación de la fidelidad de Dios hacia su pueblo. La Biblia es más que un conjunto de escritos antiguos: es una fuente viva y confiable que revela el carácter de Dios y su plan redentor para la humanidad. Como pentecostales, confiamos en que la Palabra de Dios es verdadera y poderosa para cambiar vidas, llamándonos a una fe activa y una obediencia genuina.

¿CREEMOS EN LA INERRANCIA?
Desde sus inicios, el movimiento pentecostal ha adoptado una postura alta hacia las Escrituras, considerando la Biblia como la Palabra de Dios viva, inspirada y autoritativa. Aunque no siempre se utiliza el término “inerrancia” en el lenguaje pentecostal popular, la práctica pentecostal refleja una profunda confianza en la veracidad y relevancia de la Biblia. Los pentecostales sostienen que la misma unción del Espíritu Santo que inspiró las Escrituras también guía a los creyentes en su interpretación (Juan 16:13).
Autores como Craig Keener han señalado que, para los pentecostales, la autoridad de la Biblia está inseparablemente ligada a su poder para transformar vidas a través del Espíritu Santo. Keener explica: “Los pentecostales valoran la Biblia no solo como un texto inspirado, sino como un medio a través del cual Dios se encuentra con su pueblo” (Spirit Hermeneutics, 2016, p. 15). Esta perspectiva destaca que la inerrancia no es un concepto abstracto, sino una realidad vivencial que fortalece la fe y guía la práctica cristiana.
La perspectiva pentecostal sobre la inerrancia no solo se centra en la preservación del texto bíblico, sino en la acción continua del Espíritu Santo. Como pentecostales, creemos que el mismo Dios que inspiró las Escrituras asegura que su mensaje llegue a cada generación de manera clara y confiable. Este énfasis en la acción viva del Espíritu Santo distingue la aproximación pentecostal, pues la inerrancia se entiende no solo como una afirmación doctrinal, sino como una invitación a experimentar la Palabra de Dios en el poder del Espíritu.

REFERENCIAS:
· Arrington, F. L. (1993). Christian Doctrine: A Pentecostal Perspective. Pathway Press.
· Barth, K. (1932). Church Dogmatics. T&T Clark.
· Bauckham, R. (2008). Jesus and the Eyewitnesses: The Gospels as Eyewitness Testimony. Eerdmans.
· Brunner, E. (1946). Revelation and Reason: The Christian Doctrine of Faith and Knowledge. Westminster Press.
· Calvino, J. (1960). Institución de la religión cristiana (E. Díaz, Trad.). Casa Bautista de Publicaciones. (Trabajo original publicado en 1559).
· Childs, B. (1979). Introduction to the Old Testament as Scripture. Fortress Press.
· Enns, P. (2005). Inspiration and Incarnation: Evangelicals and the Problem of the Old Testament. Baker Academic.
· Fee, G. (1994). Gospel and Spirit: Issues in New Testament Hermeneutics. Hendrickson Publishers.
· Geisler, N. (2004). Systematic Theology: Volume One. Bethany House.
· Geisler, N. L. (2004). Inerrancy. Zondervan.
· Henry, C. F. H. (1976). God, Revelation, and Authority: Volume 1. Crossway.
· Keener, C. S. (2016). Spirit Hermeneutics: Reading Scripture in Light of Pentecost. Eerdmans.
· Lewis, C. S. (1958). Reflections on the Psalms. Harcourt.
· Pelikan, J. (1971). The Christian Tradition: A History of the Development of Doctrine, Volume 1: The Emergence of the Catholic Tradition (100-600). University of Chicago Press.
· Sproul, R. C. (1979). Explaining Inerrancy: A Commentary. Ligonier Ministries.
· Wright, C. (2006). The Mission of God: Unlocking the Bible’s Grand Narrative. IVP Academic.
· Wright, N. T. (2005). The Last Word: Beyond the Bible Wars to a New Understanding of the Authority of Scripture. HarperOne.