Biblia, Política y Economía

El Jesús comunista y otras mentiras

Por Fernando E. Alvarado

“¡Jesús fue el primer revolucionario comunista!” He oído esta consigna tantas veces que he llegado al punto de sentir náuseas. Y peor aún, entre cristianos. Muchos defensores del comunismo afirman que Jesús de Nazaret fue el primer revolucionario comunista, ¿Es esto cierto? No. Antes bien, creo profundamente que tales afirmaciones no sólo son erróneas, sino hasta blasfemas. Cristo no era comunista, los primeros cristianos tampoco. Nuestro Señor murió en rescate por la humanidad, no por ser un revolucionario comunista.

¿FUE CRISTO EL PRIMER COMUNISTA?

Joseph Goebbels, ideólogo del régimen nazi solía decir: “Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad… Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá.” Pareciera que los comunistas han hecho suya esta idea. Algún propagandista comunista lanzó el slogan y muchos lo repiten aún hoy en día: «Jesucristo fue el primer comunista» ¿Acaso no estaba en contra de los ricos y poderosos? ¿Acaso no alababa a los pobres y necesitados? ¿Acaso no se rodeó de gentes sencillas, de proletarios? ¿Acaso no tronó contra los sacerdotes profesionales, cuyo odio acabó por ocasionar su muerte? ¿Acaso no se saltó la idea elitista del pueblo judío haciéndose amigo de los pobres de otros pueblos? ¿Acaso no se preocupó siempre de la suerte de la gente sencilla? ¿No vivió acaso con sus apóstoles en una comunidad puramente comunista?

Resulta muy seductor para muchos creer que Cristo fue comunista. Después de todo, en muchas universidades se vende la idea de que la gente “inteligente y progresista” debe propugnar ideas socialistas y comunistas, pues esa es la ideología de “los eruditos y la gente educada y de mente abierta”.

Sin embargo, quienes afirman que Cristo fue comunista deben responder antes un par de preguntas: ¿Enseñó Cristo también que toda religión es opio para el pueblo? ¿Que Dios es un invento de la burguesía y los capitalistas para mantener en sus límites al proletariado? ¿Que lo único que importa es la vida terrenal, porque es la única que existe? ¿Que la meta final de la humanidad es el ordenamiento paradisíaco del Estado y que deberá comenzar matando a los gobernantes actuales? ¿Que la moral es un invento de los capitalistas para frenar al proletario? ¿Que sólo importa una clase determinada de hombre, los proletarios? ¿Que la vida del individuo no tiene ningún valor frente a los intereses del Estado? ¿Acaso Jesucristo fue un precursor del materialismo? ¿Consideraba que la oración era una estupidez y la visita al templo un acto reaccionario? Y finalmente, ¿Encomendó a sus discípulos la misión de obligar a las personas a aceptar sus ideas por medio de la fuerza policial? Y aquí he de añadir que precisamente Él era quien entre todos los ostentadores de poder en el mundo habría tenido perfecto derecho a dar esa orden. Él era el más poderoso porque era Dios. Sin embargo, Dios, el único totalitarista justificado, respeta el libre albedrío de los hombres. La frase «Jesucristo fue el primer comunista» es una obra de arte de la hipocresía. Pero si fuera cierto, sería de esperarse que los dirigentes históricos del comunismo mostraran un extraordinario parecido con Jeús, aquél a quien llaman el «primer comunista»: ¿Se caracterizó Marx, al igual que Jesús, por su amor al prójimo lleno de bondad?, ¿Se recuerda a Lenin, al igual que a Jesús, por su humildad y caridad? ¿Acaso Stalin se asemejó a Cristo por su amor a la verdad y su disposición a perdonar?

VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS

El evangelista Lucas describe la comunidad de bienes en la Iglesia primitiva con estas palabras:

“Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo.” (Hch. 2:44-47).

“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ningunodecía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas encomún. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección delSeñorJesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían elprecio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hch. 4:32-35).

Algunos teólogos de la liberación sostienen que estos textos se refieren claramente a una forma incipiente de comunismo llevado a la práctica por los primeros cristianos y que tal experiencia fracasó porque se produjo en una comunidad muy minoritaria rodeada por un gran mundo capitalista que la absorbió. Pero si aquel intento se describe en el Nuevo Testamento no es sólo para conocer la historia antigua de la Iglesia, sino para que también hoy los creyentes procuren poner en práctica ese estilo de comunismo cristiano. Por tanto, la cristiandad contemporánea debería triunfar allí donde la primitiva no lo consiguió. No obstante, es conveniente realizar algunas matizaciones previas.

En primer lugar, la comunidad que describe Lucas no fue la única que practicó esta costumbre de tener todas las cosas en común. También otros grupos no cristianos como los esenios de Qumrán o los terapeutas judíos que llevaban una vida ascética practicaban este tipo de vida comunal. Aparte de esto, las diferencias existentes entre tales experiencias y lo que hoy se entiende por comunismo son evidentes.

Quienes compartían sus bienes lo hacían siempre voluntariamente y no presionados por ninguna autoridad estatal; no todas las posesiones se ponían en común sino que seguía habiendo propiedad privada; esta costumbre sólo se dio en Jerusalén y no hay constancia de que los cristianos de Antioquía o de otros lugares la llevaran también a la práctica; no parece que hubiera una organización muy estructurada para el reparto de los bienes, sino que el texto más bien sugiere que se hacía de forma entusiasta y espontánea; está claro que la experiencia duró poco y quizá en su fracaso pudo influir el hecho de que la venida del Señor no fue tan inminente como algunos esperaban. De todo esto es posible deducir que la práctica del comunalismo fue una experiencia temporal que no tenía por qué tener necesariamente una finalidad normativa para la vida de las futuras generaciones de cristianos.

El propósito del autor del libro de los Hechos, al relatar esta práctica de la comunidad primitiva, no es apelar a la conciencia de los cristianos para que hagan voto de pobreza y renuncien a sus bienes materiales o los repartan entre los demás miembros de la congregación, sino que el principal objetivo de Lucas, en aquellos días en que la situación de pobreza era alarmante y afectaba también a las iglesias, es que los creyentes desarrollasen un espíritu solidario y altruista. La persona que se convierte al Señor debe experimentar un cambio de corazón y de actitud que le lleve a compartir lo que posee con sus hermanos necesitados. El que tiene debe dar al que no tiene con un espíritu generoso y caritativo. Los primeros cristianos no fueron comunistas en el sentido actual, no se entregaron a un experimento total de posesión comunal de bienes, lo que sí pusieron en práctica fue su generosidad para dar limosna y compartir lo que poseían con los muchos pobres que había en aquella época. De manera que su actitud continúa siendo un ejemplo para los creyentes del siglo XXI que, además de la fe, compartimos con ellos un grave problema: los pobres, ese 80% de la humanidad actual que dispone sólo del 20% de la riqueza mundial.

A pesar de los errores que, como se ha visto, pueda tener la forma más radical de la teología de la liberación, una cosa está clara: ha servido para aguijonear la conciencia cristiana adormecida por la sociedad del bienestar. Esto puede llevar a la cuestión acerca del compromiso social del cristiano. ¿Cuál es la mejor opción política para el creyente? ¿el socialismo o el capitalismo? ¿la izquierda, la derecha o el centro? En mi opinión el cristiano puede elegir en conciencia entre diferentes opciones políticas, en todas como se ha visto puede haber aciertos y también equivocaciones, como señala Küng:

“Un cristiano puede tomar en serio su compromiso por la justicia social y, sin embargo, no ver forzosamente la salvación en la socialización de la industria, de la agricultura y, si cabe, incluso de la educación y la cultura, que es lo que cree el socialismo en sentido estricto. Como cristiano también puede estar a favor de una economía social de mercado. Pero, sea cual fuere la postura ante estas cuestiones, sólo podrá llamarse de verdad cristiano quien no ve en Marx, sino en Cristo, la última y decisiva autoridad en cuestiones de lucha de clases, empleo de la violencia, terror, paz, justicia y amor” (Una ética mundial para la economía y la política, Hans Küng, 1980: 361).

Para servir a los pobres y crear una sociedad más justa e igualitaria no es imprescindible recurrir a las ideas de Marx, basta sólo con obedecer el mensaje que desde hace dos mil años está escrito en las páginas del Nuevo Testamento. La revolución fundamental de este mundo es la resurrección que inauguró Jesús y que implica transformación radical del ser humano; con Cristo hasta las mandíbulas de la muerte que parecen triturarlo todo se desvanecen como un sueño y permiten el camino a la verdadera vida. Por eso los creyentes debemos hoy, más que nunca, poner en práctica el ministerio social que se desprende del Evangelio de Jesucristo para que el reino de Dios siga implantándose en este mundo y para que la vida gane finalmente la batalla a la muerte, la injusticia y el sufrimiento. Como recomendó el apóstol Pedro:

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 4:10-11).

UNA PERSPECTIVA CRISTIANA DEL COMUNISMO

Aunque la Biblia no endosa ningún sistema económico, sin embargo, tiene algo que decir cuando cuestiones económicas afectan nuestro valor como seres humanos. La manera en que tratamos los unos con los otros está basada, a menudo, en consideraciones financieras.

Cuando Carlos Marx escribió El Capitalista, a fines del Siglo XVIII, el capitalismo en Inglaterra y Rusia era brutal y desenfrenado. Fue así como se transformó en el germen de revoluciones que resultaron en décadas de opresión comunista. Desafortunadamente, en varios países de América Latina prevalecen condiciones económicas similares a las de esos tiempos, lo cual explica el actual resurgimiento de comunismo en la región. La raíz se encuentra en una relación de corrupción entre empresas capitalistas y los gobiernos que las amparan, permitiendo prácticas de explotación como aquéllas del pasado. Bajo tales condiciones, los pobres se empobrecen más y los ricos se enriquecen más, hasta niveles intolerables.

Los políticos de tales países emplean el término menos alarmante de “socialismo”, cuando lo que en realidad promueven es el comunismo. El socialismo se define como una teoría o sistema político en el cual los medios de producción y distribución son controlados de manera igualitaria y justa por el pueblo y no por las reglas del mercado. El comunismo es una forma extrema de socialismo, el cual se define como una teoría o sistema político en el cual toda la propiedad y riqueza es propiedad de todos los miembros de la comunidad, en una sociedad sin clases.

Bíblicamente hablando, el socialismo y el comunismo se oponen a ciertos principios bíblicos. Por ejemplo:

(1) RAÍCES EN EL HUMANISMO: Todo socialismo es humanista en su raíz, incluido el comunismo. El humanismo asume que El ser humano es básicamente bueno, o al menos moralmente neutral. Si a las personas se les provee de un ambiente correcto y educación, pueden llegar a ser buenas. De allí nace la idea de que es posible una sociedad utópica. Si se produce una generación de seres “buenos”, la utopía es inevitable. El primer error salta a la vista de todo cristiano. Se trata de una ostentosa negación del pecado original y de la naturaleza adámica, que es antítesis de Dios e inherentemente egoísta (Romanos 3:10-18). Además, desestima el poder de la corrupción humana. El humanismo y sus derivados, como el socialismo, niegan la necesidad de la regeneración como el medio de hacer “buena” a una persona y vencer su corrupción innata. El socialismo es la antítesis del Evangelio, porque el Evangelio no es humanista.
(2) EL DERECHO A LA PROPIEDAD PERSONAL: Un principio fundamental del comunismo es abolir el derecho a la propiedad personal, especialmente en el sentido a tener más posesiones que el vecino. El comunismo proclama la equidad, en que cada uno recibe igual porción. La Biblia, sin embargo, afirma claramente el derecho a la propiedad personal e incluso a veces sugiere que el aumento de riquezas puede ser visto como una bendición de Dios. En los Diez Mandamientos dice: «No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo» (Éxodo 20:17). En este mandamiento se sobreentiende que existe el derecho a la propiedad personal. No podríamos codiciar algo si nadie fuera dueño de nada. Esto no puede ser tomado como relativo a la época o cultura del Antiguo Testamento, porque los Diez Mandamientos se reiteran en el Nuevo Testamento, y se dirigen a gente de toda edad y pueblo. El concepto de propiedad personal es inherente a la naturaleza humana creada a la imagen de Dios. Cuando Dios crea a Adán lo pone a cargo de un jardín, el cual le pertenece. El caso de Ananías y Safira nos lo confirma: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? Y vendida, ¿no estaba en tu poder?” (Hechos 5: 3-4). Pedro reconoce el derecho a la propiedad de Ananías, con las palabras «en tu poder». Esto tomó lugar en el tiempo durante el cual ellos «tenían en común todas las cosas» (Hechos 2:44) Aun cuando los primeros cristianos vivían en una situación comunal, los apóstoles nunca negaron el derecho a la propiedad privada.
 (3) EL DERECHO A LA GANANCIA: La ley de la siembra y la cosecha supone a las claras el derecho a obtener ganancia de las inversiones. Pero esto digo: “El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:6,8). Además, en la parábola de los talentos (Mateo 25) Jesús describe cómo un amo puso dinero en manos de sus sirvientes para que lo hicieran producir ganancias. El que no sacó ganancia es el que fue castigado. Aunque la lección de esta parábola es la fidelidad, no las finanzas, sin embargo, muestra que la prosperidad por medio de la inversión no es mala en sí. Si lo fuera, Cristo no habría usado tal ejemplo. En Marcos 10:29-30 Cristo da una promesa a aquellos que se ven forzados a abandonar sus propiedades por causa del Evangelio, debido a persecución. El promete una remuneración. Obviamente, algo de esto tiene sentido figurado, pero dentro de la promesa se encuentra el reconocimiento del derecho a las posesiones personales.

¿ES COMPATIBLE EL COMUNISMO CON EL EVANGELIO?

La Biblia nos habla de la ética política y tiene mucho que decirnos sobre la vida económica. Tiene mucho que decir, aunque por supuesto sus enseñanzas tienen que entenderse en su contexto antiguo y no deben tratarse como modelos a copiar mecánicamente hoy. Nuestra moderna economía es muy distinta a la economía agraria de ellos. Ni el socialismo, ni el comunismo, ni el capitalismo como tal se conocían en tiempos bíblicos. Ningún escritor inspirado pretendió jamás promover o endosar el apoyo divino a algún modelo económico específico; sin embargo, creo que podemos encontrar en la Biblia unos principios fundamentales para nuestra orientación hacia temas económicos y políticos.

Aunque hoy es común ver a personas que dicen ser cristianas y socialistas o comunistas, debemos preguntarnos: ¿Es posible ser cristiano y comulgar con una ideología que ha causado millones de muertes en el mundo? Hay por lo menos 5 razones por las que un cristiano no puede, o no debería, ser comunista:

1) LAS CONSECUENCIAS DEL COMUNISMO: Cuando estudiamos la historia de las revoluciones comunistas, es imposible no sentirnos aterrados por los horrores que los revolucionarios practicaron buscando modificar el sistema económico de sus países. Se estima que en medio siglo 100 millones de personas han sido asesinadas por las dictaduras totalitarias, incluyendo cristianos de varias denominaciones.
 2) EL COMUNISMO SE ALIMENTA DEL ODIO Y PROMETE UN “PARAÍSO” EN LA TIERRA: El comunismo de Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) tiene como base de su doctrina la lucha de clases, la lucha entre dos grupos opuestos: los “oprimidos” y los “opresores” (ricos contra pobres, negros contra blancos, gays contra héteros, hombres contra mujeres, etc.) y es esta lucha de clases la que mueve la historia. El fin de la opresión y entonces un mundo sin desigualdades, vendrán solamente cuando los oprimidos destruyan y sometan al opresor, destruyendo toda cultura opresora independientemente de cuántos deban morir para eso.
3) EL COMUNISMO NIEGA A DIOS Y LA RELIGIÓN: Marx propuso que los oprimidos hagan una revolución que acabaría con la lucha de clases y crearía un paraíso terrenal sin Dios, para promover la igualdad, pues el mal del mundo es la desigualdad. Según Marx, la religión “es el opio del pueblo”, es decir, un fármaco, un medio de mantener a las masas bajo el dominio de los poderosos que debe ser destruido. El Socialismo religioso o socialismo cristiano, implican términos contradictorios: nadie puede ser a la vez buen cristiano y verdadero socialista.
4) LA DESIGUALDAD ES NATURAL Y FRUTO DE LA SABIDURÍA DE DIOS: Analizando el universo nos damos cuenta de que es jerárquico y desigual, yendo desde un mineral, pasando por los vegetales, animales, hombres y los ángeles; hay una jerarquía que promueve la armonía en el cosmos. Si todo el universo se rige por un orden a través de la desigualdad de los seres, tal la ley natural también es igual para los hombres. En los seres humanos también hay desigualdades naturales de los que no se derivan derechos (bajo y alto, gordo y delgado, negro y blanco, calvo y peludo, fuerte y débil) y desigualdades de las que sí se derivan derechos (justos y pecadores, ladrones y honestos, maestros y estudiantes, trabajadores y desempleados, padres e hijos). Esto significa que un hombre no tiene ningún derecho sobre el otro por ser alto y el otro bajo, pero si usted es padre y tiene un hijo, ambos tienen derechos equivalentes y sus prerrogativas. Los hombres son semejantes pero no iguales. Estos poseen la misma naturaleza, por lo tanto los mismos derechos naturales. En este sentido, Dios creó tal desigualdad precisamente para fomentar la cooperación mutua entre los hombres. La ley de Dios es el amor.
 5) LA PROPIEDAD PRIVADA ES UN BIEN NATURAL: La propiedad privada asegura a los hombres la libertad y el derecho a su trabajo para la supervivencia y el bien de la familia. Ella no puede ser quitada por el Estado, pues es un derecho natural de los hombres.

¿Quiere decir esto que Dios apoya incondicionalmente el capitalismo? No necesariamente. Si bien es cierto que los principios básicos del capitalismo concuerdan más con el modelo bíblico, también es cierto que la Biblia condena la forma extrema de capitalismo agresivo, materialista, consumista y deshumanizante. Asuntos como la concentración del poder económico sin control democrático; la desaparición de los valores humanos como consecuencia del aumento del espíritu de lucro; la deshumanización del trabajo que persiste provocando frustración, impotencia y resignación; la crisis de insatisfacción humana o el sinsentido de la vida que genera la propia civilización capitalista, así como la contradicción entre el desarrollo tecnológico y la protección del ser humano y de la naturaleza, siguen siendo asignaturas pendientes en el modelo capitalista. Cristo mismo criticó lo que hoy podríamos llamar el capitalismo materialista deshumanizante: En el Evangelio, Jesús acoge a los desposeídos, las prostitutas y los pecadores, pero clama “¡Ay de vosotros los ricos!”(Lucas 6:24). Anuncia que el Reino de Dios está cerca, pero advierte que “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios”. (Marcos 10:25). Señala una alternativa radical: “Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).

Ni el comunismo ni el capitalismo salvaje son la solución a nuestros problemas. De hecho, ningún sistema político humano lo es, ya que se encuentra viciado y contaminado por el pecado humano. La Biblia explica que el mundo actual está bajo el dominio o gobernación deSatanás. (Mateo 4:9; Juan 12:31; 14:30; 2 Corintios 4:4). Si vemos claramente que los gobiernos actuales son los del ‘príncipe de este mundo’ y todos han de ser desbaratados y reemplazados por el Reino de Dios (por el cual oramos: ‘Venga tu reino’), ciertamente no pondríamos nuestra esperanza en ningún sistema humano. El reino de Dios es la única esperanza de ver realizadas las bendiciones que con tanta intensidad todos anhelamos (Daniel 2:44).

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