Navidad

El Árbol de Navidad, los postes de Asera y los árboles sagrados.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

Quienes se oponen a las celebraciones navideñas y en particular al uso del árbol de navidad como emblema de esta, señalan a menudo que los árboles siempre tuvieron relación con la idolatría y el culto a dioses paganos. En defensa de su postura citan a menudo diversos textos, fuera de contexto, como los siguientes:

“Guárdate que no hagas alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, porque no sean por tropezadero en medio de ti: Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques (plural ʼasche·rím). Porque no te has de inclinar a dios ajeno; que Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Éxodo 34:13, Reina Valera Antigua).

 “Porque ellos también edificaron para sí lugares altos, pilares sagrados y Aseras en toda colina alta y bajo todo árbol frondoso.” (1 Reyes 14:23, LBLA).

 “Destruiréis completamente todos los lugares donde las naciones que desposeeréis sirven a sus dioses: sobre los montes altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso.” (Deuteronomio 12:2, LBLA).

 “Y sabréis que yo soy el Señor, cuando sus muertos estén en medio de sus ídolos alrededor de sus altares, en toda colina elevada, en todas las cumbres de los montes, bajo todo árbol verde y bajo toda encina frondosa, lugares donde ofrecían aroma agradable a todos sus ídolos.” (Ezequiel 6:13, LBLA).

 “No plantarás para ti Asera de ninguna clase de árbol junto al altar del Señor tu Dios que harás para ti. Ni levantarás para ti pilar sagrado, lo cual aborrece el Señor tu Dios.” (Deuteronomio 16:21-22, LBLA).

Con base en los textos anteriores, los cristianos anti-navidad afirman que los árboles son un símbolo pagano prohibido para su uso en el cristianismo ¿Es esto cierto? No, el árbol no es un símbolo pagano, es una maravillosa creación de Dios. Si los paganos convierten a los árboles en ídolos, es su problema. Pero el árbol en sí no tiene porqué ser malo. El árbol nos recuerda que Dios es el Creador. Usemos la lógica: si los paganos beben agua, ¿Hay que dejar de beber agua para no contaminarnos? Si los paganos respiran, ¿hay que dejar de respirar?

¿Acaso los israelitas no fornicaron debajo de los árboles frondosos? Sí, eso dice la Biblia. Pero ¿Qué tiene que ver eso con nosotros los cristianos del s. XXI? Si los rebeldes pecaron contra el Señor debajo de los árboles, esto no quiere decir que los árboles sean malos. Dios no recrimina a los árboles sino a los pecadores. Al fin y al cabo, si los árboles son tan peligrosos, ¿Por qué no los quemamos todos?

El tema en todos y cada uno de estos pasajes no son los árboles de Navidad, pues Cristo aún no había venido a la tierra, el cristianismo no existía aún, ni mucho menos existía la práctica de decorar árboles de Navidad; por lo tanto, quien diga que el escritor sagrado pretende atacar nuestra costumbre moderna de decorar árboles de Navidad, miente. Es el culto a la diosa Asera, con su prostitución ritual y prácticas impuras, lo que condena el texto sagrado.

¿QUIÉN ERA ASERA?

Los textos de Ras Shamra identifican a esta diosa como la esposa del dios El, “Creador de las Criaturas”, y la llaman “señora Asera del Mar” y “Progenitora de los Dioses”, lo que la convierte en madre de Baal. Sin embargo, las funciones de las tres diosas prominentes del baalismo (Anat, Asera y Astarot) debieron intercambiarse fácilmente, como se desprende de las fuentes extrabíblicas, así como del propio registro bíblico. Si bien Astarot figuraba como la esposa de Baal, es posible que a Asera también se la considerase como tal. La forma griega es Astarté, considerada la “diosa de los sidonios” (1 Reyes 11:5).

Como diosa de la fertilidad vegetal, su representación era una estaca o tronco de árbol clavado en el patio de los templos, de los que ya se tienen referencias en el s. XVIII a. C. en la ciudad de Mari, por lo que la palabra Asera sirve también para designar estas estacas sagradas. Asera era también la diosa del amor sexual. Se le conoce entre los babilonios como Ishtar, originalmente llamada Athirat (o Afdirad). Es la gran diosa semítica de la fecundidad. En la Biblia recibe el nombre de Astarot, pronunciación desfigurada de la original ‘Astart, mediante la inclusión de las vocales de la palabra hebrea boset (vergüenza) según la costumbre de los rabinos, para desprestigiar a las divinidades paganas.

En Canaán, el culto a Astarot, muy común entre los cananeos (vecinos de Israel), contaminaría también a muchos israelitas (Jueces 2:13; 3:7; 1 Samuel 7:3-4). La Biblia suministra detalles concretos de ese culto: se veneraba a Astarot bajo la denominación de la «Reina de los cielos» (Jeremías 44:17). Los niños recogían leña por las calles a fin de encender fogatas en su honor; las mujeres hacían tortas sacramentales con su figura; se quemaba incienso y se hacían libaciones para que les fuera propicia, pues se creía que de esta forma los asuntos marcharían mejor.

La adoración de Asera se destacaba por su sensualidad e involucraba la prostitución ritual. Los sacerdotes y sacerdotisas de Asera también practicaban la adivinación. Era simplemente lógico que Dios ordenara la destrucción de dicho culto idolátrico.

LA BIBLIA Y LA ADORACIÓN DE ASERA.

Asera fue representada por el tronco de un árbol sin ramas plantado en la tierra (algo totalmente diferente a nuestro moderno árbol navideño). El tronco generalmente fue tallado en una representación simbólica de la diosa. Debido a la asociación con árboles tallados, los lugares del culto de Asera fueron llamados comúnmente “de Asera” y la palabra hebrea “Asera” puede referirse a la diosa o a un bosquecillo de árboles, de modo que la palabra hebrea ʼasche·ráh (plural ʼasche·rím) puede referirse tanto a un poste sagrado que representa a Asera, diosa cananea de la fertilidad (Jueces 6:25, 26) como a la propia diosa Asera. (2 Reyes 13:6) Sin embargo, no siempre es posible determinar si cierto texto en particular se refiere al objeto idolátrico o a la diosa. Algunas versiones traducen esta palabra como “poste sagrado”, pero la transliteran o adoptan otra solución cuando parece referirse a la diosa. Otras no intentan hacer una diferencia, sino tan solo transliteran la palabra hebrea o la traducen siempre “poste sagrado”. Por otra parte, algunas versiones antiguas la suelen traducir “bosque” (Scío; Val, 1909), traducción que resulta del todo impropia en textos como 2 Reyes 23:6 y 2 Crónicas 24:18, donde se habla de sacar el “bosque” del templo de Jerusalén y de servir a los “bosques”.

Los postes sagrados. Al parecer los postes sagrados estaban en posición vertical, y estaban hechos de madera, o por lo menos tenían partes de ella, pues a los israelitas se les ordenó que los cortasen y los quemasen. (Éxodo 34:13; Deuteronomio 12:3.) Posiblemente fueron simples postes sin tallar, y quizás, en algunas ocasiones, incluso árboles, puesto que al pueblo de Dios se le dijo: “No plantarás ningún árbol para Asera cerca del altar de Jehová tu Dios, que tú te habrás hecho”. (Deuteronomio 16:21.)

Israel y Judá pasaron por alto el mandato expreso de Dios de no erigir columnas sagradas y postes sagrados, y los colocaron sobre “toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso” junto a los altares que usaban para sacrificios. Se ha afirmado que los postes representaban la feminidad, mientras que las columnas representaban la masculinidad. Estos objetos idolátricos, probablemente símbolos fálicos (representaciones del órgano copulador masculino), guardaban relación con orgías sexuales, como lo indica el que ya desde el tiempo del reinado de Roboam hubiera prostitutos (sodomitas) en el país. (1 Reyes 14:22-24; 2 Reyes 17:10.) Solo en raras ocasiones hubo reyes, como Ezequías (y Josías), que quitaron los lugares altos e hicieron pedazos las columnas sagradas y cortaron los postes sagrados. (2 Reyes 18:4; 2 Crónicas 34:7).

Ahora bien ¿El problema eran los árboles o lo que los paganos hacían con ellos? La respuesta es obvia. Incluso Jeremías 10:1-16, el pasaje más usado por los amantes de la eiségesis más que de la sana interpretación para justificar su oposición a los árboles navideños, tienen que admitir que dicho pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el propósito de inclinarse ante él y adorarlo (Isaías 44:9-18). No se refiere a que sea malo adornar árboles como elemento decorativo. Los cristianos no adoramos los árboles de navidad, los consideramos un simple elemento decorativo de la temporada navideña, o ¿Podría decirse que lo que se hace actualmente con los árboles de Navidad es lo mismo que lo que los paganos hacían con los postes sagrados de Asera? ¡Absolutamente no! Entonces ¿Por qué se juzga nuestra conciencia y libertad cristiana por lo que los paganos hicieron con sus árboles siglos antes que naciera el cristianismo?

LA ADORACIÓN DE LOS ÁRBOLES ENTRE LOS PAGANOS Y SU ORIGEN.

Es innegable que los árboles han jugado un rol importante en muchas de las mitologías y religiones, y les han sido dados profundos y sagrados significados durante todas las épocas. Los seres humanos, observando el crecimiento y muerte de los árboles, la elasticidad de sus ramas, la sensibilidad y el anual decaimiento y revitalización de su follaje, los ven como poderosos símbolos de crecimiento, decaimiento y resurrección. Sin embargo, la sacralización de los árboles es más que un simple invento pagano. Es la expresión universal e intercultural de las vivencias del Edén, grabadas de forma indeleble en el subconsciente humano y transmitido a partir de una revelación original.

De todos es conocida la mención de dos “árboles sagrados” en el texto bíblico, los denominados árboles del paraíso. Los árboles del paraíso son dos árboles que aparecen en el Antiguo Testamento en la historia del Jardín del Edén. Uno de ellos es conocido como el “Árbol del conocimiento del bien y del mal” (simplificado como Árbol del Conocimiento; en hebreo עֵץ הַדַּעַת טוֹב וָרָע “Etz haDaat tov V’ra”), ​ y el otro es el “Árbol de la vida”. En este sentido, la veneración de árboles considerados sagrados parece desprenderse de la memoria histórica común a toda la humanidad y su aspiración a recuperar el paraíso perdido por causa del pecado: El árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 1-3). En el Nuevo Testamento, Cristo es presentado como el verdadero árbol de la vida (Isaías 11:1-3, Apocalipsis 2:7; Juan 15:1-2, 14:6, 6:54).

La revelación primigenia llegó a formar parte de las memorias y relatos que acompañaron los pueblos que finalmente se esparcieron por la superficie de la tierra (Génesis 11:1-9). Dichas memorias dieron origen, con el paso del tiempo, a los diversos sistemas de adoración de las naciones, entre ellos la adoración de árboles. Esto puede observarse a través de diversas culturas no necesariamente cercanas:

  • El roble era venerado como un árbol sagrado tanto por los antiguos griegos como por los pueblos celtas, y se decía que era resistente a los rayos.
  • La higuera era considerada por egipcios y griegos como un árbol no sólo sagrado, sino también inteligente. Ellos creían que las hojas de las higueras conversaban con un lenguaje que los hombres primitivos comprendían perfectamente y nosotros hemos olvidado.
  • En la mitología grecorromana, distintos tipos de árboles y otras plantas han sido consagrados a diferentes divinidades. El haya y la encina estaban consagradas a Júpiter. El olivo se consagraba a Minerva. El mirto y el loto, a Venus. El laurel, a Apolo.
  • Los celtibéricos concedían a los árboles sagrados un estatus de símbolo político al servir como centro de reunión de la tribu o incluso como frontera entre unas tribus y otras y hasta no hace demasiado tiempo y especialmente en el norte de España aún se celebraban las reuniones del concejo en torno al árbol principal de la localidad. También podían representar el lugar en el que se celebraban las grandes festividades religiosas de la comunidad, el “nemeton”. Por todo esto, el árbol sagrado de la tribu se convertía en todo un símbolo que podía ser agraviado por los enemigos con el objetivo de crear daño moral.
  • Yggdrasil es el árbol mítico de los nórdicos, que consideraban el “árbol de la vida”, o “fresno del universo”. Los sajones tenían también un árbol sagrado, Irminsul.
  • Los árboles sagrados mitológicos, como el roble de Thor o el ciprés de Kashmar, e incluso otras especies consideradas han sido reconocidas como fuentes de inmortalidad, como el Melocotón en China o el Manzano en la antigua Grecia.
  • En nuestra América, la Ceiba era considerado un árbol sagrado por los mayas, que unía el mundo subterráneo de Xibalba con el mundo de los vivos y situaba una en cada uno de los cuatro puntos cardinales.

LA BIBLIA NOS LLEVA A CONSIDERAR QUE NO TODO SÍMBOLO USADO POR LAS NACIONES PAGANAS TIENE EN SÍ MISMO UN SIGNIFICADO MALO O ESTÁ PROHIBIDO PARA EL PUEBLO DE DIOS. SE NOS MANDA REDIMIR LA CULTURA Y DARLE A LAS COSAS UN SIGNIFICADO “SANTO”.

La higuera era considerada por egipcios y griegos como un árbol sagrado, pero esto no impidió que los profetas hebreos, inspirados por Dios, utilizaran la higuera como símbolo de verdades espirituales o que incluso llegase a ser un símbolo del pueblo hebreo. Los higos y las higueras aparecen en el antiguo y en el nuevo testamento:

  • En el Cantar de los cantares, los brotes de la higuera indican la llegada del verano y el tiempo del amor (Cantares 2:13).
  • En los tiempos bíblicos era muy común que la familia tuviera una higuera en el patio o en la huerta, por su buena sombra y por la facilidad para cultivarla. Por ser un cultivo tan común y tan beneficioso, al igual que la vid, para los profetas representa el ideal de la justicia social y de la paz: que cada familia pueda reunirse y descansar bajo la parra y bajo la higuera (1 Reyes 5:5, Miqueas 4:4, Zacarías 3:10, Jeremías 24:1-10).
  • En Marcos 11:12-25 la higuera seca, símbolo de la falta de fe, es también usada como símbolo de la ciudad que no ha reconocido el paso de Dios.
  • Marcos 13:28-31 relaciona la higuera con los signos de los tiempos (Esta imagen es pronunciada en medio del discurso escatológico).
  • En Lucas 13:6-9 la higuera se usa como símbolo del pueblo de Dios.
  • En Juan 1:48-50: Jesús mismo emplea la figura de la higuera.

Puesto que los egipcios y griegos eran pueblos vecinos o que entraron en contacto con Israel, sería absurdo afirmar que los hebreos desconocían el significado pagano que egipcios y griegos le daban a la higuera. Pero a ellos, incluido los profetas y Jesús mismo, eso no les importó. Emplearon sin problemas de conciencia dicho árbol como símbolo de una realidad diferente. Ellos redimieron para la cultura hebrea un viejo símbolo empleado por los paganos.

Esto mismo puede decirse del olivo, considerado árbol sagrado y venerado por los griegos y romanos, al estar consagrado a la diosa Minerva (Atenea).  Los escritores de la Biblia utilizaron muchas veces el olivo en sentido figurado. Algunas características de este árbol sirvieron para ilustrar la misericordia de Dios, la promesa de la resurrección y una vida familiar feliz. Sin duda, los israelitas apreciaban el olivo por su valioso aceite. Para iluminar las casas, usaban lámparas con mechas que absorbían aceite de oliva (Levítico 24:2). El aceite era esencial en la cocina. Además, protegía la piel contra el sol, y los israelitas lo usaban en la elaboración de jabón para lavar. Los principales productos agrícolas del país eran los cereales, el vino y las aceitunas, por lo que una mala cosecha de olivas era un desastre para las familias israelitas (Deuteronomio 7:13; Habacuc 3:17).

Sin embargo, por lo general abundaba el aceite de oliva. Moisés dijo que la Tierra Prometida era ‘tierra de olivas’, probablemente porque el olivo era el árbol que más se cultivaba en la zona. Debido a su valor y abundancia, el aceite de oliva fue incluso una buena moneda de cambio internacional por toda la región mediterránea. Jesucristo mismo hizo referencia a este árbol y su producto (Lucas 16:5-6). En Salmo 128:3 se compara a los justos y sus descendientes con plantas de olivo. A los siervos de Dios pueda asemejárseles a olivos. David deseaba ser como un “olivo frondoso en la casa de Dios” (Salmo 52:8). Igual que las familias israelitas solían tener olivos alrededor de sus casas, David deseaba estar cerca de Jehová y producir frutos para Su alabanza (Salmo 52:9). El reino de dos tribus de Judá fue como un olivo frondoso, bello de fruto y de forma, mientras se mantuvo fiel a Jehová (Jeremías 11:15-16). El apóstol Pablo no dudó en comparar al pueblo de Dios con el árbol de olivo (Romanos 11:11-24) ¿Acaso no sabía él que era un símbolo de la diosa pagana Minerva?

CONCLUSIÓN.

La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Para esto pueden valerse de símbolos diversos que apuntan hacia la centralidad del Verbo encarnado (y esto incluye el árbol de Navidad). Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Colocar o no el árbol de Navidad en tu casa no significa mayor o menor compromiso con los valores enseñados por Jesús. Hacer una u otra opción debe quedar en la libertad cristiana para decidir sobre asuntos que permiten pluralidad de posibilidades, ya que elegir una de esas posibilidades no contraviene normas fundamentales del ser cristiano. Los que han concluido no hacerlo están en su derecho, lo verdaderamente inquietante es cuando son misioneros de la anti-Navidad y su decisión la quieren hacer válida para los demás y miden la fidelidad al Evangelio con lo que se hace o deja de hacer el 25 de diciembre. A paz nos ha llamado el Señor.

 

 

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