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¿Volver a las sendas antiguas? Sí, pero ¿cuáles?

Por Fernando E. Alvarado*

Los tiempos cambian, la Palabra de Dios, el Evangelio, permanece para siempre. El problema es que algunos llaman Evangelio a lo que no es Evangelio, sino tradición, cultura y costumbre. Cuando las nuevas generaciones abandonan tales tradiciones, cambien sus costumbres y los cambios sociales modifican la cultura, la vieja guardia evangélica tiende a alarmarse, creyendo que lo que ha ocurrido es un acto de infidelidad o apostasía por parte de las nuevas generaciones.

“¡Necesitamos volver a las sendas antiguas!” – nos dicen. Pero ¿Cuáles sendas antiguas? ¿Es a eso a lo que se refiere Jeremías 6:16?

El profeta nos dice: «Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.»

Este texto bíblico es, sin duda, uno de los más utilizados (de forma incorrecta diría yo) por nuestros hermanos más conservadores dentro del movimiento evangélico. Los tales se oponen a cualquier cambio en la práctica, estilo de vida o liturgia cristiana. A menudo suelen defender himnos antiguos o tradicionales, ciertos géneros musicales, el uso exclusivo de ciertos instrumentos en la adoración, formas de vestir, maquillaje, cortes de pelo, cosas que podemos o no consumir, tatuajes, piercing, deportes y actividades físicas que podemos o no practicar, tradiciones y costumbres, entre otras cosas.

Cuando se usa música moderna en la adoración: ¡Apostasía y fuego extraño!; formas creativas de predicar el Evangelio: ¡apostasía y uso de métodos humanistas!; cuando un creyente se preocupa por su apariencia, practica algún deporte o actualiza su guardarropa para adaptarse a la época: ¡Apostasía y mundanalidad!; cuando nos rebelamos contra la tiranía del débil en lo que comemos o bebemos: ¡Apostasía y libertinaje! Y muchas otras cosas semejantes…

“Debemos volver a las sendas antiguas” – nos dicen. Pero, pregunto de nuevo: ¿Qué quieren decir con eso? ¿Costumbres de antaño? ¿Viejas tradiciones? ¿Al nocivo legalismo de las generaciones pasadas? Me temo que la senda antigua a la que ellos apelan es una senda de esclavitud, en donde te condenan por ciertas cosas que nada tienen que ver con el mensaje de salvación en Cristo. Lo cierto es que Cristo, en la cruz, nos redimió de toda maldición (no solo del pecado), sino también de estar sujetos al yugo de esclavitud:

“Estad firmes en la libertad -Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

¿Cuál esclavitud? La esclavitud de la Ley, y no solo de la ley de Moisés, sino de toda forma de legalismo (lo cual incluye el legalismo cristiano). Pues la esclavitud a cualquier forma de legalismo es maldición:

“Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas. Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:10-14).

Quienes han abandonado las sendas antiguas no son aquellos que usan maquillaje, joyas, ropa moderna, piercing o tatuajes. No es aquel que usa jeans para predicar, o coreografías para capturar la atención de sus oyentes. Antes bien, es aquel que cambia el mensaje de salvación por gracia por otro nuevo, el de la salvación por obras. Ellos se han desligado y, en cierta medida, apostatado de las verdaderas sendas antiguas:

“De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gálatas 5:4)

La senda antigua de la que ellos hablan ha sido confundida y en su totalidad mal interpretada; pues lo que se ve en esta senda no es más que mandamientos de hombres. Isaías 29:13 nos dice lo siguiente:

«Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.»

No es mi intención ofender, ni decir que todo legalista es un falso cristiano, simplemente son cristianos que se engañan a sí mismos y distorsionan el auténtico mensaje de salvación, convirtiéndolo en una religión basada en leyes de hombres. Cualquier observador dedicado podrá notar que aquellos que se autoproclaman defensores de la senda antigua tienen cierto parecido con los fariseos en los tiempos de Jesús, pues ellos eran celosos en guardar las tradiciones de los hombres y no las de Dios, tal como muchos evangélicos y lideres religiosos hoy en día. En Marcos 7:7-8, nuestro Señor Jesús nos dice:

«Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestras tradiciones.»

No, la senda antigua no tiene nada que ver con nuestros propios méritos o esfuerzo personal para ganarnos el favor de Dios, no es una lista de reglamentos que debas seguir al pie de la letra. La senda antigua no es que la mujer use velo, vista largo o luzca sin maquillaje, no es que el hombre use corbata para predicar, entone solo viejos himnos o rechace la música moderna, no es que se abstenga de piercing, tatuajes o se abstenga de una copa de vino (y no estoy con esto promoviendo el libertinaje, solo busco ser franco). La senda antigua es un camino de paz, del volver a los principios establecidos por Dios (los reales, sin aditamentos humanos), de amar su santidad (la santidad real, no la aparente que satisface el ego y nos brinda una falsa seguridad debido a lo piadosos que lucimos por fuera) y de caminar en justicia.

La senda antigua «no es cuestión de comidas o bebidas, sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo» (Romanos 14:17, NVI), tampoco es una religión de apariencias y santidad externa, donde el vestuario prima sobre la santidad del corazón, pues «no se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero [el Señor] en el corazón.» (1 Samuel 16:7, PDT). Tiene poco o nada que ver con los ritmos o los instrumentos que usas para adorar a Dios. Volver a la senda antigua es ser fieles a la Palabra de Dios, sin agregados ni añadiduras. Implica regresar a aquella relación que teníamos con el Señor al comienzo de nuestra entrega con él. Significa volver a sentir la pasión y el amor que sentíamos antes por Él.

Y me temo, mi hermano, que muchos de esos promotores de la “senda antigua” sean los primeros extraviados del camino, siguiendo otras sendas que ellos mismos se han creado para lucir “conservadores.”; Queridos hermanos, una palabra tiene el Señor que decir:

“—Les digo la verdad, los corruptos cobradores de impuestos y las prostitutas entrarán en el reino de Dios antes que ustedes.” (Mateo 21:31, NTV)

O quizá hoy sería:

«Ese hombre que desprecias por estar tatuado o tener perforaciones en su cuerpo; esa mujer que ves con malos ojos porque se maquilla, usa joyas y se niega a usar velo; e incluso ese otro que rapea y evangeliza en las calles usando coreografías para llamar la atención de los transeúntes… esos entrarán en el reino de Dios antes que ustedes.”

ACERCA DEL AUTOR:

* Fernando E. Alvarado es escritor, pastor y maestro. Nacido el 19 de Abril de 1980 en la Ciudad de Sonsonate, El Salvador. Licenciada en Ciencias de la Educación, especialidad en Ciencias Sociales de la Universidad de Sonsonate. Graduado en Teología del Instituto Bíblico Betel de las Asambleas de Dios, Anexo Chalatenango Norte y especializado en Misiones en el Centro de Capacitación Misionera (CCM) de la Ciudad de Guatemala. También cuenta con diplomados en Fonética, Misiones Transculturales y Comunicación Transcultural otorgados por el Centro de Formación Misionera de las Asambleas de Dios de El Salvador (CAMAD). El pastor Alvarado también cuenta con formación en teología islámica y diplomados en Ley Sharia otorgados por la Asociación Cultural Islámica Chiita de El Salvador y la Comunidad Islámica Salvadoreña (Sunni). También es especialista en teología mormona, habiéndose graduado del Instituto de Religión SUD en la Ciudad de San Salvador. El pastor Alvarado es miembro de la Society of Evangelical Arminians (SEA). Está casado con Cesia Abigail Cruz de Alvarado, también pastora y ministra licenciada de las Asambleas de Dios. Es el pastor principal del Templo Cristiano Maranatha (Asambleas de Dios), una congregación local ubicada en la ciudad de Tejutla, Chalatenango.

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