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Cesacionistas, ¡Venzan el miedo a lo sobrenatural!

Por Fernando E. Alvarado

¿Han cesado los dones espirituales? En ninguna manera. ¡Y no cesarán hasta que Cristo venga! Lo que comenzó en Pentecostés y renació con el Movimiento Pentecostal en el siglo XX no cesará hasta que el Señor (y no sus falsos voceros) lo diga. El reconocido predicador estadounidense A. W. Tozer dijo en cierta ocasión:

“Por espacio de una generación, ciertos maestros evangélicos nos han dicho que los dones del Espíritu cesaron con la muerte de los apóstoles o al ser completado el Nuevo Testamento. Esto, por supuesto, es una doctrina que carece totalmente de respaldo bíblico. Sus defensores deben aceptar plenamente la responsabilidad de estar manipulando la palabra de Dios.”  (A. W. Tozer, La Vida Más Profunda, Cap. 3, p. 27)

Tozer, a quien ni siquiera podemos etiquetar como pentecostal, fue claro al afirmar que los dones espirituales siguen vigentes. Tristemente, muchos pentecostales (si aún se les puede llamar así), se han tragado el cuento cesacionista y hoy dudan de las cosas que en otro tiempo creyeron: “Eso no es de Dios”, “El Espíritu Santo no obra así” “Esos desórdenes no proceden del Espíritu”, “Doy gracias a Dios que me sacó de la iglesia pentecostal en la que crecí” “Ahí solo emocionalistas van”.

VIEJAS MAÑAS, NUEVO ROSTRO, ¡PERO LO MISMO DE SIEMPRE!

Este desprecio hacia el pentecostalismo no es nuevo. Es solo una versión modificada del viejo desprecio protestante hace sus hermanos pentecostales: “Los pentecostales no son nada más que la basura que las otras iglesias han descartado”, decían antes.  Esa era la opinión de muchos protestantes en la primera mitad del Siglo XX, cuando el pentecostalismo, que aún era un movimiento nuevo, se extendía imparable a todas las naciones. Hoy, más o menos un siglo después, los pentecostales han pasado a ser “la basura más codiciada” por aquellas iglesias cuya única manera de crecer, es pescando en río ajeno. Hoy el dicho ha cambiado a “Los pentecostales solo sirven para surtir de nuevos miembros a las iglesias reformadas”.

Y es que el movimiento neocalvinista moderno es incapaz de verdadero evangelismo ¡Simplemente no se les da! (Claro, para eso se necesita poder de lo alto, ¡pero en eso no creen!). Si de su trabajo evangelístico y misionero dependiera ¡hace mucho se hubieran extinto! Sin jóvenes pentecostales que seducir con sus falacias ¿Cuántos miembros crees que ganarían solo ofreciendo simposios, becas para sus seminarios teológicos, haciendo conferencias o publicando libros? Sobreviven gracias a quienes aborrecen, a quienes llaman herejes y a quienes sueñan con borrar del mapa.

Como bien lo señalaron en un post reciente nuestros hermanos de Pentecostalismo Máximo, (1) muchas iglesias tradicionales no han caído del todo en las garras de la secularización gracias a su brazo carismático, (2) las únicas iglesias que siguen creciendo en el “primer mundo” (Europa, Australia, Nueva Zelanda y Norte América) son las iglesias pentecostales-carismáticas; (3) hoy en día, la mayoría de los seminarios y universidades de iglesias tradicionales solo pagan sus facturas gracias a las cuotas aportadas por sus estudiantes de iglesias pentecostales y carismáticas, los cuales generalmente son mayoría. Si estas escuelas dependieran únicamente de los ingresos aportados por los miembros de sus iglesias, hace mucho hubieran quebrado. Lo mismo ocurre con las conferencias, simposios y la venta de libros. ¿Necesito ser más claro?

Los nuevos grupos “reformados” y cesacionistas, hijos de aquellas mismas denominaciones históricas, que hace más de un siglo esperaban y soñaban con un despertar espiritual, son las mismas que hoy en día menospreciaban a los pentecostales mientras miran al cielo esperando su particular “avivamiento genuino”. Pero el avivamiento esperado por ellos no vendrá, como tampoco vino para sus antecesores. El avivamiento que esperaban falló por cuanto ignoró al Espíritu Santo, el autor del avivamiento. Lo que ellos esperaban, en cambio, se convirtió en extinción, deserción y apostasía. Hoy esas iglesias decrecen, y al igual que los judíos de antaño que rechazaron a Jesús porque esperaban un “mesías diferente”, más acorde a sus gustos, las iglesias nacidas de la Reforma del siglo XVI rechazaron la unción de lo alto que trajo a sus puertas el movimiento pentecostal.

Y este mismo destino les espera a sus vástagos cesacionistas modernos, ya que ¿Cómo pueden pretender un avivamiento quienes le niegan al Espíritu Santo la soberanía? ¡Irónico! ¡Hablan tanto de soberanía y encajonan al Espíritu Santo con sus dogmas, impidiéndole actuar libremente en sus congregaciones! Sí, porque negar la vigencia y operatividad de los dones, sin tener el más mínimo fundamento bíblico para ello, es resistir al Espíritu o apagar el fuego de su don. Martyn Lloyd Jones, un ministro y médico muy influyente en el ala reformada del movimiento evangélico del siglo XX, dijo:

“Algunas personas, por naturaleza, tienen miedo de lo sobrenatural, lo fuera de lo corriente y el desorden. Puedes temer tanto al desorden, y estar tan preocupado con la disciplina, el decoro y el control, que te hagas culpable de lo que la Biblia llama «apagar al Espíritu». No tengo la menor duda de que ha habido mucho de esto.” (Martin Lloyd-Jones, Gozo Inefable, Cap. I, pp. 19)

¡Cuánta verdad! Las nuevas denominaciones y grupos cesacionistas de hoy pretenden una especie de avivamiento diferente, muy a su gusto. Un avivamiento de las clases altas, eruditas, elitista y refinado. Un avivamiento que sea del tipo de aquellas señoras elegantes que intentan correr sin despeinarse, es decir, correr pero que no les afecte mucho; no vaya a ser que se pierda aquella apariencia que tanto les costó conseguir. Pero ¿Entenderán realmente lo que es avivamiento? El Dr. Martyn Lloyd Jones de nuevo nos aporta luz en esta área:

 “¿Qué es un avivamiento religioso? Se reconoce generalmente que la mejor forma de definir un avivamiento es como una vuelta de la Iglesia al libro de Hechos, una especie de repetición de Pentecostés, el Espíritu derramándose nuevamente sobre la Iglesia. Esto, naturalmente, es una porción de doctrina imprescindible y esencial.” (Martin Lloyd-Jones, Gozo Inefable, Cap. II, p. 39)

¡Pero las iglesias (o sectas) cesacionistas de hoy parecen no entenderlo! Tales individuos, grupos e iglesias, con apariencia de “señoras elegantes”, quieren un Pentecostés sin el estruendo de un viento recio, sin lenguas como de fuego y sin manifestaciones sobrenaturales, es decir, no están dispuestas a aparecer delante del mundo como si estuvieran “llenas de mosto”. Quieren un Pentecostés, sí, pero que se parezca lo menos posible al original. Un Pentecostés de élite en el cual sea el Espíritu Santo quien se adopte a los dogmas y liturgia reformada, antes que cederle a Él el control de sus iglesias y vidas. Sobre estos “apagadores del Espíritu” el Dr. Martyn Lloyd Jones admite con total franqueza:

“Vemos que el acento se pone en el sosiego, la sobriedad… Leemos frases como: «La plenitud del Espíritu no implica tanto una experiencia mística privada como una relación con Dios». Todo esto no es sino minimizar el aspecto experimental de la cuestión… De manera que cualquier impresión que pueda darse en cuanto a que se trata de una cosa tranquila, sobria y que pasa casi inadvertida, me parece que raya en lo que el Apóstol llamaría «apagar al Espíritu» …Y cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios… Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos. ¿Sobrio? ¿Tranquilo? ¿Recatado? Querido amigo, ¿por qué no prestar atención a las pruebas? Este es el tipo de cosa que sucede cuando el Espíritu «viene» sobre un hombre. Hasta el edificio tembló, y esta tremenda exaltación de espíritu tuvo lugar en la experiencia de los Apóstoles y los demás creyentes.”  (Martin Lloyd-Jones, Gozo Inefable, Cap. III, pp. 60-61, 65)

PENTECOSTAL ¡NO TE VENDAS POR UN PLATO DE LENTEJAS AÑEJADAS!

Mantente fiel en el lugar que Dios te puso, el pentecostalismo es un movimiento con mucha vida, y en donde abunda la vida es normal que surjan desafíos y se cometan errores ¡sólo los muertos no se equivocan, no danzan, no hablan, ni se emocionan! Entonces, si ves errores en tu congregación corrígelos, primeramente con tu ejemplo y luego con mansedumbre, dulzura y amor, pero no huyas cobardemente. Recuerda que la pureza del Evangelio o la sana doctrina no se demuestra dividiendo iglesias, haciendo conferencias para “destrozar” al arminianismo o “condenar” los desórdenes en la liturgia pentecostal. Tampoco se demuestra «cazando herejes» en las redes o dándotelas de “piadoso y sana doctrina” en tu canal de YouTube (por favor, díganle esto a Manuel Vaz y a Will Graham, ya que hasta sus ingresos por audiencia dependen de nosotros los pentecostales que, irónicamente, apoyamos a quienes nos odian tanto).

No perdamos nuestra esencia por parecernos a otros grupos. No traicionemos nuestra fe por encajar con los modelos y cosmovisiones “deformadas” que se nos intenta vender. Y cito nuevamente a nuestros hermanos de Pentecostalismo Máximo:

“El surgimiento de teólogos pentecostales ha revolucionado la teología en el contexto anglosajón. Hoy, algunos de los grandes especialistas del Nuevo Testamento provienen del contexto carismático pentecostal. Ejemplos: Craig Keener, Max Turner, Gordon D. Fee, Larry Hurtado, entre otros. Algunas referencias en Teología Sistemática son igualmente pentecostal-carismáticas: Amos Yong, Frank Macchia y Veli-Matti Kärkkäinen, etc.”

¡Qué tal erudición nos acompañe siempre! Pero sin desatender nuestra base ni caer en elitismo y desprecio hacia las clases bajas y desposeídas de la sociedad, esos entre los cuales las élites protestantes no trabajan, pero que son los que derraman su alma ante el Señor sin limitaciones y permiten que el avivamiento continúe. Aquellos que hoy quisieran desaparecernos se refugian en el elitismo (por eso fracasaron en el pasado y lo seguirán haciendo), mientras olvidan felizmente que “Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte.” (1 Corintios 1:27, LBLA).

Ellos podrán burlarse todo lo que quieran de nuestros predicadores sencillos, esos que testifican que Dios los sacó de las drogas, de las pandillas, la prostitución, la brujería o el crimen. ¡Esto suena ridículo en comparación con sus “predicadores expositivos”! Esos que no han sido libres de nada, sino que sólo se paran en conferencias para testificar de como Calvino los liberó del arminianismo o MacArthur del continuismo ¡Qué ridiculez tan sectaria!.  Mientras tanto, como dice mi amigo y hermano Eliseo Jeremías Enrique (director de Pentecostalismo Máximo):

“El pentecostalismo sigue siendo el lugar donde los más pobres encuentran espacio. No solo escuchan el Evangelio, también encuentran dignidad. En muchos contextos, la iglesia es la única forma en que un joven inmerso en el inframundo del crimen y las drogas encuentra una salida en sus comunidades.”

¡DESPERTEMOS!

Pentecostales, hagamos nuestras las palabras de Pablo:

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.” (1 Corintios 2:1-6 RVR1960)

¡Qué ellos se jacten de su conocimiento, de sus “cinco puntos”, de su legado histórico, tradiciones, dogmas y confesiones de fe! Entre nosotros, sin embargo, “si alguno quiere gloriarse, que se gloríe del Señor” (2 Corintios 10:17, DHH).

¡Qué sigan dando conferencias! ¡Qué se gasten en simposios, que escriban libros, den charlas y sigan intentando robarse miembros difamando al pentecostalismo y blasfemando de lo que no conocen! Nada podrá detener aquello que se ha originado en Dios, pues “No depende del ejército, ni de la fuerza, sino de mi Espíritu, dice el Señor todopoderoso” (Zacarías 4:6, DHH)

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