Asambleas de Dios, Bautismo en el Espíritu Santo, Cesacionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Bendición o castigo | ¿En qué consiste el «Bautismo de fuego» del cual habló Juan el Bautista?

Por Fernando E. Alvarado

Juan el Bautista proclamó que Jesucristo vendría y bautizaría “en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11). Pero ¿A qué se refería con eso? ¿Es el bautismo de fuego algo que deberíamos desear o evitar? Existen dos formas opuestas de interpretar este texto, una sustentada por los pentecostales y otra por el sector evangélico cesacionista.

EL PUNTO DE VISTA NO PENTECOSTAL

Para aquellos que sostienen una perspectiva no pentecostal (o declaradamente anti-pentecostal), el anhelo por ser bautizados en Espíritu Santo “y fuego” no sólo es erróneo, sino totalmente absurdo. Para ellos, el bautismo en fuego no es algo que debamos desear, sino algo de lo cual debemos huir, ya que implica castigo para los que no se arrepienten. Según su interpretación, el bautismo de fuego hace referencia a ser arrojados eternamente en el lago de fuego, es decir, ser condenado a la segunda muerte. Por lo tanto, definitivamente no es algo deseable.

¿Por qué piensan eso? En el versículo 8, Juan el bautista les exigió pruebas a los fariseos y saduceos de que se habían arrepentido del pecado. Según esta interpretación, Juan empleó dos alegorías para establecer un principio. Primero, les señaló que cuando un árbol no da buen fruto, es cortado de raíz y quemado en el fuego (v. 10).

La segunda alegoría se basaba en el aventamiento del trigo. Aventar significa separar el trigo de la cáscara, el tallo y la paja. Juan estaba dando a entender cómo Jesucristo va a tratar a las personas que no dan fruto: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mateo 3:12).

Así pues, Dios quiere que seamos semejantes a Cristo y que demos buen fruto. Si lo hacemos, Jesús nos promete la vida eterna, lo cual es el mensaje del evangelio. Quienes se nieguen a arrepentirse y cambiar su modo de pensar serán consumidos por el fuego (Malaquías 4:1).

En resumen, para los no pentecostales, Juan está hablando aquí de dos bautismos. Afirman que Jesús afirma que él bautizará a algunos en Espíritu y a otros en fuego. Dicen que Juan implica que su audiencia estaba dividida en dos grupos: aquellos quienes aceptarían al Mesías y serían salvos, y aquellos que lo rechazarían y se perderían. El Mesías sumergirá en el Espíritu Santo a aquellos que lo acepten y sumergirá en fuego a aquellos que lo rechacen en el juicio ardiente del infierno. La evidencia principal para este punto de vista es la referencia inmediata al proceso de separar el trigo de la paja, después del cual, «quemará la paja en fuego inextinguible» (Lucas 3:17; véase Mateo 3:10, 12).

EL PUNTO DE VISTA PENTECOSTAL

Los pentecostales, por otro lado, afirmamos que el bautismo «en el Espíritu Santo y fuego» es un solo bautismo. Entendemos el bautismo de Cristo «en el Espíritu Santo y fuego» como un evento salvífico singular. Alfred Plummer, por ejemplo, en su comentario sobre Lucas, declara:

«Más probablemente, el fuego se refiere al poder iluminante, encandilado y purificador de la gracia dada por el bautismo del Mesías… la purificación del creyente en vez del castigo del no creyente parece ser lo que se quería decir»[1]

Que el bautismo mesiánico con fuego es el mismo que el bautismo mesiánico en el Espíritu Santo se deduce a partir del mismo texto. De acuerdo con el erudito en griego Larry Chouinard, el argumento más fuerte para este punto de vista es la construcción gramática de la frase «en el Espíritu Santo y fuego». Aquí hay solo una preposición (griego, “en”, español “en”) gobernando los dos objetos directos, «así naturalmente indicando un bautismo compuesto de dos elementos»[2]

De acuerdo con Chouinard, la regla de gramática griega que se aplica aquí es que si una preposición tiene dos objetos, los objetos son lo mismo o son muy parecidos. Si alguno piensa que tal “regla” gramatical no puede ser absoluta y obligatoria, debe recordar que Juan 3:5 tiene exactamente la misma construcción: «el que no nace de [“ek”] agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios». Muchos usan la regla de una preposición en Juan 3:5 para mostrar que no podemos separar nacer del Espíritu de nacer del agua. Si apelamos a la regla en Juan 3:5, la consistencia nos requiere aplicarla de la misma manera en Mateo 3:11 y Lucas 3:16.

Entendiendo entonces que el «bautismo en el Espíritu Santo y fuego» es uno solo y el mismo, resulta evidente que el “fuego” del que aquí se habla no puede ser “el lago de fuego” o “muerte segunda” sino que es el fuego de purificación y purga de pecados, lo cual es parte de la esencia misma de la obra del Espíritu de regeneración, empoderamiento y continua santificación. No podemos ignorar que el fuego en la Biblia no siempre es un símbolo de juicio e ira. Malaquías 3:2-3, por ejemplo, nos dice:

«¿Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando Él aparezca? Porque Él es como fuego de fundidor y como jabón de lavanderos. Y Él se sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.» (NBLA)

En Zacarías 13:9 Dios dice: « Y meteré la tercera parte en el fuego, los refinaré como se refina la plata, y los probaré como se prueba el oro. Invocarán Mi nombre, y Yo les responderé. Diré: “Ellos son Mi pueblo” y ellos dirán: “El Señor es mi Dios”». (NBLA). Ejemplos similares pueden encontrarse también en Isaías 4:4; 6:6-7 y 1 Pedro 1:7.

El “bautismo en Espíritu Santo y fuego” también nos recuerda el fuego purificante que limpiará al universo de todo pecado en la re-creación y renovación de la creación en los tiempos finales (2 Pedro 3:7-13; Mateo 19:28). De forma parecida, cuando el Espíritu Santo regenera al pecador, el «bautismo en fuego» purifica el alma dando muerte al viejo hombre de pecado (Romanos 6:1-6) y creando una nueva forma de vivir en el Espíritu.

La morada interna del Espíritu luego continúa purificándonos, dándonos poder para darle muerte a las obras pecaminosas de la carne (Romanos 8:13) y luego emporándonos para el servicio al recibir la plenitud del Espíritu Santo (Hechos 1:8). Así pues, el bautismo en “el Espíritu Santo y fuego” alude al poder regenerador, santificante y habilitador del Espíritu Santo, no al lago de fuego del cual debemos huir.

¿DEBEMOS ANHELARLO?

¡Absolutamente sí! Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo y la llenura en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. El hecho de que las Escrituras señalen que en el día de Pentecostés a los primeros cristianos “se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.” (Hechos 2:3) es un claro indicativo de que Jesús hablaba de la misma experiencia al referirse a un bautismo “de fuego” disponible para sus seguidores.[3]

Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4,8; 1 Corintios 12:1-31). En la interpretación pentecostal, esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12-17; 10:44-46; 11:14-16; 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente participa de experiencias como la de ser lleno del Espíritu (Juan 7:37-39; Hechos 4:8); una mayor reverencia hacia Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28); una consagración más intensa a Dios y una mayor dedicación a su obra (Hechos 2:42); y un amor más activo a Cristo, a su Palabra, y a los perdidos (Marcos 16:20). ¡Esta es una vida llena de “fuego santo”! Una vida que todo creyente debería anhelar.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES


[1] Alfred Plummer, A Critical And Exegetical Commentary Gospel According To St. Luke, Nabu Press (2010), p. 95

[2] Larry Chouinard, Matthew. The College Press NIV commentary (Joplin, Mo: College Press, 1997), p. 71.

[3] Pensamiento Pentecostal Arminiano, “La Llenura santificante del Espíritu Santo”, https://pensamientopentecostalarminiano.org/2020/10/08/la-llenura-santificante-del-espiritu-santo/

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