Adoración, Música,

La música en la iglesia

Por Fernando E. Alvarado

Me asombran las múltiples y diversas formas en que los cristianos perdemos el tiempo discutiendo entre nosotros mismos y criticándonos de mil y una manera diferentes. Todos queremos mostrar cuán ortodoxos, cuán conservadores, cuán espirituales y devotos somos. Todos queremos probar cuán leales a la “sana doctrina” y cuan apegados a las “sendas antiguas”, al legado de la Reforma o al tradicionalismo de nuestra escuela de interpretación teológica estamos. Así de cerrados, oxidados y petrificados estamos en nuestra “espiritualidad” de eras pasadas, tan orgullosos de nuestra supuesta erudición y superioridad intelectual que despreciamos lo que nos es extraño, lo novedoso y todo aquello que resulta ajeno a nuestros gustos particulares ¡Ni siquiera los géneros musicales escapan a esta ridícula discusión por saber quién tiene la razón o quién es mejor!

¿PUEDEN UTILIZARSE PARA LA GLORIA DE DIOS TODOS LOS GÉNEROS MUSICALES?

¿Has visto cristianos etiquetando a otros de superficiales, carnales, imitadores del mundo, vacíos intelectuales y de gustos pobres y baratos, porque no se adaptan a lo que la “élite” espiritual e intelectual evangélica piensa que es correcto? Yo sí. Y lo veo a diario en grupos, comunidades virtuales y páginas de Facebook: “Ese ritmo es del diablo”, te dicen; “esos instrumentos musicales no son para adorar a Dios”, pregonan; “el trap, el reggaetón, el reggae, la música rock, y todos esos ritmos tropicales (o quizá la ranchera, o cualquier otro ritmo que no encaje con sus gustos) no son cristianos”, y rematan con la típica frase: “Esas cosas no se deben usar para adorar a Dios. Son del diablo”. Los que se creen intelectuales te dirán quizá: “A la gente inteligente no le gustan esos ritmos. Esa es cosa de gente boba y sin educación” (¿en serio?).

Pareciera que hemos olvidado que las preferencias y gustos musicales varían según la época y contexto cultural de cada individuo y sociedad; y aunque esto puede sonar incómodo para algunos, decir que a Dios sólo se le puede adorar utilizando ciertos estilos y ritmos musicales es un error. Es ir más allá de lo que la Biblia afirma. Dios es la fuente suprema de todo conocimiento, incluso musical y, por consiguiente, todos los ritmos pueden utilizarse para darle la gloria a Él: los movidos y los lentos, los fuertes y los suaves, los clásicos y los nuevos. ¡Dios se puede glorificar a través de cada uno de ellos! Pueden no gustarnos a nosotros, pero esto no significa que Dios los deseche o le desagraden ¡Dios no es prejuicioso ni “snob” como nosotros! Cada cultura, cada grupo etario, cada generación alaba a Dios con lo que tiene. Lastimosamente, muchos cristianos defienden con pasión su estilo preferido como el más bíblico o digno para Dios. Pero, ¡no existe un estilo bíblico! La música ‘cristiana’ no existe como tal: Solo hay música con letra cristiana. Lo que convierte a una canción en sagrada son las palabras, no la melodía.

LA MÚSICA NO ES CRISTIANA NI SECULAR. LA MÚSICA ES UN REGALO DE DIOS

No se trata de catalogar los géneros musicales como “música de Dios y música del mundo”, afirmando que la música cristiana se limita a ritmos suaves como baladas, pop, góspel o ritmos similares. Eso simplemente no es cierto. Como tampoco es cierto que otros ritmos como el trapp, el reggae, el hip hop, el reggaetón o cualquier otro tipo de música urbana (o de otra índole) sean música “mundana” y, por lo tanto, prohibida para los cristianos.

El reggaetón, el trap y el hip hop, por ejemplo, son algunos de los géneros que más controversia han provocado en los creyentes (tal como sucediera con el rock en años anteriores). Muchos no aceptan a los llamados “Cantantes de reggaetón, trap y hip hop cristiano” y mucho menos que se use este género al interior de las iglesias, argumentando que este género musical no puede alabar a Dios ya que su origen y sus principales exponentes lo usan con letras inapropiadas. Es cierto que el reggaetón y muchos otros géneros musicales no fueron creados por cristianos, ni el objetivo fue precisamente llevar el evangelio, pero entonces ¿Sería correcto afirmar que no podemos adorar a Dios con algo que originalmente fue usado por hombres con fines seculares? Esta pregunta permite pensar que entonces no podríamos usar prácticamente ningún ritmo, ya que tampoco fueron creados por cristianos ni fueron creados originalmente para el culto a Dios.

¿Dónde quedan entonces los ritmos latinos como la salsa, el merengue, el vallenato, la música andina y diversos ritmos tradicionales de América, África o cualquier otro continente? ¿O es que solo la música clásica y otros géneros importados de los pueblos de raza blanca, preferentemente europeos o norteamericanos, son aceptables para Dios? No lo creo. El sueño de Dios siempre ha sido que gente de

“todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas” (Apocalipsis 7:9) le adoren según sus propias formas y contextos culturales. Y esto incluye la música en sus variadas formas. Si solo nos estuviera permitido usar la música que en su época aprobó Agustín, Lutero, Calvino o cualquier otro personaje en la historia de la religión ¿Dónde estaríamos actualmente con nuestra vida de adoración? Si sólo pudiéramos usar aquellas cosas creadas por “cristianos”, ¿En qué nivel de desarrollo y progreso estaría nuestra sociedad hasta la fecha? ¿Por qué no más bien entender que “cada uno ha recibido un don especial” y que debemos usarlo sorviéndonos “los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.” (1 Pedro 4:10)?

Quienes piensan que sólo lo nacido en el seno de la iglesia es válido como forma de expresión cristiana, y que algo debe desecharse porque el mundo hace mal uso de él, parecen ignorar que su razonamiento los obliga a ir más lejos ya que, si desean ser coherentes con dicho razonamiento, tampoco podrían usar los medios de comunicación para llevar el evangelio, y mucho menos el internet para transmitir su mensaje; ya que fueron invenciones seculares y gran parte de su contenido es dañino y destructivo. Sin embargo, así como los medios de comunicación, la música es un canal para transmitir un mensaje y sabemos que Dios usa todos los medios para expandir su reino. Este es precisamente el caso con los diversos géneros musicales.

La Biblia es muy clara al respecto cuando nos dice que la música fue creada por Dios para alabanza y gloria de Sí mismo:

“Alabadle a son de bocina; alabadle con salterio y arpa. Alabadle con pandero y danza; alabadle con cuerdas y flautas. Alabadle con címbalos resonantes; alabadle con címbalos de júbilo. Todo lo que respira alabe a Jehová.” (Salmo 150.3, 6)

Satanás es simplemente un imitador de lo que Dios ha creado y busca constantemente la manera de desviar y tergiversar el propósito divino de la música. No podemos dejar que Satanás nos robe la música, pues todos los géneros y todo lo que existe, fue creado para dar gloria a Dios:

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11.36, LBLA).

No se trata de preguntarnos si existen géneros musicales que no son de Dios, sino tener claro que Él fue quien creó la música. Por lo tanto nuestra pregunta debe enfocarse en cuál es la intensión de nuestros corazones y usar la música para acercarnos a Él y glorificarle, cualquiera que sea el ritmo. No se trata de los ritmos que a ti te gusten. Se trata de Dios:

“¿Quién eres tú para criticar al servidor de otro? Si queda bien o queda mal, es asunto de su propio amo. Pero quedará bien, porque el Señor tiene poder para hacerlo quedar bien.” (Romanos 14:4, DHH)

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