Arminianismo Clásico, Calvinismo

Apostasía de un creyente | Hebreos 6:4-9

Por Fernando E. Alvarado

Aunque algunos incluyen al libro de Hebreos entre los escritos por el apóstol Pablo, la verdadera identidad del autor sigue siendo un enigma. Aquí falta el acostumbrado saludo, tan común en sus otras epístolas. Adicionalmente, la sugerencia de que el escritor de esta epístola se basa en el conocimiento e información provista por otros que realmente fueron testigos presenciales de Jesucristo (2:3) hace que la autoría Paulina resulte dudosa. Algunos le atribuyen su escritura a Lucas; otros sugieren que Hebreos pudo haber sido escrito por Apolos, Bernabé, Silas, Felipe, o Aquila y Priscila. Independientemente de la mano humana que sostuvo la pluma, el Espíritu Santo de Dios es el divino autor de toda la Escritura (2 Timoteo 3:16). Por tanto, Hebreos habla con la misma autoridad canónica que los otros sesenta y cinco libros de la Biblia.

El propósito de esta magistral epístola es claro: Muchos de los primeros judíos creyentes, estaban volviendo a caer en los ritos y rituales del judaísmo, a fin de escapar de la creciente persecución. Entonces, esta carta es una exhortación para que estos creyentes perseguidos continuaran en la gracia de Jesucristo. El escritor de Hebreos quiere exponer la supremacía de Cristo y advertir contra la deserción de Él a algún sistema de creencias inferior e inadecuado. Parece que su énfasis en la supremacía de Cristo es en parte, si no principalmente con el propósito de demostrar a sus lectores la tontería y la naturaleza espiritualmente fatal de tal deserción. Parece particularmente preocupado de que sus lectores puedan ser persuadidos a volver al judaísmo. También le preocupa el endurecimiento de los efectos del pecado en los corazones de aquellos que lo dejan ir sin control. La naturaleza de este pecado no siempre es clara, aunque es cierto que el escritor inspirado ve la culminación final de tales pecados y la dureza espiritual que resulta de ellos como el acto decisivo y deliberado de la apostasía.

LA INTERPRETACIÓN CALVINISTA

El calvinismo tradicional enseña que todo aquel que ha sido escogido y redimido por Dios, mediante la fe en Cristo por su gracia, éste indudablemente nunca podrá perder su salvación y será guardado del poder del pecado aquí en la tierra hasta ser glorificado, a pesar de su debilidad y tropiezos. Si un creyente abandona la fe y jamás volviese a ella, un calvinista seguramente diría que la apostasía sólo prueba que la profesión de fe del tal no era genuina y que el “apóstata” nunca había sido verdaderamente regenerado en primer lugar. Para el calvinista la deserción del “apóstata” simplemente revela que su conversión inicial fue falsa.

Aquellos que aceptan la doctrina de “salvo, siempre salvo” dirían quizá algo muy parecido a lo anterior, pero añadirían que una vez que una persona pone la fe salvadora en Jesucristo, nada puede cambiar el destino eterno de esa persona (Salvo Siempre Salvo). Los acérrimos defensores de esta doctrina añadirían también que un verdadero creyente puede volver a una vida de maldad, morir en un estado de no arrepentimiento, y aun así ser salvado al final. Muchos incluso llegarían al extremo de afirmar que un verdadero creyente puede, luego de su conversión, repudiar la fe, morir en la incredulidad, y aun así tener garantizada la entrada en el Reino eterno de Dios. Dirían que su único castigo sería, en el peor de los casos, recibir una pobre o ninguna recompensa celestial. Sin coronas, sin gloria ni rangos celestiales, pero siempre salvo.

LA POSTURA BÍBLICA, HISTÓRICA Y ARMINIANA

El escritor de Hebreos se dirige específicamente a los creyentes y les advierte del peligro real de la apostasía a lo largo de la epístola, No escribe a los hipócritas ni a los falsos hermanos. Tampoco es una sarta de suposiciones y casos hipotéticos. Es una advertencia seria en contra de la posibilidad real de apostasía por parte de los creyentes verdaderos. El escritor de Hebreos se dirige a su audiencia como “hermanos santos, participantes de un llamamiento celestial” que han confesado a Cristo (Hebreos 3:1). Es a estos “hermanos santos” a quienes el escritor dirige sus advertencias para que no permitan que sus corazones se endurezcan, cuyo resultado final es la apostasía a la vista en los numerosos pasajes de advertencia a lo largo de la epístola (3:8, 12, 13, 15, cf. 2:1-3; 4:1; 6:4-8; 10:26-39; 12:15-17, 25). Para el escritor de Hebreos la posibilidad de apostasía y condenación eterna son reales y deben ser tomadas en serio.

El autor de Hebreos no creía ciertamente en la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos ni en la falacia moderna que afirma que “una vez salvo, siempre salvo”. En esta obra maestra de la literatura bíblica el autor presenta pruebas concluyentes de que los verdaderos creyentes pueden abandonar la fe a su propia ruina eterna. Hebreos 6:4-9 nos dice:

“Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública. Cuando la tierra bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella, y produce una buena cosecha para los que la cultivan, recibe bendición de Dios. En cambio, cuando produce espinos y cardos, no vale nada; está a punto de ser maldecida, y acabará por ser quemada. En cuanto a ustedes, queridos hermanos, aunque nos expresamos así, estamos seguros de que les espera lo mejor, es decir, lo que atañe a la salvación.” (NVI).

Así pues, la posición arminiana de este pasaje afirma que Hebreos 6:4-9 se dirige a individuos verdaderamente salvados, ya que afirma que estos fueron “iluminados” (Hebreos 10:32), y hechos “partícipes del Espíritu Santo”. Esta participación del Espíritu Santo no puede referirse apropiadamente a la mera influencia, como algunos han afirmado, sino más bien a una plena participación en la obra regeneradora del Espíritu Santo. Esta misma palabra griega (symmetéchontes, συμμετέχοντες) se usa también en los siguientes pasajes:

Hebreos 3:1- “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús.” (RVR1960)
Hebreos 3:14- “Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio.” (RVR1960)
Hebreos 12:8- “Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.” (RVR1960)

Ciertamente no se puede decir con razón que ningún incrédulo participe de tal manera del Espíritu Santo (Romanos 8:9; Juan 14:15-17). Se dice que estos creyentes que apostataron también “gustaron” el “don celestial”, “la buena palabra de Dios”, y “los poderes del siglo venidero”. Tanto la palabra “gustado”, como “participantes” denota no una experiencia parcial, sino completa, como lo demuestra la forma en que se usa la misma palabra en Hebreos 2:9:

“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.”

Ciertamente la palabra “gustó” es una de las palabras más fuertes que podría haber sido utilizada por el autor de Hebreos. En la degustación, siempre hay una conciencia de la presencia de lo que se degusta. Siempre hay un conocimiento de las características distintivas de lo que se prueba. Esto se evidencia en 1 Pedro 2:2-3, donde nos dice:

“Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.”

Dicho de otra manera, la degustación implica un conocimiento consciente por contacto. Cuando aplicamos las observaciones anteriores al tema en consideración, aprendemos que los mencionados aquí han tenido una experiencia en la que se conocieron conscientemente por contacto con el don celestial. El don celestial si Cristo o la salvación. En cualquier caso, significaría que la persona se salvaría, porque sólo una persona salvada tiene tal conocimiento de Cristo o de la salvación.

LA POSIBILIDAD DE APOSTATAR DE LA FE ES REAL, AÚN PARA LOS VERDADEROS CREYENTES

Hebreos 6:4-9 no nos plantea un caso hipotético, sino una realidad. Todas las cláusulas expresadas en dichos versículos están en tiempo aoristo en el griego que denota acción completada. No hay un hipotético “si” en el texto griego. Los apóstatas de los que se habla han caído tan seguramente como han sido iluminados y hechos partícipes del Espíritu Santo. El tiempo aoristo también puede demostrar que el escritor inspirado está hablando de casos reales de apostasía que ya han ocurrido. Es probable que estos casos de deserción real hayan sido los que impulsaron al escritor a componer su epístola de exhortación a estos creyentes judíos. Esto arrojaría más luz sobre el estímulo y la confianza expresados en el versículo 9:

“Pero amados, estamos convencidos de que hay cosas mejores para vosotros y que acompañan a la salvación, aunque hablamos de esta manera.”

Algunos han concluido, basándose en la confianza expresada en el versículo 9, que el escritor de Hebreos sólo habla de una hipotética defección en los versículos 4-6 que, de hecho, no podría ocurrir a los creyentes a los que se dirige en el versículo 9. Ellos ven la advertencia de 6:4-6 como una advertencia contra la imposibilidad. Tal interpretación, sin embargo, carece de sustento bíblico. Además del uso del aoristo en dichos versículos, debe tenerse en cuenta la transición de la tercera persona (‘esos, ellos, ellos’) en los versículos 4-6 a la segunda persona (‘tú’) en el versículo 9. El escritor está “persuadido de mejores cosas” en relación con los receptores de su carta, pero no de aquellos que ya apostataron.

En lugar de suponer que la apostasía (que ya ha devorado a algunos creyentes) jamás alcanzará a los destinatarios de su carta, el escritor de Hebreos presenta a los apóstatas ante ellos como un trágico ejemplo para su solemne advertencia y procede a exhortar a sus lectores:

“Deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma diligencia para la plena seguridad de la esperanza hasta el final; que no seáis perezosos, sino seguidores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas” (Hebreos 6:12)

INTENTOS DESESPERADOS

Algunos calvinistas, tratando de salvar su postura, han adoptado el enfoque de que todos los términos descriptivos de los versículos 4-6 podrían referirse también a los incrédulos que llegaron al borde de la fe salvadora pero que luego la rechazaron.  Sin embargo, como ya se probó, ese no es el sentido natural del texto. Los términos descriptivos usados en 6:4-5 sólo pueden ser usados apropiadamente por los verdaderos creyentes. Cualquier duda u objeción a esto ha sido suficientemente contestada con un examen cuidadoso del verso 6. Sólo se puede decir que los verdaderos creyentes se han arrepentido de las obras muertas, y sólo se puede decir que aquellos que se han alejado de la fe genuina vuelven a crucificar al Hijo de Dios para sí mismos.

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