Arminianismo Clásico, Calvinismo

Apostasía de un creyente | Cortados de la Vid

Por Fernando E. Alvarado

Tanto los arminianos como los calvinistas de 5 puntos, así como los bautistas que sostienen la doctrina de “Salvo, Siempre Salvo” (a veces llamados calvinistas de 1 solo punto, o arminianos de 4 puntos, debido a su hibridación teológica) afirmamos que los verdaderos creyentes somos parte del cuerpo de Cristo. En lo que diferimos es en nuestro entendimiento de como dicha verdad se relaciona con nuestra salvación. Para calvinistas y bautistas, la salvación de los regenerados es irrevocable, ya que estos son parte del Cuerpo de Cristo. En su interpretación, si un miembro del Cuerpo pudiera ser cercenado de este, Cristo quedaría mutilado, lo cual les resulta inaceptable.

EL PROBLEMA CON DICHO RAZONAMIENTO

Aunque pudiera sonar lógico a simple vista, este argumente es en realidad hueco, ya que, sin pretenderlo, rebaja a Cristo. ¿Por qué? Porque afirma que, si uno de nosotros se perdiera, Él estaría incompleto, cercenado. Sin embargo, La Biblia no enseña que Cristo esté completo en nosotros, como parece implicar tal argumento; lo que Pablo dice, por el contrario, es que nosotros somos quienes estamos completos en Él (Colosenses 2:10). Somos nosotros quienes separados de Él no podemos hacer nada (Juan 15:4-5). La misma figura de la vid y los pámpanos deja en claro que a él no le pasa nada si alguno de nosotros es cortado.

Él sigue siendo Dios y sigue estando completo, con nosotros o sin nosotros. Dios es santo, eterno, todopoderoso, y completamente autosuficiente. Él no necesita de ningún ser creado, pero nosotros si necesitamos a Dios. Toda la creación depende de la vida que sólo Dios sustenta:

“Él hace producir el heno para las bestias”, y “todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo… Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo” (Salmo 104:14, 27, 29).

Por otro lado, Dios no depende de nada ni de nadie. A él no le hace falta nada, no conoce ninguna limitación, y no experimenta ninguna deficiencia. Él es “YO SOY EL QUE SOY”, sin ninguna otra calificación o excepción (Éxodo 3:14). Si Dios necesitara algo para sentirse completo, entonces no sería Dios.

LOS VERDADEROS CREYENTES PUEDEN, POR NEGLIGENCIA Y DECISIÓN PERSONAL, CAER EN APOSTASÍA TOTAL Y PERDERSE ETERNAMENTE

Reformados y bautistas se unen para afirmar que, aunque algunos verdaderos creyentes pueden alejarse temporalmente de la fe, aquellos que han sido verdaderamente regenerados nunca se alejarán de forma total de la fe ni de la salvación. Dirían que la apostasía sólo prueba que la profesión de fe del tal no era genuina y que el “apóstata” nunca había sido verdaderamente regenerado en primer lugar. Ciertos grupos bautistas llegan incluso a descartar la necesidad de perseverancia de cualquier tipo con respecto a la salvación final. Afirman que una vez que una persona pone la fe salvadora en Jesucristo, nada puede cambiar el destino eterno de esa persona (Salvo Siempre Salvo). Esto los lleva a afirmar que un verdadero creyente puede volver a una vida de maldad, morir en un estado de no arrepentimiento, y aun así ser salvado al final. Este punto de vista incluso sostiene que un verdadero creyente puede más tarde repudiar la fe, morir en la incredulidad, y todavía tener garantizada la entrada en el Reino eterno de Dios. Su único castigo sería, en el peor de los casos, sufrir las consecuencias terrenales de sus pecados y, en la eternidad, ser privados de su corona o cualquier otra recompensa en el Tribunal de Cristo. Sin coronas, sin gloria ni rangos celestiales, pero salvos por gracia.

Un examen cuidadoso de Juan 15, sin embargo, nos permite llegar a una conclusión muy diferente a la interpretación bautista o reformada. Dicho pasaje afirma sin tapujos que los verdaderos creyentes pueden cometer apostasía. Juan 15:1-6 dice lo siguiente:

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Toda rama que en mí no da fruto, la corta; pero toda rama que da fruto la poda para que dé más fruto todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he comunicado. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.” (NVI)

Como cualquier estudioso honesto de la Biblia podrá constatar, en Juan 15:1-6 Jesús está hablando directamente a sus discípulos que ya están “en Él”. Ellos ya están “limpios” y su estado actual no está en duda. Son ramas unidas a la verdadera vid como puede constatarse en el versículo 5. Es muy importante entender que Jesús está hablando a los individuos salvados. Tienen vida porque están unidos a la fuente de la vida. Jesús no está hablando de cómo uno llega a estar en Él para ser salvo. Está hablando de la importancia de permanecer en Él para conservar la salvación ya obtenida previamente. La traducción literal de “permanecer” en Juan 15:1-6 tiene más bien el significado de “quedarse”. También puede ser entendido como “continuar”. Los pámpanos de la verdadera vid deben permanecer en Él para continuar disfrutando de la vida que fluye de Él. Nadie puede tener vida fuera de Cristo. El creyente permanece en Cristo a través de la fe y continuará produciendo los frutos de la fe y la vida mientras permanezca en Cristo. Cuando una rama deja de permanecer (a través de la fe), como indica la infructuosidad, se corta. Aquí hay una imagen vívida y concisa de la naturaleza de la apostasía. El apóstata no es alguien que nunca estuvo en la vid, sino alguien que no permaneció en la vid. Sólo se puede decir que los verdaderos creyentes han estado realmente en la vid. Ningún incrédulo puede decirse que está “en Cristo”.

Este pasaje socava la definición calvinista de apostasía. Jesús no está hablando de aquellos que nunca han estado en Él. No está hablando de la iglesia visible. Está hablando de aquellos que están en la verdadera vid, que es Cristo mismo: “Yo soy la verdadera vid”. Las ramas de la verdadera vid sólo pueden ser verdaderos creyentes, nunca falsos. Nunca se puede decir que los falsos profesantes estén en la verdadera vid.

El calvinista y el bautista tienen razón al decir que la rama que se corta representa a un incrédulo. La pregunta relevante no es si la rama que se corta es un incrédulo o no, sino si el incrédulo había sido previamente un creyente verdadero y parte de la “verdadera vid”. Y eso es lo que Cristo afirma: Las ramas cortadas fueron, originalmente, parte integral de la vid. Por lo tanto, la interpretación calvinista no puede sostenerse a la luz de las palabras de Cristo.

Si observamos detenidamente, Jesús se define a sí mismo como la verdadera vid y las ramas como “en mí”. Cristo no está hablando aquí de falsos creyentes, sino de los verdaderos, aquellos que forman parte de la vid verdadera. Incapaz de negar que las “ramas” desertan y son expulsadas, los defensores de la seguridad incondicional se encuentran bajo la necesidad de “redefinir” la interpretación del término “ramas” o “pámpanos”. En total contradicción al texto bíblico, bautistas y reformados afirman que las ramas desertoras nunca fueron verdaderos creyentes, sino miembros nominales, cristianos profesantes de la Iglesia del Señor, personas unidas a la compañía del pueblo de Dios, pero no unidos a Cristo. Emplear dicho argumento es necesario para reformados y bautistas, ya que solo buscan defender la doctrina de la seguridad incondicional. Pero para que la interpretación reformada/bautista fuese cierta, en vez de haber dicho lo que dijo, Jesús hubiese tenido que decir lo siguiente a sus apóstoles: “Yo soy la vid, y todos los que son miembros profesos de mi Iglesia y están unidos a la compañía de mi pueblo, aunque no necesariamente unidos a mí, son los sarmientos en mí”.[1]

Algunos calvinistas, al ser confrontados con lo anterior, cambian su argumento y emplean otra falacia igual de deficiente que la anterior. Afirman que, incluso los hipócritas, pueden decir que están en Cristo porque, en la comunidad externa de la Iglesia, participan del sacramento de la unión con Cristo (bautismo y santa cena), y por lo tanto se jactan de sí mismos de estar en Cristo; en parte porque son estimado por otros, de pertenecer al cuerpo místico, o al menos son tolerados, en la comunión externa de los discípulos. ¿Suena lógico? Quizá, pero de nuevo, es difícil concebir que Jesús diga: “Yo soy la vid, y todos los que participan del sacramento en la comunión externa de la Iglesia y que, por lo tanto, se jactan de estar en Mí y son estimados por los demás como pertenecientes al cuerpo místico, o al menos son tolerados en la comunión externa de los discípulos, son los sarmientos”.[2]

Este error calvinista no es nuevo, incluso el mismísimo Juan Calvino, en un intento por reconciliar el pasaje con su teología, declaró que “…muchos suponen que están en la vid, según la opinión de los hombres, pero en realidad no tienen raíz en la vid”.[3] Y aunque lo que Calvino dice es cierto; es también irrelevante. ¿Por qué? Porque Jesús no hablaba de las opiniones de los hombres, sino de realidades solemnes, de las cosas tal como son, no como los hombres se las imaginan. Cualquier definición de las ramas que no concuerde con el sentido original que Jesús quiso darle es incongruente e inadmisible. Y de nuevo, es impensable que Cristo diga: “Yo soy la vid, y todos los que se supone que están en la vid según la opinión de los hombres, algunos de los cuales no tienen realmente raíz en la vid, son las ramas”.[4]

Pero ¿Por qué los bautistas y los reformados simplemente no admiten el sentido natural del texto? ¿por qué tomarse tanto trabajo en torcer las Escrituras y redefinir el significado de las ramas o pámpanos? Porque tales definiciones arbitrarias de las ramas, por ridículas que sean, son sin embargo inevitables para todos los que niegan que Jesús enseñó que los hombres que son verdaderos creyentes pueden en última instancia abandonar la fe y no permanecer en Él, para así ser arrojados y marchitarse y, al final, ser quemados.

JESÚS HABLABA DE CREYENTES VERDADEROS QUE LUEGO APOSTATARON, NO DE CRISTIANOS PROFESANTES

En Juan 15:1-6 Jesús está hablando de aquellos que dejan de “permanecer” en Él, y no de aquellos que nunca estuvieron en Él en primer lugar. Es absurdo pensar que una rama puede ser cortada o desechada de una vid en la que nunca estuvo. La única conclusión lógica y bíblica es que Jesús se dirige directamente a sus discípulos que fueron verdaderamente salvados.

Se dice que el pámpano que se corta de la vid se “marchita ” o ”se seca” antes de ser arrojado al fuego. No tiene sentido hablar de una rama ya muerta y marchita, como sería el caso de un hipócrita o un falso converso, secándose o marchitándose. Pues un hipócrita o un falso converso siempre estuvo seco y marchito espiritualmente, nunca fue regenerado. Pero Jesús está hablando aquí de ramas que una vez estuvieron vivas, que formaron parte de la vid. El hecho de que la rama se marchite es una clara indicación de que una vez tuvo vida. La única forma en que la rama pudo haber vivido alguna vez fue a través del apego a la vid, de Jesucristo, la única fuente de vida espiritual. Ellos, las ramas que ahora yace cortadas, fueron creyentes verdaderos, regenerados.

¿Y ENTONCES QUÉ?

Cuando rechazamos la interpretación bautista y reformada y permitimos que el texto hable por sí mismo, debemos someternos a la realidad de la apostasía. También debemos concluir que la apostasía de la que se habla en este pasaje se refiere a los verdaderos creyentes que abandonan la fe y se apartan de la vid. La concepción calvinista y bautista de la apostasía (dejar algo de lo que nunca fuiste realmente parte) es incompatible con el lenguaje llano del discurso de Jesús. Los arminianos, en cambio, aceptamos tal cual fue dicha la grave y cariñosa advertencia de nuestro Salvador de que es posible que perdamos la vida eterna si no permanecemos en Aquel que es nuestra vida.

ALGO MÁS QUE AGREGAR

El calvinismo de 5 puntos con su doctrina de la “Seguridad Eterna del Creyente” y la teología bautista con su doctrina de “Salvo, Siempre Salvo”, constituyen una flagrante violación de las Escrituras. Ambos sistemas le roban a las palabras de Cristo y sus apóstoles su significado real. Si los verdaderos creyentes no pudieran caer en apostasía y perderse eternamente las Escrituras simplemente carecerían de significado. La Biblia, sin embargo, nos advierte ante la posibilidad de caer de la gracia y perdernos eternamente:

“No te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron quebradas para que yo fuese ingerido. Bien: por su incredulidad fueron quebradas, más tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme. Que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco no perdone. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: la severidad ciertamente en los que cayeron; más la bondad para contigo, si permanecieres en la bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán ingeridos; que poderoso es Dios para volverlos a ingerir.” (Romanos 11:18-23; RVR)
“Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública. Cuando la tierra bebe la lluvia que con frecuencia cae sobre ella, y produce una buena cosecha para los que la cultivan, recibe bendición de Dios. En cambio, cuando produce espinos y cardos, no vale nada; está a punto de ser maldecida, y acabará por ser quemada.”
“Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Solo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios. Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos. ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia? Pues conocemos al que dijo: «Mía es la venganza; yo pagaré»: y también: «El Señor juzgará a su pueblo». ¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo! Recuerden aquellos días pasados cuando ustedes, después de haber sido iluminados, sostuvieron una dura lucha y soportaron mucho sufrimiento. Unas veces se vieron expuestos públicamente al insulto y a la persecución; otras veces se solidarizaron con los que eran tratados de igual manera. También se compadecieron de los encarcelados y, cuando a ustedes les confiscaron sus bienes, lo aceptaron con alegría, conscientes de que tenían un patrimonio mejor y más permanente. Así que no pierdan la confianza, porque esta será grandemente recompensada. Ustedes necesitan perseverar para que, después de haber cumplido la voluntad de Dios, reciban lo que él ha prometido. Pues dentro de muy poco tiempo, «el que ha de venir vendrá, y no tardará. Pero mi justo[c] vivirá por la fe. Y, si se vuelve atrás, no será de mi agrado». Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás y acaban por perderse, sino de los que tienen fe y preservan su vida.” (Hebreos 6:4-8; 10:26-39; NVI)
“Si, habiendo escapado de la contaminación del mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, vuelven a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio. Más les hubiera valido no conocer el camino de la justicia que abandonarlo después de haber conocido el santo mandamiento que se les dio. En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su vómito», y «la puerca lavada, a revolcarse en el lodo».” (2 Pedro 2:20-22; NVI)

¡El que tiene oídos para oír, que oiga!

REFERENCIAS:

[1] Robert Shank, La vida en el Hijo, pg.45

[2] Robert Shank, La vida en el Hijo, pg.45

[3] Robert Shank, La vida en el Hijo, pg.46

[4] Robert Shank, La vida en el Hijo, pg.46.

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