Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

Razones para rechazar la doctrina de la gracia irresistible o llamamiento eficaz

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

La doctrina de la Gracia Irresistible es una enseñanza calvinista que declara que cuando Dios llama a Sus elegidos para salvación, ellos no pueden resistir ese llamado. La teología calvinista diferencia dos tipos de llamado:

  1. Dios ofrece el mensaje del Evangelio a todas las personas. Esto se conoce como el Llamado Externo.
  2. Para los elegidos Dios extiende un Llamado Interno el cual no puede ser resistido.

El llamamiento externo es el que hacemos cada vez que predicamos el evangelio a alguien (en este sentido todos son llamados) pero los únicos que pueden escuchar este llamado externo y responder a él con fe, son aquellos que han sido llamados internamente por el Espíritu Santo. Los reprobados están inhabilitados de acuerdo con la soberana voluntad de Dios para responder, o siquiera escuchar, dicho llamado; por ende, jamás serán salvos. Dios así lo ha predeterminado.

El llamado externo es producido por los seres humanos, pero el llamado interno es una obra exclusiva de Dios que ocurre solamente en los elegidos. Aunque el llamado externo del evangelio pueda ser rechazado, el llamamiento interno y especial del Espíritu nunca deja de producir la conversión de aquellos a quienes es hecho. Ese llamamiento no es hecho a todos los pecadores, sino que es extendida sólo a los elegidos.

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¿QUÉ ENSEÑA EL CALVINISMO?

De acuerdo con la enseñanza calvinista, el Espíritu no depende en ninguna manera de la ayuda o cooperación del pecador para tener éxito en su tarea de traerlo a Cristo. Este llamado lo hace el Espíritu Santo que trabaja en el corazón y la mente del elegido para traerlo al arrepentimiento y a la regeneración de forma eficaz e irresistible, por lo que el elegido no puede hacer otra cosa que venir a Dios. Es un simple títere de la voluntad divina, llevado a donde la voluntad de la deidad predestinó que fuese. La doctrina del Llamamiento Eficaz también es llamada Gracia Irresistible y se enseña claramente en la Confesión de Fe de Westminster (un breve resumen teológico y apologético del credo calvinista promulgado en 1646). Dicha Confesión de Fe afirma lo siguiente:

“…A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y solamente a ellos, le agradó en su tiempo señalado y aceptado, llamarlos eficazmente, por medio de su Palabra y Espíritu, de aquél estado de pecado y muerte en el que están por naturaleza, al estado de gracia salvación por medio de Jesucristo; iluminando sus mentes espiritual y salvíficamente para entender las cosas de Dios; quitándoles su corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades, y determinándoles a hacer lo que es bueno por su poder todopoderoso y acercándoles eficazmente hacia Jesucristo; pero de tal manera que vienen muy libremente, pues, por la gracia de Dios están en la disposición de hacer lo bueno. Este llamamiento eficaz proviene únicamente de la libre y especial gracia de Dios, no por cosa alguna previamente vista en el ser humano, el cual es totalmente pasivo en ello, hasta que, siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, la persona es por ese medio capacitada para responder a este llamamiento y para adoptar la gracia ofrecida y trasmitida en él…”[1]

En otras palabras, esta doctrina afirma que el Espíritu Santo nunca falla en traer salvación a aquellos pecadores que Él personalmente llama a Cristo. Él aplica inevitablemente la salvación a todo pecador que Él tuvo la intención de salvar. Debido a que el llamamiento eficaz es un llamado cuyo resultado está garantizado, este no constituye una “invitación” que el elegido puede aceptar o rechazar. El elegido es obligado, sin darse cuenta, a venir a Dios. Su voluntad, sencillamente, no cuenta en esto. Lo que importa es que Dios se salga con la suya. Al llamar a sus elegidos, Dios no sólo los convida a hacer algo, sino que Él hace algo en ellos. Un reconocido teólogo calvinista lo describió de la siguiente manera:

“Aquel que los llama crea en ellos la capacidad para responder, de forma que en el mismo acto de llamar Él los trae a una nueva vida”[2]

En otras palabras, Dios toma la decisión por ellos, manipulando su conciencia, emociones y entendimiento para obtener la respuesta que desea de sus elegidos. Los no elegidos carecen de tal ayuda. Dios los abandona deliberadamente a su suerte (según la interpretación de algunos calvinistas moderados) o los endurece intencionalmente (según los calvinistas ultraconservadores). Tal “discriminación divina” no parece incomodar a los calvinistas, quienes continúan sosteniendo que es Dios quien causa esta diferencia, Él persuade eficazmente a unos a venir a él y a otros no.[3]

Algunos de los versículos usados para apoyar esta enseñanza son:

“Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16)
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:12-13)
 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”( Juan 1:12-13)
 “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:28-29)
 “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14)

Entonces ¿Enseña la Biblia que la gracia de Dios es irresistible para los elegidos y que los demás están inhabilitados y jamás podrán alcanzarla? ¡Absolutamente no! Tal interpretación del texto bíblico es errónea. Ciertamente tampoco se origina del pensamiento apostólico ni se fundamenta en las enseñanzas de la iglesia primitiva. Estudiar el verdadero origen de dicha enseñanza es indispensable para refutar su validez.

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¿CÓMO NACIÓ ESTA DOCTRINA TAN AJENA AL CARÁCTER DE DIOS?

En la doctrina de la Gracia Irresistible encontramos una vez más la influencia omnipresente de Agustín. Los mismos eruditos calvinistas lo reconocen sin reparo alguno:

“Esta verdad cardinal del cristianismo [La Gracia Irresistible] fue vista claramente por primera vez por Agustín”[4]

No es de extrañar que Benjamín Warfield (otro erudito calvinista) afirmara también que Agustín (sacerdote, santo y Padre de la Iglesia Católica) ha “recuperado para la iglesia”[5] dicha doctrina. De igual forma, algunos Bautistas concuerdan en que “Agustín puede ser considerado como el padre del sistema soteriológico llamado ‘Calvinismo’…”[6] El mismísimo R. C. Sproul incluso dijo:

“El agustinianismo actualmente se llama calvinismo o teología reformada”[7]

Agustín enseñó en sus escritos que algunos hombres son renovados, mientras que otros no, por el Decreto Incondicional de Dios (decretum absolutum), según el cual Dios mismo determinó seleccionar de la masa caída de la humanidad (massa perditionis) a ciertos individuos. A los elegidos, a pesar de ser igualmente culpables y estar bajo la misma condenación que los demás, Dios les conferiría Su gracia renovadora. El resto sería dejado a su propia voluntad y a la operación de la ley y su justicia.[8]

A pesar de ser el verdadero creador del calvinismo, Agustín no siempre creyó eso. Habiendo una vez enseñado la libre voluntad del hombre y que Dios desea salvar a toda la humanidad, con el tiempo Agustín cambió su opinión y creó el sistema teológico que más adelante sería conocido como calvinismo.[9] La fe se convirtió para él en algo que Dios concede irresistiblemente a los elegidos sin que ellos hubiesen creído nada o sin haber tomado alguna decisión, o incluso sin haber sido conscientes de que estaban siendo regenerados.[10]

Agustín creía que el hombre (siendo por naturaleza muerto en pecado) no puede escuchar el Evangelio y mucho menos responder al llamado de Cristo a menos que sea uno de los elegidos. Tal enseñanza contradice la Biblia, pues sería absurdo que Dios mandase a los hombres arrepentirse y creer, si estos no pueden hacerlo por no ser parte de los elegidos. Nuestro Señor Jesucristo contradice a Calvino y Agustín cuando invita a todos:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28)
 “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37)

Todos están invitados y pueden oír, llegar y beber del agua de vida, como lo dice claramente en otros pasajes.

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¿DE DÓNDE SACÓ AGUSTÍN SUS IDEAS ERRÓNEAS?

Agustín de Hipona (en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis; Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hipona, 28 de agosto de 430), el verdadero padre del calvinismo, fue un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Antes de su conversión al catolicismo, en su búsqueda incansable de respuestas al problema de la verdad, Agustín pasó de una escuela filosófica a otra sin que encontrara en ninguna una verdadera respuesta a sus inquietudes. Finalmente abrazó el maniqueísmo creyendo que en este sistema encontraría un modelo según el cual podría orientar su vida. Varios años siguió esta doctrina y finalmente, decepcionado, la abandonó al considerar que era una doctrina simplista que apoyaba la pasividad del bien ante el mal. Los años posteriores a su conversión como cristiano estuvieron marcados por su oposición al determinismo Maniqueo. Él mismo, habiendo sido un Maniqueo, y ahora católico, deseó distanciarse de la atribución maniquea del pecado humano al poder de la oscuridad, que supuestamente se apodera de la persona humana, eliminando el albedrío moral y la responsabilidad individual.

Los primeros escritos de Agustín como católico, por contraste, subrayaron el poder del libre albedrío y de la responsabilidad individual por la acción de la propia persona: su tratado más nuevo que proclamó este mensaje –Sobre el Libre Albedrío– sería arrojado a su cara en décadas posteriores por los opositores pelagianos de Agustín, quienes citaron los mismísimos escritos de Agustín para oponerse a su ya madura teoría sobre la predestinación.[11] Así pues, las ideas agustinianas sobre la predestinación, la elección y muchas otras, recicladas más tarde por el calvinismo (y que hoy se nos quieren presentar como “doctrinas de la gracia”) marcaron simplemente un retorno de Agustín a su pasado maniqueo, ya que los maniqueos enseñaron un determinismo basado en un Orden Cósmico, doctrina que formó parte de las enseñanzas fundamentales que recibió Agustín bajo esa orden. Si bien es cierto luego de su conversión al catolicismo, Agustín se opuso a esas doctrinas e incluso escribió un tratado para defender el libre albedrío y la responsabilidad personal de cada ser; luego, en las controversias con Pelagio (quien exageró el papel del libre albedrío), Agustín retornó a una estancia determinista y desarrolló su propia teoría de la predestinación a partir de la influencia gnóstica recibida por más una década como miembro de los maniqueos.

Al final de su vida, Agustín confirmó la predestinación con tal severidad que sus oponentes lo acusaron de regresar al fatalismo pagano, lo cual no estaba lejos de ser cierto. Más tarde, sus ideas sobre la predestinación influyeron en teólogos posteriores como Tomas de Aquino, Martín Lutero y Juan Calvino.[12] Sin embargo, es innegable que la predestinación absoluta no fue la posición original de Agustín. Su posición inicial fue sinergista como la de sus predecesores.[13]

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IMPLICACIONES DE LA DOCTRINA DE LA GRACIA IRRESISTIBLE

Agustín incorporó los errores de su pasado gnóstico en su doctrina. Gracias a Calvino, los errores de Agustín pasaron también al protestantismo. Y errores engendran otros errores aún peores. Desde la perspectiva calvinista, debido a la Total Depravación del Hombre, aquellos a quienes Dios ha elegido incondicionalmente y predestinado a vida eterna (Elección Incondicional) y por quienes Cristo murió única y exclusivamente (Redención Particular o Expiación Limitada), son primero soberanamente regenerados sin fe, entendimiento, o siquiera saber lo que les está sucediendo. Después de eso (algunos dirían simultáneamente) la gracia de creer en Cristo como Salvador y Señor irresistiblemente se impone sobre el elegido recién regenerado, que Dios desde la eternidad pasada ha predeterminado salvar, y les da fe para creer en Cristo. El teólogo neo-calvinista John Piper dice que el hombre debe primero:

“…Ser nacido de Dios. Luego, con la nueva naturaleza de Dios, inmediatamente recibe a Cristo. Los dos actos (regeneración y fe) están tan íntimamente conectados que no podemos distinguirlos por alguna experiencia… el nuevo nacimiento es el resultado de la gracia irresistible… un acto de creación soberana…”[14]

La Gracia Irresistible es esencial en la teoría de salvación calvinista. Para el calvinista, nadie puede resistir la gracia salvadora de Dios, que es impuesta irresistiblemente sobre aquellos a quienes él ha predestinado para vida eterna. Como dice Piper:

“No puede haber salvación sin la realidad de la gracia irresistible. Si estamos muertos en nuestros pecados, totalmente incapaces de someternos a Dios, entonces nunca creeremos en Cristo a menos de que Dios supere nuestra rebelión”[15]

Lamentablemente esta doctrina, junto con todo el sistema calvinista en sí, conduce a una negación del amor, la misericordia y la gracia de Dios como está revelado en las Escrituras. Piper declara:

 “Dios es soberano y puede superar todas las resistencias cuando él quiere… la gracia irresistible se refiere a la obra soberana de Dios para vencer la rebelión de nuestro corazón y traernos a la fe en Cristo para que podamos ser salvos”[16]

Si eso fuera cierto, Dios podría haber impuesto irresistiblemente su gracia sobre Adán y Eva y salvar a la humanidad de la maldad y sufrimiento que resultó a causa de su rebelión. ¿Por qué no lo hizo? ¿Acaso no es un Dios de santidad, pero también de misericordia y amor? ¿Por qué jugar un juego tan cruel con la humanidad si estos no podrían salvarse a menos que el capricho divino lo permitiera? ¿Le falta a Dios amor y compasión para el mundo (como dice la Biblia), o es que sólo lo tiene por unos pocos elegidos (como insisten los calvinistas)?

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¿QUÉ CLASE DE DIOS ES ESTE?

El calvinismo insiste en que Dios decidió salvar a los elegidos imponiendo su gracia irresistiblemente sobre ellos, mientras que predestinó al resto de la humanidad al tormento eterno. ¿Es esto justicia? ¿Es esto amor? Y si así lo fuera, ¡Qué clase más absurda de amor! ¿No es esto más bien un acto de crueldad, parcialidad e injusticia abominable a nuestra conciencia? Ciertamente que sí; pues la doctrina calvinista convierte al Dios de la Biblia en un ser maligno y cruel, no muy diferente de los dioses paganos. Sin embargo, la Biblia dice que el Dios verdadero extiende “sus misericordias sobre todas sus obras” (Salmo 145:9) y que desea que “todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4).

Si tal arbitrariedad choca con nuestro sentido de justicia, amor y misericordia, ¿Cómo podríamos pensar que Dios es menos misericordioso, amoroso y justo que nosotros? Jesús dijo:

“¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13).

Si, como declara la Biblia, Dios realmente ama a todos y les ha dado el poder de elección, entonces la perdición y condenación es responsabilidad del ser humano por rechazar voluntariamente la salvación que Dios amorosamente ofrece libremente en Cristo. Sin embargo, según el esquema agustiniano (fuente y origen del calvinismo moderno) los no elegidos carecen de oportunidad alguna de asegurar su salvación. ¡Ahora resulta que Dios discrimina a algunas de sus criaturas excluyéndolas caprichosamente de la salvación! ¿Podría haber una injusticia mayor? Sin embargo, Sproul, Piper, MacArthur y otros líderes calvinistas “moderados” de hoy, persisten en esta evidente contradicción del carácter divino ¡Esto es una burla! Y más que burla, una difamación del carácter y personalidad de Dios. Además, ¿Cómo pueden estas personas rendir cuentas justamente?  ¿Cómo puede un parapléjico ser juzgado por no convertirse en un gimnasta de clase mundial, o un hombre ser juzgado por su incapacidad de parir hijos o amamantarlos si tal cosa no está en su naturaleza? ¡Absurdo! Sin embargo, en el calvinismo se nos dice que la justicia perfecta de Dios opera de esta manera. Nos sentimos impulsados a cuestionar tal posición a la luz de la Biblia pues en ella se nos dice que “para Dios no hay favoritismos” (Hechos 10:34, NVI) y que “El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?” (Génesis 18:25).

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CONCLUSIÓN

Trágicamente, la tergiversación del carácter de Dios que hace el calvinismo ha llevado a muchos a alejarse de Dios como si fuese un monstruo. ¿Es de extrañarnos que en los países donde la tradición reformada/calvinista se impuso, hoy florezca el ateísmo y el liberalismo teológico? ¿Nos extraña que en tales naciones hoy nadie quiera saber nada de Dios y rechace la Biblia? Al parecer, el Dios del calvinismo ha creado a todos los hombres como incapaces de elegir buscarlo y creer en el Evangelio. La única esperanza está en Dios mismo, soberanamente regenerando al pecador (sin que este lo desee o lo pida), pero sólo lo hace para un selecto número limitado y condena al resto para demostrar su soberanía y justicia. Tal es el mensaje del ‘TULIP’ (los 5 puntos del calvinismo). Considerándose a sí mismo como uno de los elegidos, el calvinista encuentra gran gozo en del ‘TULIP’ y no expresa ningún remordimiento por el destino predestinado de aquellos para quienes esta doctrina sólo podría causar angustia eterna:

“…Tenemos que repensar nuestra Doctrina Reformada de la salvación para que cada miembro y cada rama del árbol sea recorrida con la savia del deleite Agustino. Debemos aclarar que la depravación total no es solo maldad y ceguera… y que la elección incondicional significa que la plenitud de nuestro gozo en Jesús fue planeada para nosotros antes de que existiésemos (no importa que la condenación eterna también fue planeada para otros); y que la limitada expiación es la garantía de que el gozo indestructible en Dios infaliblemente garantizada para nosotros (solo los elegidos para quienes Cristo murió) por la sangre del Pacto; y la gracia irresistible es el compromiso y el poder del amor de Dios… la perseverancia de los Santos es la obra omnipotente de Dios para sostenernos…”[17]

Según Piper, solo los elegidos disfrutan el “deleite Agustino” de haber sido elegidos para la salvación. ¿Qué delicia existe para aquellos que, antes de que llegaran a la existencia, ya estaban predestinados al tormento eterno? Si el Dios del calvinismo es duro y desamorado hacia sus criaturas, mucho más parecen serlo los calvinistas, quienes parecen no tener la más mínima simpatía por aquellos a quienes Dios tiene, ‘por su buena voluntad’, condenados eternamente.

¿Es este “dios calvinista” el Dios de la Biblia? ¿Es este el amor cristiano que se nos demanda a tener para todos, especialmente por los perdidos? ¡No lo creo!

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REFERENCIAS:

[1] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo X, Secciones I y II

[2] Ferguson, Sinclair B. The Christian Life: A Doctrinal Introduction; Carlisle, Pennsylvania: The Banner of Truth Trust, 1997; p. 34.

[3] Boettner, Loraine. La Predestinación. Ed. Libros Desafío. Gran Rapids, 2005. Pág. 139.

[4] Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 345.

[5] Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 321.

[6] Kenneth H. Good, Are Baptists Calvinists?; Rochester, NY: Backus Book Publishers, 1988, 49.

[7] R. C. Sproul, The Holiness of God; Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 1993, ed., 273.

[8] William G. T. Shedd, A History of Christian Doctrine; New York: Charles Scribner and Co., 3rd ed. 1865), 70.

[9] Agustín, On the Spirit and the Letter. In Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 57.

[10] Agustín, On the Predestination of the Saints, op. cit., 7,8,16

[11] Valeria Finucci and Kevin Brownlee, Generation and Degeneration: Tropes of Reproduction in Literature and History from Antiquity Through Early Modern Europe Medieval and early modern studies”. Duke University Press, 2001. Páginas 19-20.

[12] Jeffrey Burton Russell, The Prince of Darkness: Radical Evil and the Power of Good in History. Página 99.

[13] Harry Buis, Historic Protestantism and Predestination. Página 9.

[14] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 12.

[15] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 9.

[16] John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 9.

[17] John Piper, The Legacy of Sovereign Joy: God’s Triumphant Grace in the Lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 73).

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