Arminianismo Clásico, Calvinismo, Historia de la Iglesia

Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los Cinco Artículos de la Remonstrancia, conocidos también como los Cinco Artículos del Arminianismo, constituyen la parte final de un amplio documento elaborado en 1610 por los seguidores de Jacobo Arminio (1560-1609), padre del sistema teológico conocido como Arminianismo. El término “Remonstrancia” significa literalmente “una expresión de oposición o protesta”, que en este caso fue una queja contra la doctrina calvinista de la predestinación que figura en la confesión belga. En consecuencia, a los seguidores de Arminio que redactaron esta protesta se les dio el nombre de “Remonstrantes”.

El documento de protesta que contiene los 5 Puntos de la Remonstrancia nace, pues, en el seno de las disputas entre gomaristas[1] y arminianos. Por invitación de Oldenbarnevelt, gran pensionario de Holanda y simpatizante con los objetantes, cuarenta y un predicadores y dos miembros de la universidad de Leiden (o Leyden) se reunieron para expresar por escrito su opinión sobre las doctrinas en disputa. La pieza fue escrita por Uytenbogaert el 14 de enero de 1610 en La Haya durante la celebración de los Estados Generales de Holanda y Frisia, y, con modificaciones menores, aprobada, firmada y presentada a Oldenbarnevelt por Uytenbogaert y los 43 delegados arminianos en julio. Se dirigían a los Estados de Holanda instando a la convocatoria de un sínodo para la revisión y examen de la Confesión de los Países Bajos y el Catecismo de Heidelberg, a los que no reconocían como cánones de fe permanentes e inmutables (ya que, según las convicciones arminianas, sólo la Palabra de Dios, expresada en las Sagradas Escrituras tienen tal autoridad). Los cinco artículos son una declaración sintetizada de la doctrina de Jacobo Arminio que se insertaron al final de un alegato en favor de la tolerancia.

Durante la generación posterior a la muerte de Arminio, la causa de los remonstrantes estuvo estrechamente vinculada a la tolerancia. Para ellos, la libertad se convirtió en un principio esencial, sobre todo porque defendían la libertad espiritual del hombre frente la doctrina de la doble predestinación. Pero, además, tenían que justificar su propio derecho a disentir. Los remonstrantes sostenían que el Estado debería regir a la Iglesia, aunque sólo en los asuntos externos; con este principio, en cierta medida cercano a las teorías erastianistas[2], se pretendía proteger la libertad de la Iglesia frente al gobierno teocrático de sus ministros. Según Episcopio, la Iglesia no podía ejercer otro poder correctivo que el de la disciplina espiritual, porque dicho poder era potestad inalienable del Estado. Sin embargo, como el Estado sólo regía los asuntos externos y temporales de la Iglesia, no tenía derecho a entrometerse en lo espiritual ni a violentar las conciencias, con lo que la libertad de los cristianos quedaba preservada. La asociación voluntaria era un derecho y posibilitaba que existieran otras Iglesias diferentes de la estatal.

Los calvinistas presentaron a los Estados de Holanda una contra-protesta en la que condenaban vehementemente el punto de vista de los remonstrantes. Propiciada por su encono teológico, la polémica desembocó en una lucha entre la oligarquía mercantil de la próspera Holanda y los intereses dinásticos de la casa Orange-Nassau. La mayoría de los Estados de Holanda se negaban persistentemente a convocar a una asamblea nacional, defendida por los Contrarremonstrantes. Como la última conferencia fue favorable a los arminianos, los gomaristas la hicieron anular por el príncipe Mauricio de Nassau y los Estados Generales. El 30 de mayo de 1618 se convocó un sínodo nacional por los Estados Generales en Dordrecht donde se condenaron los cinco artículos de protesta. El régimen de Holanda fue derrocado por los calvinistas y se ejecutó al gran pensionario. Los cinco artículos sirvieron de base para el desarrollo teológico posterior de las ideas arminianas vertidas en una confessio escrita por Episcopius, su gran teólogo, en 1621 y el Catecismo de Jan Uytenbogaert.[3]

EL INFAME SÍNODO DE DORT, EXPRESIÓN DE LA INTOLERANCIA Y ESPÍRITU SANGUINARIO DEL CALVINISMO.

El Sínodo de Dort es considerado el mayor y, junto a la Asamblea de Westminster, el más determinante de todos los sínodos de la Iglesia Reformada. Fue convocado por los Estados Generales de los Países Bajos a instancias de los calvinistas para intentar resolver las disputas entre éstos y los Remonstrantes o seguidores de Jacobo Arminio. Dicho Sínodo se reunió en la ciudad de Dort (Dordrecht, en una isla sobre el Meuse) el 13 de noviembre de 1618 y fue disuelto el 9 de mayo de 1619. Las iglesias holandesas de las provincias enviaron treinta y ocho clérigos y varios ancianos; los Estados Generales estuvieron representados por seis diputados y las academias por cinco. Otros países fueron invitados a participar, estando presentes veintiséis delegados del Palatinado, Nassau, Frisia oriental, Inglaterra y Escocia. Anhalt no fue invitada, Brandeburgo declinó estar representada y a cuatro delegados escogidos por el sínodo nacional de Francia se les prohibió salir del país por Luis XIII. Los remonstrantes habían escogido dieciséis clérigos, representándolos el profesor Simon Episcopius de Leiden. Al llegar tarde a las sesiones, las primeras se dedicaron a la discusión de una nueva traducción de la Biblia, acordándose que tres miembros se hicieran cargo del Antiguo Testamento y otros tres del Nuevo; entonces se declaró que el Catecismo de Heidelberg fuera expuesto en todas las iglesias.

No fue hasta el 6 de diciembre en la vigésimo segunda sesión que se llegó al punto principal del sínodo. A los remonstrantes se les dijo que podían expresar sus opiniones y que el sínodo dictaría la resolución. Ellos protestaron ante este procedimiento. Episcopius en un elocuente discurso dijo que ellos venían de su propio acuerdo y que no serían acusados de heterodoxia; aunque estaban dispuestos a discutir los dogmas en cuestión no se someterían a ningún poder humano o creencia, sino solo a la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Su estatus en el sínodo fue discutido durante muchos días, pero finalmente los delegados de los Estados Generales decidieron que no tenían nada que hacer sino defender sus creencias; el sínodo decidiría al final. Los remonstrantes presentaron sucesivamente declaraciones escritas en defensa de cada uno de los Cinco Artículos. Se les pidió que pusieran por escrito sus objeciones a la Confesión y aunque al principio se negaron luego lo hicieron. Los miembros del sínodo y de los Estados Generales les hablaron en ocasiones muy bruscamente. Las cosas empeoraron cuando surgió la cuestión de si los remonstrantes podían hablar contra las convicciones de sus oponentes. Entonces unánimemente rechazaron continuar si no les era permitido hacerlo, por lo que se decidió someter el asunto a los Estados Generales; mientras tanto los remonstrantes debían permanecer en Dort. Así acabó el año 1618. El 3 de enero de 1619 los remonstrantes fueron informados de la decisión que sostenía la mayoría del sínodo, declarando que no podían aceptarla. Se decidió proceder contra ellos. A su vez ellos intentaron una reconciliación ofreciendo una respuesta a la cuestión que les fue sometida por escrito, pero el presidente rechazó la propuesta. El 18 de enero (quincuagésimo séptima sesión) se les preguntó si se someterían y decididamente respondieron con un no. El resultado neto de seis semanas de discusión fue que los remonstrantes fueron expulsados, a la vez que se les mandaba no abandonar Dort.

El sínodo estaba ahora dividido en grupos que se reunían por la mañana para formular sus opiniones sobre las doctrinas de los remonstrantes y se juntaban por la tarde para la discusión. En la sesión ciento veinticinco se votó que los Cinco Artículos de los Remonstrantes eran contrarios a la doctrina de la Iglesia Reformada y que sus objeciones a la Confesión y al Catecismo no estaban apoyadas por la Escritura. Se designó un comité para expresar la decisión final en forma de artículos, que fueron adoptados y firmados por todos en la sesión ciento treinta y seis (23 de abril). La doctrina de la predestinación absoluta se mantuvo; se decidió destituir a los remonstrantes de sus posiciones, debiendo los sínodos provinciales, clases y presbiterios ejecutar la sentencia. La Confesión y el Catecismo fueron considerados en presencia de los delegados extranjeros y declarados en acuerdo con las Sagradas Escrituras.

El 6 de mayo los miembros del sínodo marcharon a la catedral de Dort, donde se pronunció una alocución en latín y los secretarios leyeron los artículos contra los remonstrantes. Tres días después se reunieron para despedir a los delegados extranjeros en un banquete al que asistieron las autoridades de Dort. Los delegados holandeses se reunieron de nuevo desde el 13 al 29 de mayo para considerar ciertos asuntos eclesiásticos. El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, llamamiento eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco Puntos del Calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. El calvinismo había mostrado una vez más su verdadero rostro: intolerancia y espíritu asesino. Desde entonces, y a través de los siglos, la decisión del Sínodo de Dort ha sido base de la Iglesia Reformada de Holanda y los Cánones Dordracenses le dieron su peculiar carácter. Sin embargo, en lo que concierne a la predestinación, difieren tanto de las Instituciones de Calvino como de la Confesión Helvética y el Consenso de Ginebra.[4]

EL CALVINISMO PERSEGUIDOR Y EL SUFRIMIENTO DE LOS ARMINIANOS TRAS EL SÍNODO DE DORT.

Por los decretos del sínodo de Dort los servicios eclesiásticos de los remonstrantes quedaron prohibidos. Episcopius, con los otros remonstrantes fue citado ante el sínodo y destituido, con más de 200 predicadores. Los que no estuvieron dispuestos a renunciar a toda actividad como predicadores fueron desterrados. Se unieron en 1619 en Amberes, donde se puso la base para una nueva comunidad eclesiástica, bajo el nombre de Fraternidad Reformada Remonstrante. Uytenbogaert y Episcopius, que habían hallado refugio en Rouen, y Grevinchoven, antiguo predicador de Rotterdam, asumieron el liderazgo de la fraternidad mientras que tres predicadores exiliados regresaron secretamente a su país para cuidar de la congregación que había quedado; pues a pesar del decreto desfavorable quedaba todavía un considerable número que no atenderían a la doctrina de la predestinación absoluta, no faltando predicadores destituidos que quisieran servirles. En 1621 Episcopius elaboró una Confessio sive declaratio sententiæ pastorum qui remonstrantes vocantur, que halló gran circulación en su traducción holandesa. Debido a la falta de predicadores se originó en Warmond un movimiento en favor del sermón laico, cuyos adherentes se afincaron posteriormente en Rynsburg y fundaron la Sociedad de Colegiantes. A invitación de Suecia y Dinamarca algunos predicadores fueron a Glückstadt, Danzig y otros lugares, fundando congregaciones, que, sin embargo, eran sólo de corta duración, salvo la de Friedrichstadt, bajo el favor y protección del duque Federico de Holstein. Las congregaciones en Holanda que se habían separado de la Iglesia reformada fueron hostigadas y perseguidas. A los predicadores se les castigó con prisión de por vida en el castillo de Loevestein. Fue sólo tras la muerte del príncipe Mauricio (1625) que amaneció un mejor tiempo para los remonstrantes. El príncipe Federico Enrique era de un espíritu más moderado, por lo que Episcopius y Uytenbogaert pudieron regresar del exilio. Todos los cautivos, siete en número, huyeron en 1631 del castillo de Loevestein, sin hacerse ningún intento serio de captura. Se construyeron iglesias y las congregaciones recibieron a sus propios predicadores. De esta manera la fraternidad quedó establecida como la Iglesia Comunidad Reformada Remonstrante.

Los remonstrantes fueron tolerados, pero no oficialmente reconocidos hasta 1795. No se les permitió construir sus iglesias en la calle y tuvieron que ayudar a sus predicadores mediante ofrendas voluntarias. Al principio había sólo 40 congregaciones, principalmente en Holanda meridional; en Holanda septentrional había sólo cuatro y otras tantas en Utrecht; otras estaban en Gelderland, Overyssel y Frisia. Los delegados de sus congregaciones se reunían cada año alternativamente en Rotterdam y Ámsterdam. En una de las primeras reuniones se estableció un orden eclesiástico. Uytenbogaert escribió un Onderwysinge in de christelycke religie en concordancia estricta con la confesión. En Ámsterdam se fundó un seminario teológico, con Episcopius como director, dando en 1634 sus primeras clases. Esta institución educó a muchos predicadores distinguidos. Gerard Brandt y sus hijos Caspar, Johannes y Gerard el Joven formaron parte de los mejores predicadores del país en el siglo XVII.

Cuando la Iglesia y el Estado se separaron, tras la revolución de 1795, la fraternidad de los remonstrantes fue reconocida como Iglesia independiente, haciendo ellos un intento de unirse a todos los protestantes. En septiembre de 1796 la convención de la Fraternidad envió una carta a los clérigos de todas las Iglesias protestantes en la que se discutía el plan plenamente. Pero la Iglesia reformada, fiel defensora del calvinismo, rechazó la cooperación. El principal punto de los remonstrantes era confesar y predicar el evangelio de Cristo en libertad y tolerancia. Sus comunidades sufrieron considerablemente durante el dominio francés, pero tras la restitución de las antiguas condiciones su causa comenzó a florecer. Muchas congregaciones rurales desaparecieron en el siglo XIX, pero nuevas congregaciones surgieron en ciudades como Arnheim, Groningen y la mismísima Dort, donde los adherentes de la moderna tendencia en la Iglesia reformada holandesa se unieron a la Fraternidad bajo la presión del confesionalismo.

LOS 5 PUNTOS DE LA REMONSTRANCIA.

Pero ¿Cuáles fueron las doctrinas arminianas a las cuales se opusieran salvajemente los calvinistas? Las proposiciones teológicas promovidas por los seguidores de Jacobo Arminio y plasmadas en “Los Cinco Artículos de la Remonstrancia” o “Protesta del 1610” fueron:

ARTÍCULO 1: ACERCA DE LA ELECCIÓN

“Que Dios, por un propósito eterno e inmutable en Jesucristo, su Hijo, antes de la fundación del mundo, ha determinado, de la raza caída, pecaminosa de los hombres, salvar en Cristo, por causa de Cristo, y a través de Cristo, aquellos que por la gracia del Santo Espíritu creerán en este su Hijo Jesús, y perseverarán en esta fe y obediencia de fe, por esta gracia hasta el fin; y, por otra parte, dejar a los incorregibles e incrédulos en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como alienados de Cristo, según la palabra del Evangelio en Juan iii. 36: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna, y el que no cree al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece en él”, y según otros pasajes de la Escritura.”

ARTÍCULO 2: ACERCA DE LA EXPIACIÓN

Que, de acuerdo con esto, Jesucristo, el Salvador del mundo, murió por todos los hombres y por cada hombre, de modo que ha obtenido para todos ellos, por su muerte en la cruz, la redención y el perdón de los pecados; aun así, nadie realmente disfruta de este perdón de pecados, excepto el creyente, según la palabra del Evangelio de Juan 3:16: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”; y en la Primera Epístola de Juan 2:2: “Y él es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los pecados del mundo entero”.

 ARTÍCULO 3: LA DEPRAVACIÓN TOTAL DE LA HUMANIDAD

“Que el hombre no posee gracia salvífica ensimismo, ni tampoco de la energía de su libre voluntad (albedrío), en la medida que él, en estado de apostasía y pecado, puede ni pensar, desear, ni hacer nada realmente bueno, (como la fe salvífica eminentemente es); sino que es necesario que este sea nacido de nuevo de Dios en Cristo, a través de su Santo Espíritu y renovado en la compresión, inclinación, o voluntad y en todos sus poderes, de manera que este pueda correctamente entender, pensar, desear y efectuar lo que es realmente bueno, conforme a la Palabra de Cristo, Juan 15:5: Separados de mí nada podéis hacer.”

ARTÍCULO 4: ACERCA DE LA GRACIA

“Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Hechos 7 y en otros muchos lugares.”

ARTÍCULO 5: SEGURIDAD EN CRISTO Y EL ESPÍRITU

“Que aquellos que están incorporados en Cristo por una fe verdadera, y de esta manera se han hecho partícipes de su Espíritu vivificante, tienen por lo tanto pleno poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo y su propia carne, y para ganar la victoria, siendo bien entendido que esto es siempre a través de la gracia asistente del Espíritu Santo; y que Jesucristo les asiste por medio de su Espíritu en todas las tentaciones, extendiendo a estos su mano, y si sólo están listos para el conflicto y desean su ayuda, y no están inactivos, les impide caer, de modo que ellos por ninguna artimaña o poder de Satanás, pueden ser engañados, ni arrancados de las manos de Cristo, según la palabra de Cristo, Juan 10:28: “Nadie los arrebatará de mi mano”. Pero si son capaces, por negligencia, de abandonar de nuevo los primeros comienzos de su vida en Cristo, regresando nuevamente a este mundo malvado presente, de apartarse de la santa doctrina que les fue dada, de perder una buena conciencia, siendo desprovistos de gracia, eso debe ser determinado más particularmente de las Sagradas Escrituras antes de que puedan enseñar esto con la plena persuasión de sus mentes.”

CONCLUSIÓN.

A pesar de la terrible oposición experimentada en siglos pasados, y de los intentos modernos por desvirtuar la fe arminiana, el arminianismo avanza en el mundo de forma imparable. De hecho, el arminianismo es la fe dominante en muchas naciones donde el evangelicalismo (principalmente pentecostal) se ha extendido. Entre las principales denominaciones arminianas se destacan las diferentes Iglesias metodistas (Iglesia Metodista Episcopal, Iglesia Metodista Unida, Iglesia Metodista Libre), la Iglesia del Nazareno, el Ejército de Salvación (The Salvation Army), la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Wesleyana, la Iglesia de Dios, las Asambleas de Dios, la mayoría de las Iglesias pentecostales, la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, las Iglesias de Cristo y otras del movimiento restauracionista (menonitas en su mayoría).​[5]

Pero los arminianos no son los únicos en rechazar los extremos peligrosos de la herejía calvinista. Muchos anglicanos (como el famoso C.S. Lewis[6]​), así como la Iglesia Copta​ y la Iglesia Ortodoxa, creen en la libertad de la voluntad humana; así como que toda persona tiene la posibilidad de recibir la salvación. Creen además que, una vez recibida, también pueden perderla a causa del pecado persistente y la apostasía. Cabe mencionar, igualmente, que cuando en el arminianismo se habla de perder la salvación, no es porque Dios la arrebata nuevamente después de haberla otorgado en Jesús, sino que es el mismo hombre quien la desecha una vez que rompe su comunión con Dios a través del pecado.

REFERENCIAS:

[1] Seguidores de Franciscus Gomarus (Brujas, 30 de enero de 1563 – Groninga 11 de enero de 1641), teólogo y orientalista holandés, de estricto calvinismo, que se opuso a Jacobo Arminio, cuya condena consiguió en el Sínodo de Dort (1618–1619). Sus seguidores eran denominados gomaristas y sus doctrinas gomarismo; también han sido calificadas como escolástica protestante. A sus habilidades intelectuales sumaba grandes dotes de polemista y fuertes convicciones que defendía con entusiasmo. Era un declarado anticatólico, enemigo del arminianismo, antisemita y partidario de toda clase de restricciones en contra de los judíos.

[2] Se conoce con el nombre de erastianismo al sistema protestante que afirma la superioridad del Estado sobre la Iglesia, defendido por el teólogo suizo Thomas Lieber, llamado «Erasto» o «Erastus», en el siglo XVI. Erasto, profesor de medicina en la Universidad de Heidelberg, fue seguidor de Ulrico Zuinglio y opositor a Calvino durante el patronazgo a los protestantes de Federico III del Palatinado. Contrariamente a lo afirmado por el calvinismo, Erasto sostenía que el Estado tenía potestad sobre el orden religioso excepto en el caso de excomunión, en su obra Explicatio gravissimae quaestionis utrum excommunicatio, quatenus religionem intelligentes et amplexantes, a sacramentorum usu, propter admissum facinus arcet, mandato nitatur divino, an excogitata sit ab hominibus, llamado comúnmente «Sesenta y cinco Tesis», compuesta en 1568 pero publicada póstumamente en Inglaterra en 1589. Las ideas del erastianismo, que heredaban parte del pensamiento de Marsilio de Padua, fueron asimiladas parcialmente en la Confesión de Fe de Westminster e influenciaron profundamente a Thomas Hobbes, que las reformula en su obra Leviathan y a Richard Hooker en su Of the Lawes of Ecclesiastical Politie.

[3] Kamen, Henry. Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna. Alianza Editorial. Madrid 1987, pp. 135-13

[4] Encyclopædia Britannica de 1911 sobre Dort, Synod of.

[5] Olson, Roger (1999) Don’t Hate Me Because I’m Arminian; Christianity Today.

[6] Clive Staples Lewis, popularmente conocido como C. S. Lewis, fue un medievalista, apologista cristiano, crítico literario, novelista, académico, locutor de radio y ensayista británico, reconocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del diablo a su sobrino, Las crónicas de Narnia y la Trilogía cósmica, y también por sus ensayos apologéticos (mayormente en forma de libro) como Mero Cristianismo, Milagros y El problema del dolor, entre otros. Lewis fue un amigo cercano de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los Anillos. Ambos autores fueron prominentes figuras de la facultad de inglés de la Universidad de Oxford y miembros activos del grupo literario informal de Oxford conocido como los “Inklings”. De acuerdo a sus memorias denominadas Sorprendido por la alegría, Lewis fue bautizado en la Iglesia de Irlanda cuando nació, pero durante su adolescencia se alejó de su fe. Debido a la influencia de Tolkien y otros amigos, cuando tenía cerca de 30 años, Lewis se reconvirtió al cristianismo. Su conversión tuvo un profundo efecto en sus obras, y sus transmisiones radiofónicas en tiempo de guerra sobre temas relacionados con el cristianismo fueron ampliamente aclamadas.

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