Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Danza profética? ¿Tabernáculo caído de David?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las modas de adoración absurdas y las innovaciones teológicas sin fundamente bíblico inundan el evangelicalismo moderno, principalmente dentro del denominado neopentecostalismo. Esto no debe sorprendernos, pues fue profetizado hace siglos por el apóstol Pablo: “El Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos abandonarán la fe para seguir a inspiraciones engañosas y doctrinas diabólicas. Tales enseñanzas provienen de embusteros hipócritas, que tienen la conciencia encallecida” (1 Timoteo 4:1-2, NVI). Tan importante consideraba Pablo evitar tales desviaciones de la fe que repitió dicha advertencia en su segunda carta a Timoteo: “En presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos, te doy este solemne encargo: Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar. Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos.” (2 Timoteo 4:1-3, NVI). Dentro de dichas modas extrañas, “inspiraciones engañosas” o “novelerías”, la danza profética sobresale por la ridiculez de sus afirmaciones.

¿QUÉ MODA EXTRAÑA ES ESTA?

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana.

A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don.[1]

En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo. Las denominadas Danzas Ministeriales comprenden, entre otras cosas:

  1. La Danza Maestral (maestros en danza): El “levita”, como un maestro, enseña a la Iglesia a través del baile o el teatro.
  2. La Danza Apostólica (apóstoles en danza): Se produce cuando la danza o la expresión artística genera influencia y actúa directamente sobre la semilla del Reino de Dios en la Tierra. Este tipo de danza se considera una guerra espiritual, una confrontación entre la luz y la oscuridad con efectos concretos, percibidos como curaciones y la liberación espiritual, las conversiones en masa, el resultado de la llegada del Reino de Dios al pueblo, ciudad o país.
  3. La Danza Profética (profetas en danza): Hacen la guerra espiritual y profetizan por la adoración profética la unión del Novio con su Iglesia. Expresa de manera espontánea lo que Dios quiere enseñar, aquello que Él quiere demostrarle a las personas o a la iglesia local.
  4. La Danza Evangelística (evangelistas en danza): Es aquella que hace la sensibilización sobre el Hijo de Dios, trata de ganar el corazón de personas a través de su danza, mostrando la necesidad de recibir Cristo y seguirlo. Es el ministerio con mayor frecuencia en las iglesias.
  5. La Danza Pastoral (pastores en danza): Es el “ministerio” de danza más común en las iglesias. Incluso muchas iglesias que no se identifican como neopentecostales suelen incluir en sus programas este tipo de “ministerios”. Sus practicantes consideran que a través de este tipo de danza los adoradores reciben alimentación, son nutridos e inspirados en su fe y adoración. Se considera que este tipo de danza aporta liderazgo y transformación en la vida cristiana a través de la Palabra manifiesta y expresada en la danza.

En el enredado mundo neopentecostal los diversos tipos de Danzas Ministeriales son “ministradas” por los “levitas y adoradores del Señor Dios Todopoderoso” con la intención producir la salvación, curación o el bautismo en el Espíritu Santo, como si los milagros y manifestaciones espirituales de origen divino pudiesen ser manipuladas por el ser humano con sus fórmulas y ritos. Aunque los devotos de estas extrañas prácticas consideran que el bailarín (erróneamente llamado “danzor” o “danzora”) no necesita una formación específica en el baile, recientemente se han creado academias o escuelas de danza ministerial. Este culto a través del baile ha recibido varios nombres: baile apostólico, danza davídica, adoración íntima, generación profética, ministración por adoradores y Levitas (danza, música y canto) y Gaditas (en intersección y la guerra espiritual), etc. Muchos nombres que describen la misma realidad: ¡Herejía!

¿LA RESTAURACIÓN DEL TABERNÁCULO CAÍDO DE DAVID?

La Danza Ministerial es considerada parte de la “Restauración del Tabernáculo Caído de David” enseñada por los grupos neopentecostales. Tal expresión alude a una corriente teológica sobre la adoración que enseña que es necesario lograr la restauración del canto y las danzas judías del tipo que se cree fueron realizados por David en su culto a Jehová en el tabernáculo de su día. Se trataría de una restauración de alabanza pura profetizada en las Escrituras que a la vez indicaría los tiempos finales. Dichos grupos suelen citar Isaías 16:5, Amós 9:11-12 y Hechos 15:16-17 (los únicos tres pasajes de la Biblia que usan dicha expresión) para sustentar su posición doctrinal:

“Y se dispondrá el trono en misericordia; y sobre él se sentará firmemente, en el tabernáculo de David, quien juzgue y busque el juicio, y apresure la justicia.” (Isaías 16:5).

“En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amós 9:11-12).

“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre” (Hechos 15:16-17).

Pero ¿En verdad pueden sustentarse en esos versículos las afirmaciones de los grupos neopentecostales? ¿Qué enseñan dichos versículos realmente? Y más aún, ¿Qué otras implicaciones tiene dicha enseñanza para la iglesia hoy? ¿Cuáles son los postulados que sostiene dicha enseñanza?

Basándonos en la fuente primaria más completa que hay sobre esta corriente, el libro The Tabernacle of David (“El Tabernáculo de David”), escrito en 1976 por Kevin Conner, el padre de esta corriente teológica, se puede resumir la enseñanza de la siguiente manera:

  • Así como el tabernáculo de Moisés fue un tipo, una figura profética, que apuntaba hacia Cristo y su obra expiatoria, David, en su oportunidad, levantó un tabernáculo especial que sólo contenía al arca del pacto, en señal del culto cristiano futuro, libre de sacrificios de sangre. Separado del viejo tabernáculo de Moisés, este tabernáculo fue un tipo de la Iglesia Neotestamentaria. Conner afirma: ““El Tabernáculo de Moisés fue dado como una sombra, un tipo, un padrón de las realidades eternas, espirituales y celestiales (Hebreos 8:5; 9:23,24). Esto seguramente es aplicable también al Tabernáculo de David”.[2]
  • David desarrolló nuevas formas de adoración en el segundo tabernáculo, como una profecía de la adoración de la era cristiana. Entraba confiadamente a este tabernáculo para contemplar el arca, sin temor del juicio divino, consciente de la gracia venidera.
  • En el Tabernáculo de David, los sacerdotes entraron a un “nuevo orden” en lo relativo a la adoración. En contraste con el Tabernáculo de Moisés y los sacerdotes en el Monte Gabaón, estos sacerdotes en el Tabernáculo en Sión no ofrecían sacrificios de animales. Ofrecían sacrificios de alabanza, gozo y gratitud. Aquí el ministerio de los cantantes y los músicos estaba en plena operación. Ofrecían “sacrificios espirituales” en el Monte Sión en el Tabernáculo de David.
  • Los sacerdotes en el Tabernáculo de David podían simplemente y confiadamente entrar en el lugar santísimo. Tenían acceso ante el arca del Señor. No existía ningún velo entre ellos y el arca, como había existido durante siglos en el Tabernáculo de Moisés. Tenían confianza para entrar “más allá del velo” porque ese velo pertenecía al Tabernáculo de Moisés, no al Tabernáculo de David.[3]
  • Lamentablemente, este nuevo culto fue abandonado al construirse el Templo de Salomón y durante las sucesivas generaciones de reyes judíos idólatras.
  • El profeta Amós reconoció estas verdades y anunció que en los postreros días se re-establecería el culto que David había iniciado en su tabernáculo (Amós 9:11).
  • En el Concilio de Jerusalén, Santiago, hermano del Señor, reconoció que con la conversión de los gentiles Dios también estaba restaurando el culto davídico a la Iglesia.
  • La Iglesia post-apostólica también abandonó el culto davídico, es decir, cayó en apostasía.
  • Desde los fines del siglo XX Dios está finalmente restaurando el culto davídico a la Iglesia, en señal de ser estos los tiempos finales.
  • La iglesia de la actualidad debe aprender todo lo posible sobre la adoración como se hacía en el Tabernáculo de David para entrar así en la verdadera adoración “en espíritu y en verdad.” Las iglesias cristianas deben adoptar formas de alabanza judías para así ministrar más perfectamente en el “Tabernáculo de David”. Esto incluiría la danza hebrea.

Aunque superficialmente dichas afirmaciones pueden parecer bíblicas y doctrinalmente correctas, las enseñanzas de moda sobre “el Tabernáculo de David”, como una profecía de la restauración de la adoración pura, son producto de una hermenéutica alegórica que mal interpreta las sagradas Escrituras, y que contradicen la verdad de la adoración bajo el nuevo pacto. Analicemos brevemente las contradicciones y errores de esta corriente doctrinal heterodoxa.

DEFICIENCIAS EN LA HERMENÉUTICA NEOPENTECOSTAL.

Para empezar, aunque es cierto que David levantó una tienda para el arca en Jerusalén e instaló a Asaf y a sus hermanos para ministrar ahí empleando música y alabanzas (1 Crónicas 15:16), no son acertadas todas las atribuciones que la enseñanza sobre “el Tabernáculo de David”, atribuye a estos hechos. Exagera las dimensiones y funciones del “Tabernáculo”, las innovaciones en el culto, y la comprensión de David de cuestiones futuras:

  1. Dimensiones y funciones del “tabernáculo de David” exagerados: La enseñanza “el Tabernáculo de David” visualiza a esta tienda como un lugar grande, espacioso, capaz de contener muchas personas a la vez quienes cantaban y danzaban alrededor del arca del pacto. Todo esto sería en figura profética del acceso de los creyentes cristianos a la presencia de Dios que se describe en Hebreos 10:19-22. Pero esto no calza bien con la realidad bíblica. Interesantemente, la versión Reina Valera nunca llama a esa tienda donde se guardaba el arca un “tabernáculo” sino usa la expresión “tienda” (2 Samuel 6:17; 1 Crónicas 15:1; 16:1). Al resto del viejo tabernáculo de Moisés, incluyendo el altar de holocaustos, que estuvo guardado en Gabaón, la versión Reina Valera sí llama fielmente “el tabernáculo de Jehová.” En el texto hebreo se emplea el mismo vocablo para ambas tiendas, Esta es una palabra hebrea que significa “morada, hogar, tabernáculo, o tienda” muy común, que ocurre 340 veces en el Antiguo Testamento. No se limita a tiendas de uso religioso (Salmos 19:4; Habacuc 3:7; Malaquías 2:12; Isaías 38:12 entre otras).[4] La traducción de Reina Valera traduce bien a Ohel como “tabernáculo” o “tienda” según el contexto. Nada hay en el texto bíblico que sugiere que la tienda levantada por David en Jerusalén era de proporciones suficientes para contener un grupo de personas que tocaba instrumentos y danzaba, más bien queda evidente que se trata de un recurso de almacenamiento provisorio hasta que se levantara un Templo digno de ser el centro de la adoración nacional. La verdad es que el arreglo que David había hecho para guardar el arca en Jerusalén no le satisfacía, y no lo consideraba gran cosa. Se quejaba ante Dios diciendo: “He aquí yo habito en casa de cedro, y el arca del pacto de Jehová debajo de cortinas.” (1 Crónicas 17:1). La doctrina neopentecostal sobre “el Tabernáculo de David” exagera el propósito de la tienda del arca del pacto en Jerusalén, cambiando su función de un lugar de almacenamiento provisorio a una proyección tipológica de la adoración cristiana, asunto que no tiene ninguna confirmación apostólica en el Nuevo Testamento.
  2. Innovación Exagerada: La enseñanza “el Tabernáculo de David” afirma que ahí por primera vez se usaron instrumentos musicales, cantores, la danza, el levantar manos, palmoteos, y gritos de júbilo.[5] Dice que ninguna de estas cosas sucedía en el culto a Jehová en el orden establecido por Moisés. Pero lo cierto es que no se puede afirmar que antes de David no existieran estas cosas en el rito judío. Al cruzar Israel el Mar Rojo, María y sus compañeras danzaron, tocaron panderos y cantaron (Éxodo 15:20). Incluso el culto profano al becerro de oro en el desierto fue acompañado de danzas y cánticos (Éxodo 32:6, 32:18-19). Durante el tiempo de los jueces las mujeres recibían a los soldados israelitas vencedores con danzas, cánticos y panderos (Jueces 11:34; 1 Samuel 18:6). No se debe pensar que David solo estableció el ministerio musical en Jerusalén, cerca del arca. También estableció sacerdotes músicos y cantores en el tabernáculo de Moisés que estaba guardado en Gabaón (1 Crónicas 16:39-42). Interesantemente, estos, de la línea de Sadoc, eran de mayor rango que los que ministraban en Jerusalén.[6] Esto nos sugiere que la mejor música se ejecutaba en el viejo tabernáculo erigido por Moisés, no en la tienda levantada por David.
  3. Comprensión Profética Exagerada: La enseñanza “el tabernáculo de David” atribuye a David una insólita comprensión profética de las realidades futuras que vendrían después en Cristo. Pero nada hay que indica que David levantó un segundo “tabernáculo” con la finalidad de adorar libremente a Dios sin ofrecer sacrificios y ofrendas, y para poder mirar al arca del pacto cuando quisiera. No hay ninguna mención de que David o sacerdote alguno haya entrado a la tienda del arca para mirarla. Si David consideraba que ya no era necesario impedir el acceso al arca mediante un velo, uno no se explica por qué no enseñó esta nueva libertad a Salomón para que fuese incorporada en el culto en el Templo de Jerusalén. Salomón en su oportunidad hizo un gran velo que separó al lugar santísimo del resto del Templo (2 Crónicas 3:14). No se debe pensar que a David ya no le interesaban los sacrificios y las ofrendas levíticas. Al comprar la era de Ornán el jebuseo, David edificó un altar y ofreció holocaustos y ofrendas de paz (1 Crónicas 21:26). Aún en aquella oportunidad David hubiera preferido ir a Gabaón a ofrecer sus sacrificios, pero temía hacerlo porque había pecado al hacer el censo del pueblo de Israel (1 Crónicas 21:28-30). David continuó ofreciendo sacrificios y ofrendas de animales a Jehová, puesto que en ese nivel de revelación operaba. No es correcto atribuirle una comprensión absoluta de lo que vendría con Cristo.
  4. La profecía de Amós referente al “tabernáculo de David”: Casi trescientos años más tarde, el profeta Amós fue enviado por Dios a la nación de Israel para profetizar contra los graves pecados que allí se cometían. La nación israelita se había dividido en dos después de la muerte de Salomón, permaneciendo la dinastía davídica en el trono de Jerusalén, capital de Judá, nación compuesta por las tribus de Judá y Benjamín. Las diez tribus restantes habían formado la nación de Israel sobre la base del culto a dos becerros de oro preparados por Jeroboam, el primer rey separatista. En el último capítulo de su profecía, luego de asegurar que el castigo de Dios vendría pronto sobre la nación israelita, Amós dice lo siguiente: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto.” (Amos 9:11-12). Es preciso entender qué quiso decir Amós con esa expresión en su oráculo, y qué quiso decir más adelante Santiago, al citar la profecía. Conner, el creador de la doctrina en cuestión, opinaba que Amós estaba hablando sobre la tienda que David había levantado en Jerusalén para recibir al arca del pacto, preocupado por la situación de la falta de adoración y la necesidad de su restauración: “El levantar el Tabernáculo caído de David, cerrar sus portillos y levantar sus ruinas, y edificarlo como en el tiempo pasado ciertamente significaba una restauración del orden de la adoración establecido en ese Tabernáculo“.[7]Sin embargo, los problemas de los tiempos de Amós eran la división del reino entre Israel y Judá, la apostasía de los reyes Jeroboam y Uzías, y la idolatría del pueblo. Para Amós la expresión “yo levantaré el tabernáculo de David” no es la esperanza de volver a danzar y a cantar salmos. Es algo mucho más grande que eso. Es la reunificación y restauración de Israel bajo un solo gobierno. Es la esperanza mesiánica. Además, la palabra hebrea empleada por Amós traducida en la Reina-Valera como “tabernáculo” no es Ohel, la comúnmente usada para describir el Tabernáculo de Moisés, sino Cukkah que significa tienda, carpa o choza. Esta fue la palabra hebrea usada para describir las sencillas tiendas usadas en la fiesta de tabernáculos.[8] Cukkah es una tienda o choza humilde, sencilla, no ostentosa ni gloriosa. La versión popular Dios Habla Hoy y la Nueva Versión Internacional, ambas emplean la palabra “choza” en vez de “tabernáculo” en Amós 9:11 (“…levantaré la choza caída de David.”). Amós no habla literalmente del Tabernáculo de reunión donde antes se hacían las ofrendas bajo el sacerdocio levítico, ni de la tienda de almacenamiento provisorio del arca en tiempos de David, sino metafóricamente de la dinastía davídica, “la casa de David”, que estaba tan lejos del ideal que Dios deseaba. Amós extiende la metáfora de una carpa o choza a un edificio en ruinas. “Levantaré sus ruinas, lo edificaré”. Estas no son expresiones pertinentes a carpas de pieles como las tiendas o tabernáculos del Antiguo Testamento. Amós tampoco estaba hablando del Templo de Salomón, porque durante su tiempo éste estaba en pie y no destruido. Ahí estaba el arca del pacto; y se hacían las ofrendas con regularidad bajo el gobierno de Uzías. Amós lamentaba la división y pecaminosidad de Israel. Su esperanza estaba en el Mesías. Esa esperanza llegó a una proyección global para “todas las naciones”.

Si la enseñanza de Conner sobre la Restauración del tabernáculo caído de David” es simplemente un error de hermenéutica y pura eiségesis alegórica ¿Dónde queda la Danza Ministerial y los excesos en la adoración promovidas en el neopentecostalismo? ¡En ningún lado! Pierden toda razón de ser.

LO QUE LA BIBLIA REALMENTE ENSEÑA SOBRE LA DANZA.

Hay varias expresiones bíblicas que se refieren a “danzar” y “bailar”. De hecho, las Sagradas Escrituras nos informan que los pueblos antiguos manifestaban sus sentimientos por medio de las danzas. Sin embargo, la práctica de las “Danzas Ministeriales” que se ejerce en muchas iglesias no tiene el sustento ni la evidencia bíblica adecuada. Mucho menos atribuir tales cosas al Espíritu Santo y convertir la danza en uno de los “dones ministeriales” tiene apoyo en la Biblia. Estas danzas nunca ocurrieron en los cultos oficiales al Señor en el Antiguo Testamento, es decir en relación al santuario o dentro de sus puertas. Tampoco vemos dicha práctica en las iglesias del Nuevo Testamento ni en las Iglesias Primitivas de los primeros cristianos.

¿Significa esto que debemos excluir por completo la danza de nuestra adoración? No. El uso de la danza ha sido uno de los distintivos del movimiento pentecostal desde sus inicios, pero definitivamente no como se practica en círculos los neopentecostales modernos, los cuales convierten en un show elaborado y artificial lo que en otro tiempo fue una expresión espontánea de gozo, alegría y júbilo. La Biblia no prohíbe usar la danza en la adoración a Dios; de hecho, hace mención de dicha práctica como forma de devoción y alabanza aceptable en el pueblo de Dios. Analicemos las palabras hebreas y griegas para “danza” y observemos la connotación bíblica que se le da a dicha práctica:

  1. Chagg: Se da este caso en 1 Samuel 30:16, donde dicho vocablo se traduce como “festejar”: “El egipcio los guio hasta los amalecitas, los cuales estaban dispersos por todo el campo, comiendo, bebiendo y festejando el gran botín que habían conseguido en el territorio filisteo y en el de Judá.” (NVI). Sobre el significado de Chagg, el Diccionario Strong nos dice: “propiamente moverse en círculo, i.e. (específicamente) marchar en procesión sagrada, observar un festival; por implicación estar alegre”. Dicha expresión no implica ni indirectamente los bailes y danzas ni mucho menos dentro del templo, ni ligadas al Espíritu Santo.
  2. Chîyl o Chuwl: Se usa en Jueces 21:21, donde dice: “y estén atentos. Cuando las muchachas de Siló salgan a bailar, salgan ustedes de los viñedos y róbese cada uno de ustedes una de esas muchachas para esposa, y váyase a la tierra de Benjamín” (NVI). La palabra para “bailar” significa según los diccionarios, danzar en círculos” o “dar vueltas circulantes”. Luego se da el mismo caso en Jueces 21:23. Es interesante notar que estas “danzas circulares” ocurrieron afuera del templo.
  3. Râqad o Karar: Se emplea en 1 Crónicas 15:29 en relación con David: “Pero cuando el arca del pacto de Jehová llegó a la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, mirando por una ventana, vio al rey David que saltaba y danzaba; y lo menospreció en su corazón”. Y también en Job 21:11, Eclesiastés 3:4 e Isaías 13:21. Como podemos notar claramente, la palabra que casi siempre se traduce por “saltar o saltarán” es la misma que a veces se traduce por danzar, especialmente en el caso de David. David “saltaba de alegría”. La danza de David fue un acto de solemne y santo gozo. Para una persona del Cercano Oriente de entonces, esa era una manera natural de expresarse por extraña que nos parezca hoy. De ese modo David expresó su alabanza de agradecimiento y así honró y glorificó el santo nombre de Dios. La danza que David hacía era “saltar” literalmente o dar vueltas. Fue tanto así que Mical lo despreció. Pero lo más importante de todos es que tales actos ocurrieron en un momento de intensa alegría al encontrar y traer de nuevo el Arca del Pacto. No ocurrió dentro del Templo, pero sí fue una expresión de júbilo y alabanza al Señor.
  4. Mâchowl o Machowal: Se deriva de una raíz que significa simplemente voltear. Puede significar girar alegremente en una vuelta. Se emplea en Salmos 30:11, Salmos 149:3, Salmos 150:4, Jeremías 31:13 y Lamentaciones 5:15. La danza, mencionada en dichos versículos, ocurre en diversos contextos. Podemos notar primeramente los lamentos, especialmente en el caso de Jeremías y Lamentaciones. Esto no tiene nada que ver con la adoración ni menos con el templo. Los otros casos, pero los más famosos de todos ocurren con David y sus Salmos. En los Salmos 149:3 y 150:4, el machowal ocurre en el contexto de una lista de instrumentos que se utilizarán para alabar al Señor. El salmista invita al pueblo de Dios para alabar al Señor “por sus proezas” (v. 2) en todos los lugares posibles y con cada instrumento musical disponible y, obviamente, con danzas espontáneas nacidas de una devoción sincera al Señor.
  5. Mechôwlâh: Es la forma femenina de mechôwlâh: Girar alegremente dando vueltas. Se emplea en Éxodo 15:20, donde se nos dice que María “tomó el tamboril en su mano, y todas las mujeres salieron detrás de ella con tamboriles y con danza. (esto es, alegres giros en vueltas). También se emplea en Éxodo 32:19, Jueces 21:21, 1 Samuel 18:6, 1 Samuel 21:11 y 1 Samuel 29:5. La palabra hebrea “mechowlah” que se traduce como “danza” aparece siete veces. En cinco de los siete casos, la danza es realizada por las mujeres en la celebración de una victoria militar (1 Samuel 18:6, 21:11, 29:5, Jueces 11:34, Éxodo 15:20). María y las mujeres bailaban para celebrar la victoria sobre el ejército de Egipto (Éxodo 15:20). La hija de Jefté bailaba para celebrar la victoria de su padre sobre los amonitas (Jueces 11:34). Las mujeres bailaban para celebrar la masacre de los filisteos por David (I Samuel 18:6, 21:11, 29:5).En otros dos casos, mechowlah se utiliza para describir la danza de los israelitas en torno al becerro de oro (Éxodo 32:19) y la danza de las hijas de Silo en los viñedos (Jueces 21:21). Sin embargo, en ninguno de estos ejemplos la danza es parte de un servicio de adoración en el Templo.
  6. Pâcach: Significa literalmente “danzar como quien está cojeando”: “y (los profetas de Baal) danzaban, sobre el altar que habían hecho” (1 Reyes 18:26). Es un tipo de danza ocurrido en un contexto pagano y por lo tanto no tiene alguna connotación para la adoración a Dios.
  7. Orcheomai: Significaba probablemente levantar de los pies; de ahí, saltar con un movimiento regular. La actuación de la hija de Herodías es el único ejemplo claro de danza artística, forma esta introducida por las costumbres griegas. Este vocablo se emplea en Mateo 11:17, Lucas 7:32, Mateo 14:6 y Marcos 6:22. En dos de estos casos la danza fue hecha por la hija de Herodías, y claramente fue un tipo de baile sensual que era común en aquella comunidad romana.
  8. Choros: Denota en primer lugar un recinto para la danza; de ahí una compañía de bailarines y de cantantes”. Este vocablo se emplea en la parábola del hijo pródigo y claramente Jesús no tenía en mente enseñar de alguna manera indirecta los bailes y su utilización en la iglesia. Simplemente describe la situación y la alegría como lo demostraron aquellos hombres que vivían en el campo.

Debemos enfatizar que los casos en los que la danza es mencionada en la Biblia son tomados, en su mayoría, del Antiguo Testamento. No se registra ningún ejemplo de adoración a Dios a través de la danza en la iglesia primitiva. Incluso si tomamos en cuenta solo el Antiguo Testamento debe admitirse que la mayoría de los casos de la danza fueron ocasiones de alegría y saltos y no daban lugar a la euforia y hasta la sensualidad y exhibicionismo que vemos hoy día en los “ministerios” de danza de muchas iglesias. Por lo tanto es sano concluir que la permisión de ministerios de danza y otras manifestaciones extrañas que ocurren en muchas iglesias no se fundamentan en las Escrituras.

¿QUÉ HAY CON LA “DANZA EN EL ESPÍRITU”? ¿ES BÍBLICA?

Ningún pasaje de las Escrituras habla de “danzar en el Espíritu”. Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica. En diversas culturas, los seres humanos han acostumbrado expresar sus sentimientos por medio de las danzas, pero la Biblia jamás menciona nada semejante a lo que hoy algunos llaman “danzar en el Espíritu”.

Es indiscutible que entre las naciones semíticas (judíos, árabes, etc.), la danza era practicada tanto por hombres como por mujeres. Incluso Jesús hizo mención de ello en el Nuevo Testamento (Mateo 11:17, Lucas 15:25), aunque sin relación con la adoración a Dios, pues la música y las danzas solían acompañar las festividades nacionales y seculares judías. Sin embargo, aunque los escritores del Nuevo Testamento aconsejan a los creyentes alegrarse en el Señor, no hay ninguna recomendación en el Nuevo Testamento, ni mucho menos un mandato para la Iglesia en la dispensación de la Gracia, diciendo que se deba “danzar en el Espíritu”. Pablo, quien a menudo habla de “orar en el Espíritu”, “bendecir en el Espíritu” y “cantar en el Espíritu”, pero jamás de “danzar en el Espíritu”.

Entonces, si ni Jesús, ni Pablo, ni ninguno de los otros apóstoles habló jamás de la danza en el Espíritu ¿Por qué en muchas iglesias pentecostales se dan cierto tipo de experiencias extáticas extrañas, irreverentes, y hasta risibles, que involucran “danza”, contorsiones, movimientos extraños y cosas semejantes, bajo efecto de una posesión espiritual atribuida al Espíritu Santo? ¿Es esto obra del Espíritu Santo?

Como pentecostales, no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo entre los creyentes. Sin embargo, creo que hemos confundido lo que es una manifestación genuina del Espíritu Santo con nuestra reacción emocional ante el toque de Dios. Quienes hemos experimentado el toque del Espíritu Santo en nuestras vidas sabemos que en algunos momentos no es tan fácil incluso controlarse ante el derramamiento del poder de Dios: quisiéramos llorar, saltar, gritar, movernos, brincar y si… danzar. Pero esa no es la manifestación de la presencia o llenura del Espíritu Santo, ni siquiera de su toque. Es más, ciertas danzas, expresiones, estilos de oración y muchas otras cosas que ocurren en muchos cultos evangélicos no son espontáneos, sino ensayadas, aprendidas, imitadas y, en el peor de los casos, fingidas por algunos para aparentar la llenura del Espíritu y lucir piadosos. Son meramente comportamientos aprendidos, una reacción acorde con lo que se espera que pase. Sin embargo, la Palabra nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más autodominio posee. Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana. El descontrol de nuestros sentimientos, emociones y reacciones físicas no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios, sino todo lo contrario:

“Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas.” (1 Corintos 14:32, LBLA).

“Porque a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden. Como es costumbre en nuestras iglesias” (1 Corintios 14:33, TLA).

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Timoteo 1:7, NTV).

La danza en el Espíritu no debería ser punto de honor en las iglesias. Ciertamente, hay otras maneras más decorosas y edificantes para los que nos rodean, de agradecer a Dios por su amor y bondad, que ciertas prácticas extravagantes que pueden llegar a despertar solamente la curiosidad carnal. En conclusión, el “danzar en el Espíritu” no es bíblico. No fue una práctica de la iglesia primitiva, no fue enseñada por Jesús (ejemplo supremo de llenura del Espíritu) ni por ninguno de los apóstoles. Es simplemente una reacción emocional de algunos que, más que edificación, trae oprobio y burla sobre la iglesia.

En otros casos, la llamada “danza en el Espíritu” es una expresión de religiosidad popular propia de iglesias en las cuales el sincretismo predomina por encima de la Palabra. Muchos investigadores apuntan a la posibilidad de que este fenómeno haya surgido fruto del sincretismo religioso con cultos de origen animista, donde la posesión y las experiencias extáticas desordenadas son comunes. Quizá esto no suene agradable para algunos, pero es la verdad. Una verdad que se tenía que decir: La “danza en el Espíritu” no es bíblica.

CONCLUSIÓN.

¿Está prohibido usar la danza como expresión de júbilo y adoración a Dios? ¡En ninguna manera! Ya hemos visto que la Biblia sí registra ejemplos en los que la danza fue empleada en la adoración o alabanza a Dios. Sin embargo, hay algunos principios a tener en cuenta al considerar la danza como expresión de adoración:

  • Eclesiastés 3:4 — hay un momento apropiado para danzar (y por consiguiente un momento inapropiado para danzar).
  • Salmo 149:3; 150:4 — ambos pasajes mencionan que podemos alabar o adorar a Dios con danza.
  • Primera Corintios 6:19-20 — nuestros cuerpos pertenecen a Dios, y son el templo del Espíritu Santo. Así que todo lo que hacemos debe honrarle a él. Esto incluye la danza.
  • Sin embargo, en esto, como en todo, debemos recordar que: “a Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden.” (1 Corintios 14:33, TLA).

La danza, como instrumento de adoración y expresión de júbilo no está prohibida. Lo que sí es prohibido e incorrecto es convertir en un ministerio algo que jamás lo fue o, peor aún, convertirlo en doctrina y práctica oficial de la iglesia, dándole un carácter místico y herético que escapa de la intención de los escritores sagrados. Sobre todo, la enseñanza sobre el Tabernáculo de David y su supuesta restauración en nuestra época carece del más mínimo fundamento bíblico.

REFERENCIAS:

[1] Tara Gilyard, Prophetic Dance: Communicating Divine Revelation Through Movement, PublishAmerica (2006).

[2] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 3.

[3] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 126.

[4] James Strong,Strong’s Exhaustive Concordance, (New Jersey: Madison, 1890) citado en Conner, pag. 9.

[5] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 156.

[6] Donald Guthrie, Nuevo Comentario Bíblico, (El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1989), pág. 291.

[7] Kevin Conner, The Tabernacle of David: The Presence of God as Experienced in the Tabernacle (1976), City Christian Publishing, U.S.A., pp. 147.

[8] Robert Baker Girdlestone, Sinónimos del Antiguo Testamento (Barcelona: CLIE, 1986), p. 236.

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