Arminianismo Clásico

Una vez salvo, ¿Siempre salvo?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El eslogan calvinista “Una vez salvo, siempre salvo” busca recalcar la seguridad eterna del creyente, y sugiere que la salvación del creyente es firme, ella no está en peligro, y no será quitada. Transmite claramente la idea de que una vez que una persona es salva, su salvación se mantiene inmutable y sin interrupciones para siempre. Algunas personas afirman incluso que una vez que una persona haya profesado fe en Jesús, entonces ella es “salva”, y ella nunca perderá su salvación, independientemente de sus creencias y acciones posteriores. Algunos ven en esto una licencia para pecar (antinomianismo), por lo que para evitar tal crítica los defensores de esta doctrina insisten en la necesidad de dar frutos como evidencia de la salvación. Esta variante doctrinal (parcialmente calvinista) abre las puertas de la salvación para todos, no sólo para un pequeño grupo de elegidos, pues afirma que una vez adentro (es decir, habiendo aceptado a Cristo como Salvador) todos son parte de los elegidos y, por consiguiente, estos ya no pueden perderse jamás. Los hipercalvinistas, sin embargo, suelen ridiculizar la doctrina del “Una vez salvo, siempre salvo” y rechazan tal postura, pue no creen que la salvación esté disponible para todos sino solamente para los elegidos.

La doctrina del “una vez salvo, siempre salvo”, o seguridad eterna del creyente, se desprende del quinto punto del calvinismo o perseverancia de los santos. La doctrina de la Perseverancia de los santos aparece en la Confesión de Fe de Westminster de la siguiente manera:

“Los que han sido, aceptados por Dios en su Hijo Amado, eficazmente llamados, y santificados por su Espíritu, no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia; sino que ciertamente perseverarán en ella hasta el final y serán salvos eternamente”.[1]

La Perseverancia de los santos es el paso lógico y final en la doctrina calvinista, ya que las doctrinas de la Elección Incondicional y del Llamamiento Eficaz, implican lógicamente la salvación segura de aquellos que reciben estas bendiciones. Si Dios ha escogido absoluta e incondicionalmente a ciertas personas para vida eterna, y si su Espíritu aplica eficazmente a estas los beneficios de la redención, entonces la conclusión ineludible es que estas personas serán eternamente salvas. Tal posición teológica es rechazada de forma generalizada por todas las corrientes del arminianismo.

LA PERSPECTIVA ARMINIANA.

En plena concordancia con la Biblia, el arminianismo clásico enseña que los que son incorporados a Cristo por una fe verdadera, y por lo tanto son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, tienen así todo el poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo, y su propia carne, y para ganar la victoria; siendo bien entendido que es siempre a través del auxilio de la gracia del Espíritu Santo; y que Jesucristo les ayuda a través de su Espíritu en todas las tentaciones. No obstante, también enseña que estos sí son capaces, por negligencia, de abandonar su vida en Cristo, volver al mundo y apartarse de la doctrina sagrada que les ha sido dada, perdiendo así una buena conciencia y cayendo de gracia. Estos pueden perderse eternamente si así lo eligen, o arrepentirse y volver al camino de la salvación si así lo desean. El escritor sagrado confirma esta verdad defendida por el arminianismo:

“¿Acaso piensan que me agrada ver morir a los perversos?, pregunta el Señor Soberano. ¡Claro que no! Mi deseo es que se aparten de su conducta perversa y vivan. Sin embargo, si los justos se apartan de su conducta recta y comienzan a pecar y a comportarse como los demás pecadores, ¿se les permitirá vivir? No, ¡claro que no! Todas las acciones justas que han hecho serán olvidadas y morirán por sus pecados. Sin embargo, ustedes dicen: “¡El Señor no hace lo correcto!”. Escúchame, pueblo de Israel. ¿Soy yo el que no hace lo correcto o son ustedes? Cuando los justos abandonen su conducta justa y comiencen a cometer pecados, morirán por eso. Sí, morirán por sus acciones pecaminosas; y si los perversos abandonan su perversidad, obedecen la ley y hacen lo que es justo y correcto, salvarán su vida. Vivirán, porque lo pensaron bien y decidieron apartarse de sus pecados. Esas personas no morirán” (Ezequiel 18:23-28, NVI).

La gracia divina estará siempre disponible para ellos. Pero el juicio también para aquellos que se aparten definitivamente y no vuelvan al Señor al continuar en apostasía, rebeldía y perseverancia en el pecado. En su disputa contra los calvinistas en el Sínodo de Dort los Remonstrantes, sucesores de Jacobo Arminio, afirmaron que, mientras un creyente siga siendo un creyente, entonces él o ella no pueden perecer; en consecuencia, “el que persevere hasta el fin será salvo”.[2] Sin embargo, los Remonstrantes reconocían la posibilidad de que un creyente pudiera permanecer constante por un tiempo, pero finalmente, “ya sea por las tentaciones del mundo, la carne o Satanás” pudiera desertar de la fe.[3]

La posición arminiana con respecto a la posibilidad de caer de la gracia halla ejemplos prácticos en la historia sagrada, como es el caso de Demas, colaborador del apóstol Pablo en el Evangelio, quien se enamoró del mundo y abandonó a Pablo al retirarse a Tesalónica (2 Timoteo 4:10), así como a aquellos a quienes Jesús se refiere en la parábola del sembrador: Muchos escuchan la palabra y la reciben de inmediato con alegría, lo cual no harían a menos que la gracia de Dios los indujera a hacerlo; sin embargo, cuando vienen los problemas o persecución a causa de la palabra, esas personas deciden no perseverar más (Mateo 13: 20-21). Esto no significa que ellos jamás fueron creyentes, sino que, habiéndolo sido, cayeron en apostasía y se perdieron.

La perseverancia condicional, entonces, es la garantía de la salvación final para aquellos que permanecen y confían continuamente en Cristo Jesús. Si analizamos bíblicamente las enseñanzas de Jesús, encontramos que la salvación se pierde: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden” (Juan 15:6). Al mirar la expresión “el que en mí no permanece”, un calvinista podría argumentar que ese nunca fue salvo, porque no era escogido, por eso no permaneció. Pero Jesús está hablando de un pámpano, una parte integral de la vid, la cual no permaneció y por eso será echada al fuego. Si estaba “en Él” era salvo, pero si se aleja y rehúsa permanecer en Él será echado fuera, se secará y será echado en el fuego. Aún en este texto, Jesús está reconociendo el libre albedrío del hombre y su papel en la salvación humana, pues menciona la existencia de personas que no quieren permanecer en Él y se pierden por voluntad propia.

Cuando analizamos la cita bíblica de Marcos capítulo 9 de los versículos 43 al 48, podemos llegar a la misma conclusión: la pérdida de la salvación. En ese texto Jesús enseña que “si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado”. Jesús habla de alguien que es salvo, pero que tiene la posibilidad de caer, perdiendo con ello su salvación.

Juan 10: 28 es usado a menudo para sostener la imposibilidad de perder la salvación. Dicho texto dice: “y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano”. Pablo también nos dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39). Es verdad que nadie nos arrebatara de la mano del Padre y del Hijo, que Dios nos da vida Eterna y no temporal, es verdad que Dios nos ayuda a perseverar, pero eso no niega la realidad de la posibilidad de apostasía. El calvinismo si lo niega, a pesar de que la Biblia lo afirma. 1 Timoteo 4:1-2 “El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe.” (¿Que parte de “¿El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe,” no entienden los calvinistas para decir que es imposible apostatar?)

La realidad de la apostasía es la motivación de la exhortación de la carta de Hebreos.  Hebreos 10:26-29 nos dice: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

Hebreos 6:4-8 nos recuerda esta terrible verdad: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”. Nos preguntamos ¿Quiénes son los que una vez “fueron hechos partícipes del Espíritu Santo… y los poderes del siglo venidero, y recayeron”, si no los creyentes que apostataron? Para los que se apartan, habiendo sido salvos previamente, pero rechazado luego tal bendición, la sentencia es clara. Dicha gente: “es reprobada está próxima a ser maldecida, y su fin es ser quemada”. La posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación es real. 2 Corintios 3:5-7 nos exhorta: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.”

Mateo 7:13-14 nos dice:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Los calvinistas pretenden usar estos versículos para afirmar que el número de los elegidos es reducido; sin embargo, más que probar el calvinismo prueba el libre albedrío y la posibilidad del hombre (dada por Dios) de responder a la salvación. Pocos lo hallan, escogieron ellos el camino a seguir. No fueron forzados por Dios de forma irresistible. En otra oportunidad, Jesús advirtió a sus siervos a ser fieles:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes lo pondrá. Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir, y comienza a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:45-51).

Primero Jesús habla del siervo fiel y prudente, que recibirá recompensa cuando venga su Señor. Después habla de un siervo malo, que cree que su Señor está tardando en venir y comienza a maltratar sus consiervos y a emborracharse. Jesús está hablando de un siervo que llegó a ser infiel y malo, de alguien que en otro tiempo servía a su señor. No se refería a uno que no conocía a su dueño. En otras palabras: un creyente que comienza a hacer lo malo. Viene su señor en el día que no espera y a la hora que no sabe. ¿No será así en la venida de Jesús? Ese siervo será castigado, al lloro y crujir de dientes (lago de fuego). Este último, aunque era fiel al principio, perdió su condición de siervo y se fue con los hipócritas. Y es que la Biblia es clara al afirmar que una persona que haya conseguido la salvación al depositar su fe en Jesús puede perder esa fe y, por lo tanto, la salvación. La Biblia nos exhorta:

“Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos… Ahora quiero recordaros, aunque ya definitivamente lo sepáis todo, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron” (Judas 3,5; LBLA).

Esto quiere decir que mantenerse fiel requiere un gran esfuerzo. A los primeros cristianos que ya habían aceptado a Cristo se les dijo: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12, LBLA).

La Biblia nos advierte de que los pecados graves impiden que heredemos el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19-21). Si la salvación no se pudiera perder, esas advertencias no tendrían ningún sentido. La Biblia muestra que alguien que ha obtenido la salvación puede apartarse de Dios si comete un pecado grave y rehúsa abandonarlo. Por ejemplo, Hebreos 10:26 dice:

“Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 6:4-6).

El apóstol Pedro también nos advierte:

 “Porque si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera. Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: El perro vuelve a su propio vomito, y: La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22, LBLA).

Como ya se dijo anteriormente, Jesús destacó la importancia de mantenerse fieles cuando se comparó a sí mismo con una vid y comparó a sus seguidores con las ramas de esa vid. Por un tiempo, algunos de ellos demostrarían por sus frutos o acciones que tenían fe en él, pero más tarde dejarían de tener fe y serían desechados como una rama que no tiene fruto, así que perderían la salvación (Juan 15:1-6). El apóstol Pablo usó un ejemplo parecido cuando dijo que el cristiano que no se mantuviera fiel sería podado:

“Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado” (Romanos 11:17-22, LBLA).

La Biblia dice que los cristianos deben mantenerse alerta (Mateo 24:42; 25:13). Aquellos que se duermen en sentido espiritual, ya sea porque practican obras de maldad o porque no obedecen plenamente los mandatos de Jesús, pierden la salvación (Romanos 13:11-13; Apocalipsis 3:1-3).

Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente? Es más, el apóstol Pablo (a cuyos escritos muchos calvinistas acuden en defensa de sus doctrinas) no pensó jamás que tenía la salvación asegurada por algún tipo de decreto divino. Ciertamente, él no creía en la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos. Anteriormente había reconocido que podía perder la salvación si se dejaba llevar por los deseos carnales. Él escribió:

“sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).

También afirmó:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

ARGUMENTOS LÓGICOS Y ANALOGÍAS SIN FUNDAMENTO BÍBLICO EMPLEADOS PARA DEFENDER LA CREENCIA DE “UNA VEZ SALVO, SIEMPRE SALVO”:

Los argumentos analógicos o lógicos son recursos muy corrientes entre quienes sostienen la posición que afirma que “una vez salvos, siempre salvos”. Tales argumentos se basan con frecuencia en analogías trazadas a partir de la experiencia humana y no en la enseñanza bíblica. Por ejemplo:

SI ALGUIEN PUDIERA SER CERCENADO DEL CUERPO DE CRISTO, ÉSTE QUEDARÍA MUTILADO:

La Biblia no enseña que Cristo esté completo en nosotros, como parece implicar tal argumento; lo que Pablo dice, por el contrario, es que nosotros somos quienes estamos completos en Él (Colosenses 2:10). Somos nosotros quienes separados de Él no podemos hacer nada (Juan 15:4-5). Él sigue siendo Dios y sigue estando completo, con nosotros o sin nosotros. Dios es santo, eterno, todopoderoso, y completamente autosuficiente. Él no necesita de ningún ser creado, pero nosotros si necesitamos a Dios. Toda la creación depende de la vida que sólo Dios sustenta. “Él hace producir el heno para las bestias”, y “todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo… Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo” (Salmo 104:14, 27, 29). Por otro lado, Dios no depende de nada ni de nadie. A él no le hace falta nada, no conoce ninguna limitación, y no experimenta ninguna deficiencia. Él es “YO SOY EL QUE SOY”, sin ninguna otra calificación o excepción (Éxodo 3:14). Si Dios necesitara algo para sentirse completo, entonces no sería Dios.

SI ALGUIEN ES HIJO DE DIOS, ENTONCES PASE LO QUE PASE, NO PUEDE DEJAR DE SERLO:

Cuando intentamos establecer una correlación absoluta entre una relación espiritual y una natural se nos plantea un problema: si las relaciones espirituales no pueden cambiar, sería entonces imposible que pudiéramos ser salvos. Por ejemplo, Juan 8:44 nos dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”. 1 Juan 3:10 también nos dice: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. En Efesios 2:1-3 pablo se refiere a los no creyentes como personas que viven según el príncipe de la potestad del aire; también les llama hijos de desobediencia e hijos de ira. Si es cierto que las relaciones espirituales no pueden romperse cuando hablamos de los “hijos de Dios”, en tal caso la coherencia lógica demanda que también los “hijos del diablo” sean siempre hijos del diablo. Por tanto, nadie podría jamás llegar a ser hijo de Dios. El argumento que reza: “una vez hijo, lo eres siempre”, no es pues válido.

ALGUIEN QUE HA NACIDO DE NUEVO NUNCA PUEDE DEJAR DE HABER NACIDO:

Esto es cierto, pero olvidan algo importante: Cuando alguien apostata de la fe, lo que sucede no es que tal persona deje de haber nacido, ¡Sino que muere! Antes de la conversión, las personas están espiritualmente muertas (Efesios 2:1). Por medio de la apostasía y la perseverancia en el pecado, se regresa a este estado de muerte espiritual. Como dice Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Romanos 6:23 afirma contundentemente: “Porque la paga del pecado es muerte”. Nadie puede perseverar en el pecado y creer que seguirá gozando de vida espiritual. 1 Timoteo 5:6 nos recuerda que la persona que “que se entrega a los placeres desenfrenados, aun viviendo, está muerta”.

SE DICE QUE EL CREYENTE TIENE VIDA ETERNA COMO POSESIÓN PRESENTE; NO SERÍA ETERNA SI PUDIESE PERDERLA:

Se usan muchos textos para apoyar este argumento (Juan 3:15-16; 3:36; 5:24; 6:54; 10:28). Estos versículos hablan de vida eterna. Por ello hemos de preguntarnos qué es esta vida eterna. La respuesta puede parecernos obvia, pero ¿lo es realmente? ¿Es la vida eterna una mera cantidad de vida? ¿significa tan solo que voy a vivir para siempre? Por otra parte, ¿Tienen vida eterna los no creyentes? No existe un solo versículo en la Biblia que afirme tal cosa. Por supuesto, los no creyentes existirán eternamente. Sin embargo, esto no es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de vida eterna. Varios versículos de los escritos del apóstol Juan arrojan luz al respecto:

 “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4)

 “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26)

 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40)

 “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

“Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:50).

Es especialmente importante considerar todo el contexto de los versículos 44-50. Creer en Cristo es obviamente la clave para tener vida eterna.

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El conocimiento de la vida eterna Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:11-13).

El apóstol concluye diciendo que la clave para tener al Hijo y, por tanto, la vida eterna, es creer en el Hijo de Dios. La fe en Cristo es lo que nos coloca en Él. La vida eterna no es meramente una existencia perpetua; es la propia vida de Dios. Mi participación en esta vida se debe a que en un sentido legal estoy en Cristo. Nadie que esté fuera de Cristo tiene vida eterna. La vida de Dios era eterna antes de que yo la tuviera, y seguirá siéndolo, aunque yo la pierda al rechazar a Cristo Jesús. Por tanto, el argumento de que la salvación no se pierde pues el creyente tiene vida eterna, no es válido. 1 Samuel 2:30 nos arroja luz en este punto: “Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; más ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”. Si pierdes la fe en el Hijo y te apartas de Él, entonces pierdes la vida eterna, pues la vida eterna no es algo que recibas aparte de la fe en Cristo y de la persona de Jesús misma: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). Así de simple.

CONCLUSIÓN.

Permanecer en Cristo y perseverar en la fe verdadera y viva no es una obra de la voluntad humana, ya que la fe en sí no es una obra:

“Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor, sino como una deuda. 5 Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia” (Romanos 4: 4-5, NVI).

Tampoco la motivación para permanecer en Él proviene de uno mismo, “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13, NVI).

Debemos tener en cuenta, sin embargo, la advertencia antes de esta promesa:

“ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,” (Filipenses 2:12).

¿Temor y temblor? ¿Qué hay que temer y temblar en un sistema que promete una salvación final por necesidad? Además, el autor de Hebreos advierte:

“Por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo.” (Hebreos 2:1).

Primero, esta advertencia está escrita para los creyentes. En segundo lugar, hay consecuencias terribles en alejarse de lo que uno escucha de Dios: Los tales no escaparán a un castigo justo por descuidar una salvación tan grande (Hebreos 2: 2-3). Él continúa:

“Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo. Más bien, mientras dure ese «hoy», anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado. Hemos llegado a tener parte con Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin la confianza que tuvimos al principio.” (Hebreos 3:12-14).

Esta advertencia no solo fue escrita para los creyentes. También nos enseña que hay consecuencias terribles para quienes desarrollan un corazón malvado e incrédulo: Los tales se alejan del Dios vivo. Por lo tanto, se nos alienta a exhortar a otros hermanos y hermanas en Cristo, ya que llegamos a ser socios en Cristo solo si (es decir, con la condición de que) mantengamos nuestra confesión firmemente hasta el final. Si no fuera posible desviarse de la fe o desarrollar un corazón malvado e incrédulo, entonces estas escrituras no tienen ningún sentido. Por lo tanto, un creyente en Cristo puede tener una seguridad absoluta de que él o ella está en Cristo y será salvo si permanece en Él (Colosenses 1:23). Jesús advierte: “El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.” (Juan 15:6).

La seguridad de la salvación pertenece a quien permanece en Cristo. Pero no se da ninguna garantía a quien no permanece en Él, solo una “terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.” (Hebreos 10:27). Bíblicamente, caer de la gracia es totalmente posible.

REFERENCIAS:

[1] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo XVII, Sección I.

[2] The Arminian Confession of 1621 – Traducida y editada por Mark A. Ellis (Eugene: Pickwick Publications, 2005), 113.

[3] Ibid., 112.

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