Navidad

Nimrod, Semíramis, Tamuz y la Navidad.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Mientras que la iglesia tradicional ha elaborado una fantasiosa y sobre elaborada versión del relato navideño, muchos cristianos evangélicos, en su intento por ir en sentido contrario a la religión tradicional, han abrazado su propia mitología anti navideña. Poco les importa a muchos evangélicos si lo que dicen se basa en hechos reales o en puros inventos nacidos del fanatismo religioso. Lo único que parece importarles es atacar una festividad que les parece ofensiva: La Navidad. En esta complicada mitología evangélica 3 personajes resaltan como principales: Nimrod (el personaje bíblico), Semíramis (la casi mitológica reina asiria) y Tamuz (el mitológico dios pagano de la fertilidad).

El mito anti navideño promovido por la iglesia evangélica, y que asocia a Nimrod, Semíramis y Tamuz, enseña que Nimrod nació precisamente el 25 de diciembre. Dicho hombre se unió con su madre que se llamaba Semíramis, de esta unión nació un hijo que se llamó Tamuz. Cuando Nimrod murió, su “madre-esposa” fue quien lo sepultó. Pero Semíramis quiso mantener el poder en Babilonia y afirmó que Nimrod había ascendido al cielo y se había convertido en el sol. Desde este momento, el culto al sol se transformaría en el más antiguo del mundo.

Pero la historia no terminaría ahí. Al paso del tiempo creció un árbol en donde Nimrod había sido sepultado. Semíramis comenzó a enseñar que su “hijo-esposo”, había encarnado en ese árbol y cada día de su natalicio visitaba su tumba y llevaba un sinnúmero de dones, colgándolos en ese árbol. Esta doctrina se propagó por todos los pueblos, siendo uno de ellos Babel y la tierra de Sinar, que posteriormente se llamó Babilonia. De esta forma vino a existir el “árbol” del natalicio de Nimrod. Según dicha enseñanza, lo que hoy se hace en el mes de diciembre es recordar indirectamente el nacimiento de este hombre que fue un malvado y pecador. Los defensores del mito señalan que, cierto o no, en el solsticio de invierno (que por cierto es el 21 de diciembre, no el 25), el árbol sagrado era cortado en memoria de la muerte de Nimrod y decorado, como un rey se adornaría. Así que, el árbol representaría a Nimrod y decorarlo es un símbolo de adoración al dios pagano.

Pero la trama de esta leyenda no concluye ahí. Una vez en el poder, Semíramis quedaría embarazada y afirmaría que los rayos del sol habían concebido al hijo que esperaba (una imitación de la concepción virginal de Cristo), y cuando nació, Semíramis afirmó que su hijo Tamuz era la reencarnación de su esposo Nimrod. Tamuz habría nacido exactamente en el solsticio de invierno, el 25 de diciembre en el calendario babilónico. Semíramis y Tamuz serían adorados como dioses, y con ello se instauraría uno de los cultos más antiguos de la humanidad, el culto a la madre y al hijo. Con el tiempo, Semíramis sería adorada como “Ishtar”, diosa de la fertilidad, y proclamada como “la reina del cielo”.

Así pues, según estos teóricos evangélicos de la conspiración, la Navidad es un invento macabro ideado en el mismo infierno para llevar a muchos hacia la adoración disimulada al Sol (Nimrod), a Tamuz (según ellos hijo de Nimrod y Semíramis) y a Ishtar (Semíramis), dioses paganos. Tal forma de pensar cuenta con muchos adeptos entre los evangélicos, principalmente latinoamericanos, así como en sectas como los testigos de Jehová, los cuales niegan la encarnación de Cristo, la segunda persona de la Trinidad. También puede observarse tal enseñanza en algunos grupos cristianos judaizantes, los cuales buscan etiquetar como pagano todo aquello que no sea judío en su origen.

Es de por sí evidente que toda esta enseñanza, de principio a fin, se basa en suposiciones, mitos e interpretaciones de mitos antiguos. Nimrod apenas es mencionado en la Biblia, Semíramis simplemente no aparece en el texto bíblico y el nombre Tamuz es mencionado una sola vez en los profetas, sin conexión alguna con los otros dos personajes. Esto resulta contradictorio viniendo del sector evangélico, el cual dice basar únicamente en la Biblia sus enseñanzas. La biblia, en cambio, nos manda no fundamentar nuestras ideas y doctrinas en los mitos:

“Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos. Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación.” (2 Timoteo 4:3-5, Nueva Traducción Viviente).

“Cuando partí hacia Macedonia, te rogué que te quedaras ahí en Éfeso y que frenaras a esas personas cuyas enseñanzas son contrarias a la verdad. No dejes que pierdan el tiempo en debates interminables sobre mitos y linajes espirituales. Esto solo conduce a especulaciones sin sentido alguno, que no ayudan a que la gente lleve una vida de fe en Dios” (1 Timoteo 1:3-4, Nueva Traducción Viviente).

“Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad” (1 Timoteo 4:7, La Biblia de las Américas).

“Repréndelos con severidad para fortalecerlos en la fe. Tienen que dejar de prestar atención a mitos judíos y a los mandatos de aquellos que se han apartado de la verdad” (Tito 1:13-14, Nueva Traducción Viviente).

“Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad” (2 Pedro 1:16, La Biblia de las Américas).

Esto debería ser aleccionador para los creyentes evangélicos que han fundamentado toda una doctrina anti navideña en puros mitos, leyendas, fábulas y cuentos paganos. Tristemente, muchos prefieren ignorar las palabras arriba mencionadas. Entender como surgió este modo de pensar nos ayudará a entender los errores de este.

SEMIRAMIS, EL MITO Y LA REALIDAD.

La famosa obra Las Dos Babilonias: La adoración papal prueba ser la adoración de Nimrod y su esposa, escrita por Alexander Hislop puede considerarse como el génesis del mito anti navideño. El libro de Hislop influyó mucho en el pensamiento protestante posterior. Dicha obra fue publicada como folleto en 1853 y, luego de numerosas revisiones y ampliaciones, fue publicada como libro en 1858. Aunque es popular en círculos evangélicos conservadores, dicho libro ha sido calificado por los eruditos como “propaganda de teorías conspiracionales producto de la mezcla de conocimientos rudimentarios sobre la antiguo Medio Oriente y una vívida imaginación” (Bill Ellis Raising the Devil, p. 135, University Press of Kentucky 2000).

Hislop afirma en su libro que la Iglesia católica es en realidad una religión de misterio babilónica, pagana, y que sólo los protestantes adoran al verdadero Jesús y al verdadero Dios. Según Hislop, las prácticas religiosas católicas serían en realidad prácticas paganas incorporadas al cristianismo por el emperador Constantino. Los elementos de la religión pagana de Roma (incluyendo la adoración de la “madre y el hijo”) habrían sido transferidas al cristianismo mediante la fusión de personajes cristianos con personajes de la mitología romana. De esta manera la “diosa-madre” se habría convertido en la “Virgen María” y el “niño-dios Júpiter” en el “niño-dios Jesús”. Según la teoría de Hislop, el origen de la veneración católica la Virgen María se remontaría a la antigua babilonia, a una mujer llamada Semíramis, quien habría originado el culto a la diosa-madre. Dicho culto posteriormente se habría diseminado por el mundo y por la historia tomando el nombre de Ishtar en Babilonia, Isis en Egipto, y Venus, Hestia y Juno en Grecia y Roma. Diferentes nombres, pero siempre desempeñando un lugar principal en los cultos basados en la religión de misterio babilónica.

Respecto a Semíramis, Hislop afirma en su libro que habría sido esposa de Nimrod (fundador de la antigua Babilonia y su religión). Una mujer extraordinariamente hermosa que dio a luz, mediante una concepción pseudo-virginal, a un hijo al que llamó Tammuz. Hislop califica este alumbramiento como un presagio diabólico del nacimiento de Cristo tramado por Satanás. Según Hislop, cuando Nimrod fue asesinado durante el embarazo de Semíramis esta afirmó que su hijo Tammuz era en realidad Nimrod reencarnado, originando el culto a la diosa-madre. Hislop afirma en su libro que, aunque Constantino declaró haberse convertido al cristianismo, en realidad siguió siendo pagano. Bajo la influencia de Satanás, Constantino habría cambiado los nombres de los dioses paganos por nombres cristianos, fusionando ambas creencias con la finalidad de sacar ventajas políticas.

Siendo honestos, debemos decir que Hislop no era un erudito en historia, arqueología o algún área afín. Hislop era un humilde ministro de la Iglesia Libre de Escocia, que se hizo famoso por su abierta crítica contra la Iglesia católica. Fue hijo de Stephen Hislop (fallecido en 1837), de oficio albañil y anciano de la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia. A pesar de su poca erudición en el tema, su obra influyó grandemente en el pensamiento protestante y evangélico posterior. Sus ideas fueron copiadas al pie de la letra por otro ministro protestante llamado Ralph Woodrow, quien popularizó las ideas de Hislop en el evangelicalismo del s. XX.

Ralph Woodrow, un ministro evangélico, conferencista y autor de catorce libros sobre doctrina bíblica y vida cristiana, en su libro “Babilonia, Misterio Religioso” (muy popular aún hoy en varios países de Latinoamérica, por ser su obra más difundida), sostuvo también la tesis propuesta en el siglo XIX por Alexander Hislop, sin embargo, lo que muchos pastores ignoran es que posteriormente, debido a los errores históricos y de sistema de investigación cometidos tanto por Hislop como por él mismo, Woodrow se retractó de sus afirmaciones anteriores en otro libro titulado: The Babylon Connection? (¿La Conexión Babilonia?, 1997). Tristemente, los errores se hicieron doctrina y sus ideas son defendidos hoy en día a capa y espada por muchos pastores y creyentes latinoamericanos principalmente, debido al contexto anticatólico del evangelicalismo en América Latina.

¿QUIÉN ERA REALMENTE SEMÍRAMIS?

I.- LA SEMIRAMIS MITOLÓGICA:

Según una de las muchas leyendas, Semíramis fue hija de una diosa siria llamada Derceto, de rostro de mujer y cuerpo de pez, que la abandonó en el desierto para que pereciese. Unas palomas la cuidaron y alimentaron y un pastor llamado Simas la recogió. Años después, fue la fundadora del reino babilónico. Cuando tuvo la edad suficiente se casó con Oannes, oficial de Nino y gobernador de Siria, a quien siguió en la campaña emprendida por aquel monarca. Determinó por su valor la toma de Bactres y poco tiempo después se casó con el mismo Nino, de quien se libró más tarde haciéndole asesinar. Dueña absoluta del imperio asirio, fundó o reedificó en los pantanos del Éufrates la más bella y célebre ciudad de Oriente y del mundo, Babilonia, a la que rodeó de muros y de fortificaciones inmensas y adornó con palacios suntuosos y jardines colgantes que se han colocado entre las maravillas del mundo. Enseguida, dieron comienzo sus famosas conquistas y las expediciones que parecían una marcha triunfal a través de Asia. Media, Persia, Armenia y Arabia, países ya subyugados por Nino pero que habían recobrado su independencia, fueron sometidos de nuevo. Poco tiempo después incorporó a su reino Egipto, Libia y toda el Asia hasta el Indo, y después de un reinado glorioso de cuarenta y dos años renunció a la corona en favor de su hijo Ninias, que se lo disputaba, y desapareció del mundo, siendo transportada al cielo en forma de paloma.

II.- LA SEMIRAMIS HISTORICA:

Es difícil decidir si Semíramis fue leyenda o realidad, pero lo cierto es que la mayoría de los historiadores especialistas en Asiria y Babilonia conceden a la reina un lugar preponderante entre los personajes históricos, remontando su reinado al siglo IX a. C. De acuerdo con estas doctas opiniones, primero habría existido la mujer, que pasaría después a ser divinizada. Sus hazañas, al menos en parte, son legendarias, pero existió una reina asiria llamada Shammuramat (Semíramis), esposa de Shamshi-Adad V, y a la muerte de su esposo fue regente en nombre de su hijo. Sus victoriosas campañas militares, y el hecho poco común de que fuera una mujer quien gobernara tan vasto imperio, hizo surgir en torno a su nombre el adorno de mil leyendas. Las excavaciones arqueológicas recientes nos permiten conocer un poco sobre su historia. Semíramis nació en Ascalón, que era una ciudad situada en la costa mediterránea en la zona sirio-palestina. Sobre sus padres y su nacimiento existen numerosas leyendas, que no merecen la pena contar porque todas responden a fábulas. Su nombre Semíramis viene de un término asirio que significa “paloma”.

En la ciudad asiria de Asur, que había sido capital de Asiria se descubrieron una serie de estelas que nos aportaran datos muy importantes para conocer la vida de Semíramis. En una de ellas, dice “Sammuramat, dama del palacio de Samsi-Adad, rey del universo, rey de Asiria, madre de Adad-nirari, rey del universo, rey de Asiria, nuera de Salmanasar, rey de las cuatro regiones”. Gracias a esta estela podemos fijar con precisión cronológica la vida de Semíramis. Fue la esposa del rey asirio Samshi Adad IV que gobernó del 823 al 811 a.C. Semíramis fue la madre de Adad-nirari que gobernó del 810 al 783 a. C.

Hay otra estela dedicada al rey asirio Adad Nirari III, al Dios ADAD, donde se puede concluir que durante los cuatro primeros años de su reinado 810-807 a. C Semíramis había actuado como regente, pues el rey se encontraba en expediciones militares. El que una mujer fuera regente, es muy importante, pues no había hasta ese momento una mujer que hubiera detentado el poder, siendo la primera que de una forma documentada posee el poder y que además lo hace por un espacio de tiempo prolongado. Sin embargo, parece ser, que el papel de Semíramis en Asiria fue muy escaso a pesar de las abundantes leyendas existentes. En aquella época histórica en Asiria, el poder real era ejercido por los hombres, pues la reina no era más que una mujer asociada, por matrimonio o maternidad a los reyes.

A Semíramis se le atribuyó la construcción de la fabulosa ciudad de Babilonia. La realidad nos indica que no fue así. Si seguimos a Beroso, un sacerdote greco-babilónico del siglo III a.C., en su libro “Historia Caldea” criticó a los escritores griegos por creer erróneamente que Babilonia fue fundada por Semíramis de Asiria, y “por haber cometido el error de escribir que esas maravillosas obras fueron construidas por ella”. Todos los estudios arqueológicos y epigráficos actualmente desarrollados nos dicen que la fundación de la última ciudad de Babilonia fue obra de Nabucodonosor II en el siglo VI a. C., es decir, casi dos siglos después de la vida de Semíramis.

Los descubrimientos arqueológicos desvirtúan también el mito creado por Hislop de que Semíramis era esposa de Nimrod, ya que Nimrod vivió (de acuerdo con el registro bíblico) entre el año 1480 a. C. y el 1450 a. C., mientras que Semíramis, la real e histórica, fue la esposa del rey asirio Samshi Adad IV que gobernó del 823 al 811 a.C. varios siglos después. Además, Semíramis tampoco fue la madre de Tamuz. El hijo de Semíramis fue Adad-nirari que gobernó del 810 al 783 a. C., mucho tiempo después de lo que pretende Hislop en su obra. Nimrod y Semíramis jamás se conocieron.

EL NIMROD BÍBLICO Y EL MITOLÓGICO.

Nuestro segundo personaje es Nimrod. La mención que en la Biblia se hace de Nimrod es bastante limitada; sin embargo, sobre un cimiento tan pobre se ha edificado una complicada mitología evangélica. Como ya se mencionó, Moisés, autor del libro del Génesis, sitúa a Nimrod entre el año 3480 a. C. y el 3450 a. C. Es descrito como hijo de Cus, nieto de Cam, bisnieto de Noé; y como “el primer poderoso en la tierra” y un “vigoroso cazador delante de Jehová” (Génesis 10:8-9). De Nimrod se dice que fue el fundador del primer reino formado después del Diluvio universal y, por ende, el primer rey que existió. El Génesis señala que edificó Babel, Erec, Acad y Calne en la región sur de Mesopotamia, y Nínive, Resén, Rehobot y Cala en el Norte (Génesis 10:10-12). Aunque la Biblia no lo menciona directamente, la tradición ha considerado a Nimrod como el constructor de la Torre de Babel, pero esto no puede ser probado por fuentes bíblicas. Dado que la torre fue edificada en su territorio y durante su reinado, se asume que fue bajo su dirección que la construcción se inició (Génesis 10:10-12), lo cual no dice el texto bíblico. Para peor, las fuentes extrabíblicas señalan lo contrario, alegando que Nimrod no se encontraba en la región de Sinar cuando la construcción comenzó. También se menciona en 1 Crónicas 1:10 y en Miqueas 5:6.

De acuerdo con tradiciones hebreas, Nimrod era descendiente de Mizraim por línea materna, pero su padre fue Cus hijo de Cam, de quien heredó su primera posesión territorial, que pronto extendió. Su nombre se volvió proverbial como un poderoso cazador en oposición a YHWH. Josefo escribió:

“…Fue Nimrod quien los incitó a tal afrenta y menosprecio hacia Dios. Él era un nieto de Cam, el hijo de Noé, un hombre atrevido y de gran fortaleza de manos. Los persuadió de que no le atribuyeran a Dios, como si fuera por medio de él que habían obtenido felicidad, si no a creer que fue su propio esfuerzo lo que les alcanzó esa felicidad. Fue cambiando gradualmente su gobierno en una tiranía, al no hallar otra manera de apartar la gente del temor de Dios, que induciéndolo a una tonta dependencia de su poder… Ahora la multitud estaba más que lista para seguir la determinación de Nimrod, y a considerar una muestra de cobardía el someterse a Dios; y construyeron una torre, sin reparar en dolor, ni siendo en lo más mínimo negligente con el trabajo: y, a causa de la multitud empleada en ello, creció muy alta, más rápido de lo que ninguno hubiera esperado; pero su anchura era tal, y estaba tan fuertemente construida, que a pesar de su gran altura parecía, a la vista, ser menor de lo que realmente era. Fue construida con ladrillos cocidos, pegados con mezcla hecha con brea, de manera que no permitiera el paso del agua. Cuando Dios vio que actuaron tontamente, Él no quiso destruirlos completamente, puesto que no crecieron más sabios por la destrucción de los pecadores anteriores; pero Él causó un tumulto entre ellos, produciendo en ellos idiomas diversos, y causando con esa multiplicidad de idiomas, el no poderse entender unos con otros. El lugar donde construyeron la torre ahora se llama Babilonia, debido a la confusión de esa lengua, la que entendían fácilmente antes; y para los hebreos por la palabra Babel, confusión…” (Josefo, Antigüedades Judías).

En cuanto a la muerte de Nimrod, una tradición extrabíblica sugiere que a Nimrod lo mató un animal salvaje. Otra leyenda afirma que Sem lo mató por hacer que la gente adorara a Baal. Luego descuartizó el cadáver y repartió sus pedazos para desalentar a otros idólatras. Pero su mujer recogió los pedazos y los unió, y luego proclamó que había vuelto a vivir, pero que se había convertido en un dios, muy parecido a la leyenda de Isis y Osiris en la mitología egipcia. Hay otra mención de Nimrod que está en el libro apócrifo de Jaser 27:7, que atribuye su muerte a Esaú (nieto de Abraham), quien supuestamente lo decapitó.

Los mitos y leyendas alrededor de Nimrod son muchos. Algunos de ellos lo colocan viviendo al mismo tiempo que Abraham, en franca contradicción con el texto bíblico, pues la Biblia no menciona ningún encuentro entre Nimrod y Abraham. Tal cosa es poco probable, pues hay una diferencia de siete generaciones entre ellos. Abraham nació alrededor del año 2000 a. C., mientras que Peleg, de quien menciona la Biblia nació poco después de que Dios confundiera las lenguas en la Torre de Babel (Génesis 10:25), nació unos 200 años antes que Abraham. Nimrod era bisnieto de Noé, en tanto que Abraham está separado de Noé por diez generaciones (Génesis 10:11). Sin embargo, tradiciones judías tardías los ponen enfrentándose. Estas tradiciones aparecen por primera vez en los escritos de Pseudo-Philo (Van Der Toorn y Van Der Horst 1990, p. 19), continúa en el Talmud y va a través de escritos rabínicos de la Edad Media, y aún en nuestros días, rabinos contemporáneos siguen añadiendo a estas tradiciones. En general, estas versiones presentan a Nimrod como un hombre opuesto a Dios. Algunas señalan que se autoproclamó un dios y que fue adorado por sus súbditos. En algunas ocasiones su leyenda se entremezcla con la de Nino, el mítico fundador de Nínive.

En relación con Abraham, cuentan las leyendas que una señal en los astros anunció a Nimrod y a sus astrólogos el nacimiento de Abraham, quien pondría fin a la idolatría. Así que Nimrod ordenó matar a todos los niños recién nacidos. Sin embargo, la madre de Abraham escapó y dio a luz secretamente. Algunas versiones la sitúan dando a luz en el campo, donde pasta el ganado, otras, en un establo. Al crecer Abraham se enfrentó a Nimrod y le instó a que desistiera de su idolatría, por lo que Nemrod mandó que fuera quemado. Algunas versiones dicen que se recogió madera durante cuatro años para quemar a Abraham en la hoguera más grande que jamás se hubiera visto. En todas las leyendas Abraham es echado al fuego y sale caminando. En algunas versiones, Nimrod entonces declara la guerra a Abraham. Nimrod se presenta mandando un enorme ejército, pero Abraham trae un ejército de insectos que destruye el de Nimrod. Algunas versiones dicen que un mosquito entró hasta el cerebro de Nimrod volviéndole loco (lo mismo dice la tradición judía que sucedió con Tito, el emperador romano que destruyó el Templo de Jerusalén).

En algunas versiones Nimrod se arrepiente y acepta a Dios, ofreciendo cuantiosos sacrificios, que Dios rechaza. Otras versiones dicen que Nimrod dio a Abraham, como obsequio de reconciliación, el siervo Eliezer, de quien algunas versiones dicen era el propio hijo de Nimrod. Sin embargo, en la Biblia se dice que Eleazar era de Damasco, ciudad siria, y no de Asiria ni de Babilonia, territorios sobre los que gobernó Nimrod. En suma, las leyendas judías sobre Nimrod son abundantes y contradictorias (algunas imitan situaciones que aparecen en otros lugares de la Biblia), pero casi siempre citan a Abraham como su principal antagonista. La misma confrontación se presenta extensivamente en el Qur’an islámico. Pero ya sea que lo presenten como arrepentido al final o no, Nimrod permanece en la tradición hebrea e islámica como un personaje malvado emblemático, y un arquetipo de idolatría. En los escritos rabínicos, incluso los de hoy en día, se hace referencia a él casi invariablemente como “el malvado Nimrod” (en hebreo, נמרוד הרשע‎), y para los musulmanes es “Nimrod al-Taghi” (Nimrod el tirano).

En contraposición a la extensa mitología que sobre él se ha elaborado, la Biblia calla acerca de Nimrod y se limita a mencionarlo apenas en 3 ocasiones, todas ellas brindando escasa información sobre él y sus obras. La biblia no menciona nada sobre la esposa de Nimrod ni se le atribuye ningún hijo. Todo lo que de él se dice fuera de la Biblia son puramente mitos sin fundamento.

TAMUZ EL DIOS DE LA FERTILIDAD.

Nuestro tercer personaje es Tamuz. Tamuz (תַּמּוּז; del acadio du-muzu) es el nombre del dios de la fertilidad extensamente adorado en Mesopotamia, Siria y Palestina; equivalente a Osiris en Egipto y Adonis entre los griegos. Su consorte era la diosa Ishtar (Astarté). Su culto involucraba ritos licenciosos. Se suponía que Tamuz había sido muerto por un jabalí mientras cuidaba sus rebaños. Su esposa lo rescató del averno. Su muerte representaba el principio del invierno. La prolongada estación de sequía era interrumpida por las lluvias de la primavera cuando Tamuz volvió a la vida.

El nombre Tamuz es dado también al décimo mes del calendario hebreo moderno, que comienza su cómputo a partir del mes de Tishrei con la Creación del mundo, y el cuarto mes según el ordenamiento de los meses en la Biblia (junio-julio), que comienza por Nisán, en conmemoración de la salida de los hebreos de la esclavitud en Egipto. El nombre otorgado al mes de Tamuz en la Biblia es simplemente “el cuarto mes”, siguiendo la numeración ordinal, al igual que el resto de los meses del año hebreo en la Torá: “A los nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la tierra” (2 Reyes 25:3). Su nombre actual, Tamuz, tiene sus orígenes en los nombres de los meses de la antigua Babilonia, provenientes del idioma acadio, y de aquí fueron adoptados por los judíos allí desterrados entre 586 a. C. y 536 a. C., luego de haber sido llevados al exilio por el rey Nabucodonosor II.

Tamuz no es recordado en la Biblia como nombre de este mes, sino al nombrar a la deidad homónima, el dios de la primavera y el florecimiento, que, según la mitología babilónica, reinaba durante los tres meses de primavera (Nisán, Iyar y Siván) mientras que en Tamuz, al llegar el verano, Tamuz moría. La única mención de Tamuz en la Biblia aparece en conexión con la costumbre de mujeres que hacían duelo por él (Ezequiel 8:14).

Tamuz no es una persona real, sino mitológica. Se le considero esposo de Ishtar (Astarté), quien también era su hermana. Al morir Tamuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a su hermana, la terrible Ereškigal, el poder sobre la vida y la muerte. Después de darle instrucciones a su sirviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, descendió a la tierra de las tinieblas, Irkalla. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echase abajo. Pero en cada una de las siete puertas era despojada de una de sus prendas, y con ellas se iba despojando de su poder, hasta que llegó desnuda e indefensa ante Ereškigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo. Con su muerte, todo el mundo comenzó a languidecer. Pero el fiel Papsukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar con la comida y el agua de la vida. Así es como Ishtar volvió a la vida. Tamuz también es resucitado, pero tenía que pagar el precio: durante seis meses al año, Tammuz debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Isthar ha de lamentar su pérdida; en primavera, vuelve a salir y todos se llenan de gozo.

Si, como supone el mito anti navideño, Tamuz es hijo de Semíramis, ¿Por qué entonces los mitos sobre Tamuz ya existían antes del siglo IX a.C., fecha en que vivió la auténtica Semíramis? Algo simplemente no encaja en el cuento de Hislop. Debe recodarse que el mito de Ishtar y Tamuz procede no originalmente de los babilonios, sino de la cultura sumeria o acadia (Inanna y Dumuzi), la cual floreció muchos siglos antes de la época de Semíramis. Simplemente no existe relación alguna entre Semíramis, Tamuz y Nimrod, por lo menos ninguna de carácter histórico.

¿QUÉ DEBEMOS CREER?

Los creyentes deberíamos dejar de lado las teorías de conspiración y enfocarnos en la Biblia y en la comunión los unos con los otros. No hay razón alguna para depositar nuestra confianza en mitos antiguos, dándolos por ciertos y asociándolos con eventos actuales. La navidad real, la celebrada por los verdaderos cristianos, no puede ser relacionada de forma alguna con el mito creado por Hislop.

Si los paganos adoraban a Tamuz e Ishtar, si veneraban al Sol o si adoraban a los árboles es su problema. Pero el árbol en particular, el 25 de diciembre como fecha de la celebración o la Navidad en su totalidad, no tienen porqué ser malos. Si los israelitas fornicaron debajo de los árboles frondosos y sus mujeres hacían tortas para la Reina del cielo y endechaban a Tamuz ¿Qué tiene que ver eso con nosotros los cristianos del s. XXI? La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Colocar o no el árbol, celebrar o no la Navidad, no significa mayor o menor compromiso con los valores enseñados por Jesús. Hacer una u otra opción debe quedar en la libertad cristiana para decidir sobre asuntos que permiten pluralidad de posibilidades, ya que elegir una de esas posibilidades no contraviene normas fundamentales del ser cristiano. Los que han concluido no hacerlo están en su derecho, lo verdaderamente inquietante es cuando son misioneros de la anti-Navidad y su decisión la quieren hacer válida para los demás y miden la fidelidad al Evangelio con lo que se hace o deja de hacer el 25 de diciembre.

Hemos sido llamados a enseñar la verdad, a predicar de Cristo y de este crucificado, no a difundir mitos paganos y querer asociarlos con alguna festividad del cristianismo. El efecto logrado por los creyentes anti-Navidad no ha sido el de destruir la Navidad, sino más bien poner en duda todo el marco histórico y doctrinal del cristianismo. En su intento por destruir una fiesta, han logrado sembrar duda entre los inconversos, quienes no sólo ven nuestra división en este tema, sino que también llegan a pensar que el cristianismo como religión se fundamenta en mitos paganos. Necesitamos ser más inteligentes de lo que hemos sido hasta ahora. Pero, sobre todo, menos fanáticos.

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