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Los Dones Espirituales: Definición y razón de ser.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Un distintivo del movimiento pentecostal es su continuismo; es decir, su creencia en la vigencia actual de los dones sobrenaturales procedentes del Espíritu Santo. Desde su nacimiento, El Pentecostalismo ha dependido de Dios para hacer obras sobrenaturales. Parte esencial del movimiento pentecostal en nuestro tiempo ha sido un nuevo énfasis en los dones espirituales. Esto no debería extrañarnos, ya que la manifestación de los dones espirituales es parte esencial de la obra de Dios en su pueblo y a través de este. Jesús dijo: “edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Nuestro Señor no sólo puso el fundamento de la Iglesia, sino que Él aún la sigue edificando. Él cumplió su promesa de enviar al Espíritu Santo para darnos poder. Jesucristo es el Bautizador. El Espíritu y los dones son nuestros por medio de Él.

Los sucesos del día de Pentecostés (Hechos 2) fueron el clímax de una promesa que Dios había hecho siglos antes. Esa inauguración del nuevo pacto fue también el comienzo de la era del Espíritu. La promesa dada a través del profeta Joel en relación con el derramamiento del Espíritu Santo es de una naturaleza dramática, en donde los recipientes profetizan, sueñan, y ven visiones. La profecía de Joel es similar al deseo expresado por Moisés de que “ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos” (Números 11:29). Este aspecto de la venida del Espíritu está conectado con el concepto del Nuevo Testamento de los dones del Espíritu, los cuales son habilidades especiales proporcionadas por el Espíritu Santo a los cristianos con el propósito de edificar el cuerpo de Cristo.

La lista de dones espirituales en 1 Corintios 12: 8-10, incluye sabiduría, ciencia, fe, sanidad, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, hablar en lenguas, e interpretación de lenguas. Listas similares aparecen en Efesios 4:7-13 y Romanos 12:3-8. Los dones del Espíritu son simplemente facultades dadas por Dios a los creyentes para hacer lo que Él nos ha llamado a hacer. 2 Pedro 1:3 dice: “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por Su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.” Los dones del Espíritu Santo son parte de “todas las cosas” que necesitamos para cumplir Sus propósitos para nuestras vidas.

¿QUÉ SON LOS DONES ESPIRITUALES?

En un sentido amplio, es un don espiritual cualquier capacidad que nos da el Espíritu para ministrar en la iglesia y por medio de ella. Esta definición incluye los dones que operan a través de nuestra capacidad natural (enseñanza, gobierno, misericordia) y también a los dones que trascienden los medios ordinarios: sanidades, profecía y milagros. Las listas de dones que aparecen en el Nuevo Testamento incluyen ambos tipos (Romanos 12:6–8; 1 Corintios 7:7; 12:8–10, 28; Efesios 4:11; 1 Pedro 4:11). Es necesario señalar algunos puntos respecto a estas listas de dones:

(1.- Las listas no son exhaustivas; no comprenden todos los dones que nos da Dios. Por ejemplo, Dios dota y llena de poder a numerosas personas para la oración de intercesión. Este don no aparece en las listas del Nuevo Testamento y, sin embargo, es un poderoso y eficaz don para destruir fortalezas. Es importante que no limitemos a Dios en un punto en el cual Él mismo no se ha limitado. En ningún lugar de las Escrituras limita Dios la obra con la cual nos llena de poder, a solamente aquellos dones que se mencionan las listas.

 

(2.- Todos los dones actúan en el poder que nos da Dios. No hay un tipo de don que sea superior a otro (por ejemplo, los dones naturales o los sobrenaturales). Aunque un don opere exteriormente por medios ordinarios o naturales, está tan lleno del poder del Espíritu como un don milagroso o sobrenatural. En este sentido, todos los aspectos de la vida cristiana están llenos de poder sobrenatural (1 Corintios 12:13–31).

(3.- La presencia de dones no es señal de madurez espiritual. Los dones son poder para ministrar, y Dios los distribuye conforme a su voluntad. Por ejemplo, los corintios era una iglesia que tenía muchos dones (1 Corintios 1:7), pero eran inmaduros de carácter, lo que fue evidente en sus actitudes de división y de celos respecto a los líderes y los dones (1 Corintios 3:1–23; 12–14).

Los varios términos empleados en el Nuevo Testamento para los dones espirituales nos ayudan a entender esta obra del Espíritu. En 1 Corintios 12:7 Pablo designa todos los dones como la manifestación (phanerosis) del Espíritu. Propiamente dicho, el Nuevo Testamento no trata de manifestaciones espirituales en plural. La palabra está en el singular y aparece sólo una vez más en el Nuevo Testamento en un contexto sin relación con los dones espirituales (2 Corintios 4:2). Muy probablemente, Pablo deseaba transmitir la idea de que el Espíritu único tiene muchas maneras de manifestarse, pero que estas “manifestaciones” deben ser consideradas como una entidad.

Un segundo término es “carismata” (1 Corintios 12:4, 9, 31; 14:1; Romanos 1:11). La forma singular de la palabra (carisma) está compuesta de dos elementos. “Caris” es la palabra griega que usualmente se traduce gracia, o favor inmerecido. El sufijo “ma” con frecuencia significa “resultado de”. Un carisma es, por consiguiente, algo concedido a una persona aun cuando puede que no lo merezca. Se traduce propiamente don o dádiva, pero con esta connotación especial. Sin embargo, la palabra misma no significa don espiritual; sólo en ciertos contextos tiene ese sentido. En otros contextos significa don, regalo o dádiva en un sentido general, tal como en Romanos 6:23, “la dádiva de Dios es vida eterna”. Según se aplica a nuestro sujeto, esta raíz o etimología de la palabra debiera ayudarnos a entender por qué es que a veces le es dispensado un don a una persona que aparentemente no lo merece.

La palabra “pneumatika” también se usa con referencia a dones espirituales. Es la forma plural neutra de “pneumatikos”, que es un adjetivo que significa espiritual. La palabra misma no significa dones espirituales, pero se usa en este sentido en 1Corintios 12:1 y 14:1. En Romanos 1:11 encontramos la combinación “carisma pneumatikon” (don espiritual). Esta expresión sugiere que los dones operan en el reino espiritual. Ellos vienen mediante la capacitación del Espíritu Santo y no deben identificarse con talentos meramente humanos o naturales.

Los términos “doreai” y “domata” se usan también en relación con los dones (Efesios 4:7,8). Como con las dos palabras anteriores, el significado no es don espiritual, sino simplemente don. Son formas nominativas del verbo griego muy común dar (didomi). Sin embargo, Pablo usa los nombres cuando trata de los dones de liderazgo en la iglesia. El último término es “merismois” y se encuentra en Hebreos 2:4, que trata de los “dones del Espíritu Santo”. Pero esta palabra significa más bien porciones, partes o divisiones. Viene del verbo “merizo” que significa dividir, distribuir, asignar, repartir. Ni el nombre ni el verbo tienen referencia directa a la idea de dones, aun cuando el contexto de Hebreos 2:4 lo sugiere. El énfasis es mayormente en la obra del Espíritu de distribuir dones, y es comparable a lo que dice Pablo en 1 Corintios 12:11: “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere”. Tenemos entonces esta variedad de términos cuando las Escrituras hablan de dones espirituales. Cada uno de ellos contribuye a una comprensión del todo. Así pues, los dones espirituales son capacitaciones especiales dadas por Dios a su pueblo para la edificación del cuerpo de Cristo y para la extensión de su Reino. El Espíritu Santo es el principal agente divino para la distribución de estos dones.

El pasaje más extenso del Nuevo Testamento acerca de los dones espirituales es 1 Corintios 12 al 14. El apóstol Pablo estaba respondiendo al énfasis que la iglesia en Corinto ponía en ciertos dones (particularmente las lenguas), mientras que se olvidaban de los dones más esenciales. Aunque estaba tratando con un problema específico, en un determinado tiempo y lugar, las verdades que enseñó para ayudar a la iglesia en Corinto se aplican en todos los tiempos y lugares, y dan enseñanza sobre otros aspectos relacionados con los dones espirituales. Pablo menciona que los tres miembros de la Trinidad obran a través de los dones espirituales: “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo” (1 Corintios 12:4–6). Dios nos llama no sólo para que trabajemos por Él sino también para que trabajemos con Él (Marcos 16:20). Él está obrando en nosotros y a través de nosotros. Dios nos da poder a través de los dones. En el capítulo 12 vemos dos formas poderosas en que se manifiestan los dones:

  1. En primer lugar, el poder de los dones se ve en su unidad. Pablo usa el cuerpo humano como un ejemplo de la iglesia. El cuerpo no es meramente un ejemplo de la iglesia, sino que es una representación inspirada de lo que Dios quiere que sea la Iglesia. Dios diseñó el cuerpo humano físico y también el cuerpo espiritual (la Iglesia). Un cuerpo no puede funcionar si sus partes no trabajan en unidad. La iglesia primitiva era un ejemplo vivo del poder de la unidad espiritual. Después que los primeros cristianos fueron llenos del Espíritu Santo, eran “de un corazón y un alma” (Hechos 4:32). Pablo dice que Dios ha ordenado de tal manera el cuerpo, “dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan” (1 Corintios 12:24–26).
  2. En segundo lugar, el poder de los dones se ve en su variedad. Dios tiene un propósito para cada don. La iglesia de Corinto se centraba en unos cuantos dones (especialmente las lenguas), y, en consecuencia, la edificación de la iglesia sufría porque no apreciaban todos los dones. La naturaleza misma de la iglesia es que “no es un solo miembro, sino muchos” (1 Corintios 12:14). Dios sabe lo que la iglesia necesita. Cada parte del cuerpo y cada don espiritual tienen un propósito importante. Si no reconocemos la belleza y el poder en la variedad que Dios ha provisto, podemos devaluar nuestro propio lugar en el cuerpo (vv. 15,16). O podemos devaluar el lugar de otra persona en el cuerpo (v. 21).

LA RAZÓN DE SER DE LOS DONES ESPIRITUALES.

El propósito de los dones es para edificación, lo que simplemente significa esto: edificar. Se relaciona con la misma palabra que Pablo usa en el capítulo 3, cuando les dice a los cristianos que somos edificio de Dios. Jesús está edificando su iglesia. Y tiene la deferencia de usarnos en su obra. Pablo muestra que los dones edifican en dos maneras. Somos espiritualmente edificados como individuos, y la iglesia se edifica como grupo (1 Corintios 14:4). Ambos son necesarios. La iglesia se compone de gente. Cada persona en la iglesia necesita ser edificada para que la iglesia en conjunto sea edificada.

Debido a que las lenguas eran un problema en la iglesia de Corinto, Pablo usa las lenguas como ejemplo. Él hace una distinción entre las lenguas que se interpretan en reuniones de la iglesia y las lenguas que son sólo para edificación personal. En reuniones de la iglesia, las lenguas sólo llegaban a ser para edificación de la iglesia si se interpretaban. Pablo usa un argumento de peso para mostrar eso, diciendo que cuando los creyentes se reúnen, la prioridad debe ser que toda la iglesia sea edificada. Para estar seguro de que los corintios no creyeran que él estaba depreciando el valor de las lenguas para la edificación personal, dice: “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1 Corintios 14:18); pero luego dice que en la iglesia prefiere hablar cinco palabras que se entiendan y que instruyan a otros que diez mil palabras en un idioma que no se entienda (v. 19). No está devaluando las lenguas; está estableciendo una prioridad. Al cierre del pasaje acerca de los dones espirituales, para estar seguro nuevamente de que no sea mal interpretado, Pablo dice: “no impidáis el hablar en lenguas” (v. 39). La prioridad se encuentra en el versículo 12: “procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia”.

Dentro del escenario de la adoración colectiva, los dones tienen como fin edificar a todo el Cuerpo (1 Corintios 12:7). Por ejemplo, los dones de expresión deben ser inteligibles para la congregación, de manera que todos los presentes sean edificados por la manifestación (1 Corintios 14:5–19). De lo contrario, daría lo mismo que el que habla lanzara sus palabras al viento (1 Corintios 14:9). Los dones también glorifican a Dios (1 Corintios 14:16,17,25). En 1 Pedro 4:10,11 se expresa de manera más explícita aún este principio respecto a los dones de expresión, y también a los de servicio. Según este pasaje, los dones nos son distribuidos “para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo” (v. 11). En la esfera personal, los dones también edifican al creyente de manera individual (1 Corintios 14:4,18,19). No hay duda alguna de la aplicación de este principio a esos momentos en los que buscamos la soledad para orar y adorar. Tampoco hay duda alguna de que Dios se comunica personalmente con nosotros fuera del contexto de la adoración colectiva (Hechos 9:1–19; 13:1–3). Sin embargo, los que observan la adoración pentecostal de manera superficial, muchas veces malentienden esta enseñanza del Nuevo Testamento. En las reuniones pentecostales de adoración es una práctica común dedicar un momento a la oración personal; lo que muchos de nuestros padres en la fe solían llamar “el concierto de oración”. Cuando los creyentes levantan su voz de común acuerdo, ofreciendo al Señor sus alabanzas y sus peticiones, podrían presentarse diversas manifestaciones del Espíritu. Aunque el concierto de oración se produce durante la adoración colectiva, en realidad, es un momento apartado para la comunión personal de cada uno con Dios. El principio de inteligibilidad no tiene aplicación en la comunión individual con Dios, ni en el culto de altar.

Los dones espirituales operan en dos tipos distintos de ambiente: el colectivo y el privado. Los ambientes ayudan a determinar cuál es la mayor razón de ser de los dones. Pero tanto en el ambiente colectivo como en el privado, las manifestaciones del Espíritu siempre son edificantes. Ya sea por medio de la convicción o de la reafirmación, por medio de acciones sutiles, o de maravillosas demostraciones del poder de Dios, las manifestaciones de los dones espirituales nos conducen a la gloriosa imagen de Dios, que es Jesucristo, nuestro Señor, y lo exaltan solamente a Él.

LA DISTRIBUCIÓN DE LOS DONES ESPIRITUALES.

Dos veces en el capítulo 12 Pablo hace hincapié en que los dones espirituales y los ministerios en la iglesia son dados por la voluntad y la obra de Dios mismo. Los dones espirituales no son impartidos por voluntad y obra del hombre. Dios obra por medio de personas, pero por su propia voluntad. Pablo menciona que Timoteo recibió un don por la imposición de las manos de Pablo (2 Timoteo 1:6), y también mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio (1 Timoteo 4:14). Sin embargo, muestra claramente que Dios ha colocado cada miembro (don) en el cuerpo “como él quiso” (1 Corintios 12:18). También muestra que Dios ha puesto los diferentes ministerios en la iglesia (1 Corintios 12:28). Debemos “procurar” los dones espirituales (1 Corintios 12:31; 14:1); pero no son para consecución. Los dones espirituales no son premios o logros. Son dones o muestras de gracia, inmerecido e impartidos por la voluntad de Dios para el bien de toda la iglesia. Hemos de seguir el amor y procurar los dones espirituales (1 Corintios 14:1). Los dones espirituales no son trofeos de espiritualidad, sino dones que Dios ha puesto en la iglesia para obrar sus propósitos.

LA PERSPECTIVA CORRECTA ACERCA DE LOS DONES.

No fue la intención de Pablo de que el capítulo 13 fuera un texto aparte, como una bella prosa sobre el amor. Él no lo escribió para que se le pusiera un marco de flores y se colgara en una pared. Más bien, es el centro de la enseñanza de Pablo acerca de los dones espirituales, para darnos perspectiva. Para entender este pasaje, hay que recordar cómo era la iglesia en Corinto. Su problema no eran los dones espirituales, sino el problema era su actitud errónea hacia los dones. Pablo comienza este pasaje con dos poderosos argumentos:

  1. Primeramente, muestra que por más grandes que sean los dones espirituales, el amor es aún mayor.
  2. En segundo término, muestra que por más maravillosos que sean los dones, sin el amor éstos se vuelven ineficaces.

Él en ninguna manera está depreciando los dones espirituales. Antes de que comience su enseñanza sobre el amor, dice: “os muestro un camino aún más excelente” (1 Corintios 12:31). Los dones son excelentes; pero el amor es “aún más excelente”. El amor no está en competencia con los dones; el amor es lo que hace eficaces a los dones.

LOS DONES ESPIRITUALES Y SU USO EN LA CONGREGACIÓN.

Dios ha escogido manifestar sus dones a través de personas. Pero es posible que una persona haga mal uso de los dones. El orden divinamente dirigido es necesario para su debido uso. El propósito de los dones (la edificación) es fundamental para determinar el decoro de los dones. Pablo dice: “Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26). Luego da enseñanza práctica sobre el debido ejercicio de los dones en la iglesia. La última instrucción de Pablo acerca de los dones espirituales es: “pero hágase todo decentemente y con orden” (v.40). Dios no nos controla como si fuéramos marionetas. Tenemos una voluntad. El Espíritu de Dios está obrando en nosotros, pero nuestro propio espíritu humano sigue activo y está sujeto a nosotros (1 Corintios 14:32). Podemos optar por controlar nuestro espíritu. La perspectiva del amor abnegado en el capítulo 13 requiere que cada persona se someta al bien común del resto de la iglesia.

Hay un tiempo y lugar para cada manifestación. Dios no nos ha dado una lista completa de exactamente lo que es apropiado en cada situación. Lo que es adecuado y de buen orden en un culto de oración no podría serlo en un servicio de domingo por la mañana. Y lo que es apropiado una vez en un servicio específico puede no serlo en otra oportunidad en un servicio similar. Hay un tiempo apropiado para la edificación personal y un tiempo para apropiado la edificación de toda la iglesia. Dios nos ha dado líderes que son responsables ante Dios de decidir sobre ello. Dios ha designado “administradores” en la iglesia (1 Co 12:28). Esta palabra se usaba originalmente para referirse a la dirección de un barco. Significaba gobernar por orientación y dirección activa. El liderazgo consiste en emitir juicio. Cuando el líder de un servicio decide sobre la propiedad de una manifestación, esa decisión está bajo la guía del Espíritu Santo y es tan necesaria como un mensaje de profecía u otros dones. Debido a que la naturaleza de la administración es “gobernar”, el juicio del líder tiene autoridad sobre el ejercicio de otros dones. El líder es responsable ante Dios de ser sensible a lo que el Espíritu quiere llevar a cabo en un servicio y es responsable de que todo se haga decentemente y con orden.

La honorabilidad en el uso de los dones es esencial para su eficacia permanente porque, por desgracia, un mal uso de los dones espirituales finalmente resulta en desuso de los dones. Y los dones son esenciales para la edificación de la iglesia de Cristo. No son sólo para uso intermitente, sino como un medio permanente de una fuente de poder para la iglesia, con el fin de que cumpla los propósitos de Dios.

LA NECESIDAD DE PERMANECER LLENOS DEL ESPÍRITU.

Cuando Pablo les dice a los cristianos de Éfeso que sean “llenos del Espíritu”, el verbo griego que usa significa que sigan eligiendo ser llenos (Efesios 5:18). La llenura del Espíritu no debería ser algo de una sola vez, sino que debía ser una forma de vida. Debemos recordar que no es “con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). Cuando el ángel de Jehová habló estas palabras a Zacarías, él tuvo una visión de siete lámparas sobre un candelabro. El combustible para las lámparas no estaba en un depósito, sino en dos árboles de olivo a ambos lados del candelabro, que proporcionaban un suministro continuo de aceite.

Los árboles son una ilustración de los recursos ilimitados de Dios para la edificación de la iglesia. Entre esos medios están los dones espirituales. Tenemos que hacer lo que Pablo exhortó a la iglesia en Corinto dos veces en este pasaje: “Procurad, pues, los dones espirituales.”

RELACIÓN ENTRE LOS DONES Y EL FRUTO DEL ESPÍRITU.

El fruto del Espíritu es un conjunto de virtudes o cualidades como las de Cristo, producidas por la morada interna del Espíritu Santo, en la medida en que el cristiano mora en Cristo. Como con los dones espirituales, el Nuevo Testamento emplea varios términos para transmitir el pensamiento del fruto del Espíritu. El pasaje central cuando hablamos del fruto espiritual es Gálatas 5:22,23, que trata del fruto (karpos) del Espíritu y luego enumera una lista de nueve especímenes. La expresión “fruto del Espíritu” se entiende mejor como dando a entender productos de los cuales el Espíritu Santo es la fuente.

Los dones y el fruto del Espíritu tienen varios puntos en común. La fuente de ellos es el Espíritu Santo. Ellos no se originan con el creyente separado de la capacitación del Espíritu. El elemento de lo sobrenatural se halla en ambos. Además, el propósito de ambos es edificar. El amplio propósito de los dones es la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:7; 14:26). Del mismo modo, el propósito del fruto espiritual, resumido por el fruto del amor, es edificar (1 Corintios 8:1). Ambas obras del Espíritu son perfectibles. En otras palabras, el creyente no las recibe en su forma acabada. La acometida de 1 Corintios 14 es instructiva. Pablo no cuestiona la validez de los dones que los corintios decían tener; sin embargo, él insiste en que los dones necesitan desarrollarse para edificar a la congregación. En manera similar, el fruto espiritual debe desarrollarse. Deben ser llevados a un estado de madurez. Este es el pensamiento tras los conceptos de madurez cristiana, de crecimiento, y de la continua transformación del cristiano a la imagen de Cristo (2 Corintios 3:18).

En cuanto a su naturaleza, el fruto es inanimado, en tanto que los dones son dinámicos. Los primeros son el resultado de la morada interna del Espíritu, los últimos son el resultado de la dotación de poder del Espíritu. El fruto es de naturaleza ética, en tanto que los dones son de naturaleza carismática. Además, hay una diferencia respecto a la obligación del cristiano en apropiarse los dos. A todos los cristianos se les requiere mostrar todo el fruto del Espíritu. Pero Dios no exige que todos los cristianos tengan todos los dones. Lo que se nos pide aquí es que haya receptividad y un intenso deseo (1 Corintios 12:31; 14:1), pero la distribución de los dones es la obra soberana del Espíritu (1 Corintios 12:11). De manera similar, a los creyentes se les requiere que muestren siempre el fruto espiritual, pero la manifestación de los dones espirituales es bajo la dirección del Espíritu. La obra del Espíritu Santo se manifiesta tanto en los dones que concede a los creyentes como en el fruto espiritual mostrado por ellos. Ambas categorías son centrales en el concepto del Nuevo Testamento de la actividad del Espíritu entre el pueblo de Dios.

CONCLUSIÓN.

Algunos se preguntan: ¿Qué es mejor o más importante, los dones o el fruto? Los evangélicos no pentecostales enfatizan el fruto, en tanto que algunos pentecostales sobreenfatizan la importancia de los dones, ¿Quién tiene la razón? Ya que tanto los dones como el fruto se originan en el Espíritu, es injustificado colocarlos en situación de antagonismo el uno contra el otro. A los cristianos corintios se les dijo: “Seguid el amor; y procurad los dones espirituales” (1 Corintios 14:1). Las dos ideas son correlativas, pero ciertamente deben entenderse a la luz de lo que Pablo señala como “un camino aún más excelente” (1 Corintios 12:31). Esto llegó a ser necesario a causa de un abuso de los dones y no porque hubiera alguna inferioridad inherente de los dones respecto del fruto del Espíritu.

En Corinto, los dones estaban siendo usados para competir en vez de hacerlo en ánimo de cooperar; para los intereses de la auto gratificación, más bien que para la edificación de la congregación. Sin embargo, es significativo que en ningún momento Pablo sugiere que los dones mismos no son genuinos cuando se manifiestan de esta manera (1 Corintios 13:1,2). El don es genuino; el que lo ejerce sin amor puede que no lo sea. El “camino aún más excelente” es la mediación de los dones a través del fruto del Espíritu, y principalmente por medio del amor. El amor, como vemos en 1 Corintios 13, es el principio regulador tras los dones espirituales. Es paciente y bondadoso; de buena gana da oportunidad para que otros miembros dotados puedan hablar también (1 Corintios 14:30,31). No es celoso ni jactancioso; reconoce que el Espíritu distribuye soberanamente sus dones a quien le place (1 Corintios 12:11). Ni se enorgullece por poseer algún don, o algunos de los dones (1 Corintios 12:21). No es arrogante ni grosero; siempre considera el bienestar de todo el cuerpo cuando se expresa en la congregación, y está dispuesto a recibir corrección (1 Corintios 14:29,30). No insiste en su propia manera; se somete a la autoridad debidamente constituida en la iglesia (1 Corintios 14:37).

La complementación, no la exclusividad mutua, es el modo de acción mostrado por el Nuevo Testamento para los dones y el fruto del Espíritu. Juntos sirven para edificar la iglesia. El ideal divino es que tanto los dones como el fruto se manifiesten entre los creyentes. No somos llamados para preferir uno en perjuicio del otro.

 

 

 

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