Pentecostalismo Clásico, Sin categoría

Doctrinas Cardinales del Pentecostalismo Clásico: El Bautismo en el Espíritu Santo.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La tercera doctrina cardinal del pentecostalismo clásico es el bautismo en el Espíritu Santo. ¡Cristo bautiza con su Santo Espíritu a su pueblo! La experiencia que conocemos con el nombre de bautismo en el Espíritu Santo es también conocida por varios diferentes términos incluyendo el bautismo, la llenura, y el Espíritu cayendo o viniendo sobre una persona. Es evidente que el hablar en lenguas era una experiencia común en el primer siglo. Después del periodo apostólico, sin embargo, este fenómeno parece haber disminuido, u ocurrido más frecuentemente solo entre algunos grupos ajenos a la iglesia oficial.  Agustín de Hipona sostenía que las lenguas cesaron después del primer siglo. Desde entonces, muchos han sostenido esta posición “cesacionista,” incluyendo algunos evangélicos conservadores y la mayoría de los dispensacionalistas. No obstante, hay numerosos ejemplos de esta experiencia a través de los siglos.   En los últimos 200 años, la frecuencia ha aumentado. Los irvingitas de Inglaterra del siglo XIX, el reavivamiento pentecostal al comienzo del siglo XX en los Estados Unidos, la aparición de denominaciones pentecostales, el avivamiento conocido como la Lluvia Tardía, el movimiento carismático, y el aumento actual de evangélicos que tienen posiciones cuasi-pentecostales (por ejemplo, los de la Tercera Ola), son grupos que afirman de alguna forma el bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en lenguas.

La creencia común de los evangélicos no pentecostales es que el Espíritu Santo es dado en la justificación y que no hay un bautismo subsiguiente. Los carismáticos creen que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia subsiguiente a la salvación, pero que las lenguas, que normalmente acompañan el bautismo, no son necesariamente la evidencia inicial; cualquiera de los dones puede servir como evidencia. Además, sostienen que hablar en lenguas es primordialmente una lengua de oración y ellos no enfatizan el enfoque pentecostal del poder. Los nuevos grupos de Tercera Ola tienen apariencias pentecostales proclamando que poder adicional puede ser ganado para el ministerio y servicio, pero son intencionalmente vagos en decir si el bautismo en el Espíritu Santo es o no es una experiencia específica, además, minimizan el papel de las lenguas. Los pentecostales clásicos, en cambio, creemos que el bautismo en el Espíritu Santo es primordialmente una provisión de poder para servicio y que la inicial evidencia física es hablar en lenguas.

Los pentecostales clásicos creemos que las lenguas no son la única evidencia de una vida llena del Espíritu, pero siempre son la inicial, o primera, evidencia que uno ha sido bautizado en el Espíritu Santo como la entrada en una vida llena del Espíritu. Un propósito del bautismo en el Espíritu es para empoderar al creyente para testificar; entonces, el entusiasmo y valentía al testificar, la guía y capacitación divina en la presentación del evangelio, y las manifestaciones milagrosas del poder de Dios ante los no creyentes sirven como evidencias adicionales del bautismo en el Espíritu Santo, pero no como sustitutos de hablar en lenguas. La vida llena del Espíritu también debe demostrar un desarrollo progresivo hacia un carácter completo en la semejanza de Cristo. El fruto del Espíritu (Gálatas 5:22,23) debe estar desarrollándose en la vida de cada creyente.

Otros dones sobrenaturales del Espíritu (aparte de hablar en lenguas), aunque a veces parecen evidentes en las vidas de los creyentes que no han sido bautizados en el Espíritu, no dan en sí evidencias de haber sido bautizados en el Espíritu.  La manifestación de los dones sobrenaturales en la vida de un creyente que no ha sido bautizado en el Espíritu Santo es posible, pero el ser bautizado abrirá la puerta para manifestaciones más dinámicas y eficaces.

I.- ¿QUÉ ES EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO?

Desde los primeros días del siglo veinte, muchos creyentes cristianos han enseñado y han recibido una experiencia espiritual que llaman el bautismo en el Espíritu Santo. En la actualidad, centenares de millones de creyentes se identifican con el movimiento que enseña y promueve la recepción de esta experiencia. La expansión global de este movimiento muestra el cumplimiento de las palabras de Jesucristo a sus discípulos cuando les prometió que el Espíritu Santo vendría sobre ellos, y recibirían poder para ser sus testigos a todo el mundo (Hechos 1:5,8).

El Nuevo Testamento enfatiza la centralidad de la función del Espíritu Santo en el ministerio de Jesús y la continuación de esa función en la iglesia primitiva. El ministerio público de Jesús fue iniciado por el Espíritu Santo que vino sobre Él (Mateo 3:16; Marcos 1:10; Lucas 3:22; Juan 1:32). El libro de los Hechos presenta una extensión de ese ministerio a través de los discípulos, mediante el empoderamiento del Espíritu Santo. Los rasgos más característicos del bautismo en el Espíritu Santo son los que siguen:

(1) Teológicamente y como experiencia se distingue del nuevo nacimiento y los sucede.

(2) Está acompañado por las lenguas que habla quien lo recibe.

(3) Tiene un propósito que lo distingue de la obra del Espíritu en la regeneración del corazón y la vida de un pecador arrepentido.

Aunque el término “bautismo en el Espíritu Santo” no aparece en las Escrituras, es una conveniente designación para la experiencia que anunció Juan el bautista, que Jesús “[bautizaría] en Espíritu Santo” (Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33), que Jesús mismo repetiría (Hechos 1:5), y también Pedro (Hechos 11:16). Cabe notar que la expresión aparece en los Evangelios y también el Libro de los Hechos. La ilustración del bautismo presenta la inmersión, como se ve en la analogía del Juan el bautista del bautismo en agua que él administraba y el bautismo en el Espíritu Santo que administraría Jesús. Ser bautizado en el Espíritu Santo se debe diferenciar de lo que Pablo declara en 1 Corintios 12:13 que, según la sintaxis griega, lee: “por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo”. El contexto de este pasaje muestra que “por” es la mejor traducción, indicando que el Espíritu Santo es el instrumento o medio por el cual se lleva a cabo el bautismo. En los versículos 3 y 9 del capítulo, Pablo usa la misma preposición dos veces en el mismo versículo para indicar una actividad del Espíritu Santo. En 1 Corintios 12:13, “bautizados en un cuerpo” habla de la obra del Espíritu Santo de incorporar a un pecador arrepentido al cuerpo de Cristo (Romanos 6:3; Gálatas 3:27). Este es el “un bautismo” de Efesios 4:5; es el bautismo indispensable e importante que resulta en el “un cuerpo” del versículo 4. Para resumir: en la conversión, el Espíritu Santo bautiza en Cristo/el cuerpo de Cristo; en una experiencia subsiguiente y diferente, Cristo bautizará en el Espíritu Santo.

Se usan diversos términos bíblicos para referirse a esta experiencia, especialmente en el libro de los Hechos, que registra el primer descenso del Espíritu sobre los discípulos de Jesús y da ejemplos similares de encuentros del Espíritu con el pueblo de Dios. Las siguientes expresiones en Hechos se usan de manera intercambiable para describir la experiencia:

  1. Bautizado en el Espíritu—1:5; 11:16; véase también Mateo 3:11; Marcos 1:8; Lucas 3:16; Juan 1:33. El término “bautismo en el Espíritu” generalmente sirve como un conveniente sustituto y también se usa en este documento.
  2. El Espíritu viene, o desciende, sobre—1:8; 8:16; 10:44; 11:15:19:6; véase también Lucas 1:35; 3:22.
  3. El Espíritu derramado—2:17,18; 10:45
  4. El don que mi Padre prometió—1:4
  5. El don del Espíritu—2:38; 10:45; 11:17
  6. El don de Dios—8:20; 11:17; 15:8
  7. Recibir el Espíritu—8:15,17,19; 19:2
  8. Lleno con el Espíritu—2:4; 9:17; además Lucas 1:15,41,67. Esta expresión, junto con “lleno del Espíritu”, tiene una aplicación más amplia en los escritos de Lucas. El mandato de Pablo de “ser llenos con el Espíritu” (Efesios 5:18) no se refiere a la plenitud inicial del Espíritu; es un mandamiento para continuar llenándose del Espíritu.

Ninguno de estos términos expresa todo lo que envuelve la experiencia. Son metáforas que expresan la idea de que el receptor es completamente dominado o saturado por el Espíritu, que ya mora en él (Romanos 8:9,14-16; 1 Corintios 6:19; Gálatas 4:6). Aunque el bautismo en el Espíritu es un don de la gracia de Dios, no debe llamarse “una segunda obra de gracia” o “una segunda bendición”. Tal expresión indica que un creyente no puede tener experiencia o experiencias de la gracia divina entre la conversión y el bautismo en el Espíritu Santo.

II.- HABLAR EN LENGUAS COMO EVIDENCIA INICIAL.

El pentecostalismo clásico sostiene que el hablar en lenguas es la evidencia física inicial del bautismo en el Espíritu Santo. El Día de Pentecostés (Hechos 2:1–21) ocurrieron tres dramáticos fenómenos: un viento recio, fuego, y las lenguas que se hablaron. El viento y el fuego, que en las Escrituras son símbolo del Espíritu Santo, antecedieron al derramamiento del Espíritu; pero el fenómeno de hablar en lenguas fue una parte integral de la experiencia de los discípulos en el bautismo en el Espíritu. El ímpetu de hablar en lenguas era el Espíritu Santo. El verbo griego apophthengomai al final del versículo 4 se repite en el versículo 14 como introducción del discurso de Pedro a la multitud. Es una palabra poco común y que rara vez se usa, y que se puede traducir como “emitir una palabra inspirada”. La frase verbal griega para hablar en lenguas (lalein glosáis) no aparece en literatura que no sea bíblica como un término técnico para describir la acción de hablar un idioma que no se conoce. Pero Lucas (Hechos 2:4; 10:46; 19:6) y Pablo (1 Corintios 12:30; 13:1; 14:5,6,18,23,39) la usan con esa connotación. La palabra griega glossa se refiere a la lengua cono el órgano del habla y, por extensión, el resultado del habla: el lenguaje. En Hechos 2, aunque los discípulos no conocían las lenguas que ellos mismos hablaron, hubo algunos que sí las entendieron. Eran lenguas humanas, identificables. Lucas dice que los discípulos hablaron en otras lenguas, es decir, lenguas que no eran las de ellos. Sin embargo, en las demás instancias de Hechos, donde se menciona que hablaron lenguas (10:46; 19:6), no hay indicación de que los presentes entendieron las lenguas o las identificaron. Los escritos de Pablo enseñan que las lenguas no siempre son humanas; también pueden ser espirituales, celestiales, o angélicas (1 Corintios 13:1; 14:2,14) como un medio de comunicación entre el creyente y Dios. Cabe mencionar dos detalles importantes:

(1) En el Día de Pentecostés, todos los que fueron llenos con el Espíritu hablaron en lenguas (Hechos 2:4).

(2) Pedro, al explicar a los presentes el significado de la experiencia de los creyentes, dijo que era el cumplimiento de Joel 2:28,29 (Hechos 2:16–21). Especialmente importante es que Pedro, en medio de la referencia que hizo de Joel, introdujo las palabras “profetizarán” (versículo 18), enfatizando la palabra profética como un rasgo clave del cumplimiento. El hablar en lenguas y la profecía suceden cuando el Espíritu Santo viene sobre una persona y la dirige a hablar. La diferencia básica es que la profecía es en el idioma de quien habla, en tanto que el hablar en lenguas es un idioma que quien habla desconoce. Pero el modo en que operan los dos dones es el mismo. Hablar en lenguas puede, por lo tanto, considerarse una forma especializada o diversa de profecía respecto a la manera en que opera.

LOS SAMARITANOS.

El caso de los samaritanos es también instructivo (Hechos 8:14–20). Los samaritanos habían sido testigos de las señales que Dios obró a través de Felipe, habían además respondido en fe al mensaje de Cristo, y se habían sometido al bautismo. Pero no habían recibido el bautismo en el Espíritu Santo (versículo 15). Pedro y Juan “les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo” (versículo 17). Simón el mago vio algo extraordinario en este don del Espíritu, e inmediatamente quiso tener la autoridad de también impartir el don. Ya había sido testigo de la expulsión de demonios y sanidades, pero esto era claramente algo diferente. Lucas simplemente dice que Simón “vio” o fue testigo de que se daba el Espíritu Santo; sucedió algo que él pudo observar. El consenso entre los eruditos bíblicos, muchos de los cuales no son pentecostales o carismáticos, es que los samaritanos tuvieron una experiencia glosolálica. Este relato se clasifica entre los dos principales en los capítulos 2 al 10, que sin ambigüedad asocia la glosolalia con el bautismo en el Espíritu. Por lo tanto, este suceso puede con toda razón identificarse como el “Pentecostés Samaritano”.

PABLO.

El caso de Saulo de Tarso, aunque diferente, también parece enseñarnos lo mismo (Hechos 9:17). Lucas no registra detalle alguno del bautismo de Pablo en el Espíritu Santo. Sin embargo, sí sabemos que Pablo hablaba en lenguas con frecuencia y como algo normal en su rutina diaria (1 Corintios 14:18). Parece legítimo y lógico inferir que la primera vez que habló en lenguas fue cuando Ananías le impuso las manos. Así como lo que sucedió en Samaria, esta experiencia se sitúa entre los dos sucesos que claramente dicen que todos hablaron en lenguas cuando fueron bautizados en el Espíritu.

CORNELIO.

En la casa de Cornelio en Cesarea ocurrió un suceso semejante al Pentecostés (Hechos 10:44–48). Se deben observar unos cuantos detalles importantes:

(1) Pedro claramente identifica la experiencia de la casa de Cornelio con la que tuvieron los discípulos en Pentecostés: “Dios, pues, les concedió el mismo don que a nosotros” (Hechos 11:17; véase también 15:8). Además, en ambos relatos aparecen términos comunes como “bautizado con [en] el Espíritu”, “derramado”, y “don”.

(2) La manifestación externa observable de la glosolalia convenció a los acompañantes judeocristianos de Pedro de que el Espíritu también había sido derramado sobre esos gentiles: “Porque los oían que hablaban en lenguas y que magnificaban a Dios” (versículo 46).

(3) Posiblemente, la frase “magnificaban [megaluno] a Dios” es un comentario acerca del contenido de la glosolalia. Se debe notar la importancia de Hechos 2:11 porque identifica el contenido de la glosolalia en Pentecostés como un recital de “las maravillas [megaleia] de Dios”.

(4) Todos los que recibieron, también hablaron en lenguas (versículo 44). Este suceso y el de Pentecostés, que también indiscutiblemente y sin ambigüedad dice que todos hablaron en lenguas, conecta la glosolalia con el bautismo en el Espíritu Santo. Los dos relatos son un paréntesis de los capítulos 8 y 9 donde Lucas no presenta detalles de la experiencia en el Espíritu de los creyentes.

LOS DISCÍPULOS DE ÉFESO.

El episodio que relata la experiencia de los Discípulos en Éfeso nos testifica lo mismo (Hechos 19:1–7). Cuando el Espíritu Santo vino sobre estos discípulos, “hablaban en lenguas y profetizaban” (versículo 6). Una traducción del texto griego podría ser: “No sólo [te] hablaron en lenguas, sino que también [kai] profetizaron”.

El hablar en lenguas fue una parte integral del bautismo en el Espíritu en el Libro de los Hechos. Es la única manifestación asociada al bautismo en el Espíritu Santo que se presenta explícitamente como evidencia que prueba la autenticidad de la experiencia, y sobre esa base debe considerarse normativa. La doctrina Pentecostal de hablar en lengua como “evidencia física inicial” es un intento de condensar el pensamiento de que en el momento del bautismo en el Espíritu Santo el creyente hablará en lenguas. Comunica la idea de que la acción de hablar en lenguas es el acompañamiento inicial y empírico del bautismo en el Espíritu Santo. En ninguna parte en las Escrituras se indica que uno puede ser bautizado en el Espíritu sin hablar en lenguas. Primera de Corintios 12:30 a veces surge como argumento de que las lenguas no son un componente necesario del bautismo en el Espíritu, cuando Pablo pregunta retóricamente: ‘no todos hablan en lenguas, ¿verdad?” Pero el contexto amplio y el contexto inmediato relacionan la pregunta con el ejercicio del don en la adoración colectiva, como sugiere la pregunta a continuación: “no todos interpretan, ¿verdad?” Según 1 Corintios 12:8–10, sólo algunos creyentes son guiados por el Espíritu Santo para comunicar un mensaje en lenguas en la reunión del pueblo de Dios.

POSICIONES EXAGERADAS EN RELACIÓN CON EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTO Y SU SIGNIFICADO EN LA VIDA DEL CREYENTE.

Algunos pentecostales han exagerado los beneficios o resultados del bautismo en el Espíritu Santo.   Proclaman que algunos elementos de la vida cristiana solamente son disponibles para el creyente después del mismo. Como creen que el hablar en lenguas es la evidencia física inicial necesaria para esta experiencia, sostienen que estos beneficios solamente pueden ocurrir después de que una persona haya sido bautizada en el Espíritu Santo y haya hablado en lenguas. En su forma más sencilla, entonces, las lenguas tienen que preceder los otros beneficios espirituales. Esta posición exagerada no puede ser apoyada exegética ni experimentalmente. Como resultado, la posición pentecostal es rechazada frecuentemente y la importancia y valor de hablar en lenguas se pierde.

Específicamente, algunos pentecostales han sostenido, hasta cierto punto, que el poder para el ministerio, dones, liderazgo espiritual, y santidad son experimentados solamente después del bautismo en el Espíritu Santo evidenciado por la inicial evidencia física de hablar en lenguas. Sin embargo, evidencia convincente contra esta posición puede ser aducida tanto de la Biblia como de la experiencia. Una posición verdaderamente pentecostal evita el error de exagerar, pero todavía sostiene que algunas cosas importantes de la vida y ministerio de una persona siguen solamente después del bautismo en el Espíritu Santo, evidenciado por el hablar en lenguas, y que estas bendiciones no pueden ser recibidas en ninguna otra manera. También reconoce que hay actividad espiritual significante en la vida de cada creyente aparte de la experiencia pentecostal.

Algunos pentecostales han hechos afirmaciones extravagantes para el bautismo en el Espíritu Santo.   Algunos han discutido que una persona tiene que hablar en lenguas para ser salva. Usando el aceite de las lámparas obtenido por las vírgenes sabias en preparación para el novio como un símbolo del Espíritu Santo (Mateo 25), afirman que una persona tiene que tener el Espíritu Santo para ser preparada o salva. Para quienes sostienen este punto de vista, puesto que el bautismo en el Espíritu Santo siempre es acompañado con el hablar en lenguas, uno tiene que hablar en lenguas para ser salvo. Esto es absurdo y puede ser descartado.

Otros, sin embargo, han hecho la misma cosa de una forma menor. Algunos afirman que el bautismo en el Espíritu Santo sigue a la santificación. Arraigado, en parte, en la tradición de la Santidad de Wesley, esta posición pertenece a dos grupos. Uno afirma que hay dos experiencias espirituales distintas en la vida del creyente: salvación y santificación, a veces llamado el bautismo en el Espíritu Santo. El otro grupo tiene tres experiencias: salvación, santificación, y el bautismo en el Espíritu Santo. Las dos formas de esta posición son insostenibles exegéticamente, y la experiencia en la vida del creyente la refuta. La santificación no es el resultado principal del bautismo en el Espíritu Santo.

Otros han afirmado que todo el poder y dones para el ministerio siguen al bautismo en el Espíritu Santo. Otra vez, esto no puede ser sostenido exegética o experimentalmente. Los que están en oposición a esta afirmación apuntan correctamente a las vidas y ministerios de grandes cristianos que no hablaban ni hablan en lenguas. Debido a estas afirmaciones exageradas para los efectos del bautismo en el Espíritu Santo, la posición pentecostal ha sido atacada. El argumento es: Si la evidencia para el bautismo en el Espíritu Santo es una vida sobrenaturalmente dotada y un ministerio significante, entonces Hudson Taylor, Chuck Swindoll, Charles Stanley, Billy Graham, y muchos otros tienen que haber sido bautizados en el Espíritu Santo, aunque no han hablado en lenguas. Todos han demostrado ministerios poderosos y efectivos.

Ante esto, es importante aclarar que los pentecostales no creemos que todo el poder y todos los dones ocurren solamente después del bautismo en el Espíritu Santo. Los no pentecostales ciertamente están capacitados espiritualmente para el ministerio. Pero bautismo en el Espíritu Santo otorga dramáticamente más poder para el ministerio, especialmente en lo sobrenatural como milagros y señales; un ministerio que promueve el llamado apostólico o misionero a plantar iglesias y ministrar en lo sobrenatural. Este poder adicional, capacitación por medio de dones espirituales y pasión, está añadido junto con la milagrosa y espiritualmente provechosa práctica de hablar en lenguas; primero para edificación propia (1 Corintios 14:4), y cuando es interpretado, para la edificación pública (1 Corintios 14:13,26,27). El bautismo en el Espíritu Santo es dado primordialmente para añadir poder sobrenatural para el ministerio y mejorar la relación no cognitiva y experimental con Dios.

LA CLAVE DE NUESTRO ÉXITO EVANGELÍSTICO Y MISIONERO.

El bautismo en el Espíritu Santo ha sido la clave de nuestro éxito misionero y evangelístico. Sin embargo, ciertos peligros se ven venir sobre el movimiento pentecostal moderno. Muchos pentecostales modernos, en su búsqueda por la aprobación de la comunidad evangélica en general, están a punto de perder la misma cosa que los ha hecho eficaces: su enfoque emocional y apasionado de la vida y ministerio y su énfasis en hablar en lenguas. Aunque los pentecostales necesitamos añadir a nuestras propias experiencias los elementos útiles de exégesis y hermenéutica, junto con otras disciplinas espirituales, no debemos, en el proceso, dejar la misma cosa que nos ha hecho tan efectivos en la obra del ministerio. El bautismo en el Espíritu Santo es una provisión poderosa que añade poder sobrenatural a la vida y ministerio de cualquier creyente. Hoy, ministerios que tratan de evangelizar a un mundo perdido y muriendo en pecado y miseria, enfrentan desafíos enormes. Es beneficioso que cada creyente entienda adecuadamente lo que Dios ha provisto y aproveche de ello, recordando las palabras de Jesús cuando comisionó a sus discípulos: “Yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49).

Entender el papel que el bautismo en el Espíritu Santo ha desempeñado en nuestra historia y éxito ministerial resulta instructivo. El 20 de noviembre de 1998, el erudito pentecostal Vinson Synan presentó un artículo a la Evangelical Theological Society [Sociedad evangélica teológica] titulado, “Policy Decisions on Tongues As an Indicator of Future Church Growth [La política de decisiones sobre lenguas como una indicación del crecimiento futuro de la iglesia].”   Synan demuestra en su artículo que pentecostales han sido dramáticamente más exitosos en plantar y crecer iglesias que los que han rechazado el entendimiento pentecostal del bautismo en el Espíritu Santo y la necesidad de hablar en lenguas.   Sus estadísticas vienen del desarrollo de las misiones pentecostales en el siglo xx. En Chile, los metodistas crecieron aproximadamente 5,000 miembros, mientras los pentecostales crecieron 2,371,000. En Brasil, los bautistas crecieron a 1,050,000, mientras los pentecostales crecieron a más de 21 millones. Internacionalmente, la Alianza Cristiana Misionera creció a 1.9 millones, mientras las Asambleas de Dios han sobrepasado los 70 millones.  No es posible ignorar estas estadísticas.   Estos logros son la razón de que el Fuller Seminary decidiera estudiar las misiones pentecostales debido al éxito espectacular del ministerio pentecostal. Otros eruditos están sacando las mismas conclusiones. Philip Jenkins, profesor distinguido de historia y estudios religiosos en Pennsylvania State University, escribió recientemente un nuevo libro, The Next Christendom [El siguiente cristianismo], en donde él demuestra que los patrones de crecimiento de los pentecostales harán que el siglo XXI sea un siglo pentecostal.  El ministerio pentecostal no es un poco más eficaz. Hace una diferencia dramática.  El bautismo en el Espíritu Santo provee una cantidad significante de poder para el ministerio sobrenatural resultando en logros asombrosos para el reino.

CONCLUSIÓN.

El bautismo en el Espíritu Santo debe ser más que una doctrina que se protege y se valora; debe ser una experiencia vital, productiva, y continua en la vida de los creyentes y en su relación personal con el Señor, su interacción con otros creyentes, y su testimonio al mundo. La vitalidad y la fuerza de la Iglesia pueden concretarse sólo cuando los creyentes de manera personal y colectiva manifiestan el poder del Espíritu Santo que Jesús mismo experimentó y que prometió a sus discípulos. La posición oficial del pentecostalismo clásico afirma que todos los creyentes tienen derecho de, y deben esperar fervientemente, buscar la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato de nuestro Señor Jesucristo.  Ésta era la experiencia normal de todos en la iglesia primitiva cristiana. Esto también incluye la dotación de poder para la vida y servicio, la distribución de los dones y sus usos en la obra del ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4,8; 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es distinta y subsiguiente a la experiencia del nuevo nacimiento (Hechos 8:12-17; 10:44-46; 11:14-16; 15:7-9).  Con el bautismo en el Espíritu Santo vienen tales experiencias como la llenura rebosada del Espíritu (Juan 7:37-39; Hechos 4:8), una reverencia más profunda para Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28), una consagración intensificada a Dios y una dedicación a su obra (Hechos 2:24), y un amor más activo para Cristo, su Palabra, y los perdidos (Marcos 16:20).

Sin duda, algunos creyentes que no hablan en lenguas han logrado grandes cosas para Dios. La Biblia registra muchas demostraciones milagrosas de lo sobrenatural en las vidas de los individuos del Antiguo Testamento, y en las vidas de los creyentes en el Nuevo Testamento tanto antes como después de su experiencia de bautismo. Cuando Jesús mandó a los 70 antes del Pentecostés, regresaron informando con gozo, “aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas 10:17). Esto ocurrió cuando ellos aún no habían sido bautizados en el Espíritu Santo. Pero definitivamente había más incidencias de los dones espirituales funcionando por medio de los miembros llenos del Espíritu en la Iglesia Primitiva que había antes del derramamiento del Espíritu Santo sobre los creyentes rendidos. Los milagros fueron hechos por medio de personas como Esteban y Felipe que no tenían posiciones apostólicas (Hechos 6:8 y 8:6,7). La plenitud de los dones fue vista en todas partes después del Día de Pentecostés. La iglesia había experimentado un mayor empoderamiento para un ministerio más eficaz. El bautismo en el Espíritu Santo, con la inicial evidencia física de hablar en lenguas, es la puerta que nos lleva a una iglesia de Jesucristo grandemente empoderada.

El bautismo en el Espíritu Santo es poder adicional para la vida y el ministerio, dado por Dios después de la salvación. El bautismo es caracterizado por un sentido profundo de la proximidad de la presencia de Dios. En virtud de esto, un sentido profundo de misterio y emoción frecuentemente es experimentado.  También está caracterizado por el hablar en lenguas. Hablar en lenguas establece una comunicación no cognitiva y no racional con Dios. No es anti-racional. Es un contacto inmediato con Dios que no incluye palabras humanas, ni puede ser expresada en palabras humanas. Esta experiencia resulta en más fe en Dios, más poder y dones para el ministerio, más emoción y pasión, y más conocimiento de la dimensión experimental de la presencia de Dios en la vida del creyente pentecostal. Los pentecostales clásicos creemos firmemente que Cristo no sólo salva, no sólo sana, sino que también bautiza en el Espíritu Santo. Esta es una de nuestras doctrinas cardinales.

 

 

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