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Herejías Destructoras: Atar y Desatar

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

En cierta ocasión, el pastor estadounidense John Bryan Chapell, fundador y presidente de Unlimited Grace, un ministerio de radio y enseñanza de la Biblia en línea, dijo: “Los errores más grandes de la iglesia ocurren cuando la gente honra lo que sus pastores dicen sin examinar esas enseñanzas a la luz de las Escrituras.” ¡Y vaya que tenía la razón! En nuestros días nos encontramos una y otra vez con un cristianismo que insiste en resaltar las capacidades del hombre al punto de convertirlo en casi una deidad. Para cumplir con su objetivo, diversos sectores de la iglesia han malinterpretado el hecho de que el hombre fue creado “a semejanza de Dios”, y a partir de ahí ha enseñado que el hombre, en cierta medida, puede hacer lo que Dios hace. En ese sentido, una de las enseñanzas que está muy arraigada en los círculos cristianos es que los creyentes también podemos declarar y mandar con autoridad, así como Dios lo hace. Mejor dicho, que nuestras palabras tienen tanto poder, como las palabras de Dios. Dicha autoridad, dicen, incluye un poder que los creyentes tenemos para “atar al diablo y a los demonios”.

La doctrina de que podemos “atar y desatar al demonio”, muy común en algunas iglesias de nuestra época, es una de esas enseñanzas que suele distorsionarse a menudo desde el púlpito. A menudo se le asocia con el tema de la guerra espiritual. Antes de seguir quiero aclarar algo: La guerra espiritual es real. Puede no salir en las noticias; pero debería. Pablo lo admite en Efesios 6:12, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Sin embargo, las armas de esta guerra son a menudo malentendidas de alguna forma. En algunos círculos evangélicos, por ejemplo, es común escuchar a pastores y su gente hablar de “atar a Satanás” o “renunciar a la presencia del diablo” o muestras similares de confianza. Una de las prácticas más comunes dentro de ciertas congregaciones es la de “atar y desatar”, atan al diablo, demonios, enfermedades, maldiciones, ¡Hasta huracanes! y por otro lado desatan huestes celestiales, bendiciones, finanzas, riquezas, salud, autos, casas, etc.

La mayoría de los cristianos se sorprende al saber que los verbos atar y desatar aparecen juntos solamente dos veces (Mateo 16:19; 18:18). Por el hecho de que la misma palabra griega que se usa para atar en estos versículos (deo) también aparece en Mateo 12:29 y Marcos 3:27, muchos pentecostales y carismáticos han llegado a la conclusión de que tales pasajes se refieren a la autoridad del creyente para atar espíritus rebeldes y demoníacos. No obstante, lo que parece una conclusión simple y sencilla, está sin embargo erizada de dificultades contextuales, teológicas, y prácticas. Pero esto no ha detenido la herejía. Atar al diablo y su obra en la tierra se ha convertido en el pan diario de muchas congregaciones.

Necesitamos considerar el asunto de atar y desatar por varias razones:

  1. Primero, esta difundida práctica refleja la necesidad de una sólida interpretación bíblica. Con frecuencia la gente supone que esta práctica tiene apoyo bíblico, en vez de hacer un cuidadoso estudio bíblico. El movimiento Pentecostal siempre ha defendido la creencia de que solo las Escrituras son el fundamento en todos los asuntos de “fe y práctica”. Por consiguiente, aquellos que toman la Biblia absolutamente en serio deben disciplinarse para someter todas sus creencias y prácticas al escrutinio de ella.
  2. Segundo, necesitamos ver que los asuntos teológicos populares sean como vías para conectarse con las Escrituras y desarrollar nuestras habilidades en la interpretación y aplicación bíblicas. No podemos ser negligentes en la disciplina espiritual del estudio bíblico regular.
  3. Tercero, Dios nos llama a desear conocer y complacernos en hacer su voluntad (Romanos 12:1; Efesios 5:10,17; Colosenses 1:9,10). La Palabra de Dios debe estar presente en cada pensamiento, palabra, y acción de aquellos que desean agradar a Dios, y que conocen y hacen su voluntad.

Una razón final para una seria consideración de este asunto es la preocupación por la salud espiritual de los cristianos individualmente y del cuerpo de Cristo. Las enseñanzas que no tienen un sólido apoyo bíblico con frecuencia ejercen una influencia errónea en los creyentes y llevan a falsas doctrinas y a prácticas que dañan la salud espiritual de los creyentes y de la iglesia. Con estos pensamientos en mente, demos un repaso a esta popular enseñanza

UNA PRÁCTICA INÚTIL Y ANTIBÍBLICA.

Pretender que tenemos el poder de “atar al diablo” ha llevado a muchos creyentes a incurrir en prácticas no solamente inútiles, sino antibíblicas y promotoras de herejías aún más peligrosas.  Vivir atando al diablo es un sinsentido en el contexto de las Escrituras, de hecho, jamás podremos hallar un tan solo ejemplo de ello ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. Es más, en el contexto de una verdadera lucha espiritual, ocurre totalmente lo opuesto: “Ni siquiera el arcángel Miguel, cuando argumentaba con el diablo disputándole el cuerpo de Moisés, se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: «¡Que el Señor te reprenda!»” (Judas 9, NVI).

Judas 9 es el supremo ejemplo de cómo los cristianos deben tratar a Satanás y los demonios. El ejemplo de Miguel, al negarse pronunciar una maldición sobre Satanás, debe ser una lección para los cristianos de cómo relacionarnos con las fuerzas demoníacas. Los creyentes no deben hablarles, sino buscar al Señor, y Su poder de intervención contra ellos. Si un ser tan potente como Miguel dejó al Señor tratar con Satanás, ¿Quiénes nos creemos para pensar que tenemos el poder de atar a los demonios, incluyendo al mismísimo Satanás?

Tal práctica es más bien asociada con los falsos maestros y sus doctrinas: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras… Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas… siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición.” (1 Pedro 2:1-12).

VIVIENDO EN LA ESCLAVITUD DE TEMORES INFUNDADOS.

Hay una paranoia perniciosa que se respira en las iglesias hoy en día: la gente piensa que Satanás en persona los vigila a cada segundo. Algunas personas inconscientemente incluyen en el currículo de Satanás los atributos únicos de Dios: su omnisciencia y omnipresencia. Sí, Satanás ciertamente está deambulando (1 Pedro 5:8), pero está limitado a un lugar a la vez. Él no puede leer tu mente, y tampoco “para las orejas” cada vez que su nombre es mencionado en nuestras oraciones. Es triste darnos cuenta como, en muchas ocasiones, mientras estamos orando a Dios, en un desliz ¡Comenzamos a dirigirnos a Satanás! Incluso por las cosas más triviales: Por ejemplo, en cierta ocasión, un pastor oraba: “Señor oramos contra las fuerzas del mal en este lugar hoy, y Satanás te atamos en el nombre de Jesús, denunciamos tus esfuerzos de distraernos jugando con el proyector de PowerPoint otra vez, y reprendemos tu presencia aquí hoy. ¡No eres bienvenido aquí!”.

Tal suceso fuera cómico sino representara la poca comprensión que tenemos del mundo espiritual: En primer lugar, los cristianos debemos orar a Dios, no a Satanás (aun cuando lo que estemos diciendo sea para irritarlo). Segundo, es poco probable que Satanás en persona esté merodeando todo el tiempo por tu iglesia de todos modos. Así que, a menos que tenga demonios grabando nuestras oraciones y luego enviándole el transcrito por correo, tales oraciones son totalmente inútiles, por no decir ridículas. Estoy seguro de que jugar con el equipo de sonido de mi iglesia, o hacerme resbalar en una cáscara de plátano, tiene que ser una prioridad menor para el diablo que, digamos, lo que sucede a niveles mayores en los gobiernos y naciones de la tierra.

ATAR A SATANÁS ESTÁ FUERA DE NUESTRA JURISDICCIÓN.

Satanás puede ser atado, sólo que no por ti o por mí. La tarea de atar a Satanás se le ha dado a un ángel (Apocalipsis 20:1-3). Es una tarea bastante importante y una gran parte de la escatología depende en que se realice correctamente. Al igual que Pedro, Judas advierte con severidad a aquellos fanfarrones espirituales que presumen aventurarse por encima de su jurisdicción y encima de los seres angelicales malignos: “No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales.” Judas 1:8-10.

El propio arcángel Miguel no trató de atar a Satanás de la forma en que muchos tele-evangelistas, pastores, pseudo profetas y falsos apóstoles fanfarrones de hoy en día lo hacen. Incluso el privilegio que tenemos de invocar el nombre de Jesús no nos concede una licencia para realizar cosas más allá de la autoridad que Dios nos ha delegado, o traspasar los límites establecidos por la Palabra. Los hijos de Esceva prueban esta hipótesis (Hechos 19:13-16).

LAS LLAVES Y EL PODER DE ATAR Y DESATAR.

La justificación bíblica para esta práctica es tomada de dos textos del libro de Mateo, y en ambos casos Jesús les está enseñando a sus discípulos algunos aspectos de la autoridad que la iglesia tendría en su misión en la tierra. El primer texto lo encontramos en Mateo 16, cuando Jesús está preguntando a sus discípulos “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15). Pedro fue el único que respondió, diciendo “tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”. El Señor anuncia que su iglesia será fundada sobre esta declaración (“tú eres el Cristo, el hijo del Dios viviente”), y es en este contexto que le dice a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.” (Mateo 16:19). Las palabras de Jesús significan que Pedro tendría el derecho de entrar en el reino mismo, tendría ahí autoridad general, simbolizada por la posesión de las llaves, y la predicación del Evangelio sería el medio por el cual abriría el reino de los cielos a todos los creyentes y lo cerraría contra los incrédulos. El libro de Hechos nos muestra este proceso en acción. Por medio de su sermón en el día de Pentecostés (Hechos 2:14-40), Pedro abrió la puerta del reino por primera vez. La expresión “atar” y “desatar” era común en la fraseología legal judía, significando declarar algo como prohibido o declararlo permitido.

El apóstol Pedro, y luego a los otros discípulos, fueron los pioneros que “abrieron” el acceso al reino, a través de la proclamación del evangelio. Su predicación hizo posible que tanto judíos como gentiles tuvieran la oportunidad de ser parte y de recibir las bendiciones del reino de los cielos. Sin embargo, en su aplicación más amplia, esta autoridad “de atar y desatar” quedaba extendida a toda la iglesia en su misión evangelizadora. En el cumplimiento de la Gran Comisión, la iglesia de Jesucristo puede asegurar las bendiciones de acceso al reino o puede advertir de juicio y condenación a los hombres, según ellos respondan. Por eso, debemos recordar que cuando el creyente predica las buenas nuevas, puede darle seguridad de perdón de pecados a quienes se arrepienten, y aun advertir de juicio a quienes rechazan el mensaje del evangelio. Esa es la autoridad para atar y desatar que vemos en Mateo 16.

Ahora, el otro texto que nos enseña sobre esto de atar y desatar está en Mateo 18, y Jesús nuevamente les está enseñando a sus discípulos diciendo: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.” (Mateo 18:18). En esta oportunidad, el tema que el Señor está discutiendo es la disciplina eclesiástica. Jesús les está recordando a los discípulos la responsabilidad que la iglesia tiene de ejercer disciplina a quien rehúsa ser corregido y no busca arrepentirse por un acto pecaminoso. Eso lo podemos ver por los versículos que anteceden: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.” (Mateo 18:15-17). Cuando alguien ha cometido pecado, el deber de la iglesia es restaurarlo, y los creyentes que ejerzan la disciplina deben procurar ganar al hermano. La meta es hacerle ver su pecado y llevarlo a buscar el perdón. Pero si en una instancia íntima, la persona que ha pecado se resiste, debemos llamar un par de testigos para concederle una nueva oportunidad. Si todavía no hay arrepentimiento, el otro peldaño en la escalera de la restauración es decirlo públicamente a la iglesia. Si el hermano no recibe la disciplina, la cuarta y última medida será tenerlo “por gentil y publicano”, o más bien, expulsarlo de la iglesia, tal como lo había demandado el apóstol Pablo a los corintios cuando uno de sus miembros estaba en abierta desobediencia a las Escrituras practicando un pecado sexual. (1 Corintios 5:13). En este contexto, “todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” se refiere al respaldo que el cielo otorga cuando la iglesia cumple su labor y procura la santidad entre sus miembros. Cuando ejercemos bien esa autoridad en la tierra, el cielo aprueba la disciplina.

Por lo tanto, pensar que tenemos la necesidad de “atar y desatar” al diablo es un argumento que no se ajusta al testimonio de las Escrituras, y lo que es más, desvía la atención de la iglesia. Los creyentes no tenemos que enfrascarnos en una “batalla campal” con el diablo y sus demonios, ni tampoco “atarlos” en el nombre de Jesús. Por un lado, Satanás, ya fue derrotado hace 2,000 años por un hombre más fuerte que él: Jesús de Nazaret (Mateo 12:29). Además, la influencia que en cierta medida el diablo pueda tener hoy día siempre estará sujeta a los límites que Dios ha establecido en su soberanía. En medio de la guerra espiritual, que es real y no ignoramos, el llamado que tenemos en la Escritura es a resistir y estar firmes (Efesios 6:11,13; Santiago 4:7). No tenemos que atar al diablo porque toda su obra está bajo el permiso y control soberano de Dios. Su soberanía y amor hacia nosotros debe constituirse en la base de nuestra confianza.

Como ya se mencionó, el contexto de Mateo 16:19 y 18:18 no tiene nada que ver con el exorcismo. En el capítulo 16, Jesús estaba hablando acerca de edificar la iglesia (versículo 18). Las llaves que Él dio eran para la apertura del reino de los cielos (versículo 19), no para cerrar (o atar) el dominio de las tinieblas. En Mateo 18, el atar y desatar no tiene lugar en un contexto de exorcismo, sino en la administración de disciplina en la iglesia. Los líderes de la iglesia tienen la responsabilidad de determinar a quién se le permite permanecer dentro de la comunidad del nuevo pacto, y bajo qué condiciones. Si este es el caso en Mateo 18 y el lenguaje (“atar y desatar”) es idéntico al lenguaje de Mateo 16, los contextos de estos dos pasajes están muy probablemente relacionados. Al considerar la relación entre estos dos pasajes, es importante tener en cuenta el principio hermenéutico de que “las Escrituras interpretan las Escrituras”. Este principio requiere que el pasaje que no parece claro, o que está en disputa, sea interpretado sobre la base del pasaje que nos resulta claro. En este caso, Mateo 18:18 resulta ser el pasaje claro y sobre el cual no hay duda en cuanto a su significado.

INTERPRETANDO CORRECTAMENTE MATEO 16:19 Y 18:18.

Vayamos un poco más lejos. Ahora que hemos comentado lo que Mateo 16:19 y 18:18 no significan, es necesario que veamos cuál es el sentido de tales pasajes.

Primero, para entender la terminología de atar y desatar de Mateo 16:19, debemos comenzar con Mateo 18:18. Cuando se emplea el principio de contexto literario inmediato, el significado de este pasaje resulta claro, porque contiene muchos indicadores contextuales. Los elementos de un “hermano [que] peca” (versículo 15), “repréndele” (versículo 15), “testigos” (versículo 16), “iglesia” (versículo 17), y excomunión, “tenle por gentil y publicano” (versículo 17), no dejan duda de que el pasaje no trata de exorcismo, sino de excomunión. En este contexto es que se lee el versículo 18: “Todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo”. Cuando se toma Mateo 18:15-20 como un todo, Jesús estaba autorizando a los líderes de la iglesia a seguir un proceso específico con el fin de preservar la pureza y el testimonio de la iglesia. Se les designa a ellos para que protejan la reputación de Dios y de su iglesia, y si es necesario, para que despidan a los miembros que en forma abierta persisten en su estilo de vida pecaminoso. Sus decisiones son autoritativas (atar) y finales. A menos que tomemos en forma extrema la traducción tradicional de estas palabras, necesitamos tomar en cuenta que este texto no concede la influencia humana desenfrenada sobre los decretos de Dios. Las referencias gramaticales del griego autorizado nos hacen ver que necesitamos traducir el versículo 18: “Cualquier cosa que ustedes aten en la tierra habrá (ya) sido atada en el cielo; y cualquier cosa que desaten en la tierra habrá (ya) sido desatada en el cielo”. Los líderes cristianos tienen que reflejar la voluntad de Dios en sus decisiones, y no ser ellos quienes las generen. Del mismo modo que con muchos otros pasajes de las Escrituras, éste enseña a quienes somos siervos de Él, a hacer su voluntad antes que exigir que Él haga la nuestra (Mateo 6:10; 7:21; 26:39; Romanos 12:1; Efesios 5:10, 17; Colosenses 1:9,10). Los dos versículos finales de este pasaje proveen mayor evidencia de la naturaleza judicial (contrariamente al exorcismo) del pasaje. “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:19,20). Usualmente estos versículos se han usado para garantizar las respuestas a las peticiones en oración ofrecidas por dos o tres creyentes “que están de acuerdo” unos con otros. Pero las palabras “otra vez os digo”, fusionan claramente esta enseñanza con la instrucción previa. En otras palabras, Jesús estaba reiterando la misma verdad que comunicó en el versículo 18. El “acuerdo… respecto de cualquier cosa que pidieren” (versículo 19) tiene límites definidos por el contexto en el cual aparace la frase. Por cuanto el contexto más amplio tiene que ver con la disciplina de la iglesia, lo más probable es que Jesús dijera que Dios está dispuesto a contestar a oraciones por fortaleza, sabiduría, revelación, valentía e imparcialidad para los participantes en una disputa o los disciplinadores, y para convicción, contrición, reacción, arrepentimiento, y perdón para el pecador. La garantía de la presencia de Dios entre los “dos o tres… reunidos en [su] nombre (versículo 20) calza perfectamente en el contexto judicial y disciplinario. Los “dos o tres” que se mencionan no son números arbitrarios. Se refieren a los “testigos” a los cuales el juez podía llamar para establecer las palabras o hechos pecaminosos del acusado mediante su testimonio ocular (véase Deuteronomio 17:6,7; 19:15-21; 1 Timoteo 5:19). Los dos o tres mencionados por Jesús en Mateo 18:20 se refieren sin duda a los testigos del versículo 16. Estas palabras llevan una promesa y una advertencia. La promesa es la garantía de Dios de que ningún líder o testigo tendrá que pasar por esta difícil experiencia confiando sólo en su propia fuerza. Ellos experimentarán la presencia, autorización, y capacitación de poder a pesar de lo difícil de la situación. Sin embargo, la advertencia se ve en el hecho de que nada menos que Dios es quien supervisa el proceso. Sus representantes en la tierra deben recordar la santidad personal, rectitud, justicia e imparcialidad de Dios cuando lleven a cabo un juicio. Sus decisiones deben reflejar el decreto celestial. Estímulo y desafío semejantes a éste eran comunes en los primeros siglos. Podemos ver esto en un pasaje de la literatura rabínica que provee un mayor fundamento bíblico: “Los jueces debieran conocer a quien juzgan, y en la presencia de Quién juzgan, y Quién es el que juzga con ellos. Los testigos debieran saber respecto de quién dan testimonio, en la presencia de Quién dan testimonio, con Quién dan testimonio, y Quién es el que da testimonio con ellos, puesto que se dice: “Entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová” (Deuteronomio 19:17), y se dice: “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga” (Tosefta Sanhedrin 1:9).

Segundo, después que establecemos que el atar y desatar ordenado por Jesús en Mateo 18:18 tiene que ver con la disciplina en la iglesia, podemos movernos a Mateo 16:19. El contexto es menos obvio, pero es similar al de 18:18. Cuando nos fijamos en el contexto literario inmediato, los indicadores (aun cuando posiblemente sean menos obvios) sugieren una similitud de contexto con Mateo 18. Por ejemplo, en 16:18 Jesús habla de “edificar [su] iglesia”. El versículo 19 introduce la metáfora de las “llaves del reino de los cielos”. Las llaves deben referirse a autoridad para determinar la admisión y la no admisión en la fraternidad de la iglesia. Es en este punto del versículo que aparece la frase en cuestión: “Y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (16:19). La construcción gramatical aquí es la misma que en 18:18. Por tanto, como en 18:18, podemos traducir: “Cualquier cosa que ustedes aten en la tierra habrá (ya) sido atada en el cielo; y cualquier cosa que desaten en la tierra habrá (ya) sido desatada en el cielo”. En este texto Jesús ordena al liderazgo de la iglesia que reflejen la voluntad de Dios y no la de ellos mismos respecto de a quien debieran recibir como miembro “en plena comunión” en la nueva comunidad de pacto.

Tercero, además del hecho de que 16:19 y 18:18 comparten la misma terminología y contexto, la literatura concerniente a esta discusión que hallamos fuera de la Biblia apoya la interpretación de estos textos en la manera que estamos sugiriendo. La asociación verbal de atar y desatar aparece con tanta frecuencia en la literatura rabínica que nos parece que Jesús estaba empleando terminología que su cultura entendería con facilidad. Aquí tenemos tres ejemplos:

“Durante la guerra de Vespasiano, (los rabinos primitivos) ataron las guirnaldas de los novios y [tocaron] las campanas. Durante la guerra de Quietus, ellos ataron las guirnaldas de las novias y que un hombre enseñara griego a su hijo. En la última guerra [La revolución de Bar Koziba], ellos ataron a la novia a cabalgar en una litera dentro de su villa, pero nuestros rabinos desataron a la novia para que cabalgara en una litera dentro de su villa” (Mishnah Sotah 9:14).

“Si un hombre hacía un voto de abstenerse de leche, él era desatado [respecto al] suero. El rabino Yosi lo ata… Si un hombre hizo un voto de abstenerse de carne, el es desatado [respecto al] caldo [en el cual se cocinaba] … [pero] el rabino Judá lo ata… si un hombre hizo un voto de abstenerse de vino, él es desatado [respecto a] la comida preparada que tenga sabor a vino” (Mishnah Nedarim 6:5-7).

“Si un hombre prometía abstenerse de verduras, es desatado [respecto a] calabazas, pero el rabino Akiva lo ata” (Ibid., 7:1).

Estos pasajes de la literatura rabínica confirman que los términos atar y desatar, cuando aparecen juntos, se refieren a la autoridad de los que están en el liderazgo para atar (prohibir) y desatar (permitir) ciertas prácticas o conductas. Aún más, estos pasajes no tienen relación con atar o desatar espíritus de demonios, ángeles, o actitudes de la gente.

¿Cuál es, entonces, la diferencia entre 16:19 y 18:18? Sobre la base de la información contextual ya comentada, es obvio que el capítulo 16 se refiere a la autoridad del liderazgo de la iglesia para prohibir o permitir la entrada a la comunidad del pacto. Por otra parte, el capítulo 18 se refiere a la autoridad del liderazgo para prohibir o permitir la continuación de la condición de miembro en la iglesia local.

ERRORES QUE ENGENDRAN ERRORES.

Cuando la gente interpreta y aplica incorrectamente Mateo 16 y 18, inevitablemente surgen problemas teológicos y prácticos. Por ejemplo, en ninguna parte de las Escrituras (tanto en la literatura judaica como en la cristiana fuera de la Biblia) aparece Dios dando a los creyentes la tarea de atar a Satanás o a los demonios. En cambio, solo Dios y sus intermediarios angelicales realizan esta actividad (Apocalipsis 20:1,2). En tiempos recientes, la interpretación de desatar se ha referido en algunas ocasiones a la prerrogativa del creyente de permitir que las fuerzas demoníacas ejerzan una cierta libertad. Sin embargo, con más frecuencia, desatar se aplica para liberar un espíritu de avivamiento o de intercesión. En casos extremos, el espíritu de Elías o algún otro personaje bíblico es “soltado”. Respecto a las primeras tres interpretaciones, es más apropiado atribuir tales iniciativas a la obra del Espíritu Santo que a los dictados del hombre. En cuanto a la última interpretación, el idioma y el concepto que representan se encuentran en el límite de la nigromancia (interacción que involucra a los muertos) y son espiritualmente insalubres y bíblicamente inapropiados (Levítico 19:26, Deuteronomio 18:10,11). La interacción que implica a los santos que han partido está dentro del ámbito de Dios solo.

En muchos círculos ha estado en boga también la práctica de atar ciertas actitudes o atributos personales a los que se les designa como “espíritus”. De este modo, con frecuencia se induce a los padres a atar el espíritu de rebeldía en sus hijos desobedientes. En manera similar, oímos con frecuencia que gente bien intencionada ata el espíritu de incredulidad sobre personas o grupos. Por muy espiritual que parezca esta expresión, lleva consigo un marco no bíblico de referencia. Dios ha creado a las personas como agentes morales libres. Él nos da la capacidad y la responsabilidad de elegir. Dios no responderá a una oración que requiera que Él viole este aspecto de la naturaleza humana que Él creó intencionalmente. Cuando oramos de esta manera, nos colocamos al margen de las Escrituras, que son las que operan como nuestra única regla de fe y práctica. Una vez que uno se aleja de los parámetros de las Escrituras, es muy probable que haya otras desviaciones, como la creencia y práctica que algunos han adoptado de dar órdenes a los ángeles.

ATANDO AL HOMBRE FUERTE (MATEO 12:29).

Mateo 12:29 es otro versículo usado por los que dicen que atar demonios es bíblico. De acuerdo con el contexto, Jesús es acusado por los fariseos de echar fuera demonios por el poder de Belcebú. Jesús les respondió: “Todo reino dividido por una guerra civil está condenado al fracaso. Una ciudad o una familia dividida por peleas se desintegrará. Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido y pelea contra sí mismo; su propio reino no sobrevivirá. Entonces, si mi poder proviene de Satanás, ¿qué me dicen de sus propios exorcistas, quienes también expulsan demonios? Así que ellos los condenarán a ustedes por lo que acaban de decir. Sin embargo, si yo expulso a los demonios por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado y está entre ustedes. Pues, ¿quién tiene suficiente poder para entrar en la casa de un hombre fuerte como Satanás y saquear sus bienes? Solo alguien aún más fuerte, alguien que pudiera atarlo y después saquear su casa.” (Mateo 12:25-29; NTV)

Nótese que Jesús no dice que podemos atar demonios o que debemos hacerlo. De hecho, ese pasaje nunca ha sido interpretado de esa manera en toda la historia de la iglesia hasta que surgió hace poco la moda de “atar y desatar”. El problema es que mucha gente ni siquiera se toma la molestia de leer bien lo que dice Jesús. Jesús explica que Él saca demonios por el poder del Espíritu Santo, y ese poder es más poderoso que el poder de los demonios, pues ¿Quién tiene suficiente poder para entrar en la casa de un hombre fuerte como Satanás?”. Y aquí Jesús hace una analogía entre Él contra Satanás, y un hombre muy fuerte que ata a alguien menos fuerte y le quita dominio. ¡Aquí no se dice que nosotros debemos o podemos “atar” demonios!

A pesar de la interpretación popular de que las palabras de Jesús: “¿Cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata?” (Mateo 12:29, Marcos 3:272) prescribe una secuencia para el exorcismo, la evidencia en el resto del Nuevo Testamento no apoya esta idea. Por ejemplo, aun cuando los escritores de los Evangelios registraron múltiples enfrentamientos entre Jesús y los espíritus demoníacos, no hay una ocasión en el registro escrito en el cual Él haya atado a un demonio antes de echarlo fuera. Aún más, una acción tal relacionada con atar a los demonios no se encuentra en el libro de los Hechos, en las epístolas, o en el libro de Apocalipsis. En comparación con las fórmulas elaboradas de exorcismo de los judíos contemporáneos y de los paganos, las palabras y acciones de Jesús y de sus primitivos seguidores son cortantes y directas: “¡Sal de él!”

Si hubo algo que caracterizó a Jesús, es que era consecuente. Si hubo algo que caracterizara a sus seguidores del primer siglo, es que eran obedientes a sus enseñanzas. Si en Mateo 12:29 Jesús hubiera tratado de proveer una descripción respecto de la adecuada secuencia de actos para un exorcismo exitoso, habría seguido su propia fórmula cuando exorcizaba a los demonios, y sus discípulos del Nuevo Testamento también la hubiesen seguido.

Si seguimos los principios interpretativos de que las Escrituras interpretan las Escrituras, y si examinamos las Escrituras como un todo, tenemos que entender que Mateo 12:29 y Marcos 3:27 no son un mandato, sino mas bien una analogía (una técnica ilustrativa que Jesús usó regularmente en los cuatro Evangelios). Satanás no es un hombre, sino semejante a un hombre rico que debe ser sometido antes que un ladrón pueda robar en su hogar. Satanás debe ser desarmado antes que el reino de Dios pueda avanzar (compare Mateo 12:28).

CAYENDO EN LO ABSURDO Y LA CONTRADICCIÓN.

Si en realidad, como muchos super creyentes afirman, ellos poseen la autoridad para ‘atar’ al diablo cada vez que se presente, tenemos solamente dos opciones para explicar el continuo actuar del diablo en el mundo a pesar de que muchos creyentes vivan atándolo. Hay dos opciones: O lo ataron con una cadena muy larga que de todas maneras le permite actuar a su antojo, o el diablo se escapa sutilmente a cada rato y se va a otra iglesia donde lo vuelven a atar. Tales suposiciones suenan ridículas ¿Verdad? ¡Por supuesto que sí! ¡Igual que la doctrina de atar y desatar demonios! La moda de “atar y desatar” es un fraude porque contradice la Biblia, el sentido común y la lógica. En ninguna parte en toda la Biblia verás a los miembros de la iglesia atando demonios, deudas económicas, hábitos, enfermedades, etc.

Atar y desatar es una moda herética que ha invadido la iglesia. Tal enseñanza nació en círculos de creyentes en donde la Palabra de Dios no es estudiada con seriedad y detenimiento. ¿Dónde está la confianza de tales “creyentes” en la soberanía y la Palabra de Dios en todos nuestros momentos, ya sean difíciles o felices? Para empeorar las cosas, atar y desatar es una moda que refleja la fascinación insana del pueblo evangélico por el diablo y sus demonios (muchos evangélicos en Latinoamérica ven al diablo hasta en la sopa, pero son ciegos para ver la mano de Dios en sus vidas). La fe de ellos está en “atar” lo malo para que les vaya bien, en vez de confiar en la voluntad de Dios para sus vidas. Muchos charlatanes se aprovechan de esta moda para vender entradas para sus congresos en donde prometen atar los demonios y las enfermedades que atormentan a la gente.

Piénsalo bien: Atar demonios simplemente no tiene sentido. Si alguien realmente tiene el poder de “atar” a Satanás o a los demonios, entonces ¿Quién los vuelve a soltar? ¿Por qué los cristianos de todo el mundo están afirmando que atan a Satanás y siguen pasando cosas malas? ¿Cuánto tiempo dura la “atadura”? Si sólo dura una hora, entonces la gente pudiera literalmente “turnarse” para atar a Satanás y de esta manera nunca dejarlo suelto de nuevo. ¿Puedes ver lo absurdo que es esta doctrina de “atar demonios y a Satanás”? Además, ¿quién dice que Satanás esté escuchando? No olvidemos que Satanás no es omnipresente, por lo que sólo puede estar en un lugar al mismo tiempo, así que el concepto de que la gente de todo el mundo esté atando a Satanás en, o alrededor del mismo tiempo, no tiene sentido. Lo repito: La única “atadura” de Satanás en la Biblia está en Apocalipsis 20:2, cuando un ángel “ate” a Satanás por 1.000 años en el abismo.

CONCLUSIÓN.

Es necesario que pensemos y analicemos a la luz de la Biblia todo lo que se nos predica. Las personas a veces podrán equivocarse y transmitir de forma torcida un mensaje, incluso cuando tal vez esas personas tengan una buena intención, pero la Palabra de Dios nunca se equivoca. Reconozcamos que la Biblia es más que suficiente y que no necesitamos sacar versículos fuera de sus contextos. Amémosla y conozcamos a Dios y Su voluntad en sus páginas. Eso es lo que la iglesia más necesita en el día de hoy. Cuando realmente sabemos que Dios cuida de nosotros y que nada de lo que nos sucede se escapa de la voluntad de Dios, no perdemos tiempo “atando” demonios y vivimos con más gozo en Dios (Romanos 8:28).

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