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Herejías Destructoras: Declarar y Decretar.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Al leer 2 Pedro 2:1-3 pareciera como si el apóstol contemplara la triste realidad de la iglesia evangélica del siglo XXI: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.”

Es muy probable que hayas escuchado a varias personas que profesan ser cristianas decir “Yo declaro”, una expresión muy común en algunos círculos pentecostales y carismáticos, principalmente en el denominado Movimiento Palabra de Fe. Joel Osteen, un telepredicador y escritor estadounidense, reconocido por ser el pastor general de la Iglesia Lakewood y uno de los principales promotores modernos de esta herejía, afirma en la introducción de su libro “Yo Declaro”, que nuestras palabras tienen poder creativo, y que cuando declaramos algo, ya sea bueno o malo, damos vida a lo que estamos diciendo. Él dice que las personas no se dan cuenta de que cuando hablan de ellas mismas están profetizando su futuro. Pero Osteen no es el único que enseña esta herejía. En Estados Unidos y América Latina es común escuchar a líderes religiosos, regularmente asociados al llamado “evangelio de la prosperidad”, afirmar que nuestra mente y nuestras palabras tienen el poder de crear cosas materiales y hacer que los sucesos ocurran.

Si observamos con detenimiento canales y cadenas “cristianas” de TV como Enlace, si leemos libros de los escritores de moda en el ambiente cristiano, o incluso quizá hasta dentro de nuestros templos, o en nuestras mismas denominaciones, descubriremos que el declarar o decretar es la moda del momento en el mundo evangélico. “Yo te ordeno”, “Declaro que”, “Yo anulo”, “Someto debajo de mis pies”, “Oye bien diablo, a ti te digo”, son algunas de las frases a la que muchos cristianos recurren a la hora de “pelear” una batalla espiritual, pues la moda del declarar y decretar ha sido llevada incluso al área de la guerra espiritual, por lo que no es raro oír a muchos creyentes dirigiéndose con autoridad propia a Satanás y sus secuaces; en ocasiones, hasta decorando el lenguaje ”bélico” con palabras y tono despectivos. Todo ello en oposición a las instrucciones mismas de la Palabra de Dios (Judas 1:8-16).

Es cierto que las Escrituras advierten al creyente de cuidar lo que dice. Que en nuestra lengua está el poder de la muerte y de la vida; que daremos cuentas por las palabras que decimos; que nuestras palabras deben ser con gracia y que todo lo que digamos debe, en última instancia, glorificar a Dios. Pero nada de esto sugiere que los hombres tenemos poder para crear cosas por solo decirlas, ni muchos menos se nos manda a decretar. Decretar es algo que pertenece al Creador. En el relato bíblico no vemos a los creyentes decretando y las Escrituras nunca nos manda hacerlo. Además, la práctica de decretar y declarar no produce ningún beneficio concreto. Las palabras de los hombres no han producido ni producirán nada en el sentido de cambiar o crear las cosas. Y tampoco será el medio por el que nuestras oraciones serán contestadas. Dios responde al clamor de los suyos cuando estos se humillan, y piden apelando a su misericordia.

EL NACIMIENTO DE UNA HEREJÍA.

El Movimiento Palabra de Fe es, en su origen mismo, más pagano que cristiano. Las ideas y enseñanzas d dicho movimiento tienen su origen en una corriente filosófica denominada “Nuevo Pensamiento” (“New Thought”). El Nuevo Pensamiento comenzó en el siglo XIX, y ganó mucha popularidad en los Estados Unidos en las primeras décadas de 1900. También se le conocía como “Mente Sanadora” o “Armonialismo”. Aunque el movimiento nace en el siglo XIX, sus orígenes se encuentran en las ideas del inventor sueco Emanuel Swedenborg, que en su búsqueda del alma humana dijo que Dios se le reveló y lo declaró “Revelador de Dios”. Swedenborg decía hablar con el apóstol Pablo, Martín Lutero, y en ocasiones con Moisés. Negó las verdades del cristianismo y enseñaba que el mundo físico era una extensión de la mente, y que por lo tanto la mente podía formar y dictar cosas materiales. Estas ideas fueron desarrolladas en Estados Unidos por Phineas Quimby, quien se conoce como el padre del Nuevo Pensamiento. Quimby decía que lo que alguien cree es realidad, incluyendo las enfermedades. Los proponentes de este movimiento tomaron ideas de diferentes religiones, principalmente de la Nueva Era, y las combinaron con el cristianismo.

Estas ideas fueron popularizadas por el gurú Ralph Waldo Trine, quien publicó un libro en 1897 que vendió millones de copias. Trine decía que lo que uno afirmaba con la mente y con palabras ocurría; que las razones de las enfermedades en las personas eran porque hablaban o pensaban en ellas. Pero las enseñanzas no llegaron a las iglesias de mano de Trine, quien negaba la Biblia y la deidad de Cristo, sino a través del pastor E. W. Kenyon. Kenyon fue compañero de estudio de Trine en la escuela de oratoria Emerson College en Massachusetts. El predicador Kenyon es conocido por su idea del “pensamiento positivo”. Él enseñó que las confesiones positivas eran la clave para una vida próspera. También se le conoce como el padre del evangelio de la prosperidad. Kenyon influenció a personas como Oral Roberts, fundador de la universidad que lleva su nombre.

En resumen, la idea del “yo declaro” no es más que la representación de las ideas paganas originalmente conocidas como “Nuevo Pensamiento”, que luego popularizaron algunos pastores con el término “pensamiento positivo y próspero”.

TEXTOS FUERA DE CONTEXTO.

El Movimiento Palabra de Fe, que incluye la enseñanza herética de decretar o declarar, es falsa. Toda la Biblia nos grita que solo Dios es soberano. Nosotros no somos todopoderosos. Él escucha las oraciones que son conforme a su voluntad. Él no está sujeto a lo que nosotros digamos o declaremos. No importa cuánto declares o confieses positivamente cosas, Dios hará Su voluntad, no la tuya. ¡Y eso es bueno porque Él es bueno! Declarar cosas para que se cumplan no tiene fundamento en la Biblia; sin embargo, los promotores de dicha enseñanza se basan en los siguientes versículos sacados de contexto para defender su postura:

  • “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13). Una mirada al verso en su contexto nos muestra que Pablo no habla de declarar cosas para que pasen, sino de predicar el evangelio, aunque tengamos dificultades (2 Corintios 4:11-15).
  • “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Proverbios 18:20-21). Sin embargo, en dichos versículos se habla de tener cuidado con lo que uno habla a fin de ahorrarnos problemas innecesarios e incluso la muerte. La Nueva Traducción Viviente dice así: “Las palabras sabias satisfacen igual que una buena comida; las palabras acertadas traen satisfacción. La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias”. Ciertamente, acá no se habla de declarar nada, sino más bien de controlar la lengua.
  • “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.” (Mateo 17:20). En el contexto los discípulos de Jesús trataron de expulsar a un demonio de una persona y fracasaron por su poca fe y confianza en que Dios estaba con ellos. Aquí Jesús habla de una fe que confía en Dios en medio de una tarea que Él nos ha encomendado y que está de acuerdo con Su voluntad. Lo que Jesús les dice no significa que todo lo que digamos se realizará. Él nos enseña que Dios responde a nuestras oraciones cuando permanecemos en Cristo y Sus Palabras permanecen en nosotros, esto es, cuando oramos conforme a Su voluntad revelada (Juan 15:7).
  • “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.” (Romanos 4:16-17). Aquí Pablo habla sobre la promesa que Dios le dio a Abraham. Lo que Dios dice, se hace. Cuando Él llama a las cosas que no son como si fuesen, Él hace que sean. Muchas personas toman este verso y lo tuercen para decir que debemos declarar cosas, llamando las cosas que no son como si fuesen, pero como podemos ver en el mismo versículo, está interpretación es errada. Solo Dios es Dios. Nosotros no lo somos.

La alternativa bíblica a la práctica de decretar y declarar es la oración de fe, sumisa, perseverante y ferviente.  La oración que levanta con humildad su petición al Señor, que confía en Su soberanía, que descansa en su buena voluntad y que concluye con acción de gracias. Por ejemplo, cuando los creyentes de la iglesia primitiva fueron intimidados por las autoridades del templo para no predicar, ellos oraron unánimes a Dios y le pidieron por valor: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.” (Hechos 4:29). El apóstol Pablo exhortaba a los creyentes de Filipos a no afanarse por nada: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Filipenses 4:6).

Asimismo, nuestro Señor nos dejó una gran modelo a este respecto y una enseñanza clara acerca de la oración. Cuando agonizaba en Getsemaní antes de su arresto, oró diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42). Y cuando enseñó a orar, les dejó la oración del Padre Nuestro, que se enfoca en la gloria de Dios y luego contiene las peticiones por la provisión diaria, el perdón de los pecados y el ser guardados de la tentación. Por lo tanto, el modelo y el mandato bíblico es una oración que se apoya en los méritos de Cristo, que pide a Dios, que depende de la gracia divina, confía en la buena voluntad de Dios y le da gracias. Porque entendemos que Su voluntad es buena agradable y perfecta. No tenemos que estar decretando ni declarando, ni mucho menos sentirnos mal si luego de orar las cosas no salen como pedimos. Debemos descansar que nuestras vidas están en las manos de un Dios poderoso, sabio, bueno y soberano. Que está obrando sus propósitos eternos en nuestras vidas. La biblia contradice expresamente la idea de declarar o decretar cosas. Declarar cosas simplemente no sirve para nada. Y esto por varias razones:

  1. Declarar es pretender darle órdenes a Dios. Es despreciarlo. Es un acto de orgullo. Eso es herejía.
  2. No necesito ‘declarar’ cosas porque los planes de Dios son mejores que los míos. Tener fe en el único y verdadero Dios no se evidencia en declarar cosas para que se cumplan, sino en vivir conforme a Su verdad cada día más, confiando en Él.
  3. En la Biblia yo no veo a personas declarar cosas para que pasen o las adquieran. Y es que los hombres de Dios saben que no importa lo que declaren, Dios tiene todo bajo control.
  4. El cristianismo no nos promete una vida fácil o de riqueza material aquí en la tierra (Romanos 8:16-17). Lo que sí nos promete el cristianismo es vida eterna. Nos promete socorro, nos promete conocer a Dios. Así que tenemos que entender que, aunque estemos en una situación difícil, Dios no se ha olvidado de nosotros y no hay motivos para pretender darle órdenes a Él en vez de pedirle con humildad lo que queramos pedirle y confiar en que Él es más sabio que nosotros (Santiago 4:6).
  5. Es necesario que nos adentremos en Su Palabra y comprendamos que Él es más soberano de lo que podemos imaginar. Dios quiere que descansemos en la verdad de que Él es bueno y usa todo para el bien de Sus Hijos a fin de que ellos sean hechos conformes a la imagen de Jesús (Romanos 8:28-29).
  6. No necesitamos declarar cosas de forma antibíblica porque Dios en Su gran misericordia declaró en una cruz que nos ama, y si hemos creído en Jesús y somos hijos de Dios, Él cuida de nosotros y realizará Su asombrosa voluntad en nuestras vidas por amor a Su nombre.

HEREJÍAS QUE ENGENDRAN HEREJÍAS.

La enseñanza del “yo declaro” o “yo decreto” implica la aceptación tácita de varias herejías, todas ellas propugnadas por el Movimiento Palabra de Fe. Entre ellas un antropocentrismo disfrazado de Evangelio y un sincretismo peligroso de panteísmo y enseñanzas de la Nueva Era combinadas con el cristianismo.

  1. UN FALSO EVANGELIO ANTROPOCÉNTRICO: El cristianismo bíblico es cristocéntrico. La Biblia enseña que Cristo es el centro de la Biblia, y que el Antiguo Testamento atestigua de Él (Lucas 24:44). La Palabra de Dios nos enseña que Jesucristo es Dios encarnado, el Hijo obediente, el postrer Adán, el verdadero Israel, y el heredero del trono de David (Juan 1:14; Mateo 1:1; 2:15; Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:20-28; Filipenses 2:6-11); y que al mismo tiempo es Dios, el Señor (Juan 8:58; Hechos 2:36). Cristo vino a vivir la vida que nosotros no pudimos vivir, a recibir la muerte que nosotros merecemos, y resucitó al tercer día declarando victoria sobre la muerte, para que todo aquel que se arrepienta de sus pecados y ponga su fe en Él como Señor y Salvador sea salvo y tenga vida eterna. El Cordero de Dios murió como sustituto de todos los que en Él crean. Por su parte, el falso evangelio predicado por los maestros del “Yo declaro, yo decreto” es estrictamente antropocéntrico, centrado en el hombre y sus necesidades. Todo es acerca del hombre, y nada acerca de Cristo y lo que Él hizo en la cruz. El “Yoísmo” es propio de este falso evangelio.

Las palabras del pastor (y autodenominado apóstol) Raúl Vargas, otro promotor de este falso evangelio y quien es el fundador de la iglesia más grande de Costa Rica y colaborador del canal de TV Enlace, nos muestran el espíritu de soberbia y antropocentrismo que inunda la teología detrás del declarar y decretar:

“Todos tenemos nuestra fe, pero lo importante es aprender a usarla. La sanidad no es algo que yo le pido al Señor. La sanidad fue algo que Dios me dio a mí como un derecho legal porque el precio fue pagado. Entonces, yo no le estoy pidiendo a Dios que me sane, yo tengo que declarar mi sanidad porque Él ya lo hizo. Por ejemplo, se encuentra el centurión romano. Un centurión romano viene porque su criado está postrado en cama, paralítico, gravemente atormentado. Dice el Señor, elogiando la fe de este hombre, le dijo que, en todo Israel, no había hallado tanta fe. (Lucas 7:9) Vea la comparación que está haciendo. Un pagano que no conocía la escritura, comparado a un pueblo lleno de Palabra, lleno de conocimiento. En todo Israel no había hallado la fe que pudo hallar en este hombre.  Y si usted va a buscar dónde era que estaba expresada la fe de este hombre, qué aspecto específico maravilló a Jesús, él lo explica: “Porque también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene” (Lucas 7:8). El Señor nos dice “He aquí os doy potestad, ollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19). Es un ejercicio de autoridad basado en lo legal que el Señor nos ha atribuido. Yo proclamo, yo decreto, yo hablo, yo confieso, llámele como sea, pero yo me tomo del derecho legal que tengo. Me encuentro a muchas personas pidiendo a Dios y pidiendo lo que ya Dios nos dio. El Señor dice “Vayan y sanen los enfermos”. No dice que cuando encuentren un enfermo lo llaman para que él los sane. No, sánenlo ustedes. Pongan sus manos sobre los enfermos y van a sanar. Está basado en autoridad. Cuando usted tiene la autoridad usted habla, usted lo ordena. No es un asunto de pedir, porque toda la gente ha pedido y viene a ver qué fue lo que pidió mal o por qué no ha visto la mano de Dios. Hay que hablar, hay que expresarlo, hay que atar, desatar. Usted tiene la autoridad para atar y desatar. (Mateo 16:19) También está la ley del acuerdo. Si dos se ponen de acuerdo y dice “todo aquí en la tierra”. (Mateo 18:19) Se ata en la tierra, desata en la tierra. Se pone de acuerdo en la tierra. Y se ejecuta en el cielo.” (Tomado de: https://www.enlace.org/es-biblico-decretar/).

El lenguaje usado puede parecernos bíblico y aparentemente sano doctrinalmente, pero si leemos con detenimiento, todo se enfoca en el “Yo”. Lo crucial aquí no es dar gloria a Dios, sino hacerle creer al creyente que quien tiene el poder es Él. Que no debe suplicar, sino exigir. Preguntémonos: ¿En qué momento le da la gloria a Dios? ¿Acaso este falso evangelio no convierte a Dios en un simple “proveedor de beneficios”? ¿En qué momento la soberanía de Dios es reconocida y la gloria atribuida a su Nombre? ¿No es más bien un ejercicio de empoderamiento humano? Necesitamos recordar las palabras del Salmo 115:1, “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria.”

  1. PANTEÍSMO Y NUEVA ERA CON ROPAJE Y TERMINOLOGÍA CRISTIANA: El evangelio corrupto del “yo declaro” ha logrado que ciertas ideas de la Nueva Era, como el panenteísmo y el panteísmo, se infiltren en carismatismo y el neo-pentecostalimo. El panenteísmo enseña que la creación es una extensión de lo divino. El término significa “todo en dios”. Esto está ligado a la idea de que todo está cambiando, incluyendo “dios” y los seres humanos, lo cual es totalmente opuesto a lo que la Biblia enseña. Lamentablemente, entre los maestros del evangelio de la prosperidad es común encontrar ideas panenteístas y panteístas (todo es dios). El panteísmo de la Nueva Era busca generar un cambio de conciencia, en el que todos redescubramos nuestra supuesta divinidad: Todos los seres humanos somos emanaciones de Dios. Si somos dios, tenemos que saber que somos dios. Debemos volvernos cósmicamente conscientes, iluminados o sensibles a la conciencia cósmica. Algunos incluso han llegado a equiparar la doctrina bíblica del nuevo nacimiento con la falsa idea de que llegamos a ser dioses en miniatura al convertirnos en creyentes y ser constituidos hijos de Dios. Por ejemplo, Paul Crouch, un periodista religioso estadounidense quien junto a su esposa Jan, fue cofundador de la cadena de televisión Trinity Broadcasting Network (dueña de Enlace) ha dicho públicamente: “yo soy un pequeño dios. Críticos, ¡aléjense!”. Kenneth Copeland, un conocido profesor, predicador, cantante, tele-evangelista, actor y autor y fundador de una organización cristiana llamada Kenneth Copeland Ministries, quien también es un difusor de la conocida “Teología de la prosperidad” ha dicho: “Usted no tiene a Dios en usted, usted es uno”. Joel Osteen, el ya citado pastor principal de la Iglesia Lakewood, emplea un lenguaje un poco más sofisticado y sutil. Él usa el lenguaje de ADN y afirma que los cristianos tenemos el ADN de Dios, que nuestra sangre es real porque somos hijos del Rey (Yo Declaro, Joel Osteen pp. 118-120). Y ¡claro!, sí tenemos la sangre de realeza divina, debemos andar, vestir y hablar como reyes, concluye Osteen (Ibid. pp120). El supuesto hecho de que los humanos tengan el ADN de Dios es lo que le permite a los falsos maestros igualar la Palabra de Dios a la palabra humana.

El movimiento del “yo declaro, yo decreto” es un evangelio falso que apela a los sentimientos de los individuos, llevándolos a pensar que ellos son Dios y que pueden mejorar sus vidas a través de su propia persona, o cuando menos usando a Dios y obligándolo a hacer lo que nosotros deseamos. La realidad es que nacemos, crecemos, vivimos por un tiempo en la tierra y morimos. Los seres humanos somos finitos. Nunca podemos ser dios.

CONCLUSIÓN:

Ni Pablo, ni Pedro, ni ningún otro apóstol, ni ningún otro creyente en el Nuevo Testamento, jamás utilizó las palabras: yo declaro, yo decreto, yo arrebato, yo reclamo.  Ellos estuvieron con Jesús.  Otros discípulos estuvieron cerca de los apóstoles. Si ellos conocían las palabras de Cristo, ¿Por qué no utilizan este lenguaje de moda en nuestros días? ¿Por qué en la conducta y en las oraciones de los creyentes del Nuevo Testamento no vemos la utilización de este vocabulario, enseñanza, pensamiento? ¿Sabemos nosotros algo que ellos desconocían? ¿Tenemos acaso más credenciales y autoridad que los apóstoles? Los apóstoles siendo apóstoles, habiendo sido elegidos y revestidos de gran poder y autoridad, de quien parte de sus oraciones y vida están contenidas en el resto del Nuevo Testamento no se atrevieron a usar este lenguaje de declarar, decretar, arrebatar, establecer y reclamar ¿Por qué nosotros si nos atrevemos?

Muchos otros seguidores de Jesús, quienes presenciaron a Jesús resucitado, y fueron enseñados por Él y los apóstoles, cuyas oraciones y vida está registrada en el NT, no se atrevieron a usar este lenguaje, ¿Por qué muchos predicadores famosos hoy sí lo hacen? ¿Por qué en el resto del Nuevo Testamento nunca se toca el tema? ¿Por qué cuando la gente sufre, las cartas apostólicas no enseñan nada sobre arrebatar el reino, o sobre declarar sanidad, o sobre declarar éxito o prosperidad? ¿Por qué Pablo no declaró libertad del aguijón en su carne? ¿Por qué la iglesia no declaró la libertad de Jacobo quien fue asesinado por Herodes? ¿Por qué Pablo no decretó su libertad del arresto domiciliario? ¿Será porque nosotros sabemos algo que ellos no sabían? ¿Tenemos algo que ellos no tenían? ¿Podemos presumir de tener más autoridad que los mismos apóstoles? O la respuesta más sencilla: El Movimiento Palabra de Fe, quiere que practiquemos algo que Jesús, sus discípulos y demás creyentes en el Nuevo Testamento, jamás practicaron.

 

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