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Raíces Históricas y Fundamento Teológico del Calvinismo.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

INTRODUCCIÓN:
El calvinismo (a veces llamado tradición reformada, la fe reformada o teología reformada) es un sistema teológico protestante y un enfoque de la vida cristiana que pone el énfasis en la soberanía de Dios sobre todas las cosas. Esta vertiente del cristianismo protestante es así nombrada en relación al reformador religioso francés del siglo XVI Juan Calvino, quien sistematizó muchas de las más conocidas doctrinas que forman parte de la teología reformada. Si bien la tradición reformada fue desarrollada por teólogos como Martin Bucer, Heinrich Bullinger, Pietro Martire Vermigli, Ulrico Zuinglio, Teodoro de Beza y Guillaume Farel (e influyó en reformadores británicos como Thomas Cranmer y John Knox), debido a la gran influencia y al papel de Juan Calvino en los debates confesionales y eclesiásticos del siglo XVII, la tradición llegó a conocerse con el nombre de calvinismo. Hoy en día, el término designa también las doctrinas y prácticas de las Iglesias reformadas.

¿QUIÉN FUE JUAN CALVINO?
Juan Calvino (Jean Cauvin o Calvin; Noyon, Francia, 1509 – Ginebra, 1564) fue un teólogo y reformador protestante. Educado en el catolicismo, cursó estudios de teología, humanidades y derecho. Con poco más de veinte años se convirtió al protestantismo, al adoptar los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la Iglesia de Roma, importancia primordial de la Biblia y doctrina de la salvación a través de la fe y no de las obras. Tales convicciones le obligaron a abandonar París en 1534 y buscar refugio en Basilea (Suiza). 1536 fue un año decisivo en su vida: por un lado, publicó un libro en el cual sistematizaba la doctrina protestante (Las Institución de la Religión Cristiana), que alcanzaría enseguida una gran difusión; y por otro, llegó a Ginebra, en donde la creciente comunidad protestante le pidió que se quedara para ser su guía espiritual. Calvino se instaló en Ginebra, pero sus autoridades le expulsaron de la ciudad en 1538 por el excesivo rigor moral que había tratado de imponer a sus habitantes.

En 1541 los ginebrinos volvieron a llamarle y, esta vez, Calvino no se limitó a predicar y a tratar de influir en las costumbres, sino que asumió un verdadero poder político, que ejercería hasta su muerte. Aunque mantuvo formalmente las instituciones representativas tradicionales, estableció un control de hecho sobre la vida pública, basado en la asimilación de comunidad religiosa y comunidad civil. Un Consistorio de ancianos y de pastores, dotado de amplios poderes para castigar, vigilaba y reprimía las conductas para adaptarlas estrictamente a la que suponían voluntad divina: fueron prohibidos y perseguidos el adulterio, la fornicación, el juego, la bebida, el baile y las canciones obscenas; hizo obligatoria la asistencia regular a los servicios religiosos; y fue intolerante con los que consideraba herejes (como Miguel Servet, al que hizo quemar en la hoguera en 1553). El culto se simplificó, reduciéndolo a la oración y la recitación de salmos, en templos extremadamente austeros de donde habían sido eliminados los altares, santos, velas y órganos.

La lucha por imponer todas estas innovaciones se prolongó hasta 1555, con persecuciones sangrientas, destierros y ejecuciones; después, Calvino reinó como un dictador incontestado. Ginebra se convirtió así en uno de los más importantes focos protestantes de Europa, desde donde irradiaba la Reforma. El propio Calvino se esforzó hasta el final de su vida por hacer proselitismo, extendiendo su influencia religiosa, especialmente hacia Francia. Muerto Ulrico Zuinglio en 1531, Calvino se había erigido en el principal dirigente del protestantismo europeo, capaz de hacer frente a la Contrarreforma católica. El calvinismo superó pronto en influencia al luteranismo (limitado al norte de Alemania y los países escandinavos): calvinista fue el protestantismo dominante en Suiza y en Holanda, así como el de los hugonotes franceses, los presbiterianos escoceses o los puritanos ingleses (que después emigraron a Norteamérica), y otras comunidades importantes de tendencia calvinista surgieron en países como Hungría, Polonia y Alemania.

Calvino finalmente falleció a la edad de 54 años, en mayo de 1564, en brazos de Teodoro de Beza, su sucesor. Su cuerpo fue expuesto al público, pero ante la afluencia de visitantes, los reformadores temieron ser acusados de promover la veneración de santos. Por lo que es enterrado al día siguiente en una tumba anónima, en el Cementerio de los Reyes de Ginebra. Se desconoce la ubicación exacta de la tumba, pero se colocó una piedra funeraria en el siglo XIX para marcar la ubicación tradicionalmente considerada como su lugar de descanso (Stepanek, Sally; John Calvin, Chelsea House Publishers, 1987, ISBN 0-87754-515-4).

Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. A pesar de ser considerado uno de los más grandes reformadores de la historia, Calvino tenía un lado muy oscuro. Muchos calvinistas desconocen, o ignoran voluntariamente, los hechos que cualquier historiador secular y honesto podría constatar. Intencionalmente, muchos ocultan que Calvino, habiendo dispuesto ser instalado como un líder protestante en Ginebra, Suiza, estableció una dictadura, convirtiéndose en un autócrata civil y religioso. La ciudad de Ginebra fue apodada la Roma protestante, mientras que a Calvino se le llamaba el Papa de la Reforma. Así que rompió con las verdaderas intenciones de la Reforma, y estableció una teocracia protestante. Su iglesia creía ser la depositaria de la única verdad. Calvino nunca podía considerar cualquier opinión contraria o diferente, o cualquier disidencia doctrinal o en asuntos políticos, declarando que eran un crimen contra el Estado y la Iglesia. Como tales, merecían ser castigados por la autoridad civil con la mayor severidad y crueldad.

No había límite al poder de Calvino. Ejercía su autoridad y hegemonía, y cualquier persona que persistía con enseñanzas heterodoxas tenía que morir en la hoguera. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”. Calvino logró destruir los lazos normales entre las personas y la decencia simple, induciéndolos a espiar a los demás. Su método de intimidación y terror fue perfeccionado a fin de mantener el control de todas las actividades menores.
Se opuso siempre a la fusión de las iglesias reformadas, inspiradas por él, con las de inspiración luterana, alegando irreductibles diferencias teológicas. Entre éstas destaca la doctrina de la predestinación: según Calvino, Dios ha decidido de antemano quiénes se salvarán y quiénes no, con independencia de su comportamiento en la vida; el hombre se salva si ha sido elegido para ese destino por Dios; y las buenas obras no constituyen méritos relevantes a ese respecto, sino una conducta también prevista por el Creador. Quienes han sido destinados a la salvación han sido también destinados a llevar una vida recta; curiosamente, esta doctrina produjo entre los creyentes calvinistas un efecto moralizante, caracterizándose dichas comunidades por un extremado rigor moral y una dedicación sistemática al trabajo, como Calvino prescribió. Otras peculiaridades de su doctrina, como la de admitir el préstamo con interés (en contraste con los católicos y con los luteranos) han permitido que desde Max Weber algunos historiadores vieran en la ética calvinista el «caldo de cultivo» más propicio para el desarrollo de la moderna economía capitalista.

FUENTES DE LA TEOLOGÍA CALVINISTA: ¿CALVINISMO O AGUSTINIANISMO?
Las ideas de Calvino, sin embargo, están lejos de ser originales. Juan Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín de Hipona, Agustín de Hipona, conocido también como san Agustín o, en latín, Aurelius Augustinus Hipponensis (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430), un santo, padre y doctor de la Iglesia católica. Calvino fundamentó su teología en las enseñanzas de Agustín exclusivamente para ciertas doctrinas como la predestinación. Por ejemplo, como Calvino señala en su De aeterna Dei Praedestinatione (1552), él basó su doctrina de la predestinación sobre la evidencia de los libros de Agustín. Las tabulaciones hechas por estudiosos han mostrado en la Opera Omnia de Calvino, más de 3.200 referencias explícitas a los padres de la iglesia; de estas, más de 1700 son referencias de citas de Agustín. Los números aumentan cuando se toman en cuenta las veces que Calvino hace eco o alude al mismo.

No hay duda que Calvino impuso sobre la Biblia ciertas interpretaciones erróneas de origen católico romano. Muchos líderes calvinistas están de acuerdo en que los escritos de Agustín fueron la fuente real de la mayoría de lo que hoy se conoce como Calvinismo. Los calvinistas David Steele y Curtis Thomas señalan que “las doctrinas básicas de la posición calvinista habían sido fuertemente defendidas por Agustín contra Pelagio durante el quinto siglo” (David N. Steele and Curtis C. Thomas, the Five points of Calvinism; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1963, 19).

En su revelador libro, “El otro lado del Calvinismo”, Laurence M. Vance documenta minuciosamente que “Juan Calvino no originó las doctrinas que llevan su nombre…” (Laurence M. Vance, the Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed., 1999, 37).

Para este mismo efecto Vance cita numerosos calvinistas. Por ejemplo, Kenneth G. Talbot y W. Gary Crampton escriben, “el sistema de doctrina que lleva el nombre de Juan Calvino en ninguna manera lo origino él…” (Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism, Edmonton, AB: Still Water Revival Books, 1990, 78). B. B. Warfield declaró, “el sistema de doctrina enseñada por Calvino es sólo el Agustinianismo común a todo el grupo de los reformadores” (Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 22). Así también a Agustín se le reconocen muchos credos que salen de la reforma. Esto no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que la mayoría de los reformadores habían sido parte de la iglesia católica romana, de los cuales Agustín fue elogiado como uno sus “Santos” más grandes. John Piper reconoce que Agustín fue la mayor influencia de Calvino, quien continuó reverenciándolo a él y a sus doctrinas, incluso después de que se separaron del Catolicismo Romano (John Piper, the legacy of Sovereign Joy: God’s triumphant Grace in the lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 24-25).

C. H. Spurgeon admitió que el calvinismo “proviene principalmente de los escritos de Agustín” (Charles Haddon Spurgeon, ed., Exposition of the Doctrine of Grace, Pasadena, CA: Pilgrim Publications, n. d., 298). Alvin L. Baker escribió, “Casi no hay doctrina de Calvino que no lleve las marcas de la influencia de Agustín” (Alvin L. Baker, Berkouwer’s Doctrine of Election: Balance or imbalance?; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1981, 25).

Por ejemplo, el siguiente escrito hace eco a través de los escritos de Calvino: “Aun cuando los ha nombrado a ser regenerados… a quien él predestino a la vida eterna, como el más misericordioso otorgador de gracia, mientras que a aquellos a quienes él ha predestinado a la muerte eterna, también es el más justo otorgador de castigo” (St. Augustine, A treatment On the Soul and its Origins, Book IV, 16).

C. Gregg Singer dijo, “las principales características de la teología de Calvino se encuentran en los escritos de Agustín hasta tal punto que muchos teólogos consideran que el Calvinismo es el desarrollo más completo del Agustinianismo” (C. Gregg Singer, John Calvin: His Roots and Fruits; Abingdon Press, 1989, vii). Tales declaraciones son sorprendentes ante el hecho indiscutible de que, como señala Vance, la iglesia católica tiene un mayor derecho sobre Agustín que los mismos Calvinistas (Vance, Other Side, 40). Calvino mismo dijo: “Agustín es tan integral conmigo, que si quisiera escribir una confesión de mi fe, podría hacerlo con toda plenitud y satisfacción de sus escritos” (John Calvin, “A Treatise on the Eternal Predestination of God,” in John Calvin, Calvin’s Calvinism, trans. Henry Cole; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1987, 38; cited in Vance, Other Side, 38).

Las enseñanzas agustinas que Calvino presentó en su Institución de la Religión Cristiana, incluyen la soberanía de Dios como la causa de todo (incluyendo el pecado), la predestinación de algunos para salvación y otros para la condenación, la elección y la reprobación, fe como un irresistible don de Dios — de hecho, todos los conceptos claves del corazón del Calvinismo. Buscamos en vano la evidencia de que alguna vez Calvino desaprobara alguna de las herejías de Agustín. El calvinista Richard A. Muller admite, “Juan Calvino fue parte de una larga línea de pensadores que fundamentaron su doctrina de la predestinación sobre la interpretación agustiniana de Pablo” (Richard A. Muller, Christ and the Decree; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1988, 22). En cada edición ampliada de sus escritos, las citas de Calvino dependen más y más de Agustín.

Podría presentar documentación adicional, pero esto debe ser suficiente para trazar brevemente la influencia católico-romana, a través de Agustín, en los escritos y teología de Calvino — y a través de Calvino, en los púlpitos y las casas de los protestantes en toda Europa, Inglaterra y América. No es de extrañar que aquellos que, como Arminio, se atrevieron a cuestionar el calvinismo fueron abrumados por la oposición. Por supuesto, diversos sínodos y asambleas se llevaron a cabo para formular credos aceptados para castigar a los disidentes. Pero las condiciones estaban a favor del calvinismo, y ninguna influencia fue permitida para mitigar este error. El ejemplo supremo de tales abusos fue el infame Sínodo de Dort.

El Sínodo de Dort fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda en 1618-1619, por la Iglesia Reformada Holandesa, con el objetivo de regular una seria controversia en las Iglesias Holandesas iniciada por el ascenso del arminianismo. La primera reunión del sínodo fue el 13 de noviembre de 1618 y la última, la 154ª fue el 9 de mayo de 1619. Fueron también invitados representantes con derecho de voto venidos de 8 países extranjeros. El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total o corrupción radical, elección incondicional, expiación limitada, vocación eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco puntos del Calvinismo. Tras este sínodo, Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse. El calvinismo había mostrado por fin su verdadera cara.

LOS 5 PUNTOS DEL CALVINISMO:
Las enseñanzas del calvinismo suelen resumirse en los denominados 5 puntos, sostenidos tanto por el Sínodo de Dort como por diversas confesiones de fe o credos como la Confesión de Fe de Westminster. De estos cinco puntos sale el acróstico TULIP (tulipán, en inglés), que abarca de manera simplificada y concreta la teología reformada. Estos cinco puntos también se conocen como los “cinco puntos del calvinismo” y “Doctrinas de la gracia”. Estos son:

T: Depravación total (Total Depravity)
U: Elección incondicional (Unconditional Election)
L: Expiación limitada (Limited Atonement)
I: Gracia irresistible (Irresistible Grace)
P: Perseverancia de los santos (Perseverance of the Saints)

(1.- DEPRAVACIÓN TOTAL:
El calvinismo afirma que toda humanidad ha sido afectada, dañada, y distorsionada por la entrada del pecado al mundo. Esto no significa que el hombre es tan malo como pudiera ser, sino que cada aspecto de nuestra vida está afectado por el pecado, de manera que estamos muertos en nuestros delitos y pecados (Ef. 2:5), y no podemos cambiar nuestra situación por nosotros mismos (Col. 2:13). El Canon de Dort afirma: “Por consiguiente, todos los hombres son concebidos en pecado, y al nacer como hijos de ira, incapaces de algún bien saludable o salvífico, e inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado; y no quieren ni pueden volver a Dios, ni corregir su naturaleza corrompida, ni por ellos mismos mejorar la misma, sin la gracia del Espíritu Santo, que es quien regenera” (Canon de Dort, Capítulo 3-4, IIL). Los calvinistas fundamentan bíblicamente sus doctrinas del pecado y la depravación total del hombre en diversos pasajes de ambos testamentos (Is. 53:6; 2 Cr. 6:36; Ro. 3:9-12; 1 Jn. 1:8,10; Mr. 10:18; Miq. 7:2-4; Jer. 17:9; Mt. 15:19; Gen. 6:5, 8:21).

(2.- ELECCIÓN INCONDICIONAL:
Dios elige a quien Él quiere elegir. Este es uno de los puntos más conflictivos, sin embargo, está muy ligado al anterior. Debido a que el calvinismo considera que estamos muertos —literalmente inhabilitados de tomar cualquier tipo de decisión que nos ayude— la única salida a nuestra muerte espiritual es que Dios nos saque de ella (2 Ti. 1:9). La elección incondicional significa que Dios escoge dar vida eterna sin haber visto nada bueno en los elegidos (Juan 15:16, Ro. 9:15-16; Ef. 1:4-5; 1 Tes. 1:4-5; 2 Tes. 2:13; 1 Cor. 1:27-29). La Confesión de Westminster declara: “Por el decreto de Dios, para la manifestación de Su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados para vida eterna; y otros son preordenados para muerte eterna” (Confesión de Westminster, Capítulo 3, IV). Como el hombre está muerto en el pecado, es incapaz de iniciar una búsqueda de Dios; por tanto, en la eternidad pasada, Dios eligió a ciertas personas para salvación y a otras para condenación. La elección y predestinación son incondicionales; no están basadas en la respuesta del hombre (Romanos 8:29-30; 9:11; Efesios 1:4-6, 11-12) porque el hombre es incapaz de responder a Dios, ni de querer hacerlo.

(3.- EXPIACIÓN LIMITADA:
Como Dios determinó que solo ciertas personas debían ser salvas, como resultado de la elección incondicional de Dios, Él determino que Cristo debía morir solo por los elegidos. Todos los que Dios ha elegido y por quienes Cristo murió serán salvos (Mateo 1:21; Juan 10:11; 17:9; Hechos 20:28; Romanos 8:32; Efesios 5:25). Esta doctrina también es conocida como expiación “específica” o “particular”. Más allá, en escritos de algunos reformadores como Juan Calvino, John Owen y Charles Hodge vemos: “Suficiente para todos, efectivo para algunos”. La expiación de Cristo es suficiente para que toda la humanidad sea salva (independientemente de si creyeren o no), pero solo es eficiente para los que creen. La sangre de Cristo pudiese salvar a todos, si esa fuese la voluntad de Dios; pero esa no es su voluntad. Fundamentan tal afirmación en diversos textos (Jn. 6:37-40; Ef. 1:4; Is. 53:11; 2 Cor. 5:21; Jn. 10:11-29). El Sínodo de Dort establece: “Porque este fue el consejo absolutamente libre, la voluntad misericordiosa y el propósito de Dios Padre: que la virtud vivificadora y salvadora de la preciosa muerte de Su Hijo se extendiese a todos los predestinados para, únicamente a ellos, dotarlos de la fe justificante, y por esto mismo llevarlos infaliblemente a la salvación” (Canon de Dort, Capítulo 2, VIII).

(4.- GRACIA IRRESISTIBLE:
El calvinismo afirma que nadie se puede negar o resistir a la gracia salvadora de Dios. Esta doctrina también se conoce como “llamamiento eficaz”. Cuando la gracia llega, nunca puede ser rechazada: su efectividad es perfecta. Esto significa que si Dios ha elegido a alguien, no hay forma en que esa persona no llegue a ser salva. Su razonamiento es: ¿Quiénes somos nosotros para decirles que ‘no’ al Señor? La Confesión de Westminster afirma: “Todos los que Dios predestinó para vida, y solo esos, Él se place, en su tiempo, llamar efectivamente por Su Palabra y el Espíritu… ” (Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 10, I). En otras palabras, a aquellos a quienes Dios eligió, los atrae a Sí Mismo a través de la gracia irresistible. Dios hace que el hombre esté dispuesto a venir a Él. Cuando Dios llama el hombre responde (Juan 6:37, 44; 10:16).

(5.- PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS:
El calvinismo afirma que los elegidos —los realmente salvos— perseverarán hasta el final (Filipenses 1:6). En la soberanía de Dios, aquellos que Él eligió para salvación van a sostener esa confesión de conversión hasta su muerte, perseverando en vidas de santidad (Ro. 8:35-39; 2 Pe. 1:10; Jn. 10:28,29; 1 Jn. 3:9; 1 Pe. 1:5,9). Una vez más, la Confesión de Westminster afirma: “A quienes Dios ha aceptado en su Amado, y que han sido llamados eficazmente y santificados por su Espíritu, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en él hasta el fin, y serán salvados eternamente. … Esta perseverancia de los santos depende no de su propio libre albedrío, sino de la inmutabilidad del decreto de elección, que fluye del amor gratuito e inmutable de Dios el Padre” (Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 17, I,II). Aquellos que Dios ha elegido y atraído a Sí Mismo a través del Espíritu Santo, perseverarán en la fe. Ninguno de los que Dios ha elegido se perderá; ellos están eternamente seguros (Juan 10:27-29; Romanos 8:29-30; Efesios 1:3-14). Esta enseñanza a dado lugar a la afirmación de “salvo siempre salvo”.

FRUTOS AMARGOS DEL CALVINISMO:
Las iglesias reformadas, congregacionales, presbiterianas y muchas iglesias bautistas e independientes, entre otras, se identifican como calvinistas. Pero no todos los que se denominan calvinistas sostienen los 5 puntos ya mencionados. Algunos calvinistas, percibiendo a través del estudio bíblico los errores de la doctrina calvinista, aceptan sólo 4, otros 3 y algunos (como ciertas denominaciones bautistas) sostienen solamente un punto del calvinismo original. Y es que el calvinismo ha producido frutos amargos y nocivos para el alma, algunos más que otros. Uno de ellos (y quizá el peor de todos) es el hiper-calvinismo, el otro, la doctrina que enseña que “una vez salvo, siempre salvo”.

(1.- HIPERCALVINISMO: El hiper-calvinismo (que no es más que el calvinismo original enseñado por su fundador, Juan Calvino) es la creencia de que Dios salva a los elegidos a través de Su soberana voluntad con poco o ningún uso de métodos que atraigan a la salvación (tales como el evangelismo, la predicación, y la oración por los perdidos). Una falla antibíblica, es que el hiper-calvinismo sobre enfatiza la soberanía de Dios y sub-enfatiza la responsabilidad del hombre en la obra de salvación. Una obvia repercusión del hiper-calvinismo, es que suprime cualquier deseo de evangelizar a los perdidos. La mayoría de las iglesias o denominaciones que mantienen la teología del hiper-calvinismo, están marcadas por el fatalismo, la frialdad, y la falta de seguridad de la fe. Hay poco énfasis en el amor de Dios por los perdidos y Su propio pueblo, y en vez de ello, hay una antibíblica preocupación por la soberanía de Dios, Su elección de los salvos, y Su ira hacia los perdidos. El “evangelio” hiper-calvinista es una declaración de la salvación de Dios de los elegidos y Su condenación a los perdidos.

La Biblia enseña claramente que Dios es soberano sobre todo el universo (Daniel 4:34-35). Pero con la soberanía de Dios, la Biblia también enseña que Su motivación para salvar a los perdidos es el amor (Efesios 1:4-5; Juan 3:16; 1 Juan 4:9-10) y que el medio de Dios para salvar a los perdidos es la proclamación de Su Palabra (Romanos 10:14-15). La Biblia también declara que el cristiano debe ser apasionado y determinado en compartir su fe con los no creyentes; como embajadores de Cristo, debemos “rogar” a la gente que se reconcilie con Dios (2 Corintios 5:20-21). El hiper-calvinismo toma una doctrina bíblica, la soberanía de Dios, y la lleva hasta un extremo antibíblico. Al hacerlo, el hiper-calvinista minimiza el amor de Dios y la necesidad de la evangelización.

(2.- LA DOCTRINA “SALVO, SIEMPRE SALVO”: Otra enseñanza derivada del calvinismo (fruto natural de la doctrina de la perseverancia final de los santos) es la doctrina conocida como “una vez salvo, siempre salvo”. Esta doctrina enseña que cuando alguien llega a conocer a Cristo como su Salvador, es introducido en una relación con Dios que garantiza una salvación eternamente segura; por lo tanto, nada puede hacerle perder la salvación (Romanos 8:30, 8:33-34, 8:38-39). Obviamente, esta doctrina complace a la mente carnal, pues le da seguridad de salvación bajo cualquier condición. Sin embargo, aunque ciertos versículos sacados de contexto parecen confirmarla, esta enseñanza no es bíblica. Una persona que haya conseguido la salvación por haber demostrado fe en Jesús pudiera perder esa fe y, por lo tanto, la salvación. La Biblia nos invita “a contender ardientemente por la fe”; eso quiere decir que mantenerse fiel requiere un gran esfuerzo, pues “el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron (Judas 3, 5, LBLA). A los primeros cristianos que ya habían aceptado a Cristo se les dijo: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12, LBLA).

La Biblia nos advierte de que los pecados graves impiden que heredemos el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19-21). Si la salvación no se pudiera perder, esas advertencias no tendrían ningún sentido. La Biblia muestra que alguien que ha obtenido la salvación puede apartarse de Dios si comete un pecado grave. Por ejemplo, Hebreos 10:26 dice: “si seguimos pecando a propósito después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda ningún sacrificio que cubra esos pecados” (Hebreos 6:4-6, NTV). 2 Pedro 2:20-22 nos dice también: “Y cuando la gente escapa de la maldad del mundo por medio de conocer a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pero luego se enreda y vuelve a quedar esclavizada por el pecado, termina peor que antes. Les hubiera sido mejor nunca haber conocido el camino a la justicia, en lugar de conocerlo y luego rechazar el mandato que se les dio de vivir una vida santa. Demuestran qué tan cierto es el proverbio que dice: «Un perro vuelve a su vómito». Y otro que dice: «Un cerdo recién lavado vuelve a revolcarse en el lodo»” (Nueva traducción Viviente).
Jesús destacó la importancia de mantenerse fieles cuando se comparó a sí mismo con una vid y comparó a sus seguidores con las ramas de esa vid. Por un tiempo, algunos de ellos demostrarían por sus frutos o acciones que tenían fe en él, pero más tarde dejarían de tener fe y serían desechados como una rama que no tiene fruto, así que perderían la salvación (Juan 15:1-6). El apóstol Pablo usó un ejemplo parecido cuando dijo que el cristiano que no se mantuviera fiel sería podado (Romanos 11:17-22).

La Biblia dice que los cristianos deben mantenerse alerta (Mateo 24:42; 25:13). Aquellos que se duermen en sentido espiritual, ya sea porque practican obras que pertenecen a la oscuridad o porque no obedecen plenamente los mandatos de Jesús, pierden la salvación (Romanos 13:11-13; Apocalipsis 3:1-3). Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). Los cristianos del siglo primero se alegraron mucho cuando se enteraron de que sus hermanos seguían siendo fieles. ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente?

El apóstol Pablo, cuyos escritos se usan para defender la doctrina calvinista del “salvo, siempre salvo”, ciertamente se oponía a dicha doctrina (2 Timoteo 4:6-8). Anteriormente había reconocido que podía perder la salvación si se dejaba llevar por los deseos carnales. Él escribió: “Disciplino mi cuerpo como lo hace un atleta, lo entreno para que haga lo que debe hacer. De lo contrario, temo que, después de predicarles a otros, yo mismo quede descalificado” (1 Corintios 9:27; LBLA). En otra ocasión afirmó: “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14, Nueva Biblia al Día).

CONCLUSIÓN:
¿Cuál sería entonces nuestra conclusión acerca del calvinismo como doctrina y de las iglesias que lo practican? Aunque los consideramos nuestros hermanos en Cristo, no podemos pasar por alto los orígenes, desarrollo, historia y errores teológicos del calvinismo. Tampoco podemos permitir que dicha enseñanza se infiltre en nuestras congregaciones de forma sigilosa. Debemos denunciar los errores doctrinales del calvinismo.

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