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Los 5 Puntos del Calvinismo: Expiación Limitada o Redención Particular.

Escrito por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

INTRODUCCIÓN:
La expiación limitada, o redención particular, es el tercero de los 5 puntos del calvinismo clásico. La doctrina de la expiación limitada enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación” (Cánones de Dort, II.8). La doctrina reformada afirma que Jesús murió sólo por sus elegidos. Esta doctrina se desprende lógicamente de la doctrina de la elección incondicional: Si Dios eligió a un grupo para que fuera salvo entonces el sacrificio que Cristo hizo debía ser sólo por ellos. La doctrina de la redención particular afirma que Cristo, en su muerte, limpió los pecados de los elegidos de Dios y aseguró que todos ellos alcancen la fe a través de la regeneración y por la fe sean perseverados para gloria. Según dicha doctrina, Cristo no pretendió morir por todos. La prueba de eso, según el razonamiento calvinista, es que no todos son salvos.

A pesar de lo anterior, cuando se usa la frase “Expiación limitada” o “Redención particular”, no se quiere decir que el valor de la expiación sea limitado. Debido a que el pecado de Adán ofende a un ser de una dignidad infinita, el sacrificio para limpiar ese pecado debía tener un valor infinito el cual se cumple con la muerte del Dios hecho carne: Jesús. Cuando se habla de “Expiación limitada” se quiere decir que los efectos de la muerte de Cristo son para un grupo limitado de personas. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos y solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre.

INTERPRETANDO A CONVENIENCIA EL TEXTO BÍBLICO:
El ministro puritano John Owen (1616-1683), en su magna obra The Death of Death in the Death of Christ (La Muerte de la Muerte en la Muerte de Cristo), una obra que trata la doctrina de la redención particular plantea que Cristo murió sólo por los elegidos. Owen afirma que los elegidos por Dios son mencionados en la Biblia con las palabras Pueblo, Ovejas e Iglesia.

• Su Pueblo: Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” e Isaías 53:8 “Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.” Ambos textos limitan la salvación que compra la muerte de Jesús en la cruz a un grupo llamado su pueblo.

• Sus Ovejas: El apóstol Juan usa en mucho el término ovejas para referirse a los “elegidos”. Juan 10.11 y 14 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas… Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.” Esta vez limita la muerte de Cristo por sus ovejas, aquellas personas que eran conocidas por Dios y que conocían a Dios. Recordemos que la palabra conocer tiene un sentido de intimidad. Este versículo recuerda 1 Juan 4:19 que nos dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”

• Su Iglesia: Hechos 20:28 dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” y Efesios 5:25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” En el primer versículo Pablo está hablando a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso pidiendo que la cuiden debido a que Cristo pagó por ella, en el segundo Pablo está enseñando el cuidado y el cariño que debe tener el esposo por su mujer y lo ilustra usando el ejemplo.

OPOSICIÓN A LA DOCTRINA DE LA REDENCIÓN PARTICULAR:
Como era de esperarse, la doctrina de la expiación limitada ha desatado fuerte oposición, ya que sus implicaciones son terribles y chocantes para nuestro sentido de justicia y misericordia. Podemos reconocer dos tipos de crítica a esta doctrina. Unos dicen que Cristo murió por todos y que todos, sin excepción, serán salvos; esto se llama Universalismo. La Biblia es clara en demostrar que no todos los hombres serán salvos en el último día (Lucas 13:23-24, 2 Tesalonicenses 1:9-10, Apocalipsis 20:15). El Universalismo, por lo tanto, carece de fundamento bíblico. Otro grupo dice que Jesús murió por todos los hombres pero que su muerte no tiene efectos salvadores si no se une con la fe y el arrepentimiento. En otras palabras, Él murió por todos, no sólo por un grupo selecto de elegidos o predestinados arbitrariamente para salvación; es más, Cristo murió con tal de hacer posible la salvación de todo aquel que le cree y obedece Su Palabra. (Romanos 1:16, Tito 2:11, Hebreos 5:9, 2 Pedro 3:9). Este sinergismo evangélico es enseñado en la Biblia y sostenido por el sector arminiano del protestantismo.

Los calvinistas, sin embargo, se oponen a la interpretación arminiana argumentando que haría la muerte de Cristo totalmente ineficiente y pondría la salvación del hombre en lo que él puede hacer por sí mismo. Dicho razonamiento no es válido, pues Dios mismo ha impuesto ciertas condiciones al ser humano sin que por ello el hombre se convierta en su propio salvador. Dichas condiciones pasan por el arrepentimiento y la fe en Cristo (Hechos 16:30-31), sin la cual nadie puede ser salvo y que el hombre debe ejercer por sí mismo, auxiliado de la gracia preveniente de Dios. No obstante, que el hombre deba responder en fe al ofrecimiento de Dios en nada roba gloria a nuestro Señor. Dios es el dador, nosotros los receptores (Romanos 6:23, Juan 3:16). Dios nos ofrece la salvación como regalo. Todo lo que tenemos que hacer es aceptarla. ¿Cuál es el mérito? ¿En qué le roba a Dios que nosotros, como simples mendigos de su gracia, aceptemos su regalo de amor?

Los calvinistas afirman también que, si el arminianismo está en lo correcto, parte de la sangre de Cristo se hubiera derramado en vano y su sufrimiento no hubiera sido suficiente. Entonces, según la lógica calvinista, la muerte de Cristo no sería una expiación ni un rescate en ningún sentido. Tal lógica es absurda. ¿Dónde en las escrituras dice que la sangre de Cristo no puede ser derramada para aquellos que no se pueden beneficiar de ella? En ninguna parte. Pero esta ficción es fundamental para la doctrina de la expiación limitada. Es más, aunque los calvinistas insisten en que los arminianos limitamos el poder de la expiación, parecen ignorar convenientemente que su doctrina de la redención particular limita el alcance de la expiación, reduciéndola a un pequeño grupo de elegidos como si la sangre de Cristo no tuviera suficiente poder para borrar el pecado de todo aquel que crea y reciba la dádiva de Dios. La eficacia de la expiación no se ve limitada porque sólo los que creen son salvos o porque algunos rechazan el sacrificio de Cristo a su favor. Esto sería igual a afirmar que la herencia dejada por un difunto se reduce en valor porque algunos herederos se niegan a participar de ella. ¡Sería absurdo!

Porciones como Juan 3.16 y 2 Corintios 5.14-15 objetan claramente que la muerte de Jesús tuviera la intención de limpiar sólo los pecados de sus elegidos. Jesús murió por todos los hombres sin distinción y sin excepción (Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9). Afirmar que Cristo murió sólo por los elegidos y no por toda la humanidad es difamar el carácter de Dios y pervertir las Escrituras. El término “mundo” usado en Juan 3.16 no significa “el mundo a aquellos que son elegidos por Dios”, sino más bien significada “todo el mundo”. De lo contrario, si como afirma el calvinismo “mundo” se refiere sólo a los elegidos, habría que entenderlo así en todos los casos en que se menciona, no sólo en aquellos casos que nos son convenientes para defender un punto doctrinal conflictivo, como, por ejemplo: 1 Corintios 1:20-21; 2 Corintios 7:10; Santiago 4:4; etc.

Sin ninguna declaración especifica en todas las Escrituras para apoyar el dogma calvinista de la redención particular o expiación limitada, este debe ser defendido a base de racionalizaciones. Ejemplo de ello son las casi blasfemas afirmaciones de cierto autor calvinista: “Si Cristo murió por todos los hombres y no todos los hombres son salvos, la Cruz de Cristo no tiene ningún efecto. El Calvario es una farsa” (Herman Hanko, God’s Everlasting Covenant of Grace, Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1988, 15.) Por supuesto, eso no es lo que declara la Biblia. Que algunos por incredulidad no alcancen el galardón no significa que dicho galardón sea irreal para quienes sí lo reciben. De lo contrario, el haber dado los diez mandamientos también sería una farsa, porque no todos los hombres los cumplen. El valor de la expiación de Cristo es suficiente para cubrir los pecados del mundo. No solo de unos pocos. Tiene que ser así, porque su sacrificio perfecto debe ser de valor infinito. Aunque la enseñanza de la cruz suene a locura para aquellos que se pierden” (1 Corintios 1:18), ¡No es una farsa por cuanto salva a todos los que creen! Como lo dijo uno de los maestros de la Biblia más respetados de los últimos años: “la Biblia enseña fuertemente la doctrina de la expiación ilimitada… La doctrina de la expiación limitada es negada específicamente en las Escrituras” (Dave Breese, “The Five Points of Calvinism”, self-published paper, n. d.).

Lamentablemente, prefiriendo dogmas humanos a la Palabra de Dios, los calvinistas persisten en enseñar que “sólo el calvinismo con su expiación eficaz limita el poder del hombre y exalta el poder y la gloria de Dios” (Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 49). El calvinista es conducido a tales argumentos falaces y anti-bíblicos en su desesperación por defender un dogma insostenible. Mientras que algunos que se llaman calvinistas rechazan la limitada expiación, es irracional el hacerlo mientras se aceptan los otros cuatro puntos. Un líder y autor calvinista escribe: “Es en esta verdad de la expiación limitada que la doctrina de la elección soberana (y, de hecho, la predestinación soberana con sus dos aspectos de la elección y reprobación), se clarifican” (Homer Hoeksema, limited Atonement, 151; cited in Vance, Other Side, 406). En otras palabras, el sistema calvinista se desmorona en su totalidad si la expiación limitada no es bíblica, y de hecho no lo es.

Calvinistas de alto rango han expresado sus dudas acerca de la expiación limitada. Spurgeon afirmó: “No puedo imaginar un instrumento más dañino en manos de Satanás para la ruina de las almas, que un ministro que le dice a los pecadores que no es su deber arrepentirse de sus pecados y creer en Cristo, y así tener la arrogancia llamarse a sí mismo un ministro del Evangelio, mientras que enseña que Dios odia a algunos hombres infinitamente e inalterablemente por ningún motivo sino solo porque él escoge hacerlo” (C. H. Spurgeon, New park Street pulpit; London: Passmore and Alabaster, Vol 6, 28-29; sermon preached December 11, 1859). Esto ha llevado a que la doctrina de la expiación limitada sea considerada “el talón de Aquiles del calvinismo” (Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism; Edmonton, AB: Still Waters Revival Books, 1990, 11).

Los eruditos calvinistas reconocen que la elección incondicional y la expiación limitada “deben permanecer o caer juntas. Lógicamente no podemos aceptar una y rechazar la otra” (Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 151). No obstante, la Biblia repetidamente declara que Cristo murió por toda la humanidad (no solo por un reducido número de elegidos) y que el Evangelio es ofrecido y está igualmente disponible para todos, pues Dios quiere que todos se salven. Incluso John MacArthur (un erudito calvinista moderno) reconoce que Dios quiere que todos los hombres sean salvos, pero luego dice que Dios inexplicablemente no elige ni predestina a multitudes a salvación de aquellos que él desea que sean salvos (John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville: Word Publishing, 1997, 1862). ¿Acaso no suena esto contradictorio? Como bien lo señalara otro erudito bíblico, el Dios calvinista de la expiación limitada “difícilmente es el Dios de amor que encontramos en la Biblia. La Deidad determinista crea seres humanos para quienes él no tiene ningún amor directo y quienes no tienen libre voluntad, creados únicamente para tormento eterno. La muerte de Cristo no les afecta de ninguna manera y así están totalmente fuera de cualquier disposición redentora… La crueldad implícita en ese punto de vista es evidente para cualquier observador fuera de aquellos que han sido educados o han adquirido esta clase de teología. A pesar de argumentos capciosos dirigidos a cada texto alegado contra tal teología, los deterministas de este tipo son carentes de apoyo bíblico. Es absurdo, por ejemplo, el reclamar (como hacen a veces) que cuando la Biblia dice que, “Dios amo al mundo”, que esto solo habla del mundo de los elegidos” (Zane C. Hodges, “The New Puritanism, Pt. 3: Michael S. Horton: Holy War With Unholy Weapons,” Journal of the Grace Evangelical Society, Spring 1994, 7:12, 17–29).

CONTRA LA RAZÓN, LA BIBLIA Y EL SENTIDO COMÚN:
Al estudiar las Escrituras sobre este tema, queda claro que la única forma en que la expiación limitada puede ser defendida, es asignar arbitrariamente, un significado calvinista restrictivo a las palabras claves. Para mantener en pie el dogma de la expiación limitada, el calvinista razona: “Si Cristo pagó la deuda del pecado, ha salvado, redimido, dado su vida por todos los hombres, entonces se salvarían todos los hombres” (W. J. Seaton, the Five points of Calvinism; Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1970, 15). En el mismo sentido, otro autor calvinista argumenta: “pero si la muerte de Jesús es lo que dice la Biblia, un sacrificio sustituto por los pecados… por el cual el pecador es realmente reconciliado con Dios, entonces es obvio que no puede ser para cada hombre… porque entonces todos se salvarían, y obviamente no lo son” (Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 44). Sin embargo, tales argumentos se basan en la teoría anti-bíblica de que la muerte de Cristo salvo inmediatamente a todos los elegidos, sin fe, ni comprensión o aceptación, de su parte. La Biblia, en cambio, enseña que un Salvador provisto no es suficiente: Dicho Salvador debe ser recibido. Debe haber ‘fe en su sangre’ (Romanos 3:25) y la fe es una cosa personal que debe ser ejercida. La Biblia enseña que Cristo gustó “la muerte por todos” (Hebreos 2:9), pero que esto no significa automáticamente que todos salen de la muerte eterna o la pena del pecado. En ninguna parte de la Biblia dice tal cosa. Los pecadores son invitados e instados a venir a Cristo y creer en Él. Tal es la responsabilidad del pecador (Hechos 16:30-31).

El que Cristo murió por nuestros pecados es el mensaje que nos da el Evangelio. Sin embargo, debe ser creído para ser de beneficio al pecador. La muerte de Cristo, aunque ofrecida “a todos los hombres”, sólo es eficaz para aquellos que creen: Él es “el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10). La doctrina calvinista entra nuevamente en contradicción con la lógica y la Biblia: “Si la naturaleza de la expiación era tal que en realidad y por sí misma proporcionó salvación para aquellos para los cuales fue diseñada, entonces los elegidos nunca podrían haber nacido muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1). Y, por lo tanto, ¿Cómo es posible que aquellos hombres quienes son salvos, redimidos, reconciliados, y justificados, hubieran sido “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:3)?” (Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 427). La Pascua, reconocida como uno de los más llamativos símbolos de la obra de la cruz de Cristo que se encuentran en el Antiguo Testamento, es un claro ejemplo del principio de que la expiación y su aplicación deben ser distinguidos. La sangre del cordero sacrificado de la Pascua (Éxodo 12:6, 21) llegó a ser eficaz solamente después de que se aplicó al dintel de la puerta según las instrucciones (Éxodo 12:7, 22). La simple muerte del cordero no salvó nadie: La sangre tenía que ser aplicada. Así es también con la muerte de Cristo.

El calvinismo difama y acusa abiertamente a Dios: “Porque Dios ha amado a unos cuantos y no todos, porque él soberana e inmutablemente ha determinado que éstos en particular sean salvos, él envió a su hijo a morir por ellos, para salvar a ellos y no a todo el mundo” (Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 50). Así, según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente. Sin embargo, según la Biblia, no todos son salvos, porque ellos (los perdidos) se niegan a creer en Cristo. Pablo escribe que la salvación viene a todos los que creen “por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23). Por cierto, el “todos pecaron” significa toda la humanidad. Así también el “todos los que creen” debe significar que toda la humanidad puede creer en Cristo y ser salvos si así lo quieren hacer.

LA SALVACIÓN ES PARA TODOS SEGÚN LA BIBLIA:
La Biblia declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

• “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.
• “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.
• “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.
• “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.
• “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).
• “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).
• “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.
• “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).
• “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
• “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto, los elegidos no son los únicos pecadores.
• “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).
• “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).
• “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).
• “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).
• “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
• “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).
• “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).
• “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).
• “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).
• “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).
• “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).
• “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos declaran claramente en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “El Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “El Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

CONCLUSIÓN:
Lamentablemente, en su deseo de defender el calvinismo muchos se ciegan a las Escrituras y a la razón. Obviamente, la multitud de versículos que claramente declaran que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos, no se anulan con otros versículos declarando que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate para muchos o la seguridad de que él murió por nosotros. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las declaraciones claras de que Él murió por todos. Sin embargo, este mismo argumento es ofrecido repetidamente por calvinistas hasta este día. John Piper (un erudito neo-calvinista moderno) cita los mismos versículos inaplicables en que se dice que Cristo fue “un rescate para muchos”, que él “cargo en el pecado de muchos”, y que él “amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella,” etc. como “prueba” de que la muerte de Cristo no era propiciatoria para todos (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 16–17).

Con tal razonamiento, Pablo no hubiera sido capaz de utilizar “vosotros”, “ustedes”, etc., en sus escritos a los Corintios porque eso significaría que los beneficios de la muerte de Cristo y la resurrección eran sólo para ellos. Por el mismo argumento, para David decir: “Jehová es mi pastor” (Salmo 23:1) significa que se trataba sólo de David. O cuando los profetas de Israel escribieron, “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15; Jeremías 50:34), significa que Dios solo era el Dios y el Redentor de Israel. Igualmente, absurdo sería para Pablo decir “el cual me amó” (Gálatas 2:20), lo cual significaría que Cristo solo amó a Pablo. Otros argumentos que emplean los calvinistas son igualmente irrazonables. Tal falta de lógica lo vemos aun hoy en día en muchos eruditos neo-calvinistas. Por ejemplo, en un intento poco razonable de John Piper y su personal pastoral por explicar 1 Timoteo 4:10, él afirma: “La muerte de Cristo demuestra tan claramente el aborrecimiento justo de Dios del pecado, que él es libre para tratar al mundo con misericordia sin comprometer su justicia. En este sentido Cristo es el Salvador de todos los hombres. Pero es sobre todo el Salvador de aquellos que creen. El no murió por todos los hombres en el mismo sentido… La muerte de Cristo realmente solo salva de todo mal a aquellos por quienes Cristo murió en especial” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997), 14–5). ¡Su interpretación del texto es totalmente contradictoria! ¿Suena coherente afirmar que Cristo no murió por todos los hombres en el mismo sentido, pero que él es el Salvador de todos los hombres en el mismo sentido? ¿Cuál es este sentido? No podemos hallar ningún sentido en estas tonterías. Pero otra vez, muestra el extremo en el que muchos son capaces de caer para defender el calvinismo. Aún Spurgeon mismo se contradijo al decir que Dios es capaz de salvar a todo el que él desea salvar. Pero luego afirmó que Dios no puede ser sincero ya que no todos son salvos, ni es su deseo que todos los hombres sean salvos. Por lo tanto, el Dios del calvinismo es menos benevolente que Spurgeon, quien deseaba que todos los hombres fueran salvos, y seguramente menos benevolente que Pablo, quien estaba dispuesto a ser “anatema” para salvar a sus hermanos judíos (Romanos 9:1-5). ¿Cómo podría Dios desear que todos los hombres sean salvos, tener el poder para salvar a todos a quienes él desea salvar y, sin embargo, no salvarlos a todos? John MacArthur (al igual que Spurgeon) intenta escapar de la contradicción evidente, diciendo que Dios tiene una voluntad de “decreto” y una “voluntad de deseo” (John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1862). En el proceso de intentar escapar de una contradicción, cae en otra. ¿Cómo podría Dios, según la posición extrema del calvinismo en cuanto a su soberanía, no decretar algo que el realmente desea? Los calvinistas se jactan que ellos son exegetas de las Escrituras. ¿Pero dónde en 1 Timoteo 2:4 (o en cualquier otro lugar) existe incluso un indicio de “dos voluntades”, una de “decretos” y otra de “deseos” tal como lo enseñan Piper, MacArthur y otros? Es la imposición sobre las Escrituras de una teoría anti-bíblica que atrapa al calvinista en estas contradicciones. Obviamente, la contradicción desaparecería si admitiesen el libre albedrío, pero esto no se puede permitir, porque destruiría el “TULIP”, el becerro de oro del calvinismo.

Neciamente, cierto erudito calvinista afirma: “Si la muerte de Cristo estaba destinada a salvar a todos los hombres, entonces debemos decir que Dios no era capaz o no estaba dispuesto a llevar a cabo sus planes” (Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 155). Tristemente olvida que la muerte de Cristo sólo beneficia a los que reciben a Cristo (Juan 1:12) y que la salvación es “la dadiva de Dios” (Romanos 6:23) y debe ser recibida voluntariamente. En cuanto a los hombres teniendo poder de oponerse a los planes de Dios, ¿Es el mal en el mundo el plan de Dios? ¿Por qué entonces debemos orar, “Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra”? Las Escrituras dejan en claro que el beneficio de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo, como pago completo por los pecados del mundo, está disponible para ser recibido por todo aquel que cree al Evangelio. Mientras que la ira de Dios permanece sobre todos los que rechazan a Cristo y la salvación que Él verdaderamente ofrece a todos.

Sin lugar a dudas, la expiación limitada es la enseñanza calvinista más distorsionada. Es también la parte que más flagrantemente niega las Escrituras y la magnitud del amor de Dios. Lamentablemente pocos calvinistas están dispuestos a admitirlo

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